La presencia de Italia en el «Álbum pintoresco universal»: impresiones de viaje
M.ª de los Ángeles Ayala Aracil
La
consolidación de la prensa ilustrada en la España
romántica se encuentra claramente vinculada al éxito
alcanzado por el Semanario Pintoresco Español,
revista fundada por Ramón de Mesonero Romanos el 3 de abril
de 1836 y cuya fecunda vida se dilató hasta el 20 de
diciembre de 18571.
El propio Mesonero Romanos ofrece en sus Memorias de un
setentón los pormenores y propósitos que
motivaron su publicación: ofrecer a los lectores de su
época una publicación exclusivamente literaria,
popular y pintoresca, término este último
utilizado según la terminología del momento con el
significado o acepción de ilustrada2
El Semanario Pintoresco Español a semejanza del
Penny Magazine
y del Magasin
Pittoresque, publicados en Londres y París,
respectivamente, se propone «generalizar
la afición a la lectura y el conocimiento de las cosas del
país, así en su belleza natural como en sus
monumentos artísticos, ya en la vida y hechos de sus hijos
ilustres, como en la historia y tradiciones de las localidades,
usos y costumbres del pueblo, procurando realzar las descripciones
con profusión de dibujos, grabados en madera, por el
método recientemente adoptado en el extranjero, y de que ni
siquiera se tenía noticia entre
nosotros»
3.
En el Prospecto que sirvió para anunciar la
inminente aparición del Semanario Pintoresco
Español la dirección adelanta que la revista
rehúye participar en cualquier tipo de contienda
política o ideológica, centrando su atención
sólo y exclusivamente en temas referentes al estudio de las
ciencias naturales, bellas artes, literatura, industria, historia,
biografías, costumbres antiguas y modernas o noticias acerca
de adelantos o inventos capaces de despertar la curiosidad de los
lectores. Temas, todos ellos, que recibirán un tratamiento
riguroso y ameno a fin de divulgar y popularizar las distintas
ciencias y saberes entre un amplio núcleo de lectores. Para
incentivar la lectura de la publicación Mesonero Romanos
recurrirá al nuevo y perfeccionado procedimiento del grabado
utilizado por estas fechas en Francia e Inglaterra. La falta de
grabadores preparados para trabajar la madera de boj, así
como la carencia de papel y de maquinaria adecuada, hicieron
posible que los primeros grabados incluidos en el Semanario
Pintoresco Español resultasen algo toscos, impresiones
imperfectas que pronto fueron superadas al surgir un plantel de
excelentes artistas, tales como Calixto Ortega y Vicente
Castelló. La acogida dispensada al Semanario Pintoresco
Español fue extraordinaria, llegando a alcanzar la
inusual cifra de cinco mil suscriptores en una época en la
que una tirada de dos mil ejemplares era considerada un
éxito editorial para cualquier empresa
periodística4.
Cifra insólita que motivó la aparición de un
buen número de revistas que intentarán emular la
publicación de Mesonero Romanos, como El Observatorio
Pintoresco (Madrid, 1837)5,
El Siglo XIX (Madrid, 1837-1838)6,
No me olvides (Madrid, 1837-1838)7,
Liceo Artístico y Literario (Madrid,
1838)8,
El Panorama (Madrid, 1838-1841)9,
La Mariposa (Madrid, 1839-1840)10,
etc. Coincidiendo con esta
auténtica eclosión editorial aparece el
Álbum Pintoresco Universal, revista catalana que
hasta el momento presente no había sido objeto de estudio
por parte de la crítica especializada. Las escasas
referencias que sobre ella hemos localizado -Palau y Dulcet y
Cejador y Frauca11-
sitúan su publicación durante los años 1842 y
1843, datos incompletos, ya que el primer número del
Álbum Pintoresco Universal apareció el 1 de
julio de 184112.
