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La peatonalización en el proceso de recuperación de los cascos históricos. Las plazas de Córdoba

Miguel Loma Rubio

Candelaria Sequeiros Pumar

Francisco Valverde Fernández


(Universidad de Córdoba.)

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Resumen

En el conjunto de plazas, 142, del recinto intramuros de la ciudad de Córdoba, la peatonalización, como ocurre con la totalidad del casco histórico, es sólo una de las posibles actuaciones a realizar en el proceso de recuperación y revitalización de esos ámbitos urbanos.




Abstract

Creating a pedestrian zone, in the 142 squares of the inner part of the city of Córdoba, as well as in the whole of the old part of it, is only one of the possible solutions in the process of recuperating and giving new life to these urban areas.





El difícil proceso de recuperación para la vida ciudadana de los cascos históricos adquiere unas características peculiares si se trata de una ciudad de tipo medio y, sobre todo, como es el caso de Córdoba, si esa mediana ciudad posee un recinto histórico de muy considerables dimensiones y gran categoría monumental, histórico-artística y urbanística.

Aunque no el único, uno de los grandes problemas de la recuperación de los cascos históricos se relaciona con el controvertido proceso de peatonalización de toda o parte de la extensión de dicho recinto histórico. Este problema, como decimos complejo y discutido, se agudiza con las necesidades de la circulación vial en una ciudad mediana que, como ocurre con el caso cordobés, necesita de la circunvalación del recinto intramuros y de parte al menos de los ejes interiores del mismo para satisfacer, en alguna medida, la organización ordenada y suficiente de la circulación de vehículos1.

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Esta afirmación se acentúa si consideramos que el amplio recinto intramuros de la ciudad de Córdoba, por su proceso de evolución urbana, sigue siendo, en gran parte de su extensión, un espacio hoy vivido y funcional, aunque con determinados ámbitos degradados y con problemas de abandono poblacional. Por ello, este recinto intramuros necesita también de determinadas posibilidades de circulación vial, por lo que la deseada peatonalización debe hacerse de forma selectiva, ordenada y racional.

En esta comunicación no queremos abordar el problema en toda su complejidad sino en lo que hace referencia a la recuperación ciudadana de las plazas del recinto histórico de Córdoba, concretamente de su recinto intramuros. Nos circunscribimos a las plazas porque consideramos que por sus características intrínsecas son ámbitos urbanos especialmente aptos para la vida de relación ciudadana y porque es éste el tema, el de las plazas cordobesas intramuros, que viene siendo objeto de estudio por parte de nuestro grupo de investigación2.

Delimitado nuestro ámbito de estudio al recinto intramuros de la ciudad de Córdoba (no considerando por lo tanto su considerable expansión urbana extramuros de tiempos más o menos recientes y no entrando en la discusión, hoy en vigor, de identificar o no ciudad histórica con ciudad intramuros3), comenzamos   —103→   diciendo que constatamos en la Córdoba intramuros la existencia hoy de 142 ámbitos espaciales considerados o denominados como plazas.

En el estudio de esas plazas a través de una serie de características morfofuncionales de las mismas (tipología formal, posibles orígenes de la plaza o proceso de su apertura en la trama urbana, evolución morfológica, elementos formales significativos, mobiliario, separación de ámbitos para la estancia y la circulación, funciones actuales del espacio libre de la plaza y de los edificios de su recinto perimetral, entidad actual de las plazas, etc.), llegamos a una serie de consideraciones que nos pueden valer en el proceso de reflexión sobre la recuperación del casco histórico de la ciudad y en concreto de sus plazas.

Así, tras el análisis a que aludimos de diferentes características de las 142 plazas del recinto intramuros cordobés podemos comenzar afirmando que un considerable número de ellas difícilmente pueden ser recuperadas para la vida ciudadana más allá de ser utilizadas como meros lugares de paso, por su exiguo tamaño o por la pérdida de su carácter de plaza, el cual se ha visto desdibujado por los cambios de escala introducidos en el proceso histórico de transformación de la trama urbana cordobesa (y ello, en muchos casos, independientemente de su carácter peatonal o no). Es el caso por ejemplo de las plazas de Santa Isabel de los Ángeles, Mariblancas, Costanillas, Mascarones, etc. (Véase figura 1). Así pues estas plazas quedan como lugares de paso, y, prácticamente en todos los casos, es escasa la percepción por parte del ciudadano o del viandante de que se encuentra hoy ante una plaza. Para ellas sólo es exigible el grado de ordenamiento y cuidado que puede necesitar cualquier ámbito ciudadano.

