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Abajo

La gaviota

Comedia infantil en un acto y en verso

Pedro Jesús Solas



Portada



  —4→  
PERSONAJES
 

 
DOÑA LEONOR,   madre de Aurora.
AURORA.
LA SEÑORA SOLEDAD,   madre de Luisa, Paz e Irene.
LUISA.
PAZ.
IRENE.




  —5→  

ArribaActo único

 

Casa modesta con puerta al fondo y otras dos a la derecha. A la izquierda, en primer término, una mesa, sobre la que hay una urna que encierra la imagen de la Virgen del Mar, alumbrada con dos velas. En segundo término, también a la izquierda, una ventana practicable. En el centro, y en primer término, una mesa o velador, con menesteres de costura. Entiéndase por derecha e izquierda la del espectador.

 

Escena I

 

La SEÑORA SOLEDAD, LUISA, PAZ e IRENE, de rodillas ante la imagen de la Virgen, terminan la plegaria con devoción.

 
SOLEDAD

 (Acabando el rezo.) 

«Y escucha nuestra plegaria,
Santa Virgen de la Mar.»
Amén.

 (Se santigua y pone en pie.) 

LUISA, PAZ e IRENE
Amén.

 (Se santiguan y levantan.) 

 

(IRENE se acerca a la urna y la contempla en silencio, mientras las tres primeras toman asiento alrededor de la mesa y se disponen a trabajar.)

 
  —6→  
SOLEDAD
Hijas mías,
aunque es tanta la ansiedad
que nos domina, intentemos 5
nuestra labor continuar,
a ver si la Virgen Santa
aplaca la tempestad
y nos devuelve con vida
a los que en el golfo están. 10
PAZ
¡Ay madre! Tiemblan mis dedos,
y no sé lo que saldrá.
LUISA
¡A mí me pasa lo mismo!
SOLEDAD
Y a mí me sucede igual.
IRENE
¡Madre!

 (Acercándose.) 

SOLEDAD
¿Qué quieres, Irene?
15
IRENE
¿Quiere usted que vuelva allá?
SOLEDAD
¡Te vas a poner perdida
de agua!...
IRENE
¡Peor se pondrán
nuestro padre y mis hermanos
hasta que lleguen acá! 20
SOLEDAD
¡Si es que llegan!...

 (Con dolor.) 

LUISA

  (Conmovida.) 

¡Por Dios, Madre!...
PAZ
¡Duda usted de la piedad
de la Virgen!

 (Como recriminándola.)  

SOLEDAD
¡No, no dudo!
Al contrario, viva está
mi fe en la divina estrella 25
de los Mares; mas mi afán
¡es tan grande!... Al fin y al cabo,
soy una pobre mortal
que ha sufrido tantos duelos,
que ni ánimos tiene ya 30
para luchar. Me resigno
a todo... La voluntad
—7→
de Dios está por encima
de la nuestra; pero ¿habrá
quien se domine hasta el punto 35
de no temer y llorar
cuando las penas se ciernen
cual nubes de tempestad?
LUISA
¡Vamos, madre, más valor!
PAZ
Nos debiera uste animar, 40
¡y llora!
 

(Se oye un trueno lejano.)

 
IRENE

 (Con desaliento.) 

¡Siguen los truenos!
SOLEDAD
¡Sí! Arrecia la tempestad...
LUISA
¡La Gaviota es un buen barco!
SOLEDAD
¡Ninguno resiste al mar
cuando el mar hierve con furia 45
a impulsos del vendaval!
IRENE
¿Me deja usted, madrecita?

 (Suplicante.) 

SOLEDAD
Ve, si quieres, hija; mas
resguárdate tras del faro,
que el viento te haría mal. 50
IRENE
Y en viendo que la Gaviota
asoma, volveré acá

 (Animándose.) 

para anunciarlo.
SOLEDAD
¡Sí, Irene,
que me mata la ansiedad!
 

(Vase IRENE por el fondo.)

