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Abajo

La gran mina

Comedia infantil en un acto y en verso para niñas

Pedro Jesús Solas



Portada



  —2→  
PERSONAJES
 

 
DOÑA ADELA,   madre de Consuelo.
CONSUELO.
MARI-MANU.
DOÑA ELENA,   madre de Amparo.
AMPARO.
ROSA,   camarera.


 

Época contemporánea.

   

Por derecha e izquierda entiéndase la del espectador.

 



  —3→  

ArribaActo único

 

Salón de un balneario. En el fondo, puerta que comunica, al exterior, y a ambos lados grandes ventanales. A la derecha, dos puertas: la más próxima al proscenio corresponde a la habitación de DOÑA ADELA; la otra, al comedor de la fonda. A la izquierda, otras dos puertas: la inmediata al proscenio de paso al cuarto de DOÑA ELENA; la segunda, a las dependencias de la casa. En el centro, en primer término una mesa, y sillas alrededor.

   

La acción comienza a media mañana.

 

Escena I

 

CONSUELO y AMPARO salen por la puerta del comedor. ROSA limpiando con un plumero los muebles.

 
ROSA
Cuanto más limpio, más sucio
lo ponen todo al momento.
Estas gentes no se ocupan
mas que en bromas y jaleos
y en desordenarlo todo 5
y en dejar todo por medio:
así es que vivir en fonda,
es vivir en un completo
desbarajuste. ¡Qué casa!...
¡Qué casa, Dios sempiterno!... 10
AMPARO
¡Me he puesto de mantequilla,
—4→
que... si tomo más, reviento!
CONSUELO
¡Hija, para eso se paga!
Yo hago también lo que puedo.
Entremeses: no dejo uno; 15
postres: como cuantos veo;
y de lo demás... tú misma
ves si perdono ¡ni esto!...
AMPARO
Pues mamá no está conforme
con lo que hago, así es que tengo 20
que ocultarme; porque dice
que en las niñas es muy feo
el ser glotonas.
CONSUELO
Lo mismo
me está siempre repitiendo
mi mamá, pero, yo callo... 25
Y hago después lo que quiero.
ROSA

 (Aparte.) 

¡Qué habrán hecho!...
AMPARO
¿Ves?... Galletas.

  (Sacando del bolsillo un puñado de galletas.) 

CONSUELO
¡Bah! Cuando tú vas, yo vuelvo.
¡Mira!

 (Sacando del bolsillo un puñado de galletas.) 

AMPARO
¡No te quedas corta!
CONSUELO
¿Piensas que me chupo el dedo? 30
ROSA

 (Aparte.) 

¡Golosas!
CONSUELO
¡En tratándose
de comer, soy un portento!
AMPARO
¿Quieres venir a la olmeda
y nos damos un paseo?
CONSUELO
Después, si quieres; porque ahora 35
debe llegar, de un momento
a otro, la diligencia
en donde viene el correo,
y mamá quiere que vaya
con ella, a ver si tenemos 40
Carta.

 (Come una galleta.) 

AMPARO
También esperamos
nosotras.

 (Come otra galleta.) 

ROSA

 (Aparte.) 

¡Sí, sí; comiendo!

 (Vase por la segunda puerta de la izquierda) 

CONSUELO
Lo que podemos hacer
es aguardarlas al fresco. 45
Junto a la puerta, y al paso
miramos y nos distraemos.
  —5→  
AMPARO
Me parece bien.
CONSUELO
Amiga
mía, vamos.
AMPARO
Desde luego.
 

(Únense del brazo y vanse por la puerta del fondo, comiendo galletas las dos.)

 


Escena II

 

DOÑA ADELA y DOÑA ELENA, que salen respectivamente por las primeras puertas de derecha e izquierda.

 
ADELA

  (Saludando.) 

¡Muy buenos días, señora! 50
ELENA

 (Ídem.) 