Otro considerable número de plazas, también por lo común de reducidas dimensiones, debieron surgir como antesala para el acceso de los vehículos a casas palaciegas, nobiliarias o señoriales, así como para darles perspectiva y hermoseamiento a las mismas. Algunas también surgieron con estas características delante de edificios de carácter religioso. Como podemos constatar en nuestra ciudad dichos edificios señoriales o religiosos pueden seguir presentes en el caserío de la plaza o haber sido sustituidos por otros. En función de todo ello creemos que tampoco son plazas muy adecuadas para la revitalización funcional de su reducido espacio libre, por lo que puede que tampoco sea estrictamente necesaria su peatonalización, caso de no tenerla. Por ello, consideramos suficiente para su plena incorporación a un recinto histórico recuperado y potenciado, el cuidado urbano imprescindible de cualquier ámbito, con especial atención, si existe aún,   —104→   al edificio singular que preside la plaza y, caso de ser necesario, a la potenciación funcional del mismo, que evite su progresivo deterioro por abandono, fenómeno que algunas veces es constatable. Plazas de estas características son, en Córdoba, las de Ave María, Padre Cristóbal, Lope Ruiz de Baeza, entre otras (Véase figura 2).

Gráfico sobre callejero

Figura 1. Plaza de Santa Isabel de los Ángeles

Gráfico sobre callejero

Figura 2. Plaza de Ave María

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Existe otra serie de plazas en Córdoba, que creemos responde a un cierto modo de entender estos ámbitos urbanos en la idiosincrasia de esta ciudad. Son plazas austeras, con una considerable ausencia de elementos formales ornamentales y en las que la presencia de algún edificio o monumento es la que les confiere su empaque y su atractivo urbanístico. De modo singular podría destacarse el caso de las plazas de Aguayos, Capuchinos, Potro, etc. (Véase figura 3). En casos como éste basta su total peatonalización para su definitiva puesta en valor como elemento singular en el conjunto de la trama urbana.

Gráfico sobre callejero

Figura 3. Plaza de Aguayos

Uno de estos casos con peculiares características es el de la Plaza de las Cañas. Plaza austera, presidida por la noble fachada del Colegio-Convento de la Piedad y por la trasera de las edificaciones de la vecina Plaza de la Corredera, funcionalmente, desde hace mucho tiempo, actúa de zona de servidumbre de aquélla, de clara función comercial. Por ello sería difícilmente peatonalizable,   —106→   aunque sí es necesario un acondicionamiento y mejor ordenación de los espacios para aparcamiento, así como la renovación o rehabilitación de parte de su caserío (Véase figura 4).

Gráfico sobre callejero

Figura 4. Plaza de las Cañas

Existen zonas en la ciudad necesitadas de una fuerte intervención en su trama urbana, para su recuperación y rehabilitación, por cuanto son espacios de la ciudad fuertemente degradados, en proceso de despoblamiento y con su caserío, habitado o no, fuertemente deteriorado. Se trata en algunos casos de ámbitos de la ciudad que han perdido gran parte de su funcionalidad pasada y han quedado como áreas marginales de las zonas con mayor vitalidad urbana, dentro del casco histórico. Es el caso del entorno del antiguo Camino Real, formado por las actuales calles de Corregidor Luis de la Cerda, Lucano y Lineros, paralelo al paseo de la Ribera del Guadalquivir. El degradado conjunto de la zona de la Ribera, por otro lado en las inmediaciones de la zona monumental más emblemática de la ciudad (Mezquita, Alcázar del los Reyes Cristianos, barrio de la Judería, Museos de Bellas Artes y de Julio Romero, etc.), está pendiente de la confección de un plan especial de actuación que recupere y dignifique esta parte de la trama urbana cordobesa. Y en esa situación se encuentra un conjunto de plazas ubicadas en la zona. Como el conjunto de ellas, están pendientes   —107→   de la dignificación de su caserío, su revitalización demográfica y funcional, etc. En general son plazas pequeñas y la mayoría, adyacentes al eje principal de circulación, el citado antiguo Camino Real, por lo que los problemas que en ellas pueda generar la circulación vial no son fuertes, y tampoco poseen un amplio espacio libre que revitalizar funcionalmente con su posible peatonalización. Son las plazas de San Nicolás de la Ajerquía, la Alhóndiga, Cara, Pozo de Cueto, Ferragudo, Amparo, Pescadería, etc. (Véase figura 5).

