La educación de la mujer en la obra «Aves sin nido»
María Natalia Rebaza Wu
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Quienes me
apoyaron, lo saben. |
Durante la época del Virreinato en el Perú, el campo educativo como todos los demás campos de este periodo, se distinguió por una serie de aspectos:
- Estar imbuido del espíritu religioso, y debido a ello encontrarse plagado de prejuicios racistas y anticientíficos.
- Tener como meta el cambio de usos y costumbres nativas, para imponer en su lugar la de los invasores.
- Ser de carácter elitista y estar orientado principalmente al varón.
De esta manera, la educación dirigida a la mujer se vio afectada por todos estos aspectos, resultando ser la menos favorecida. Tal es así, que durante el periodo virreinal y aun incluso, durante el periodo republicano, la mujer no recibió una educación adecuada.
En el periodo
colonial las mujeres, que recibieron educación, fueron las
pertenecientes a familias acomodadas. Las familias que contaban con
mayores recursos, contrataban, para la instrucción de sus
hijas, el servicio de profesores a domicilio. Dichos profesores
particulares eran conocidos con el nombre de «ayos»
. Pero, generalmente, la gran
mayoría de mujeres recibía instrucción en los
Monasterios y Beaterios, que funcionaron en Lima desde el siglo
XVI.
Los centros de
instrucción más famosos y mejor dotados eran los
Monasterios. Siendo el de la Encarnación el más
reconocido en el medio. Dicho centro era «dirigido por Abadesas de reconocida competencia
pedagógica»
(Villavicencio, 1992: 37).
Los conocimientos, que recibían las mujeres en estos centros eran de nivel elemental, correspondientes a la educación primaria actual. Las asignaturas impartidas eran asuntos religiosos y conocimientos de economía doméstica.
Esta situación continuó hasta casi la segunda mitad del siglo XVIII, periodo en que el Perú se vio afectado por una serie de cambios radicales. Esto ocurrió gracias a las reformas introducidas por los soberanos de la casa de los Borbones y al impulso de los ideales de la Ilustración, que se agitaba ya en Europa y, que se reflejaron también en nuestro país (Fatacciolli, 1990: 35).
La ilustración significó para la época, una nueva visión del universo físico, de la naturaleza, del hombre, de la sociedad y de la religión. No existió bajo este influjo campo de la cultura que no fuese investigado e incluso se llegó a proponer que la lógica y la razón eran las únicas fuerzas ordenadoras de la vida.
El discurso ilustrado consideraba que la felicidad de los hombres dependía de la educación, y que buscar la perfección a través de ella era el fin primordial de la naturaleza humana. Puesto que el hombre es un ser perfectible y se moldea a través de la instrucción (Rosas, 2001: 370).
La educación sería, según esta nueva propuesta, la encargada de modelar las potencialidades de ser humano. Controlaría sus pasiones y las transformaría en virtudes sociales beneficiosas no sólo para su interés personal sino también para la sociedad.
La Ilustración planteó entonces la necesidad de reformar y civilizar las costumbres de la población y puso sus ojos en la mujer. Como uno de los elementos vitales para lograr dichos cambios.
Todas estas revolucionarías ideas tuvieron pues una amplia repercusión durante el siglo XIX. Esto es debido1 a que marcaron un paso clave en el declinar de la iglesia y en el crecimiento del secularismo actual.
Durante el siglo XIX, la educación continuó con algunos postulados heredados del siglo pasado. Tal es así que en sus inicios conservó todavía su carácter elitista. A pesar de ello, es justo decir, que hubo también durante este periodo gobernantes que se preocuparon por mejorar la educación. Tal es el caso de Manuel Pardo quien promulgó un decreto2 en el que ordenaba la obligatoriedad de la educación primaria, tanto para varones como para mujeres y además aprobó el funcionamiento de un Reglamento General de Instrucción Pública3.
En dicho documento se mostraba el interés que tenía el Estado por el fomento de la instrucción primaria. Como consecuencia de ello se incrementó notablemente el número de colegios privados. Lugares que brindaron una currícula de estudios dirigida a las mujeres muy innovadoras para su época. Tal es así que por mencionar un ejemplo en el colegio Peruano Francés se dictaban los siguientes cursos:
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«Gramática castellana, Geografía Física, Geografía Política, Geografía del Perú, Religión, Historia Eclesiástica, Historia Santa, Historia de América, Historia del Perú, Aritmética, Geometría, Economía, Poética, Botánica, Zoología, Higiene, Pedagogía, Música, Baile, Costura, Tejido, Bordado, Dibujo, Caligrafía, inglés y Francés»4. |
Estas circunstancias, más la influencia de corrientes como la Ilustración heredada del siglo pasado, fueron una de las principales propulsoras en la búsqueda de una revalorización del papel desempeñado por la mujer en la sociedad.
