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441

Los corrales del Miserere, y el templo y casas de la Residencia, y distante diez cuadras de la plaza mayor hacia el sur. (N. del A.)

 

442

El Mensajero Argentino, Buenos Aires, 6 de junio de 1826. (N. del E.)

 

443

El Tiempo, Diario político, literario y mercantil. Buenos Aires, 1828: n.º 36, sábado 14 de junio, pp. 2-3; n.º 44, miércoles 25 de junio, pp. 2-3; n.º 49, martes 1.º de julio, pp. 2-3; n.º 51, jueves 3 de julio, pp. 3-4 y n.º 68 miércoles 23 de julio, pp. 3-4. Ver Weimberg Félix: «Juan Cruz Varela, crítico de la literatura nacional», en Boletín de literatura argentina, Córdoba, Fac. de Filosofía y Humanidades, Univ. Nac. de Córdoba, año I, n.º 1, agosto de 1964, pp. 29-43, y en apéndice, la reproducción del ensayo de Varela, pp. 45-63. Lo citado corresponde al n.º 36. (N. del E.)

 

444

Ver Rosenblat, Ángel: «Las generaciones argentinas del siglo XIX ante el problema de la lengua», en Revista de la Universidad de Buenos Aires, Quinta época, a. V. n.º 4, octubre-diciembre de 1960, pp. 539-584; esp. 539-555.

Además, Gardella, Graciela G. M. de: «Contribución al estudio del lenguaje de los hombres de Mayo», en Thesaurus, Bogotá, Boletín del Instituto Caro y Cuervo, t. XXIV, n.º 2, mayo-agosto de 1969, pp. 178-227. Aunque se apoya fundamentalmente en la prosa política, hace señalamientos referentes a Lira, mostrando la proyección de los vocablos dominantes en el uso de la época, con abundante rastreo bibliográfico y un útil índice final de vocablos, que amplían los señalados por nosotros en el texto. La compulsa de la nómina en el seno de Lira es tarea casi mecánica para su registro. (N. del E.)

 

445

«El vocabulario político de 1808 a 1823 es fundamentalmente el mismo en España y en América», dice Rafael Lapesa, en Historia de la lengua española. Prólogo de Ramón Menéndez Pidal. Octava edición refundida y muy aumentada. Madrid, Editorial Gredos, 1980, p. 433; ver el cap. XI, «El español moderno», esp. pp. 418-434. Del mismo Lapesa: «Ideas y palabras: del vocabulario de la Ilustración al de los primeros liberales», en Asclepio, «Homenaje a Pedro Laín Entralgo». Madrid, XVIII-XIX, 1966-1967, pp. 189-218. (N. del E.)

 

446

«Himno»: «Elévate, Bonaria, / ceñida de laureles», en El Censor, Buenos Aires, n.º 77, 6 de marzo de 1817. Este poema ya lo había publicado el autor en Chile, su patria, con anterioridad. Decimos que tal vez Henríquez fuera el primero en usar el vocablo en poesía, porque el uso y su incorporación en la lengua castellana data de mucho tiempo atrás; su procedencia es italiana, y se refería a la Vergine di Bonaria, en Cerdeña; ver las consideraciones que sobre el origen del vocablo hace Groussac, Paul. Mendoza y Garay. Tomo I. Don Pedro de Mendoza. Prólogo de Carlos Ibarguren. Buenos Aires, 1949, Academia Argentina de Letras, cap. VII, pp. 167-170. (N. del E.)

 

447

En Nosotros, Buenos Aires, a. IV, t. VI, n.º 30, julio de 1911, pp. 9-13. (N. del E.)

 

448

En n.º 1, abril de 1820. (N. del E.)

 

449

Ver Otero, Pacífico. El Padre Castañeda. Su obra ante la posteridad y en la historia. Buenos Aires, Cabaut y Cía., editores, 1907, pp. 33-34.

En el n.º 3 del domingo 7 de mayo de 1820, de El Despertador Teofilantrópico..., vuelve al término chacuaco: «es término nuevo, provincial de Sud América para significar un pícaro que nada tiene en sí, sino su bolsa para meter lo que agarre con su brazo». (N. del E.)

 

450

En Revista Iberoamericana de Literatura. Departamento de Lit. Iberoamericana, Universidad de la República, a. IV, n.º 4, 1962, pp. 107-109. (N. del E.)