71
Lezama, «Encuesta generacional», La Gaceta de Cuba, núm. 5 (1966), pág. 8.
72
Ellas mismas fueron ejemplo de ese espíritu participativo o antigeneracional: en las revistas de Lezama colaboraron escritores mayores en edad (Mariano Brull, Eugenio Florit, Emilio Ballagas, Dulce María Loynaz, Lydia Cabrera, Lino Novás Calvo, Alejo Carpentier, Gabriela Mistral, Alfonso Reyes), y Orígenes acogió también en sus ya prestigiosas páginas textos de jóvenes que empezaban entonces su labor literaria, como Fayad Jamís, Roberto Fernández Retamar, Nivaira Tejera, Pablo Armando Fernández, Pedro de Oraá o Edmundo Desnoes, además de, por ejemplo, los de un principiante Carlos Fuentes y una aún casi desconocida Anaïs Nin. Algunos de aquellos jóvenes cubanos eran además visitantes habituales de la casa de Lezama y participantes del «Curso délfico» que empezaba a impartir mediante conversaciones y orientaciones en las lecturas.
73
Ibídem.
74
Roberto Fernández Retamar, «Generaciones van generaciones vienen...», Gaceta de Cuba, núm. 13 (1962), pág. 5.
75
Ibídem.
76
Cfr. Lorenzo García Vega, Los años de Orígenes, Caracas, Monte Ávila, 1979, pág. 69.
77
Cintio Vitier, Lo cubano en la poesía, cit., pág. 370.
78
Ibídem, pág. 372.
79
Lezama, «Respuesta y nuevas interrogaciones. Carta abierta a Jorge Mañach» (1949), en Imagen y posibilidad, cit., pág. 189.
80
Hasta su segundo y definitivo exilio en 1960, la trayectoria ideológica de Jorge Mañach, duramente atacada por sus compañeros de generación, dibujó ese curioso vaivén «al apego de la política positiva» que los origenistas no tardarían en reprocharle también: fue uno de los fundadores del ABC (antiguo grupo terrorista contra la dictadura de Machado que pasó a ser Partido Reformista), Secretario de Instrucción Pública durante el gobierno de Mendieta (1934), luego Delegado en la Asamblea Constituyente de 1940 por el Partido del Pueblo Cubano, y finalmente (1944) Ministro de Estado en los últimos meses del gobierno de Fulgencio Batista, quien para entonces ya había orientado hacia objetivos nada democráticos aquella «astucia instintiva» que alguna vez le reconoció Mañach.