Algunas de las historias que se narran a propósito de José María por parte de Merimée y otros autores se encuentran ahora cómodamente recogidas en los apéndices del importante libro de José Santos, El Bandolerismo en Andalucía. 2. José María el Tempranillo y el Marqués de las Amarillas, Sevilla, Muñoz Moya y Montraveta editores, 1992, p. 177 y ss.
«De nobles y bandoleros: La Duquesa de Benamejí (1932), de Manuel y Antonio Machado», en Actas de las primeras jornadas de la Real Academia de Córdoba en Benamejí, Córdoba, Diputación de Córdoba, 1998, pp. 315-331.
La novelita se editó por primera vez en la colección «La novela de bolsillo», núm. 63, 1915, cfr. sobre este autor el importante libro de María del Carmen Alfonso García, Antonio de Hoyos y Vinent, una figura del decadentismo hispánico, Oviedo, Departamento de Filología Española de la Universidad de Oviedo, 1998, p. 294 y ss., por lo que respecta a la bibliografía. También se incluyó en algunas recopilaciones de novelas cortas del mismo autor, como Las señoritas de la zapateta, Madrid, Editorial América, s.a. [pero 1920] y, Bestezuela de amor, Barcelona, Sopena, s.a., [pero 1924]; nuestras referencias se hacen por la primera de estas dos recopilaciones. El protagonista masculino de la narración es el Niño de los Caireles, que recuerda un poco a José María: «En aquel momento habían dejado, sin embargo, su habitual tarea de disección y hablaban del suceso del día, de los extraordinarios hechos del Niño de los Caireles, famoso bandido que tenía aterrada la tierra de Córdoba con sus hazañas, emuladoras de las de José María y los siete Niños de Écija», op. cit., p. 81. He aquí cómo se describe el bandolero: «Ella le vio retratado en no sé qué revista sobre el fondo de los campos de Andalucía, vestido de polainas de cuero, hebillas de plata, y corta chaqueta de terciopelo grana, y aquella arrogante y maja guapeza la cautivó. Por eso ahora, mientras las demás hablaban, ella, en lejano ensueño, veía pasar al bandido sobre el escenario asolado de los campos, montado en su jaca negra, moldeado el airoso cuerpo en la chaquetilla de sangrienta felpa», ibid., p. 84. Al tratar de las cualidades del personaje, toma como referente a José María el Tempranillo: «Los hombres ponderaban su temerario arrojo, su absurdo valor, que le hacía desafiar, estoico, la muerte a cada instante; las mujeres loaban su varonil apostura, su generosidad, la bondad de su corazón. Y eran unas veces los colonos, que venían a llorar la pérdida de unas mieses que les quemara el terrible Niño para vengarse de una delación traidora, y eran otras una pobre madre que bendecía su nombre por haber salvado a su hija arrojándose en el río, donde se ahogaba, o bien un padre que se lamentaba de que el moderno José María levantaba de cascos a las mocitas, cantando coplas al pie de su balcón, o, por el contrario, humilde labriego que entonaba loores al bandido honrado, que había espantado a escopetazos a no sé qué señorito provinciano que intentaba seducirle a la hija», ibid., p. 99. En alguna ocasión a José María se le designa con el apelativo del Rayo de Andalucía, como en la novela de Álvaro Carrillo: «Mientras la vestía, Petra siguió narrando las extraordinarias hazañas de aquel émulo que la había salido al Rayo de Andalucía, añadiendo los pintorescos comentarios de escaleras abajo», ibid., p. 102. El novelista resalta el atractivo sexual que se desprende de la figura del bandolero: «En medio del sendero, con una escopeta en la mano, estaba el Niño de los Caireles. Esta vez la leyenda no había mentido. Alto, moreno, con la postura fanfarronesca y arrogante que corresponde a un bandido de novela histórica, reverberaba el Niño su varonil belleza. El rostro moreno, alumbrado por el fulgor de las pupilas de azabache, y la blancura de unos dientes de salvaje, tenía un trágico fruncimiento bajo del ala del cordobés. Roja chaquetilla de terciopelo, con caireles y alamares de filigrana de plata, ceñía el torso de atleta, y las piernas, finas y nerviosas, prisioneras en las polainas de cuero, daban una impresión de fuerza y de firmeza», ibid., p. 105. La marquesa no puede resistirse a la seducción del bandolero y sucumbe; he aquí una escena especialmente lúbrica: «El Niño buscó los rojos labios, que no rehuyeron su halago, y los besó largamente, apasionadamente. Después, sus manos, temblorosas de deseo, fueron al encuentro de los senos por entre los encajes de la bata. Saltaron botones, desgarráronse holandas, y, al fin, bajo el níveo reflejo de la luna, apareció descubierta la humana estatua. El amante, ebrio de pasión, trazó estelas de besos sobre el desnudo cuerpo, y, al fin, lo estrechó en su inmenso abrazo. Mercedes, vencida, se dejó arrastrar en aquel torbellino de amor y, por un momento, creyóse suspendida en el dintel de la eternidad. En la espesura cantó un ruiseñor», ibid., p. 108.