Con el fin de captar suscriptores el editor del Álbum Pintoresco Universal D. Francisco de Oliva- publicó un mes antes de que ésta viera la luz un cuadernillo-muestra acompañado, tal como es costumbre en la época, del correspondiente prospecto propagandístico. Hojas, estas últimas, que proporcionan datos significativos sobre la naturaleza, materias dominantes y procedencia de los distintos artículos y grabados que se insertan en el Álbum Pintoresco Universal13. Información que conviene matizar después de haber leído la obra completa y comprobado la veracidad de la misma.
La primera cuestión a la que haremos alusión afecta al título completo que aparece en dicho prospecto: Álbum Pintoresco Universal, Obra Popular y Periódica, Enriquecida con numerosas y primorosísimas láminas intercaladas en el texto. Título que sufre diversas modificaciones, pues mientras en el encabezamiento de cada una de las páginas que conforman las sucesivas entregas y en las letras doradas que adornan los lomos en piel de las encuadernaciones de los tres tomos queda reducido a dos únicas palabras -Álbum Universal-, en la cabecera que figura en los respectivos volúmenes el título se alarga al explicitar e incluir en él las materias, autores y origen de los artículos que se incluyen en ella. El título que encontramos en estas portadas es el siguiente: Álbum Pintoresco Universal, Adornado con exquisitas láminas intercaladas en el texto. Colección de artículos relativos a toda clase de ciencias y artes; parte recopilados de las obras europeas más acreditadas, y parte originales escritos por los principales escritores españoles, como son: DON PEDRO DE MADRAZO, DON EUGENIO DE OCHOA, DON PEDRO PIDAL, DON PATRICIO DE LA ESCOSURA, DON ANTONIO MARÍA SEGOVIA (EL ESTUDIANTE).
En lo que respecta
a la afirmación de que en el Álbum Pintoresco
Universal se recopilan artículos que han aparecido en
diversas obras extranjeras hay que señalar que es totalmente
cierta. Incluso, nos atreveríamos a sostener que en buena
medida los responsables de la revista basaron su propio
éxito editorial en la traducción y
reproducción de artículos aparecidos en las
prestigiosas revistas francesas como Magasin Pittoresque, Musée des Familles,
Magasin
Universel, etc., pues
la presencia de autores españoles es apenas perceptible en
los primeros cuadernillos de la revista. A tenor de las precisas
declaraciones que hallamos en el Prospecte el Magasin Universel es la fuente
indiscutible de la revista catalana que nos ocupa, pues el editor
se muestra sumamente orgulloso de haber conseguido la propiedad y
el derecho de reproducción en España de todos los
clichés que se utilizan para la ilustración
del Magasin
Universel. Dato que aparece corroborado en una escueta nota
de redacción que hallamos en la página 282 del tomo
II, al señalarse en ella que todos los artículos que
van acompañados de láminas son traducciones de
artículos publicados en el Magasin Universel. Esta línea
editorial se altera a medida que se suceden los números,
pues se puede observar claramente cómo en el tomo II y,
especialmente, en el tomo III aumenta considerablemente la
presencia de autores españoles, pues los responsables de la
revista incluyen fragmentos o capítulos de distintas obras,
artículos de costumbres, composiciones poéticas,
ensayos críticos, etc.,
de autores tan célebres como Larra, Mesonero Romanos,
Miñano, Balmes, Estébanez Calderón,
Bretón de los Herreros, duque de Rivas, Campo Alange,
Zorrilla... Sin embargo, la presencia de los autores que
explícitamente se anuncian en el título como
colaboradores de la revista es desigual, y en el caso concreto de
Pedro Pidal aparentemente inexistente, pues no hemos podido hallar
ningún artículo firmado por dicho autor. Las
colaboraciones de Pedro de Madrazo y Antonio María Segovia
parecen totalmente esporádicas, ya que la presencia del
primero se reduce a un único artículo, mientras que
la del segundo se refleja sólo en dos ocasiones. Por el
contrario, la participación de Juan de Ochoa y Patricio de
la Escosura es mucho más frecuente y habitual, aunque en el
caso de Patricio de la Escosura se limite fundamentalmente a la
reproducción de algunos capítulos de su obra
España Artística y Monumental, libro que se
estaba publicando con gran éxito en París en estas
mismas fechas14.