 


Escena II

 

La SEÑORA SOLEDAD, LUISA y PAZ.

 
PAZ
¡Estoy pensando una cosa! 55
LUISA
¿Qué piensas?
PAZ
Nuestra vecina
-según Aurora me ha dicho-
espera se halle a la vista
—8→
hoy el buque en que navega
su esposo.
SOLEDAD
¡Es verdad!
PAZ
Podría
60
subir a verla, y de paso
-tras contarla nuestra cuita-
pedirla que nos dejase
su anteojo de mar. Arriba,
en la azotea, se alcanza 65
a ver toda la bahía.
SOLEDAD
Pero, hija mía, comprende
que también le necesitan
ellas para ver si el buque
que están aguardando, arriba 70
al puerto. -¡Hoy somos iguales-
iguales en la desdicha
cuántas en el mar tenemos
el alma! Tanto peligra
hoy la nave de gran porte 75
como la humilde barquilla.
PAZ
Pero miraría a ratos
yo también; ¿es verdad Luisa?
LUISA
Si te dejaran...
SOLEDAD
¡Inténtalo!
PAZ
O ellas decirme podrían 80
si el casco de la Gaviota
divisaban...
SOLEDAD
Hija mía,
haz lo que quieras. ¡El tiempo
transcurre tan lento!... Digna
de vuestro amor es el ansia 85
que a todas tres os anima...
Haced hoy cuanto os sugiera
el amor filial.
  —9→  
LUISA
¡Y avisa
tan pronto como tus ojos
a la Gaviota distingan! 90
PAZ
¡No llevo otro pensamiento!
Verla, y bajar en seguida
a anunciarlo, es todo uno...
SOLEDAD
¡Quiera el cielo lo consigas!
 

(Vase PAZ por el fondo.)

 


Escena III

 

La SEÑORA SOLEDAD y LUISA.

 
 

Durante breve pausa una y otra permanecen silenciosas y pensativas, hasta que la primera se levanta para acercarse a la ventana.

 
 

ADVERTENCIA IMPORTANTE.- Por la facilidad con que puede hacerse, y por el efecto escénico, debe simularse desde dentro la tempestad, siguiendo las indicaciones del diálogo. También, a ser posible, convendría que se dejara oír, pero muy piano, alguna melodía. De no ser factible lo que se indica, puede representarse lo mismo, cuidando de esmerarse mucho en el desempeño de sus papeles las niñas que estén encargadas de los dos.

 
SOLEDAD
¡Gris el cielo y gris el mar!... 95
Aumenta la cerrazón,
Y no se ve embarcación
que tierra quiera tocar.
El irritado elemento
anegarnos amenaza; 100
su presencia el rayo traza,
incendiando el firmamento.
Del golfo el ronco bramido
se junta al fragor del trueno,
y muestra la mar su seno, 105
—10→
jamás del hombre medido.
La lluvia cae a torrentes,
y el vendaval se desata
con fuerza que desbarata
los diques de las rompientes... 110

 (Pausa.) 

¡Ay, no tiene salvación!
¿Cómo de la muerte huir,
si no podrán resistir
en tan pobre embarcación?

 (Llora.) 

 

(LUISA se aproxima a su madre y contempla el mar.)

 
LUISA
¡Madre! ¡Mi querida madre, 115
Valor!
SOLEDAD
¡Me falta, hija mía!
Ya el corazón desconfía
de encontrar vivo a tu padre.
LUISA
¡Oh Dios mío!

 (Solloza.) 

SOLEDAD
Por mi mal,
mis temores son fundados; 120
ese mar de mis pecados
siempre me ha sido fatal.
LUISA
¡La Virgen querrá, piadosa,
que luchen con brazo fuerte!
SOLEDAD
¡Ahí mi padre halló la muerte! 125
LUISA
¡Virgen misericordiosa!...
SOLEDAD
¡Cual tu padre, pescadores
también mis hermanos eran...
y aun mis ojos les esperan...
y ellos no vuelven!

