1
Vinaver, 2000, p. 895 y ss.
2
Torres Naharro, Propalladia (Nápoles, 1517), fol. Aiij v.
3
Véase Canet, 1991.
4
Son muchos los críticos literarios que aceptan como monólogos la intervención verbal cuya extensión rebasa los límites de una réplica normal. Véanse Spang, 1991, p. 285, o Veltrusky, 1990, p. 71.
5
Dice Pierre Larthomas (1990, p. 372) que «la fonction essentielle de cette forme dramatique est, par cette sorte de monologue intérieur extériorisé, si l'on peut s'exprimer ainsi, de nous faire connaître les pensées, les intentions, les sentiments d'un personnage que nous ne connaîtrions [pas] autrement... Le monologue dramatique a, de ce point de vue, la même valeur que l'analyse romanesque qui permet de faire connaître le personnage de l'intérieur».
6
Sigo, en parte, las propuestas desarrolladas en mi artículo de 2001.
7
Decía Juan de Mena: «El tercer estilo es comedia, la cual trata de cosas bajas y pequeñas y por bajo y homilde estilo y comiença en tristes principios y fenece en alegres fines, del cual usó Terencio»
(citado en Sánchez Escribano y Porqueras Mayo, 1971, p. 21).
8
Para la función de algunos introitos y prólogos en la comedias españolas de la primera mitad del XVI, ver Canet, 1991, p. 40.