¡Señora, muy buenos días!
ADELA
Voy a ver si tengo carta.
ELENA
A eso mismo también iba.
¡Si viera usted qué impaciente
estoy! La salud de mi hija 55
me impone unos sacrificios
que me abruman.
ADELA
Por la niña
he venido yo a los baños
también, y también me obliga
a unos gastos superiores 60
a mi pensión... bien exigua...
ELENA
¿Y qué hacer?....
ADELA
¡No hay más remedio!
ELENA
Mi esposo, que era accionista
de unas minas, a su muerte
nos dejó... no diré ricas, 65
pero sí con desahogo.
Mas parece ser que había
una administración mala,
y eso, unido a que en la mina
principal se descubrió 70
una vía de agua... hija mía,
el caso es que desde entonces
los beneficios, por días
van aminorando... ¡Y eso
que son las mejores minas 75
que se conocen!...
ADELA
Nosotras
a mi pensión atenidas
—6→
estamos: porque mi esposo,
capitán de infantería,
no nos dejó otros recursos. 80
ELENA
¡Y cuesta tanto la vida!...
ADELA
¡Ya lo creo!
ELENA
De manera
que hacemos economías
todo el año para luego
venir aquí, y...
ADELA

 (Interrumpiendo.) 

¡No me diga
85
usted! No basta el ahorro
para lo preciso. Hay días
que no se cierra el bolsillo...
¡Es claro! Como mi hija
no entiende lo que sucede... 90
ELENA
Eso pasa con la mía,
caprichosa y muy miniada,
todo cuanto ve, le intriga...
Y no sabe los apuros
que me cuesta.
ADELA

  (Disculpando.) 

¡Son tan niñas!...
95
ELENA
Hoy creo que tendré carta
con dinero.
ADELA
Ofrecería
a usted mi bolsa con gusto,
si no me hallara en las mismas
circunstancias...
ELENA
¡Muchas gracias!
100
Lo mismo digo.
ADELA

  (Llamando.) 

¡Rosita!
A ver si al salir le han dicho
a dónde han ido las niñas.


Escena III

 

Dichas y ROSA.

 
ROSA
¿Llaman las señoras?
ADELA

 (Acercándose a ella.) 

¡Sí!
¿La han dicho las señoritas 105
a dónde iban?
ROSA
No han dejado
recado alguno. Salían
—7→
del comedor ha un momento;
yo me retiré, y...
ELENA
Mi hija
quedó en esperarme.
ROSA
Entonces
110
no estarán lejos.

 (Dirígese a la puerta del fondo y mira hacia el exterior.) 

ADELA

  (Con extrañeza.) 

La mía
sabía que espero carta...
ROSA

  (Volviendo al proscenio.) 

Ahí fuera están, en la esquina.
ELENA
¡Muchas gracias!
ROSA

  (Retirándose.) 

Usted mande.
ADELA
¿Vamos?

 (A ELENA.) 

ELENA
Vamos con las niñas.
115
ROSA

 (Aparte.) 

Id con Dios... ¡Que me parece
que lo que es vuestras propinas!...
 

(DOÑA ELENA y DOÑA ADELA vanse por la puerta del foro, a tiempo que entra MARI-MANU. ROSA queda mirando hacia el fondo.)

 


Escena IV

 

ROSA y MARI-MANU, que viste pobremente pero muy aseada, y llevando del brazo una cestilla.

 
MARI-MANU
¡Buenos días!

  (Saludando.) 

ROSA
¡Hola, Mari!
¿Y tu madre?
MARI-MANU

  (Suspirando.) 

Sigue igual:
el mal la mata... No duerme... 120
ROSA
Pobrecita, ¿Qué será?
MARI-MANU
El médico se interesa,
pero es tan grave ese mal,
que desconfía de todo.
ROSA
¡Qué pícara enfermedad! 125
Y ¿qué tal?... ¿Trabajas mucho?
MARI-MANU
¡Quisiera aún trabajar más
con tal de obtener dinero
para mi madre!
ROSA

  (Con cariño.) 