 (Llora.) 

LUISA

 (Consolándola.) 

¡No llores!
130
SOLEDAD
¡Ay Dios! ¿Cómo no llorar,
si a merced del mar bravío
está cuanto el pecho mío
ha podido siempre amar?
—11→
¿Cómo tener esperanza 135
en una débil barquilla,
cuando el vendaval humilla
los buques de más pujanza?
 

(Relampaguea.)

 
LUISA
¡Un relámpago!... ¡Qué horror!

 (Se santigua.) 

SOLEDAD
¡Lleva la muerte en su seno! 140
 

(Truena.)

 
LUISA

 (Aterrada.) 

¡Santa Bárbara, qué trueno!...
SOLEDAD
¡Ten piedad de mí, Señor!
 

(Caen de rodillas y lloran en silencio.)

 
¡Oh Santa Virgen del Mar,
tú que ves mi amargo llanto,
dúelete de mi quebranto, 145
calma mi acerbo pesar!
 

(Pausa, durante la cual debe oírse la tempestad, que decrecerá por momentos. La SEÑORA SOLEDAD y LUISA oran en voz baja. Después se santiguan y levantan,adelantando hacia el proscenio.)

 
Hoy años ha que al nacer
el día, a la mar se hicieron
los que mis hermanos fueron
y que ya no he vuelto a ver. 150
De púrpura y arrebol
vestido estaba el espacio,
y entre nubes de topacio
nació refulgente el sol.
La mar, azul como el cielo, 155
mansa besaba la arena,
dejando en encajes llena
la blanca línea del suelo.
De las olas el murmullo
—12→
bendiciones parecía 160
que de las olas partía
hasta el sol, en dulce arrullo,
y así, tras leda esperanza,
la flotilla que salió,
mar adentro se alejó 165
perdiéndose en lontananza.
Bendita fue el día mismo
la Gaviota, y se hizo al mar
sólo para festejar
en las aguas su bautismo. 170
Mas apenas celebrada
la fiesta, a tierra volvió
y allá en la playa quedó
sobre la arena acostada.

 (Pausa breve. Suspira.)  

¡Dicha humana no es eterna!... 175
Aún duraba la alegría,
cuando trastornose el día
y se anunció la galerna;
y a poco, el mar sosegado,
al soplo del vendaval 180
en desecho temporal
rugía fiero, irritado;
y las barcas pescadoras,
en alta mar sorprendidas,
viéronse en breve perdidas 185
entre las aguas traidoras...
Así la suerte mudable
juntó a la alegría el duelo.
¡Ay! ¿quién sabe si hoy el cielo
será también implacable 190
con nosotros?...
LUISA
¡Madre mía,
—13→
la Virgen tendrá piedad!
 

(Relampaguea y truena débilmente.)

 
¡Se aleja la tempestad!
SOLEDAD
¡Oigo su voz todavía!

 (Acercándose de nuevo a la ventana.) 

Mira el golfo. De su asiento 195
salió la mar irritada,
y aun, colérica y airada,
amenaza el firmamento.
Muestra su lecho de roca,
e irguiéndose al tiempo mismo, 200
se despeña en el abismo
rugiendo con furia loca.
PAZ
¡Madre! ¡madre!...

 (Desde dentro.) 

LUISA

 (Animada.) 

¡Es Paz que grita!...
¡Acaso vio en lontananza!...
SOLEDAD
¡Oh! ¡No me deis la esperanza 205
que el mar soberbio me quita!...
 

(Se oye un último trueno muy lejano.)

 


Escena IV

 

Dichas. PAZ, DOÑA LEONOR y AURORA.

 
PAZ
¡Entre la bruma, a lo lejos,

 (Jadeante.) 

Un barco hacia aquí se acerca!
LEONOR
Debe ser ese el buque
que aguardábamos de América. 210
AURORA
¡El de mi papá!
PAZ

 (Malhumorada.) 

¿Y qué sabes?
LEONOR

 (A PAZ.) 

