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La guerra civil española en la poesía de Concha Zardoya

Ana María Fagundo

En la extensa obra poética de Concha Zardoya, chilena de nacimiento, pero española de espíritu, la guerra civil tiene una marcada presencia a través de varios libros que van desde el primero publicado, Pájaros del nuevo mundo (1946) hasta Corral de vivos y muertos (1965), pasando por El dominio del llanto (1947) y El desterrado ensueño (1955). Los acontecimientos de la guerra, la férrea posguerra y el exilio son los materiales dramáticamente auténticos que dan nacimiento a los poemas de estos libros mencionados. Y es por ello, quizá, que esta poesía llega, en ciertos momentos, a una conmovedora expresividad. Poesía que se escribe, que brota, desde la fuente misma de una dolorosa vivencia y de una persistente y lacerante evocación del pasado.

Pero aunque uno de los temas principales de la poesía de Concha Zardoya sea la guerra española, hay otros temas que se deben mencionar. La poetisa se inclina siempre hacia todo lo que sea una aventura del espíritu y del intelecto; no en vano ha hecho una notable labor como profesora de literatura en los Estados Unidos y como crítico de la poesía española del siglo XX. Los temas de su obra poética son los poetas mismos, españoles y extranjeros; la naturaleza de la creatividad; la esencia de las cosas en el universo y la realidad histórica en que vive.

Con Pájaros del nuevo mundo, dedicado a la poetisa chilena Gabriela Mistral se da a conocer. El título del libro, la dedicatoria y los poemas en sí, nos podrían hacer suponer que Concha Zardoya intenta evocar su país natal, pero no es realmente así. Esos pájaros de ese mundo nuevo, mundo distinto, están atenazados por la falta de aire, de libertad, para remontarse y volar sin trabas. Concha Zardoya está hablando en este primer poemario de la falta de libertad que caracteriza a la sociedad española de la década de los cuarenta. Desolación. Llanto. Prisión. Estos son los sentimientos que aparecen en este libro:

¡Difunta luz o yerta luz muriéndose

a pesar de que es de día!

No hay hombres en el páramo.

Sólo insectos sin alas, sin color,

emergen de la tundra1.



El marcado contraste entre una vida anterior feliz y la presente incierta y dolorosa se plasma en varios poemas:

Postrimera te sueño,

mal ave densa, círculo de llanto

que así envuelve este seno y esta vida

ayer en sencillez y hoy postrada2.



Pero pese a sentirse sumida en la desoladora España de los vencidos, la poetisa no pierde las esperanzas de una reconciliación. Esta esperanza la alimentará a través de toda su poesía propugnando el amor y el entendimiento como verdaderos medios de convivencia. Así en un conmovedor poema dedicado a Miguel Hernández dirá esperanzadamente:

Vendrá la primavera

cuando los hombres amen

y el odio ya no exista3.



Un año después, 1947, Concha publica su segundo libro: El dominio del llanto cuyo tema central, a pesar de los poemas que tuvieron que ser eliminados del libro, es la terrible experiencia de la guerra civil. La época era bien difícil y había que sortear la mano férrea de la censura, de ahí las dedicatorias lacónicas que terminan en puntos suspensivos, las preguntas retóricas cargadas de intencionalidad, el tono sombrío de los poemas. Nada se dice abiertamente, pero está entre líneas para quien sepa leer lo que se sugiere. La poetisa no acusa, no grita, no se encrespa ni se rebela, pero tampoco acepta, solamente se sume en la tristeza de lo que es irremediable:

Teníais una patria, dulces novias

que en los ojos besabais muchos días.

El amor con sus flores, como un río

os anegaba el pecho dulcemente.

[...]

[...]

Erais la noble savia del mundo.

Mas un viento de muerte, brisa oscura,

acechaba terrible desde simas

donde el odio se esconde y no envejece4.