¡Tú igual
siempre!... ¡Y no estarás de queja!... 130
MARI-MANU
No; no me debo quejar,
—8→
puesto que las buenas almas
favor y ayuda me dan.
ROSA
Hoy habrás de esperar algo,
porque todo el mundo está 135
en la casa del correo.
MARI-MANU
¡Ahora acaba de llegar!
ROSA
Pues, toma asiento y descansa,
que las labores están
atrasadas, y es preciso 140
moverse y no estar demás.
MARI-MANU
¿Quiere que la ayude?
ROSA

 (Acariciándola.) 

¡Gracias,
querida!... ¡Cuándo querrá
Dios que tu madre se ponga
buena!... ¡Pobre!... ¡Siempre igual 145
no es posible que así siga!
MARI-MANU
La Virgen la aliviará.

  (Con fe.) 

 

(Entran riendo ruidosamente AMPARO y CONSUELO.)

 
ROSA
Ya están aquí estas dos locas...
A ver si puedes lograr
que te compren algo. Enséñalas 150
tu labor... ¡Las gustará!

 (Vase ROSA por la segunda puerta, de la izquierda.) 



Escena V

 

MARI-MANU, AMPARO y CONSUELO.

 
 

Mientras MARI-MANU saca de la cestilla algunas labores de puntilla y crochet que va colocando sobre la mesa, AMPARO y CONSUELO, sin reparar en ella, adelantan riendo y hablan volviendo la espalda a la mesa.

 
AMPARO
¡Qué gracia! Estar como tontas
esperando...

 (Ríe.) 

CONSUELO

  (Ríe.) 

¡Haciendo fila
hasta que llegue el momento
de llegar a la rejilla 155
del empleado!...
AMPARO
¡Y que pase
igual que todos los días!:
-«¿Tengo carta?» -«¡No, señora!»...
«¿Hasta mañana?»- ¡Bah, hija!
Yo no tengo esa paciencia. 160
  —9→  
CONSUELO
Y entre tanto estate rígida
a pie firme, oyendo tantas
sosadas y boberías.
AMPARO
Mejor estamos aquí.
CONSUELO ¡Ya lo creo!
MARI-MANU

  (Acercándose.) 

¡Buenos días!
165
Si las señoritas gustan,
pueden ver estas puntillas
hechas a mano; labores
de crochet; cuellos, gorritas,
pecheros, golas, hombreras; 170
bolsillos de malla fina...
AMPARO
¡A ver!
CONSUELO
¡Veamos qué es ello!
MARI-MANU
¡Y barato, señoritas!
Más barato que en las tiendas.
AMPARO

  (Examinando las labores.) 

Esta greca es cosa antigua. 175
CONSUELO
Y ese pecherín lo mismo:
son cosas por demás vistas.
AMPARO
Ese cuello no me agrada.
CONSUELO
Y esa gola no se estila.
AMPARO
Y esa cenefa es muy cursi. 180
CONSUELO
¡Y quién gasta esa puntilla!...
AMPARO
Esto es demasiado estrecho.
CONSUELO
En cambio es ancha esa tira.
MARI-MANU
¡Válgame Dios!

 (Suspirando.) 

AMPARO

 (Burlándose.) 

¿Y quién hace
todas estas maravillas? 185
MARI-MANU
Tengo muy enferma hace tiempo
a mi madre, señoritas,
y para ayudarla en algo
hago crochet y puntilla
y malla... ¡lo que me es dable! 190
¡Lo que tiene más salida!...
Y lo vendo... como puedo,
a las señoras bañistas,
y gracias a eso mi madre
tiene para medicinas. 195
CONSUELO
¡Lástima de tiempo!
AMPARO

 (A MARI-MANU.) 