Hija mía, considera
que sólo un barco que cuente
con las poderosas fuerzas
del vapor, puede arriesgarse 215
—14→
a tomar puerto.
PAZ
¡No humea!
LEONOR
¡Y eso qué importa!... Vecina.

 (A la SEÑORA SOLEDAD.) 

Me pareció una imprudencia
dejar a Paz en su engaño,
y hemos bajado tras de ella 220
para evitar el disgusto
que sobrevenir pudiera
creyendo usted que la nave
que veloz al puerto llega
es la Gaviota.
SOLEDAD

 (Con pena.) 

¡Mil gracias,
225
señora por la molestia!
LEONOR
Estando el mar tan terrible,
más seguridad se encuentra
lejos de la costa, que
no aproximándose a tierra; 230
sobre todo, si se trata
de embarcaciones de pesca.
SOLEDAD
¡Dios sabe lo que habrá sido
de nuestra pobre trainera!...
LEONOR
¡Esperanza de Dios, vecina! 235
SOLEDAD
¡En Él la tenemos puesta!
LEONOR
Si quiere usted cerciorarse,
venir puede a mi azotea,
y verá con el anteojo
la embarcación que se acerca... 240
SOLEDAD
¡Es tal mi ansiedad!... ¡tan grande!...
LEONOR
¡Se explica! Cuando se espera
a los seres más queridos...
¡Pero anímese usted, venga
con nosotras!
SOLEDAD

 (Dudando.) 

¡Tengo miedo!...
245
  —15→  
LEONOR
Mejor es que se convenza
que no que dude.
LUISA
¡Es verdad!
¿Vamos, madre?
SOLEDAD

 (Resignada.) 

¡Como quieras!
PAZ
Quedo aquí esperando a ustedes.
LUISA
Pronto estaremos de vuelta. 250
AURORA
Y yo la haré compañía
en tanto a Paz, ¡que es más terca!...
 

(Vanse por el fondo la SEÑORA SOLEDAD, DOÑA LEONOR y LUISA.)

 


Escena V

 

PAZ. AURORA.

 
PAZ
¡Ahora veremos quién tiene
razón!
AURORA
¡Y puedes dudarlo!...
PAZ
¡Si no dudo! Es la Gaviota. 255
AURORA
Tu deseo te ha engañado.
Con mi anteojo, con ser bueno,
no se puede ver un barco
tan pequeño, a tal distancia.
PAZ
¡Ya veremos si me engaño! 260
AURORA
¡Bueno; dejemos porfías!
PAZ
No tardará en avisarnos
Irene.
AURORA
¿Pues dónde se halla?
PAZ
En la explanada del faro.
AURORA
¡Con un tiempo tan terrible! 265

 (Admirada.) 

PAZ
¿Y qué importa eso, si al cabo
consigue ver la Gaviota
—16→
de tanto peligro a salvo?
AURORA

 (Con desdén mortificante.) 

¡No vale el tal barquichuelo
el susto que estáis pasando! 270
PAZ
Es que en él se halla mi padre
y se encuentran mis hermanos;
y aparte de ellos, supone
nuestra fortuna.
AURORA

 (Sonriendo.) 

¡Sí!, ¡es claro!...
PAZ
¡Gracias a ese barquichuelo 275
vivimos!
AURORA
¡Valiente barco!
PAZ
Para nosotras es de oro.
Y le tenemos en tanto,
que no le cambiaríamos
por el que estáis esperando 280
vosotras.
AURORA
¡Qué disparate!
¡Un vapor de cuatro palos!...
¡Solamente lo que encierra
vale más que todo el barrio
de pescadores!
PAZ

 (Ofendida.) 

¡Pues hija!
285
¡No hablas con poco entusiasmo!
AURORA
No sabes bien lo que has dicho.
PAZ
Vaya si sé lo que hablo.
AURORA
¿Has visto tú cuánta gente
cabe en él?
PAZ
¿Y qué sacamos
290
de eso? ¿Dejará de ser
tu papá, aunque tenga mando,
un empleado como otros,
mientras mi padre es el amo
en su trainera?
  —17→  
AURORA

 (Mortificada.) 