Surgen, pues, en el medio, mujeres escritoras, las cuales reflejarían en sus obras estas nuevas propuestas. Dentro de ese grupo se destaca Clorinda Matto de Turner (1854-1909), literata cuzqueña considerada merced a su preocupación por el indio, como una de las primeras fundadoras de la corriente indigenista.
Pero quizás el aspecto menos destacado de esta autora, sea su preocupación por redefinir el espacio que la mujer ocupa en la sociedad y postular la necesidad, de una mejor educación para ésta.
El presente trabajo tiene como propósito analizar la concepción educativa dirigida a la mujer en la obra Aves sin Nido, dentro del contexto del siglo XIX.
Aves sin nido fue publicada en 1889 y en ella, se relata la llegada de los esposos Marín a la comunidad de Quillac. Lugar donde conocen a los Yupanqui, convirtiéndose en sus defensores ante los abusos de las autoridades del pueblo.
El relato describe las características tanto físicas como personales de los esposos Marín. Especialmente de Lucía, a quien Matto destina un papel central en la historia. No sólo como defensora de la familia Yupanqui y como denunciadora de los abusos del cura, sino principalmente como madre sustituía de las huérfanas indígenas.
Lucía
Marín es descrita como una mujer culta y educada tal como lo
certifica el relato: «Lucía no era
una mujer vulgar. Había recibido bastante buena
educación, y la perspicacia de su inteligencia alcanzaba la
luz de la verdad estableciendo comparaciones»
(16).
Lucía además es propuesta por Matto, como el modelo de mujer ideal, con derecho a recibir instrucción. Dueña de una notable inteligencia la cual utiliza para cumplir acertadamente sus deberes de esposa y madre.
Una de las virtudes que se destacan especialmente de Lucía es su actitud hacia el ahorro:
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Toda una serie artículos eran escritos por varones, durante la época en la que fue escrita esta novela, los mismos que eran luego publicados en los principales periódicos y revistas del país. A través de dicho medio se intentaba modelar la conducta femenina.
De lo que se trataba era pues de fomentar en las mujeres la responsabilidad por el cuidado de su hogar, la promoción del ahorro y la austeridad en los gastos.
Para conseguir tal fin las niñas desde pequeñas debían aprender a ser recatadas, laboriosas y austeras, evitando el ocio y el lujo excesivo, para ello la madre, debía ser el ejemplo de esas virtudes (Rosas, 2001: 408).
Tal papel en la
historia esta a cargo de Lucia quien después de la
infructuosa muerte de Marcela y Juan, adopta a las niñas
Yupanqui como sus hijas: «Lucía
estaba llamada al magisterio de la maternidad, y Margarita era la
primera discípula en quien ejercitara la transmisión
de las virtudes domésticas»
(143).
Había entonces toda una intención de educar a la mujer para que cumpliera a cabalidad su rol en la sociedad como esposa y madre, formadora de los futuros profesionales que la sociedad necesitaba.
Para ello era necesario que la mujer se instruyese no sólo a través de la lectura sino que además se le instaba a tomar clases de diseño o baile como un modo de alcanzar cultura.
Pero esto no significaba que se buscaba que las mujeres fueran personas eruditas ni mucho menos. Sino que muy por el contrario, las mujeres muy ilustradas eran objeto de burla y severas críticas (Rosas, 2001:409).
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«[...], olvidad, pobres mujeres, vuestros sueños de emancipación y de libertad. Esas son teorías de cabeza enfermas, que jamás se podrán practicar, porque la mujer ha nacido para poetizar la casa». |
| (143) | ||
Se consideraba que la mujer era poseedora de una capacidad perceptiva y de una viva imaginación pero que era incapaz en cambio de una reflexión sostenida y de un pensamiento profundo, por su misma constitución corporal y nerviosa, guardando para el hombre el privilegio de la racionalidad.
| (143) | ||
Matto propone una
actitud de abierta oposición en contra de una
educación clerical. De esta manera, critica de manera severa
la educación impartida a las mujeres en los Conventos, por
considerar estos lugares inapropiados para la formación de
jovencitas. Tal como podemos apreciar en las palabras de
Lucía: «Ellas son nuestras hijas
adoptivas, ellas irán con nosotros hasta Lima, y
allá, como ya lo teníamos pensado y resuelto, las
colocaremos en el colegio mas a propósito para formar
esposas y madres, sin la exagerada mojigatería de un rezo
inmoderado, vacía de sentimientos...»