¿Y cuánto
sueles vender cada día?
MARI-MANU
¡Según! La malla se paga
muy bien. Una señorita
—10→
Me encargó la hiciese un juego 200
de cama... sólo puntillas,
y me dio doscientos reales.
CONSUELO
¡Pues ya debes estar rica!
AMPARO
¿Y quién te ha enseñado eso?
MARI-MANU
¡Mi madre! Cuando tenía 205
salud ella, era un descanso
esta labor; hoy, precisa
que sea una ayuda y grande.
CONSUELO
¿No tienes padre?
AMPARO
¡Eso iba
a preguntarla!
MARI-MANU

 (Con pesar.) 

Murió
210
un año ha ya, en una mina.
AMPARO
Pero... ¡cómo! ¿Es que teníais
alguna? ¡Serías rica!
MARI-MANU
Mi padre era un operario
que se ganaba la vida 215
en el seno de la tierra,
sacando a la peña viva
los tesoros que encerraba
y que a otros enriquecían.
Un día estalló un barreno... 220
y se hundió la galería
sepultando a muchos pobres
y a otros llenando de heridas.
Mi padre murió, y mi madre,
al recibir la noticia, 225
cayó al suelo como muerta...
Y desde tan triste día
ni ha vuelto a tener salud
ni tranquilidad ni dicha.
La tos la quebranta el pecho; 230
si anda, la ahoga la fatiga;
y de continuo a sus labios
asoma espuma rojiza
que es... ¡No; no quiero creerlo!
¿Qué iba a ser de su pobre hija? 235

 (Llora en silencio.) 

AMPARO
¡Vaya, mujer, no te apenes!
CONSUELO
¡Anímate y no te aflijas!
AMPARO
Si cuando mi mamá vuelva
estás por aquí, yo misma
te llamaré, y es probable 240
—11→
que compre alguna cosilla.
MARI-MANU
Aquí estaré: muchas gracias.
CONSUELO
Me gustas por lo cumplida.
AMPARO
¿Y tu nombre?
MARI-MANU
Mari-Manu.
CONSUELO
¡Qué raro! ¿Mari o María? 245
MARI-MANU
María-Manuela.
AMPARO
¡Ah, vamos!
Ahora ya no se me olvida.
 

(Mientras dobla y arregla sus labores sobre la mesa, AMPARO y CONSUELO hablan aparte.)

 
CONSUELO
¡Hija, ya pasará horas
trabajando así esa chica!...
¡Mira que hay malos oficios! 250
AMPARO
¡Y qué contrastes la vida
ofrece!... Esa pobre huérfana
aborrecerá las minas:
y en cambio yo las bendigo,
porque por ellas soy rica... 255
O si no rica, a lo menos...
CONSUELO
¿Tienes alguna?
AMPARO

 (Con énfasis.) 

¡Y antigua!
¡De plata! Si por desgracia
(cosa que Dios no permita)
quedase huérfana, yo, 260
con lo que tengo, podría
vivir sin preocuparme
de mallas ni de puntillas...
CONSUELO
¿Haces crochet?
AMPARO
No lo entiendo.
¿Y tú?
CONSUELO
Un poco. Es muy bonita
265
la labor.
AMPARO
Pues yo, francamente,
no la encuentro divertida.
CONSUELO
¿Bordas?
AMPARO
Tampoco.
CONSUELO
¿Y la música?
AMPARO
Me gusta, pero es oírla.
CONSUELO
¿Tocas algo?
AMPARO
Nada toco,
270
ni quiero. No necesita
tocar nada más que plata
quien de ella tiene una mina.

  —12→  

Escena VI

 

Dichas. DOÑA ADELA y DOÑA ELENA está llorosa y apenada. Al final, ROSA.

 
ELENA
¡Ay, qué desgracia, Dios mío!
ADELA
¡Quién sabe!

  (Animándola.) 