Al igual que el Semanario Pintoresco Español la
revista está dirigida a un público vario, pues el
equipo editorial pretende interesar tanto al hombre instruido como
a aquel otro que no posea unos conocimientos excesivamente
profundos, comprometiéndose a ofrecer a todos ellos las
últimas novedades y noticias sobre materias tan diversas
como historia, geografía, mecánica, ciencias
naturales, arquitectura, literatura, etc. «Todo cuanto
pueda instruir y deleitar hallará cabida en el
Álbum»
, frase extractada del
Prospecto y que subraya el carácter
enciclopédico de esta publicación. Dentro de esta
amplia temática la dirección concede un lugar
privilegiado a la sección dedicada a Viajes. Las
impresiones de viaje se convirtieron durante el siglo XIX en una
modalidad literaria de gran aceptación por parte del
público lector. Modalidad que nace de una no
desdeñable tradición que se había ido
desarrollando desde la época ilustrada, momento en el que el
público comienza a aficionarse a este tipo de relatos, a
esas narraciones escritas por unos autores que desde la
observación directa del país visitado describen o
analizan los usos y costumbres de unas sociedades diferentes a las
suyas. Relatos que vienen a satisfacer de este modo la
característica y generalizada curiosidad del hombre
ilustrado. La literatura de viajes es copiosísima y aun
limitándonos a señalar únicamente aquellas
obras que tienen como protagonista indiscutible a la
península italiana, el número de publicaciones es
significativo. Recordemos, entre otras, obras como Viaje a
Italia15,
de Leandro Fernández de Moratín; Extracto de los
apuntes del diario de un viaje desde Madrid a Italia y
Alemania16,
de José Silva Bazán; Diario de un viaje a Italia
en 183917,
de José Queipo de Llano; Viaje a
Italia18,
de Julio Janín; Viaje a Italia19,
de José María López de Ecala; Viajes por
Italia de la expedición española20,
de José Gutiérrez de la Vega; Recuerdos de
Italia21,
de Emilio Castelar; De Madrid a
Nápoles22,
de Pedro Antonio de Alarcón, etc. De igual forma no hay
publicación periódica importante del siglo XIX que no
incluya la obligada Sección de Viajes, apartado esperado y
leído con auténtica expectación y curiosidad
por sus lectores23.
El
Álbum Pintoresco Universal también presta,
tal como ya hemos indicado con anterioridad, una especial
atención a esta sección. Apartado que aspira a
convertirse en «el más ameno,
divertido, variado e instructivo de cuantos se hayan publicado.
Todas las regiones del globo ocupan algún lugar en sus
columnas, así la China como España, así Suiza,
la pintoresca Suiza, como la Laponia, así Inglaterra como
Rusia, así Egipto como Francia; y el lector, al paso que
sabrá sus costumbres, sus leyes, sus guerras, su
población, su clima, etc. verá en las láminas lo
más selecto de sus paisajes y monumentos, y una fiel copia
de sus trajes»
24.
La dirección de la revista es consciente de la importancia que el grabado en madera juega en unas publicaciones que pretenden, fundamentalmente, satisfacer los deseos de cultura de una clase media cada vez más numerosa e influyente. Las láminas litográficas se presentan como el complemento perfecto para la ilustración y enriquecimiento del contenido y su valor instructivo y recreativo caracteriza estas impresiones de viaje que se insertan en las revistas del momento. De ahí que parezcan justificadas las muestras de satisfacción con las que la dirección del Álbum Pintoresco Universal anuncia el origen francés de las planchas de madera que se utilizarán en la revista. País que cuenta ya en estas fechas con unos grabadores de reconocido prestigio, como Gavarni, Daumier, Grandville, Daubigny, Monnier..., figuras que convierten el grabado en madera en un vehículo artístico de primera magnitud. De esta forma París será el lugar donde acudan los artistas del resto de Europa a realizar su aprendizaje. Planchas, pues, que permiten al Álbum Pintoresco Universal reproducir unos grabados que alcanzan una perfección imposible de encontrar en las publicaciones españolas de la época.
