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La industrialización del escritor

Ricardo Gullón





En los Estados Unidos preocupa a los intelectuales la llamada «industrialización» del escritor. En la Saturday Review, el dramaturgo y novelista Elmer Rice ha publicado un largo artículo discutiendo el problema: «el escritor marcha -dice- a paso acelerado desde la situación de creador independiente a la de jornalero». La enorme mayoría de los escritores vive de un salario, y casi puede asegurarse que no pasan del centenar los capaces de subsistir con sólo los beneficios producidos por sus obras.

Supone Rice que este cambio es simplemente una fase del proceso que ha mecanizado y uniformado casi todo género de trabaja y producción. Como el artesano, primera víctima de la industrialización, así el hombre de letras está perdiendo su independencia a manos de los dueños de periódicos, empresarios de televisión y radio, productores cinematográficos y demás interesados en beneficiarse de su trabajo convirtiéndole en un anónimo empleado más, dentro del negocio.

La relativa independencia del comediógrafo o del autor de libros -continúa Rice- tiende a desaparecer. El teatro va también transformándose en una industria, costosa de sostener y fomentar. (En 1926 funcionaron en Nueva York setenta teatros y se montaron más de doscientas obras: en 1951 las cifras bajaron a treinta teatros y unas setenta obras). En el campo de la edición en constante el alza de materiales y jornales y, por lo tanto, cada día menos fácil la existencia de los pequeños editores independientes, dispuestos a aventurarse lanzando libros experimentales o renovadores. El éxito inmediato es lo único que se tiene en cuenta. (Antes bastaba una venta de 1.500 ejemplares para compensar el esfuerzo editorial; ahora es preciso llegar a los 7.500, cifra que muchos libros, aun en aquel vasto país, no pueden alcanzar).

«Desde el punto de vista de la libertad de expresión -sigue Rice-, la situación es verdaderamente alarmante»; la industrialización convierte al escritor en sirviente de quien le paga, y dada la tendencia a concentrar el poder económico en pocas manos, no es exagerado decir que unos centenares de personas «tienen el control efectivo de algo así como el 95 por 100 de lo que es leído, visto y oído en periódicos y revistas, películas y televisión». La pérdida de libertad en el escritor implica, como consecuencia, el sometimiento del público a la voluntad de unos pocos.





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