ELENA
No; no hay remedio.
275
La noticia es terminante.
AMPARO
¿Qué tienes mamá? ¿Qué es eso?
ELENA

 (Llorosa, abrazando a AMPARO.) 

¡Hija de mi alma! ¡Ay qué triste
va a ser el porvenir nuestro!
AMPARO
Pero ¿qué ocurre?

 (Alarmada.) 

ELENA
Que estamos
280
arruinadas; que debemos
de hoy más, para huir del hambre,
trabajar. ¡Ay, Dios, qué negro
va a ser, hija de mi vida,
tu porvenir, si yo muero! 285
AMPARO
¡Explícate! Di qué pasa.
ELENA
¡No tengo fuerzas!... ¡No puedo!
ADELA
¡Domine usted su congoja!
¡No agrave tanto el suceso!
CONSUELO
Pues ¿qué ha ocurrido?
ADELA
La escriben
290
que ha sucedido un siniestro
en la mina...
ELENA
¡Se ha anegado...
se ha anegado por completo!
¡Y ya no queda esperanza!
En vano los ingenieros 295
han procurado con bombas
extraer el agua...; ni eso,
ni el buscar una salida
al caudal atroz, inmenso,
que ha inundado cuantas obras 300
en tantos años se han hecho,
les ha dado resultado.
¡Ya no hay que esperar remedio!
AMPARO
De modo que...
ELENA
Hija del alma,
somos pobres; no tenemos 305
—13→
más porvenir que el trabajo,
ni más protección que el cielo.
¡Ay, hija de mis entrañas!...
 

(Cae en una silla dominada por una congoja. DOÑA ADELA, AMPARO y CONSUELO la rodean. MARI-MANU corre hacia el comedor de donde vuelve con una botella de agua y una copa.)

 
AMPARO
¡Mamá mía!
ADELA

  (A CONSUELO.) 

Llama al médico...
¡Que traigan agua y vinagre! 310
AMPARO
¡Óyeme, mamá!
ADELA

 (A CONSUELO.) 

¡Corriendo!
Agua, vinagre y un vaso.
MARI-MANU
Aquí está el agua.
ADELA
¡Consuelo,
trae vinagre!

 (Echa el agua en la copa y devuelve la botella a MARI-MANU.) 

MARI-MANU
Vengo al punto.
 

(Deja la botella sobre la mesa y corre hacia la segunda puerta de la izquierda a tiempo que ROSA sale por ella.)

 

  (A ROSA.)  

¡Hay que auxiliar al momento! 315
¿Dónde hay vinagre?
ROSA
¡Aquí; espera!
 

(Entran las dos en el comedor y enseguida vuelven a salir trayendo ROSA un frasco.)

 
 

(Cuadro alrededor de DOÑA ELENA, AMPARO la abraza; DOÑA ADELA finge rociarla el rostro con agua; CONSUELO sostiene la copa; ROSA echa vinagre en un pañuelo y acerca éste a la nariz de DOÑA ELENA; MARI-MANU contempla angustiada el grupo.)

 
MARI-MANU
¡Ay, cuánto estará sufriendo!


Escena VII

 

Todas.

 
ADELA
Parece que vuelve en sí.
AMPARO
¡Por Dios, mamá!

 (Besándola.) 

CONSUELO

 (Observando.) 

Ya mejora.
ROSA

  (A MARI-MANU

¿Qué ha pasado?
MARI-MANU

 (A ROSA.) 