En las impresiones de viaje insertas en el Álbum Pintoresco Universal el número de grabados es elevado. Generalmente el relato viene precedido de una lámina a toda página y en numerosas ocasiones se incluyen además pequeñas reproducciones intercaladas en el texto. De esta forma el lector combina la descripción de un determinado monumento artístico o paraje natural con la contemplación de dicha realidad a través de unos bellísimos grabados que reproducen con todo lujo de detalles la realidad analizada. El lector no se verá obligado a realizar ningún esfuerzo imaginativo, ya que la lámina le proporciona la imagen exacta de aquellos países o regiones desconocidas y lejanas que el escritor trata de descubrirle. En el Álbum Pintoresco Universal texto e imagen forman una unidad perfecta, sin que logremos averiguar a ciencia cierta en cuál de estos dos elementos el editor basa el éxito de estos relatos y de la revista en general, pues si en determinados momentos el texto literario, científico, histórico, etc., parece ocupar el lugar predominante, en otras ocasiones tenemos la impresión de que la prosa y el contenido divulgativo no alcanza la brillantez y calidad del grabado que le acompaña.
La imagen de la península italiana que encontramos reflejada en las narraciones de viaje es la de la Italia clásica, la de la Italia monumental. Contexto geográfico que no se contempla como una comunidad exótica, alejada y distante de la sociedad española, sino analizada como una realidad cercana, conocida en gran medida, e indiscutiblemente, admirada por la grandiosidad de su pasado histórico. Quizá por ello es por lo que los autores no prestan demasiada atención a la descripción de los usos, costumbres y carácter de sus habitantes25, centrando su mirada, fundamentalmente, en aquellos centros urbanos que han alcanzado la celebridad por haber sido, en distintos momentos, testigos y protagonistas de un pasado lleno de esplendor. Ciudades como Verona, Bolonia, Florencia, Pisa, Siena, Venecia, Roma, Palermo, Mesina, Ferrara, etc., acaparan la atención de unos escritores que se apresuran a señalar y subrayar los aspectos más relevantes de estas monumentales ciudades.
En sobradas
ocasiones los escritores adoptan un tono marcadamente impersonal a
la hora de detallar las particularidades de la región o
ciudad encomendada, convirtiéndose la descripción en
una fría enumeración de distintos aspectos, desde el
origen y época de fundación del sitio descrito hasta
el estado actual de conservación de sus monumentos, pasando,
frecuentemente, por la mención de los diversos personajes
que sobresalieron en su historia particular. La valoración
subjetiva está ausente, conformándose el autor en
facilitar la mayor cantidad posible de información
útil y entretenida en el menor número de
páginas posible. Los ejemplos de este tipo de relato
objetivo son numerosos en el Álbum Pintoresco
Universal, así que nos limitaremos a comentar alguno de
los muchos existentes. El artículo dedicado a la ciudad de
Verona26
comienza con un breve párrafo en el que el autor trata de
expresar las primeras impresiones que cualquier viajero recibe al
contemplar por vez primera la ciudad: «Verona presenta cierto aspecto grandioso e
imponente: sus fuertes murallas flanqueadas de torres, los
parapetos de sus puentes almenados, sus calles anchas y
magníficas anuncian una ciudad enteramente digna de la
reputación de que goza en Italia»
27,
palabras que dejan paso a la descripción particular de
aspectos tan diversos como los referidos al esplendor de la ciudad
durante la Edad Media, especialmente en tiempos de Can Grande della
Scala, noble magnate que recibía en su corte a Dante
Alighieri y a los demás poetas desterrados de su patria; la
descripción de sus monumentos más sobresalientes,
destacando su imponente anfiteatro capaz de albergar a más
de ochenta mil personas; la iglesia de San Zenón, construida
en el siglo IX, y la de San Nazaro, el más antiguo monumento
de las provincias venecianas, pues su origen se remonta al siglo VI
y que está rodeado de grutas que en años
difíciles fueron utilizadas como refugio por los cristianos;
sus principales palacios, como el de Canossa o el de Barilacquia.
