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1

Al agradecer muy gustoso explícitamente aquí la información constantemente recibida acerca del estado de las prospecciones y catas en el lecho del río en cuanto a la indicada posibilidad de otras hallazgos que permitieran ampliar el conocimiento del texto -así como en lo que atañe a los aspectos arqueológicos de lo descubierto- al señor Vicedirector del Museo Arqueológico Nacional y Director de dichas prospecciones, doctor don Luis Caballero Zoreda, hago extensiva esta gratitud a todos los restantes organizadores del presente Homenaje, por haberme permitido aguardar hasta el último día previsto pasa la entrega de estas líneas, en aras a la ilusión de que pudieran contener, si no todo el epígrafe, por lo menos, algo más de lo que, finalmente, tendrán que limitarse a ofrecer.

A la vez, y con respecto al contenido, me es grato extender este reconocimiento a cuantos me han ayudado a prepararlo: aparte de mi orientador don Armando Rico -a quien me cumple gratificar a otros efectos inmediatamente arriba en el texto-, a mis colegas doctores Blanco y Blázquez, a mis hijos María y Juan, y a la señorita María Rosa Bolívar, todos ellos conocedores de las piezas en su primera ubicación después de su rescate de entre las arenas del río, y autora la última, además, de las fotografías que ilustran el trabajo, tomadas en una primera visita en que las letras -indemnes todavía del relativo desgaste posterior a la intemperie- podían destacar algo más de lo que les es posible en la actualidad.

 

2

Conste también explícitamente -y creo que no en mi solo nombre, sino en el de cuantos nos hemos ocupado del hallazgo- el más profundo reconocimiento al señor Del Pozo y familia, así como a sus empleados, por las facilidades en todo momento otorgadas para nuestro trabajo.

 

3

La numeración de los bloques -en cifras romanas- corresponde al orden en que creo que debieron de figurar en el monumento a tenor de la organización del texto que luego propondré. Cf. para el conjunto, la figura 1.

 

4

Y apenas creo que habré de ponderar cuán particularmente endeble en el presente caso, en que la falta de datos depende precisamente del hecho del todo azaroso de que, hasta el presente, no se hayan encontrado sino piezas correspondientes precisamente a esas dos partes, que supongo inicial y final, de lo que debió de estar escrito en el monumento. Ni cuánto sería mi gusto si hubiese de rectificar esta mi leve inclinación actual ante hallazgos que nos dieran muchas más noticias de este Sexto Prisco, hasta un cursus completo: ¡ojalá!

 

5

Hay largas sin ningún rastro de ápices -que yo haya sabido ver- no sólo en la desinencia de los dos vocablos enteros de la primera sección, PRISCO y FILIO, donde mal pudo haberlos si tampoco se escribieron las largas mediante longae, sino también en la segunda, donde ya se ha visto cómo, por el momento, no falta ninguna longa: la segunda E de SEVERVS, la O de NEPO (tanto si se completa NEPO[S] como si NEPO[TI]) y la A de DEDICARVNT.

 

6

De todas formas, el buen encaje de los bordes en el renglón superior para leer el nombre tribal Quirina en su abreviatura QVIR, y el carácter tan formulario de esta renglón inferior creo que apenas permiten dudar de que el término que ahí propongo es objetivamente muy defendible de las primeras letras no enteras, la inmediata a la D no podría ser sino F, en caso de no admitirse la E que propongo, pero ello no parece dar lugar a contexto viable; el ángulo superior izquierdo de la M que luego se espera, es visible, lo propio que el trazo superior derecho de la V que precedería a la E, que ya cabe dar como segura; según ello, la única figura que hay que suplir por entero es la de la Q, pero en un contorno tal, casi me parece más prudente decir que no puede ser otra, que andar conjeturando si realmente puede serlo.

De paso, quede advertido que también la buena textura del vocablo roto en el renglón superior hace relativamente fácil la decisión acerca de la palabra correspondiente en el inferior al otro lado; esto es, que DEDICARVNT puede darse prácticamente por seguro, dado que constan el extremo inferior de hasta izquierda de la Ay casi toda la R, de modo que cabe decir tres cuartos de lo mismo respecto a la prudencia que supone el ni siquiera pensar que hubiera figurado la forma «plena» DEDICARVNT.

 

7

La preferencia por esta restitución en dativo respecto a otra, también posible, en nominativo -según ya quedó indicado en la nota 5- creo poder razonarla en aras a un paralelismo con el seguro y entero filio del renglón primero del conjunto y, sobre todo, a una mayor probabilidad de que se haya dado realmente la vinculación de parentesco entre los personajes resultantes de esta cadena de hipótesis. En efecto, y como ya se habrá observado, lo que se propone en el texto va de acuerdo con la suposición de que no falta mucho texto intermedio entre las dos secciones, esto es, que un posible «cursus» honorum del homenajeado difícilmente existió o, de haber existido, fue más bien muy corto. Parecen abonarlo muchos indicios heterogéneos y congruentes: el hecho indudable de ser homenajeado por un padre todavía viviente, el amplio margen debajo de su nombre, que no aboga por suponer que siguieran renglones que a él se refiriesen todavía, el tamaño de las letras con que viene escrito, inferior al de los nombres de los dedicantes, pero sobre todo, la estridente diferencia entre la mención expresa de filiación y tribu en el que de ellos he llamado principal, y la miserable exigüidad de su onomástica, reducida a pronombre y cognombre ¡sin nombre siquiera!, ¿qué de extraño que le falten filiación y tribu? Todo inclina, pues, a pensar en una dedicatoria precoz, reveladora de ilusiones familiares, y buena razón para que el sentir se materializara en lo que debió de ser un gran monumento, pero en el que los famosos son los dedicantes: uno, de momento probablemente incógnito, el padre que llama «hijo» a Sexto Prisco, y otro, conocido a medias y que, por la solemnidad de su nomenclatura, vengo designando como dedicante principal, y a quien supongo padre del anterior, con lo que Sexto Prisco resulta ser necesariamente su nieto. Y muy naturalmente, además, si no me engaño. En cambio, la restitución NEPO[S] haría de este gran personaje un nieto de Sexto Prisco, con lo cual, admitir que a éste se le dedica algo por parte de quien puede llamarle «hijo» obligaría a aceptar que llegaron a convivir y a poder ser dedicantes el que he llamado incógnito y su biznieto, de suficiente edad, sin embargo, para se le citara con tribu y tria nomina, en tanto que su abuelo sería tan poca cosa, que con prenombre y nombre habría bastado. No me parece que, en el actual estado de los materiales, haya que esforzarse mucho para preferir la primera opción.

 

8

Cf. A. Ernout, Morphologie historique de la langue latine, París, 1953, §§ 111, 114 y l42.

 

9

Cf. el último y penúltimo de los §§ citados en la nota anterior.

 

10

El doble verbo podría aludir, como tantas veces, a la construcción del monumento y a la inscripción que lo dedicaba al homenajeado.

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