941
Es el caso de Carmen Bustillo en Barroco y América Latina, un itinerario inconcluso, (Caracas, Monte Ávila, 1990, pág. 259) que sólo ve en ella «el juego de las diferentes versiones de lo real, esta vez por medio de la parodia del estilo de cuatro (sic) escritores cubanos», pues «el objetivo es la travesura misma, la dislocación del eje narrativo que se detiene arbitrariamente en un motivo que nada tiene que ver con las historias que se han venido desarrollando».
942
Véase Rosa Mª Pereda, Cabrera Infante, Madrid, EDAF, 1979, pág. 24.
943
Traición y traducción están muy próximos en la obra. Véase al respecto: Suzanne Jill Levine, «La escritura como traducción: Tres tristes tigres y una Cobra», en Revista Iberoamericana, XLI, núm. 92-93 (1975) págs. 557-567; es evidente que se cumple la noción de hipertextualidad tal y como la describe Genette (Gérard Genette, Palimpsestos, La literatura en segundo grado, Madrid, Taurus, 1989, pág. 14 y sigs.) en la que un texto B, el hipertexto, en este caso el texto de Cabrera Infante, tiene una relación paródica o de imitación satírica con un texto anterior A, hipotexto: los autores cubanos nombrados.
944
Para la caracterización de Tres tristes tigres como obra neobarroca utilizamos la terminología del fundamental trabajo de Severo Sarduy: «El barroco y el neobarroco» en César Fernández Moreno (Coord.), América Latina en su Literatura, México, Siglo XXI, 4.ª ed. 1976, págs. 167-184. Algunos procedimientos barrocos de esta y otras obras del autor han sido estudiados por Isabel Román: La invención en la escritura experimental. Del Barroco a la literatura contemporánea, Cáceres, Universidad de Extremadura, 1993.
945
Guillermo Cabrera Infante, Vidas para leerlas, Madrid, Alfaguara, 1998. Recoge ensayos biográficos publicados con anterioridad y entre los cuales podemos encontrar alusiones directas e indirectas a los escritores cubanos parodiados en Tres tristes tigres. Haremos referencia a ellos a lo largo de este trabajo.
946
Severo Sarduy, op. cit., pág. 175 y sigs.
947
José Martí, La Edad de Oro, edición facsimilar, La Habana, Letras Cubanas / Centro de Estudios Martianos, 1989, págs. 94-96.
948
José Martí: La Edad de Oro, op. cit., págs. 3-6.
949
Ibidem, pág. 3. No es de extrañar que en la revista Verde Olivo, Órgano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, se proclame, bajo el nombre de Leopoldo Ávila, seudónimo al parecer del conocido crítico marxista José Antonio Portuondo, y al lado de variados ataques a Cabrera Infante, que todas estas parodias están «coronadas por la irreverencia injustificada y cainesca de una parodia de Martí» («Las respuestas de Caín» en Verde Olivo, IX, 44, 1968, pág. 18).
950
En efecto, prueba de que la intencionalidad del autor fue romper en este momento con la sacralidad literaria que envolvía a Martí, la tenemos en el prólogo a José Martí, Diarios, prólogo de Guillermo Cabrera Infante, Madrid, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 1997, donde aparte de expresar su especial vinculación desde la infancia con La Edad de Oro, cita la misma frase del comienzo de «Tres héroes» como «una frase que me persigue todavía, unas veces en forma de cita, otras, en forma de parodia» (pág. 8).