La violencia sufrida por unos y otros, el miedo mutuo, la pesadilla, la incertidumbre, todo ese caos horroroso de una guerra civil se transparenta en los conmovedores poemas de este libro tan significativamente titulado el «dominio del llanto». La poetisa dialoga con sus vivos y sus muertos como queriendo paliar la alucinada desolación del momento histórico que le ha tocado vivir. Hay poemas en que se pierde la línea divisoria entre realidad y sueño o pesadilla como, por ejemplo, el poema titulado «El resucitado» en que aparece un hombre al que habían dado por muerto y aunque está vivo se asemeja más a un ser de ultratumba que a un ser viviente. La descripción es escalofriante. La desolación, el miedo, la incertidumbre y la pesadilla se funden y se confunden para crear, a veces, visiones realmente dantescas:

Las tumbas ya no existen

los esqueletos viven, se disfrazan

con un traje de luna

y flotan, danzarines, en la noche5.



Pero la máxima tensión dramática del libro se consigue en la sección titulada «Seis canciones para seis niños muertos». La dulzura del ritmo de las nanas contrasta punzantemente con la violencia que ha cercenado esas vidas infantiles.

Ocho años después de haber salido de España, Concha Zardoya vuelve sobre el tema, pero desde un ángulo distinto. En este libro, El desterrado ensueño, se evoca a la patria que tan emotivamente se lleva dentro. El dolor de la guerra está todavía presente, pero amortiguado por la nostalgia que produce la obligada distancia. La geografía, los pueblos, las ciudades, los monumentos, la literatura y la historia de España configuran el fondo temático de estos poemas que son un canto amoroso y un llanto nostálgico:

Soria roja, tu brasa me calienta

el pobre corazón que está temblando

en estas tierras yertas extranjeras6.



Varios son los poemas dedicados e inspirados por conocidos escritores y músicos españoles. Unamuno es uno de ellos. Concha Zardoya, además, ha publicado a lo largo de sus años académicos varios estudios importantes sobre el escritor vasco. Es más, a ratos, en la poesía zardoyana se nota cierta semejanza con el verso unamunesco. La estrofa citada más arriba y la que sigue podrían ser ejemplos de esta similaridad:

¡Ay Castilla te guarda ya por siempre

en su palma rugosa! ¡Así callado,

eres honda simiente de los siglos

van y agua de vida en estos páramos!7



Diez años más tarde, Concha Zardoya vuelve sobre el tema de la guerra civil en el poemario Corral de vivos y muertos. El dolor de la guerra, la nostalgia de la patria de la cual se está ausente y la tristeza de ver al país sumido en su aislamiento, son los temas que informan este poemario al cual la autora coloca una conmovedora dedicatoria: «Con la esperanza de conquistar una dolorosa ciudadanía que algunos me niegan». Esta dedicatoria parecería de todo punto innecesaria a quienes hubieran leído la poesía de esta poetisa española que padeció en carne propia la guerra y los primeros años de la difícil posguerra y, luego, el peso del exilio en un país al cual nunca consideró suyo. El verso de Concha Zardoya, por lo común propicio al amor, la conciliación y la ternura, se torna a ratos, en este libro, iracundo e impaciente:

Separada del mundo por un foso

de tradición caduca, triste España,

de regresivas fuerzas, yertos lodos

que secan la semilla en la besana8.



(Termina en la página 17.)

Pero a los momentos de impotencia y de ira se suceden otros instantes de esperanzado futuro:

¡Si del dolor naciera la alegría,

la ilusión de una España clamorosa;

unánime, feliz, trabajada

por las manos de todos; cada hora!9



Varios poemas de este libro pertenecen a El dominio del llanto; pero, por supuesto, no pudieron publicarse entonces. Estos poemas atestiguan, mejor que ninguno de los anteriormente publicados por la poeta, el estado de angustia y violencia en que vivió el país durante bastantes años:

Las dos, las tres o las cuatro.

Llaman a la puerta, llaman.

Voces negras y fusiles

golpean la puerta blanca10.



El miedo aterrador de los registros de la época de posguerra está en este poema acertadamente plasmado a través del verso corto, de la repetición, del contraste de colores y de las pausas.

La experiencia de la guerra civil española y el exilio ocasionado por la misma son temas coincidentes y repetibles a través de la poesía de Concha Zardoya, pero no son, desde luego, los únicos como he indicado ya al principio de este trabajo; son, eso sí, los que le arrancan sus mayores aciertos expresivos. Además, cabría afirmar que libro tras libro la poesía de esta autora española se va decantando, haciéndose cada vez más directa, más expresiva y más sencilla.