(104).
Otra de sus
interesantes propuestas está relacionada con la idea de que
la mujer es la única que puede transmitir los valores de
moralidad y civismo a sus hijos. Por tal razón destaca la
importante función cumplida no sólo por Lucía,
sino también por doña Petronila quien era madre
también: «[...] de un joven que
revelaba inteligencia notable, y que debía ser el heredero
de las virtudes de su madre...»
(36).
Durante el siglo XIX, las ideas muy en boga en Europa, acerca de la maternidad como función social, y la madre como educadora, tuvieron amplia aceptación entre los ideólogos del liberalismo criollo (Portugal, 1996: 326).
Es necesario agregar que el empeño de los gobernantes republicanos, por fomentar el desarrollo de la educación femenina estuvo también motivado por razones de índole político e ideológico. Ya que después de tres siglos de dominación, el «Perú» se hallaba compuesto por un grupo desarticulado de regiones, razas y grupos sociales. Por tanto el medio elegido para articular esta nación fue la educación.
La
educación condujo a que se revalorizara el papel de las
madres, las cuales debían ser educadas puesto que ellas
tenían la mayor influencia sobre los hijos (Villavicencio,
1992: 37). Tal como lo indica la siguiente cita: «Si la mujer, por regla general, es un diamante
en bruto, y al hombre y a la educación les toca convertirlo
en brillante, dándole los quilates a satisfacción,
también a la naturaleza le está confiada mucha parte
de la explotación de los mejores sentimientos de la mujer
cuando llega a ser madre»
(36).
Para que esta
condición se pudiera cumplir Matto
proponía5
que la mujer debía pasar de su condición de cosa a
persona, y por tanto sus deberes no tenían que estar
limitados solamente a tener hijos y entregarlos a los ayos para ser
educados, sino que la mujer necesita una instrucción
sólida para formar de manera directa y adecuada a sus hijos.
Tal como se explica en el siguiente texto: «Dona Petronila, con educación esmerada,
había sido una notabilidad social, pues era una joya valiosa
perdida en los peñascales de Killac»
(36).
Esta nueva mujer
debe ser por lo tanto muy cultivada y atenta a los requerimientos
que le imponía su rol de administradora doméstica. Se
proponía entonces un nuevo concepto de unión conyugal
«la mujer como compañera del
hombre»
.
| (143) | ||
La nueva imagen de
la maternidad estaba asociada a la sumisión, pero
además, se le otorgaba otros poderes, y también en
principio, reconocimientos. Tal como los manifestados por Fernando
Marín al referirse a su esposa: «-¡Oh, amigo!, las mujeres siempre nos
ganarán en perspicacia y en imaginación.
¡Lucía tiene ocurrencias que me encantan! Le aseguro
que cada día me siento mas enamorado de mi mujer. Manuel
deseo que usted cuando se case sea tan feliz como yo...»
(149-150).
Ya Gonzales Vigil
había argumentado a favor del ingreso de la mujer a los
institutos de educación superior. A fin de prepararlas como
guardianas de un hogar que debía mantenerse cada vez
más impermeable al caos de afuera (Denegrí, 80). Tal
hecho se confirma en la siguiente cita: «[...] ellas irán con nosotros hasta Lima,
y allá, como ya lo tenemos pensado y resuelto, las
colocaremos en el colegio más a propósito para formar
esposas y madres, ...»
(104).
Por lo que se puede observar la nueva educación propuesta para las mujeres tampoco cuestionó su confinamiento al ámbito privado, ni su función dentro de él. Como lo explica Villavicencio, lo que se pretendía era que las jóvenes aprendieran a desenvolverse en una sociedad que se había abierto a las influencias externas.
Con la llegada de nuevas ideas, nuevas modas, nuevas lecturas nos dice Villavicencio se cambiaron también las costumbres consideradas tradicionales. Por tanto considerar el encierro de la mujer en los ámbitos de un convento era hasta contraproducente. Era necesario entonces no sólo protegerlas, sino también instruirlas y hacer así de ellas madres más eficientes (37).