Pues sabe
295
que, solo el sueldo contando,
con lo que mi papá gana
en un mes, hay muy sobrado
para comprar dos traineras
como la vuestra. Y si vamos 300
a tratar de la importancia
que tiene su empleo...
PAZ

 (Con viveza.) 

El caso
es que ese vapor no es vuestro,
valga lo que quiera; en tanto
que sí es nuestra la Gaviota. 305
Y si ocurriera un naufragio
-¡Dios no lo quiera!- y supuesto
que se salvaran los náufragos
más perdiéramos nosotros
que vosotras. Por si acaso, 310
¡más vale que no suceda!...
AURORA

 (Con dureza.) 

Pues yo -soy franca- mirando
por mí, con que llegue al puerto
el vapor...
PAZ

 (Con pena.) 

¡Cruel!
AURORA
¡En casos
como este, cada una pide 315
para sí! Con que...
PAZ
¡Yo, en cambio,
pido para todas!...
AURORA

 (Indiferente.) 

¡Bueno!...
PAZ
Aurora... ¡Me han hecho daño
tus palabras!
AURORA
¡Hija mía,
no sé por qué!
PAZ
Tú, contando
320
—18→
con los medios de defensa
de que disponen los barcos
de vapor, estás tranquila.
Y no comprendes qué amargos
son los duelos de los pobres 325
que, cual nosotras, temblando
miran ese mar soberbio
de tantos destinos árbitro.
AURORA
¡Por uno mismo comienza
la caridad!
PAZ

 (Dolorida.) 

¡Oh, qué extraño
330
modo de apreciar al prójimo!...
Eso es muy poco cristiano.


Escena VI

 

Dichas. IRENE.

 
IRENE

 (Que entra corriendo y jadeante.) 

¡Madre! ¡madre!
PAZ
¡Qué! ¿qué ocurre?
¿Es la Gaviota?
IRENE
¡Tal creo!
AURORA
Pues ¿qué has visto?
IRENE
He visto un barco...
335
AURORA
¿Grande, muy grande?
IRENE
Pequeño.
AURORA
¿De vapor? ¿de cuatro mástiles?
IRENE
¡No! Viene a fuerza de remos.
PAZ
¿Y está cerca?
IRENE
¡No!
PAZ

 (Perpleja.) 

¿No?
AURORA
Entonces,
di, ¿cómo has podido verlo 340
—19→
estando la mar revuelta?
IRENE
Con un anteojo muy bueno
que me han dejado. ¡Si vierais!
PAZ
¿Quién te lo dejó?
IRENE
¡El torrero!
Como llueve que diluvia, 345
y sopla tan fuerte el viento,
llamáronme desde el faro
e hiciéronme pasar luego,
y enterados del motivo
que me llevaba, dijeron: 350
«Pues sube, sube a la torre;
que está el día tan revuelto,
que vas a enfermar, pequeña.»
Con que... subí, y al momento
sacó el del faro un anteojo, 355
miró con él mar adentro
y me dijo: «Veo un barco;
mas está lejos, muy lejos.
A ver si le reconoces.»
Miré yo... ¡bendito el cielo! 360
¡Qué olas tan grandes! ¡qué modo
de incendiarse el firmamento
con los relámpagos!... ¡Hijas,
de acordarme me estremezco!...
Como un piñón de chiquito, 365
distinguí del mar en medio
un barco que, ora subía
sobre las olas ligero,
ora bajaba escondiéndose
tras las aguas. Sin aliento 370
apenas, seguí mirando
hasta que vi los remeros.
PAZ
¿Cuántos eran?

 (Con ansiedad.) 