Gráfico sobre callejero

Figura 5. Plaza de San Nicolás de la Ajerquía

En la peculiar trama del casco histórico de la ciudad de Córdoba, heredero fundamentalmente del pasado medieval, musulmán y cristiano, existe un grupo de plazas con características propias y a las que denominamos de «fondo de calleja» por tratarse por lo general de muy pequeños ensanches al final de calles secundarias y sin salida4. Sus reducidas dimensiones, aún en el caso de las que no están decididamente peatonalizadas, las hacen prácticamente inaccesibles a la circulación rodada y, como mucho, actúan más como aparcamiento de algún ciclomotor que de cualquier otro vehículo de mayor envergadura. Alguna de las plazas de este grupo han sido acondicionadas según las pautas del más tópico tipismo (cal, macetas, fuente) y funcionan como hitos de los circuitos turísticos de la ciudad. Es el caso de la de las Flores, la mayor de ellas, y Pedro   —108→   Jiménez (Véase figura 6). En otros casos el descuido de su recinto, como ocurre con la plaza del Manzano, o lo poco atractivo de su caserío (modernos inmuebles de varias alturas circunvalando su exiguo recinto), las hace menos atractivas. Es el caso de las del Niño Perdido y Lindo. A todas debería prestárseles un mínimo de rigor en su cuidado urbanístico e indudablemente se beneficiarían con la peatonalización.

Gráfico sobre callejero

Figura 6. Plaza de Pedro Jiménez

Otro importante número de plazas cordobesas poseen suficientes dimensiones para acoger una intensa vida de relación ciudadana. Todas ellas podrían beneficiarse en teoría de la posible peatonalización de los ámbitos urbanos en los que se ubican, y en muchos casos esta actuación urbanística casi sería obligada.

No obstante en muchas de estas últimas plazas (también en algunas de las muy pequeñas y consiguientemente con otra envergadura) existe claramente un espacio delimitado para la circulación vial y otro para la estancia. Comúnmente esta parte acotada lo está físicamente, estando separada de la de circulación o por algún obstáculo físico o por otro tipo de pavimentación que incluso comúnmente se encuentra a mayor altura que la circulable. Muchas de estas plazas organizan en dicho espacio acotado un auténtico salón, de mayores o menores dimensiones, y en la mayoría de los casos con un mobiliario urbano de cierta categoría y entidad: bancos, arbolado, ajardinamientos, fuentes, estatuas, farolas, etc. Es también común que en el recinto perimetral de la plaza se ubique algún edificio   —109→   singular, religioso o civil. Consideramos que en muchos de los casos es suficiente la existencia de esa separación de ámbitos para permitir en estas plazas unas funciones y una vida de relación variadas e intensas, y por lo tanto, en determinados casos, consideramos innecesaria la peatonalización aunque sí reclamamos el estricto ordenamiento de las posibilidades de aparcamiento en el ámbito de dichas plazas, para que el vehículo con su presencia no ahogue esas otras posibilidades de la plaza. Es el caso de las plazas de la Magdalena, Doctor Emilio Luque, San Bartolomé, López Neira, entre otras (Véase figura 7).

Gráfico sobre callejero

Figura 7. Plaza de la Magdalena

En relación con algunas de estas plazas queremos también apuntar que en determinados casos están además necesitadas de un remozamiento que palíe el deterioro que les infringe el tiempo. Al respecto queremos saludar las intervenciones que en ese sentido se realicen, pero consideramos que respetando lo existente y reparándolo pero no sustituyéndolo, a nuestro juicio innecesariamente, con la introducción de nuevos elementos foráneos y ajenos al presente y pasado de la plaza y su entorno en la trama urbana.

Otro caso es el de aquellas plazas que por surgir como espacios nuevos en la trama antigua, a veces por la desafortunada demolición o pérdida progresiva de elementos significativos del pasado (convento, claustro, etc.), puedan significar   —110→   la oportunidad de acondicionar un espacio público en la ciudad histórica con criterios no simplemente historicistas. Es el caso, por ejemplo, de la plaza del Poeta Juan Bernier (Véase figura 8), en la que la aparición de nuevos modelos estéticos, arquitectónicos y de diseño urbano, puede ser discutible para el ciudadano pero pueden también significar un enriquecimiento de la complejidad urbanística.

Gráfico sobre callejero

Figura 8. Plaza del Poeta Juan Bernier

Como hemos procurado poner de manifiesto en relación con las plazas cordobesas, son muchos los posibles modos de recuperación y revitalización funcional de las mismas, incluyendo o no la discutida peatonalización, para que actúen como uno de los elementos dinamizadores en la rehabilitación del casco histórico. En relación con éste, insistimos en las dificultades de su peatonalización total, por cuanto gran parte de él, el más transformado, tiene una importante plurifuncionalidad que necesita de determinadas posibilidades de circulación. Quizá la peatonalización más decidida deba acometerse sobre todo en parte de ese recinto histórico, la declarada recientemente como Patrimonio Histórico de la Humanidad, la más monumental, y que sirve de escaparate de la ciudad ante el visitante foráneo, zona que no obstante tampoco puede limitarse a convertirse en una ciudad museo, porque creemos que «se trata de aprovechar su valor cultural y simbólico, también su centralidad y de crear las condiciones adecuadas para captar inversiones que (lo) revitalicen...»5.





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