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321

Lira, pp. 318-320, sin firma. (N. del E.)

 

322

Lira, pp. 320-325, sin firma. Colección, pp. 137-143, firmado por E. de Luca. En América poética, op. cit., pp. 441-443. C., pp. 190-192.

Alejandro Thomas Cochrane (Escocia, 1775-Kensington, 1860) Hombre díscolo, pero valiente y avezado marino. San Martín le encomendó el comando de la escuadra libertadora del Pacífico.

El día 6 de diciembre de 1820 fue el mismo en que Arenales ocupaba Pasco, cerrando así una capital etapa de su campaña de las sierras. Tuvo diferencias con San Martín y alejose de su servicio. (N. del E.)

 

323

Los cohetes incendiarios. (N. del A.)

 

324

La fragata de guerra Esmeralda. (N. del A.)

 

325

Lira, pp. 326-327, sin firma. C., pp. 208-209. (N. del E.)

 

326

1821. (N. de 1824.)

 

327

Lira, pp. 328-330, sin firma. Posiblemente sea de Castañeda. (N. del E.)

 

328

Extr. del Teofil., n.º 20. (N. de 1824.)

 

329

En El Desengañador Gauchi-Político..., Buenos Aires, n.º 1, sin fecha (1820). Erróneamente Lira lo refiere a: «Ext. Teo-Filantrópico, n.º 20» n. p. 331. Castañeda dice que «Doña Lección No Interrumpida» le envió esa «letrilla gauchi-política» que encontró en la calle.

Lira, pp. 331- 333, sin firma. El poema de Castañeda se apoya en el romance de Lope de Vega, incluido en La Dorotea (acto I, escena IV), que don Fernando recita y atribuye al mismo Lope: «A mis soledades voy, / de mis soledades vengo, / porque para andar conmigo / me bastan mis pensamientos...».

El único punto de contacto entre ambos textos de -Lope y del franciscano argentino- es el arranque, al que vuelve al final, en el cierre, como en Lope. Coinciden ambos en ser textos de naturaleza reflexiva. Las condenas del soberbio y del necio en Lope, las consideraciones sobre el estado de los tiempos y las malhadadas edades de plata y cobre que le toca vivir, pudo sugerir la actitud crítica de Castañeda acerca de la realidad política de su momento. Por cierto, estéticamente hablando, ambos textos son incomparables.

En notas a esta letrilla, Castañeda, en el mismo número del periódico, aclara las acepciones de los términos que utiliza:

«Chimangos: son unos hombres cimarrones que viven en los cardales, y a la noche salen a carnear lo mejorcito, como es el pecho y la riñonada de las vacas gordas.

»Chimengos: son los que habiendo logrado agavillarse con algunos desertores, entran ya a los pueblos y saben decir "Viva la patria" para ser hombres de carauter (sic).

»Chimingos: son los que ya han aprendido a firmar para pedir por gobernador al primero que les pida la firma: entran con una chirimía acompañados de los chimangos y chimengos a proclamar al gobernador elegido, y se vuelven muy frescos a ver si hay por ahí otro a quien proclamar.

»Chimongos: son los que ya saben pedir perdón cuando les tiene cuenta para hacerse de padrinos; éstos ya saben dar contra los curas, hacerse de relaciones, celar el culto divino, administrar los bienes eclesiásticos, pedir rentas para los ministros del santuario, hablar sobre diezmos, y balbutir los términos democráticos y aristocráticos, de modo que algunas veces llegan a decir «zape gato infaliblemente», y aunque ellos en realidad son unos gatos muy exteriores, pero siempre se conoce que han sido sacristanes en alguna capilla, o que a lo menos han despabilado algún cirio pascual, o algunos candeleros, o arandelas.

»Chimungos: son los que ya vuelan con plumas de gavilán, de cuervo o de carancho, porque habiendo sido notarios de algún cura, es admiración lo que producen, máxime si llegan a avanzar una imprenta, o a apoderarse de algún coliseo en tiempo de revolución. Entonces: ¡qué magisterio!, ¡qué arengas!, ¡qué apóstrofes!, ¡qué antítesis!, ¡qué epifonemas!, qué vueltas y revueltas para ganar seiscientos pesos, y otros pesos más de gratificación por insertar los comunicados oficiales, aunque después vengan botones de fuego y marcas de hierro hechas ascuas». (N. del E.)

 

330

Extr. del Teofilantrópico. (N. de 1824.)