  —20→  
IRENE
No lo he visto.
Pero son ellos, ¡son ellos!
¡El corazón me lo dice, 375
según golpea mi pecho!
Dejé el anteojo; di gracias,
y sin esperar más tiempo,
de cuatro en cuatro escalones
bajé, y sin parar, corriendo, 380
a daros la buena nueva
he venido. ¿Y madre?
PAZ
Creo
que vendrá pronto. Ha subido...
AURORA
Ya está aquí, sus pasos siento.
 

(Se oye un trueno lejano.)

 


Escena VII

 

Dichas. La SEÑORA SOLEDAD y LUISA.

 
PAZ

  (A la SEÑORA SOLEDAD y LUISA.)  

¿Es la Gaviota?
SOLEDAD
¡Quién sabe!
385
AURORA
¿Y mi mamá?
LUISA
Arriba queda;
pero bajará en seguida.
IRENE
No hay duda, es la trainera.
SOLEDAD
O náufragos de algún buque
que se dirigen a tierra 390
después de horrenda catástrofe.
AURORA
¿Y no se ve chimenea,
ni arboladura, ni...?
LUISA
¡Nada!
Una sombra muy pequeña
que, juguete de las olas, 395
—21→
sube y baja a impulso de ellas.
AURORA
Entonces... ¡estoy tranquila!
SOLEDAD
¡Yo no! Quienquiera que sea
el que a merced de los mares
en este instante se encuentra, 400
de compasión es bien digno.
¡Piedad de él la Virgen tenga!
IRENE
Madre, ¿vuelvo al faro?
SOLEDAD
¡Irene,
hija mía, reza! Reza
por los pobres navegantes 405
víctimas de la tormenta.
En este valle de lágrimas,
de desdichas y miserias,
no tenemos otro amparo
ni otro consuelo nos queda 410
que Dios. ¡Él oiga piadoso
nuestra plegaria!
LUISA
¡Así sea!
AURORA

 (Aparte.) 

Con tal que el vapor se salve
PAZ
¡Madre, alguien, de aquí muy cerca,
da gritos de angustia!

 (Se aproxima a la ventana y mira hacia fuera.)  

IRENE

 (Se acerca a la puerta.) 

¡Oigamos!
415
LUISA
¡Qué ansiedad!
 

(Silencio durante breve pausa.)

 
AURORA
Puede que sea
alguno que la llegada
de algún pescador espera...
LUISA
¡Es mujer la que solloza!
PAZ
¡Es doña Leonor!...
IRENE
¡Sí, es ella!
420
 

(AURORA va a salir por el fondo, a tiempo que entra DOÑA LEONOR.)

 

  —22→  

Escena VIII

 

Dichas y DOÑA LEONOR.

 
 

DOÑA LEONOR aparece llorando y con el semblante descompuesto por el dolor. Al llegar al proscenio, la rodean todas, demostrando el interés más vivo.

 
LEONOR
¡No hay quien me ampare, Dios mío!
SOLEDAD
Señora, por Dios, ¿qué pasa...?
AURORA
¿Qué es eso, mamá? ¿Qué tienes?
LEONOR
¡Ay el esposo de mi alma...?
LUISA
¿Qué ha sucedido?
AURORA
¿Qué es ello?
425
LEONOR
¡La mayor de las desgracias!...
¡La desventura más grande!...
¡Ay hija de mis entrañas!...

 (Abraza a AURORA.) 

SOLEDAD
¡Serénese usted, señora!
¡Recobre la calma!
LEONOR
Calma,
430
¡cuando el dolor me enloquece!...
SOLEDAD
¡Si podemos ayudarla!...
LEONOR
¡Es imposible!... ¡Imposible!...
¡Triste suerte! ¡vida amarga!
AURORA
Pero explícate. ¿Qué ha sido? 435
LEONOR
En la azotea me hallaba
con el anteojo mirando
el barco que en lontananza
vimos, y que ya muy cerca,
perdida toda esperanza, 440
izó su vela...
SOLEDAD

 (Asustada.) 

¡Dios santo!
LEONOR
¡Oh! ¡Gracias a eso se salva!





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