¡Pobrecillas!
320
Que la fortuna, que es loca,
—14→
de ricas las ha hecho pobres.
ROSA
Pues, lo mismo que a nosotras.
ELENA
Ya pasó...; ya me hallo bien...
ADELA
¡Más vale así! Vaya, ahora, 325
va usted a echarse en la cama
y allí la llevará Rosa
una tacita de tila
con azahar.
ROSA
Muy bien, señora.
ELENA
No se incomoden ustedes... 330
AMPARO
¿Estás bien?
ELENA
Fue una congoja.
CONSUELO
Debe usted echarse un rato.
ADELA
¡No la dejamos nosotras!
ELENA
El mal pasó; lo que queda...
ADELA
Tenga usted calma; las cosas 335
no son como deseamos,
sino, como más importa
al bien del alma, que el cielo
decreta. De Dios es obra
todo, y debemos humildes 340
conformarnos con sus obras,
aunque nos produzcan duelos
y muchas penas y hondas.
ELENA
Por mí a todo me resigno;
pero esta hija...
AMPARO
No es tan tonta
345
que no sepa acomodarse
a todo.
ELENA
¡El Señor te oiga!
AMPARO
Y ahora déjame esa carta
que ha sido la portadora
de nuevas tan tristes.
ELENA

 (Dándosela.) 

Tenla.
350
AMPARO
Vamos a leerla, señoras,
a ver si resta un asomo
de esperanza.
 

(Agrúpanse y leen en voz baja la carta AMPARO, DOÑA ADELA y CONSUELO.)

 
ELENA

  (Con desaliento.) 

¡Ni una sombra!...

 (Llora en silencio.) 

ROSA

 (A MARI-MANU.) 

¿Sabes de lo que se trata?
MARI-MANU

 (A ROSA.) 

Según he oído, ahora, 355
ha poco, que ha recibido
—15→
carta en la que se la informa
de la ruina irremediable
de una mina.
ROSA
¿Y esa es toda
la desgracia?
MARI-MANU
Es que parece
360
que no contaban con otra
fortuna.
ROSA
Pues, hija mía,
que hagan igual que nosotras,
las que no tenemos nada
más que el día y nuestras obras. 365
MARI-MANU
Pero les falta costumbre,
y por eso es dolorosa
la contrariedad.
ROSA
Lo creo,
y comprendo su congoja
pero a veces no es tan malo 370
lo que vemos las personas
como antojársenos suele.
El trabajo no deshonra,
antes bien nos dignifica
y nos eleva y coloca 375
al nivel de lo más santo.
El trabajo nos reporta
bien al alma y bien al cuerpo;
y aunque sea yo una tonta
muy grande, estoy por decirte, 380
Mari-Manu, que no hay cosa
mejor que el trabajo, que es
la gran mina... y no las otras.
AMPARO

  (Dejando la carta sobre la mesa.) 

¡No hay esperanza! ¡Ninguna!
ADELA
La nueva es bien dolorosa. 385
CONSUELO
¡Qué desgracia!
ELENA
¡Esto es horrible!
AMPARO
Mari-Manu, tú que afrontas
sonriente el infortunio,
¿me enseñarías gustosa
a hacer todas las labores 390
que nos has mostrado ahora?
MARI-MANU
Eso... y cuanto esté en mi mano.
AMPARO
Pues, no hay que hablar más.
ADELA
¿No es broma?
  —16→  
AMPARO
¡Broma! Cuando la desgracia
nos abate y nos azota, 395
hay que luchar, que en la lucha
podemos hallar victoria.
Si hasta aquí hemos disfrutado
comodidades de sobra,
esa dicha hemos tenido 400
que no han conocido otras
personas. De modo que
ahora a luchar, sin demora.
ROSA
¡Muy bien dicho, señorita!
CONSUELO
Me anima el verte animosa. 405
ADELA
¡Mucho dure tal denuedo!
ELENA
¡Energías ilusorias!...

 (Con pesar.) 

MARI-MANU
El ejemplo en mí le tiene.
ROSA
Y el aplauso está en sus obras.
AMPARO
Si encuentro benevolencia, 410
¿qué me ha de arredrar?...

  (Al público.) 

No importa
que el agua anegue las minas
y que sepulte en sus hondas
los filones de oro y plata.
Hay otra mina más sólida 415
que no se agotará nunca:
el trabajo... que es la gloria.




 
 
TELÓN
 
 


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