Así mismo el autor refiere algunos acontecimientos
históricos contemporáneos ocurridos en Verona o
protagonizados por sus habitantes, como la celebración del
Congreso de 1822, acontecimiento en el que la ciudad de Verona
albergó la reunión sostenida por los emperadores de
Austria y de Rusia y los reyes de Prusia, Nápoles y
Cerdeña o la insurrección de Verona contra los
franceses en 1747. El artículo concluye con la
descripción de las montañas que rodean a la ciudad y
en las que se encuentra, según el autor, uno de los
fenómenos más curiosos de Italia, el puente natural
de Veja, majestuoso arco de roca viva, bajo el cual «la corriente límpida y pura pasa por
entre la yerba y los arbustos y deteniéndose en una ancha
piedra que sus aguas han pulido, forma una deliciosa fuente
natural»
28.
De igual forma en las impresiones de viaje que toman como objetivo
la ciudad de Palermo29
encontramos, después de ofrecernos los datos
históricos sobre el origen fenicio de la misma, la
configuración espacial y descripción
arquitectónica de Palermo. El puerto, las catacumbas, las
principales calles, plazas, jardines, templos y hospitales, la
universidad, el seminario, sus tres bibliotecas públicas, la
pinacoteca y sus dos museos arqueológicos aparecen
registrados por un autor que irá especificando los aspectos
más relevantes de cada uno de ellos. De los alrededores de
la ciudad el articulista destaca el monte Peregrino, célebre
en tiempos de las guerras púnicas y en el que se
descubrió en 1624 el cuerpo de Santa Rosalía,
protectora de la ciudad30
y los dos castillos de estilo morisco conocidos con los nombres de
Ziza y Cuba31.
El autor no tiene inconveniente alguno en señalar, e incluso
en recomendar al lector interesado en la ciudad siciliana, las
obras de las que se ha valido para documentar su
colaboración: Topografía de Palermo, de
Scina, publicada en 1818 y Antigüedades de Sicilia
del duque de Serra di Falco.
El tono impersonal y neutro de la guía se agudiza en aquellos relatos que desde una perspectiva científica o académica analizan un determinado monumento artístico. No encontramos descritas en ellos las sensaciones que invaden al escritor al contemplar la belleza de unos restos arquitectónicos, sólo se ofrece el estudio pormenorizado de aquellos rasgos más sobresalientes y singulares del monumento en cuestión, como sucede, entre otros, en los titulados «Solimeo y la iglesia de San Pablo en Nápoles», «La catedral de Mesina», «Venecia. Basílica de San Marcos.- Gran Canal», «San Vital de Rávena», «El circo de Caracalla o de Rómulo», «Roma. Castillo de San Ángelo»32, etc.
Más
interesantes y curiosos son para el lector actual aquellos otros
relatos de viajes en los que el autor comunica las sensaciones
personales que el descubrimiento de una realidad desconocida
produce en su ánimo, como sucede, por ejemplo, en el
artículo dedicado al Simplón33,
paso natural que sirve de comunicación entre Francia e
Italia. El recorrido se presenta como la rememoración de una
experiencia vivida por un viajero claramente impresionado por una
naturaleza agreste, de piedras descarnadas, torrentes y hondos
precipicios, que al aproximarse a la primera ciudad italiana
-Isela- dulcifica su fisonomía, convirtiéndose en una
vasta y fértil llanura. De igual manera en «La Semana
Santa en Roma»34
el autor confiesa la honda impresión recibida al contemplar
un Jueves Santo en la plaza de San Pedro una muchedumbre inmensa de
hombres, mujeres y niños, extranjeros, aldeanos y peregrinos
que, fervorosamente, con profunda devoción, y recogimiento,
espera la bendición del Santo Padre. Manifestación de
fe ante la cual «el hombre más
insensible queda profundamente conmovido»
.
