1
Es ya considerable la cantidad de trabajos que han incidido en este aspecto del quehacer mironiano; entre los más destacados, cabe mencionar: Márquez Villanueva, F., La esfinge mironiana y otros estudios sobre Gabriel Miró, Alicante: Instituto de Cultura «Juan Gil-Albert», 1990, así como los volúmenes colectivos Lozano Marco, M. A. & Monzó, R. M. (coords.) (1999) Actas del I Simposio Internacional «Gabriel Miró», Alicante: Caja de Ahorros del Mediterráneo y La novelística de Gabriel Miró. Nuevas perspectivas, Alicante: Instituto de Cultura «Juan Gil-Albert», 1993.
2
El texto aparece por primera vez, en 1982, junto a escritos de Miró publicados en El Íbero editados por E. L. King en Sigüenza y el mirador azul. Prosas de El Íbero, Madrid: Ediciones de La Torre, 1982. De Sigüenza y el mirador azul se ofrecen tres versiones, dos de ellas con el mismo título y una tercera llamada La casa del mirador azul, menos cargada de especulación teórica en sentido estricto.
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Para ser precisos, es el núcleo común de las dos primeras versiones, en las que me centraré; la versión C es notablemente distinta, desde su propio título: La casa del mirador azul. Éste se centra en la narración de los momentos previos al cambio de hogar y a la mudanza, insoportablemente dilatada por la epidemia de cólera que azota la ciudad.
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Miró, G., Sigüenza y el mirador azul. Prosas de El Íbero, ed. E. L. King, Madrid: Ediciones de La Torre, 1982. En adelante, me referiré a la obra con la abreviatura SMA.
5
Baudelaire, C., Oeuvres complètes, París: Gallimard, 1968: 1159.
6
Ruskin, J., The Art Criticism of John Ruskin (R. Herbert, ed.), New York: Da Capo, 1987, 4.
7
Ibíd., 46.
8
La cita pertenece al artículo «Domingo Carratalá», publicado en La correspondencia alicantina, 10 de enero de 1901 y reproducido en Ramos, V., Vida de Gabriel Miró, Alicante: Caja de Ahorros del Mediterráneo-Instituto de Cultura «Juan Gil-Albert», 1996: 67, de donde cito.
9
Cito de Zola, E. [1880] Le Roman Expérimental, París: Charpentier et Fasquelle, 1894, 7 (edición on-line en el sitio de la Bibliothèque Nationale de France: http://gallica.bnf.fr). Quisiera indicar también que el conflicto entre naturalismo y esteticismo, salvando las diferentes prácticas artísticas asociadas a cada uno de ellos, es sobre todo, un conflicto teórico sobre la posición objetiva o subjetiva del narrador. Y en realidad, no son posiciones tan alejadas: como señala Gordon la idea del narrador objetivo no es más que una posición subjetiva que mantiene la ilusión de distancia tras el paradigma de un experimento; véase Gordon, J. B., «Decadent Spaces: Notes for a Phenomenology of the Fin de Siècle» en Fletcher, I. (ed.) Decadence and the 1890s, Londres: Edward Arnold, 1979: pp. 31-58.
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Me parece oportuno recordar que Clarín realizó una crítica casi exacta a propósito del Naturalismo en el prólogo a la segunda edición de La cuestión palpitante, de Emilia Pardo Bazán. En ese prólogo leemos: «El Naturalismo no es un conjunto de recetas para escribir novelas, como han creído muchos incautos. Aunque niega las abstracciones quiméricas de cierta psicología estética que nos habla de los mitos de la inspiración, el estro, el genio, los arrebatos, el desorden artístico y otras invenciones a veces inmorales [...] Ya se han escrito por acá novelas naturalistas con planos; y no falta quien tenga entre ceja y ceja una novela política, naturalista también, en la que, con motivo de hacer diputado al protagonista, piensa publicar la ley electoral y el censo»
(Pardo Bazán, E., [1883] La cuestión palpitante (R. de Diego, ed.) Madrid: Biblioteca Nueva, 1998, 125-126). La coincidencia me parece sintomática en tanto que la diferencia cronológica queda borrada por la misma actitud respecto a ciertos planteamientos literarios e incluso por la misma ironía con la que se contemplan tales planteamientos.