Cfr., entre otros, Antonio Pineda León, Aproximación a la vida de José María «El Tempranillo», Málaga, Edición del autor, 1999, y [Juan Antonio] Romero Sánchez, José María El Tempranillo era Juan Nepomuceno Alonso Sandalio José Hinojosa Cobacho, Antequera, Edición del autor, 1999.
Los datos más importantes acerca de este escritor se encuentran en Rafael Ramírez de Arellano, Ensayo de un catálogo biográfico de escritores de la provincia y diócesis de Córdoba, Madrid, Tip. de la Revista de Archivos, 1922, tomo I, pp. 314-315. Quizás la composición que nos interesa en esta ocasión formara parte del manuscrito inédito citado al final de sus obras, Colección de canciones andaluzas, que no hemos visto.
Dado que el periódico en el que se encuentra es bastante raro y que la composición no es muy extensa la incluimos completa, regularizando la grafía y acentuación de la misma:
El bandolero. Canción dedicada a mi buen amigo D. Mariano Soriano Fuentes.
Luis Maraver.
El Coco. Símil de los periódicos joco-serios de literatura y artes. 1.º de junio de 1845, año 1, núm. 5, pp. 2-3.
Cfr. Julio Caro Baroja, Ensayo sobre la literatura de cordel, op. cit., p. 473 y nota correspondiente. Como puede comprobarse en el fragmento que transcribe Caro Baroja, ibid., p. 498, el texto que recoge Davillier ofrece algunas variantes. Cfr. la traducción española del viajero francés: Gustavo Doré y Charles Davillier, Viaje por España, Madrid, Ediciones Grech, 1988, I, p. 344. Para este fragmento de la crónica viajera y su contexto, vid. el apéndice que incluimos al final de este trabajo.
El propio autor señala que es oriundo de Málaga en una composición inserta en la obra, donde indica también la fecha de su nacimiento, 1830. El poema se titula «Yo. Biografía del autor, escrita por él» y los primeros versos indican lo siguiente:
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José de Olona, Recuerdos de Andalucía. Costumbres, tipos, trajes. Romances (1852), Barcelona, Librería de Salvador Manero, 1861, pp. 191-192; para concretar la fecha de su nacimiento hay que entender, con Caro Baroja, que se suman todos los años indicados: 1800+12+12+6=1830 y pico. En la misma composición dice que ha sido «empleado, periodista, autor» y en el prólogo habla de su amistad con José Zorrilla, que le prometió en París un prólogo para esta obra, cosa que no cumplió. No figura este autor en la Gran Enciclopedia de Andalucía, donde sí se incluye un libretista más conocido, que parece ser su hermano: José Luis Olona Gaeta (Málaga, 1823-Barcelona, 1863), ibid., tomo VI, p. 2581.
Aparece cierto fatalismo en la actuación del personaje, en consonancia con otros tipos del ámbito romántico:
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| (p. 59). | ||
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Johan Friedrich von Schiller, La doncella de Orleáns (Juana de Arco), trad. Manuel Tamayo Benito, Barcelona, Ramón Sopena, 1965, p. 23. Para la influencia del poeta alemán en la literatura española, cfr. Herbert Koch y Gabriele Staubwasser de Mohorn, Schiller y España, Madrid, Ediciones Cultura Hispánica, 1978.