En estos relatos
en el que el tono y las impresiones toman un carácter
más personal, se suelen incluir, además de las
consabidas descripciones del sitio en cuestión,
pequeñas anécdotas presenciadas o sufridas por el
autor, con el fin de prevenir a los posibles viajeros de las
dificultades con las que se puede encontrar. Este sería el
caso de «El Vesubio»35,
extenso artículo que después de ofrecer una larga
relación de las principales erupciones sufridas por el
volcán a lo largo del tiempo, relata las peripecias de un
grupo de viajeros, entre los que se encuentra el propio autor del
relato, que a principios de 1830 emprende un viaje hacia el
Vesubio. Una calesa es el incómodo medio de transporte
utilizado para cubrir la distancia entre Nápoles y Resina,
la ciudad más próxima al volcán. Lugar en el
que el autor se vio desagradablemente sorprendido al ser arrollado
por un considerable número de individuos que ofrecen sus
servicios como guías: «Descendidos
apenas en la plazuela donde están de plantón los
lazarillos o ciceroni, y los borricos destinados a llevar a los
viajeros, vímonos rodeados de la multitud, afanados en ver
quien más podía, ofreciéndonos sus servicios y
sus asnos; tenía aquello visos de asonada. Incomodados con
tanta impertinencia mandamos al diablo a hombres y cavalgaduras, y
a la manera que el último de los Horacios, tomamos la fuga
para dispersar a los enemigos. Marchamos solos, y hasta alguna
distancia de Resina no tomamos guía, que fue uno que
había persistido en seguirnos»
36.
Superado este primer obstáculo el grupo comienza la
difícil ascensión hasta el cráter del
volcán siguiendo las sendas que las distintas corrientes de
lava han ido marcando sobre la tierra. Ascensión
extremadamente dura por el carácter accidentado del terreno
-el autor recomienda atarse los zapatos con cintas para no
perderlos al superar los numerosos desniveles de la superficie-. Un
terreno cubierto de una densa ceniza que dificulta e impide la
respiración, y un suelo, que a medida que se llega a la
cima, alcanza una temperatura lo suficientemente elevada como para
deshacer la suela de los zapatos y permitir que las finas aristas
de las rocas calcinadas hieran las plantas de los pies de los
esforzados viajeros. Sin embargo, el grupo olvidará las
penalidades sufridas al observar, divertido, las dificultades de un
grupo de ingleses, viajeros que pretenden subir las laderas del
volcán utilizando el método del palanquín, es
decir, en sillas atadas a unos palos que son transportadas por ocho
hombres cada una. Porteadores y viajeros caen una y otra vez en el
intento, hasta que el grupo de viajeros ingleses, olvidando el
precio pagado de antemano por este improvisado transporte, inicia,
resignadamente, la ascensión a pie mientras los oriundos del
lugar, conocedores de antemano de la ineficacia del método
del palanquín, intercambian risueñas miradas de
complicidad.
En el Álbum Pintoresco Universal no encontramos referencias a los usos, costumbres y carácter de los hombres y mujeres que pueblan las tierras italianas, ni siquiera se menciona en algún artículo la delicada situación política de la península. La imagen de Italia que las impresiones de viaje transmiten a los lectores del Álbum Pintoresco Universal es aquélla que deriva de la majestuosidad de sus ciudades y de la belleza natural de sus parajes. Una visión incompleta, si se quiere, centrada casi exclusivamente en los núcleos más conocidos y célebres de la época y que silencia, por el contrario, otros muchos lugares cargados de historia y repletos de obras artísticas, pero una imagen tan sumamente atractiva que con toda probabilidad estimularía a más de un lector a emprender un viaje por las tierras italianas descritas en el Álbum Pintoresco Universal.
«La diligencia», O. C., de Mariano José de Larra, Barcelona, Montaner y Simón, 1886, pág. 414.
«Viaje por las montañas de Vizcaya», Álbum Pintoresco Universal, tomo, II, pág. 405.