Empiezan a surgir notables cambios en el país con la aparición de la primera crisis republicana, debido a que la venta del guano empezó a decaer y los yacimientos se estaban agotando, comprometiendo el pago de la deuda externa.
Asumió el poder Manuel Pardo y en su periodo presidencial, las libertades políticas, individuales y de prensa fueron irrestrictas. Se fomentó la educación primaria dando acceso tanto a varones como a mujeres. Pero sin embargo la educación secundaria no cambió pues estuvo dirigida sólo a los varones. La educación de la mujer siguió siendo pues ornamental (Villavicencio, 1992: 46).
Tal hecho se refleja en la distinta preparación que iban a recibir Manuel y Margarita. Ella iba a ser colocada en un Colegio de Lima para ser formada como buena madre y esposa. En cambio él iba a ingresar en San Carlos para recibirse como abogado.
La instrucción pública para las mujeres seguía presentando notables limitaciones pero en contrapartida a ello aumentaron el Lima un gran número de colegios privados para mujeres. Mejorándose además, la calidad de educación impartida.
Por otra parte, la instrucción particular femenina durante esta década tuvo un mayor desarrollo, todo lo cual permitió que surgieran un grupo de mujeres provenientes de clases acomodadas, preparadas para desempeñar actividades intelectuales y políticas.
Durante este periodo surgen también nuevas corrientes filosóficas como el positivismo. El cual era un sistema basado en la experiencia y en el conocimiento empírico de los fenómenos naturales y que consideraba a la teología como un sistema de conocimientos imperfecto.
Tales influencias
no son ajenas a Matto, quien coloca en la voz de Lucía
razonamientos basados en dicha corriente. Todo lo cual
provocará la admiración de Fernando Marín
hacia su esposa, quien escuchará sorprendido de boca de su
mujer «[...] aquel razonamiento de moral
filosófica... abismado por la lucidez de un alma grande,
cuya superioridad acaso ignoraba hasta aquel momento»
(176).
Creemos que Clorinda Matto impregnó en la novela gran parte de sus concepciones políticas, morales y religiosas relacionadas no sólo con la defensa del indio sino además, con la valorización del papel de la mujer, dentro del entorno social de ese entonces.
Sin embargo, podríamos mencionar que dentro de su esquema no estaba presente la mujer indígena, como un ser con valores y virtudes propios que debían ser destacados, sino más bien como un ente desprotegido al que se debía proteger y hacer justicia.
- DENEGRÍ, Francesca. El abanico y la cigarrera. La primera generación de mujeres ilustradas en el Perú. Lima: Flora Tristán, IEP, 1996.
- MANNARELLI, Margarita. «Sexualidad y cuerpo femenino. Nuevos discurso y transformaciones sociales en Lima a fines del siglo XIX y principios del XX». En: Mujeres y género en la historia del Perú, Lima: CENDOC, Margarita Zegarra (editora).
- MANNARELLI, Maria. Limpias y modernas. Género, higiene y cultura en la Lima del Novecientos. Lima: Flora Tristán, 1999.
- MATTO DE TURNER, Clorinda. Aves sin Nido. Lima: Biblioteca Peruana.
- OLIART, Patricia. «Poniendo a cada quien en su lugar: Estereotipos raciales y sexuales en la Lima del siglo XIX». En: Mundos interiores. Lima 1850-1950. Lima: Universidad del Pacífico, 1993.
- PORTUGAL, Ana María. «El periodismo militante de Clorinda Matto de Turner». En: Mujeres y género en la historia del Perú, Lima: CENDOC, Margarita Zegarra (editora), 1996.
- PRIETO DE ZEGARRA, Judith. «Mujeres y enseñanza, educadoras y estudiantes». En: Mujer, poder y desarrollo en el Perú, Lima: Dohrca, 1996.
- ROSAS LAURO, Claudia. «Educando al bello sexo: La mujer en el discurso ilustrado». En: El Perú en el siglo XVII. La Era Borbónica, Scarlett O'Phelan Godoy (compiladora), 2001.
- RUBIO FATACCIOLLI, Alberto. La Educación en el Perú. Lima, 1990.
- VILLAVICENCIO, Maritza. Del silencio a la Palabra. Mujeres Peruanas en los Siglos XIX y XX. Lima: Centro de la mujer peruana Flora Tristán, 1992.