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Este trabajo forma parte del Proyecto de Investigación «Análisis de la Literatura Ilustrada del siglo XIX», dependiente del Plan Nacional de I+D+I 2008-2011, Ref. n.° FFI2008-00035/FILO.

 

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Jean-François Botrel en «La Regenta, mise en livre» recuerda que Clarín firmó un contrato para que su obra fuese publicada formando parte de una colección, Biblioteca Arte y Letras, que se caracterizaba porque las obras iban ilustradas, y que aceptó todas las condiciones. «On peut donc a priori imaginer qu'en écrivant son roman Clarín avait present á l'esprit la nécessité d'être illustré [...] et que cela a pu influencer son écriture» (Botrel 1998a: 11, n. 2).

 

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Esta ausencia de documentación sorprende aún más si la comparamos con la amplia información conservada en relación con su obra posterior, recogida en las cartas cruzadas con sus editores, en las que se puede comprobar lo riguroso que se mostraba Alas en todo lo concerniente a la edición de sus libros. Sobre esta relación véase el trabajo de Blanquat y Botrel que consigno en la bibliografía.

 

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Al hacer repaso de las cartas intercambiadas entre Clarín y algunos escritores amigos y entre estos, se observa que una de las personas que tuvo más temprana noticia de que Alas estaba escribiendo una novela es Emilia Pardo Bazán, que así lo comunica a José Yxart, en diciembre de 1883; en segundo lugar parece ser que fue Pereda, que ya confirma el título; más tarde, en la primavera del 84, y de manera harto tímida e insegura, escribe Alas a Pérez Galdós: «No sé si sabrá Vd. que yo también me he metido a escribir una novela [...] Creo que empieza demasiada gente a escribir novelas y al pensar, de repente, que yo también voy a prevaricar me dan escalofríos. [...] en fin, ha sido una tontería meterme a escribir novelas» (Ortega 1964: 220-221).

Sin fecha, pero posiblemente en esa primavera/verano del 84, le llega a Alas esta queja de su amigo Palacio Valdés: «Mucho celebro que hayas trabajado firme y tengas concluida esa Regenta, de la cual no me has hablado hasta ahora y cuyo pensamiento ignoro por lo mismo» (Alas 1941: 121).

 

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Lissorgues señala que ya en «1882 preparaba una novela, Juanito Reseco, para la Biblioteca Arte y Letras; ha dejado el proyecto, pero va a integrar parte de lo escrito y pensado en la nueva novela, de cuya publicación se encargará la misma editorial que produce libros que le hacen ilusión» (Lissorgues 2007: 382).

 

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Además, había empezado a colaborar en la revista del mismo nombre, Arte y Letras (que se repartía entre los suscriptores de la colección), con un trabajo sobre «El estilo en la novela», cuya primera entrega aparece el 1 de julio de 1882 y se prolonga hasta octubre del mismo año. La revista contaba, desde julio de 1883, con el mismo director de la Biblioteca, José Yxart.

A ella dedica Alas un encendido elogio en una carta a Ixart, que Beser adata en la primavera de 1883: «Yo estimo esa revista más que mi pan. Me enamora su belleza formal, quiero y admiro a los habituales colaboradores, me encanta la independencia y distinción con que en ella se trabaja; originalmente es muy de mi gusto» (Beser 1960: 390).

 

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Lo que, según Botrel, «traduit l'importance de l''élèment iconique» (Botrel 1998a, 14).

 

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Señala también como excepción el tipo de papel usado, cuyo cambio en la edición princeps, según explica José Luis Gómez, sirve para confirmar que: «Cortezo no hizo ninguna reimpresión» (Alas 1989: XLI).

 

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Una descripción bibliográfica excelente es la expuesta por Ramón Oteo Sans en su trabajo sobre la primera edición de La Regenta, que consigno en la bibliografía.

 

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«Hecho que constituyó desde el primer momento un serio motivo de preocupación para Clarín, que sus corresponsales y amigos no hicieron más que acrecentar, por considerar que la publicación en dos volúmenes -que no aparecieron al mismo tiempo en las librerías- podía perjudicar gravemente la lectura y la venta de la obra» (Vilanova, en Tintoré 1987: 18). Como es bien sabido, el primer tomo salió a la venta en enero de 1885 y el segundo en junio del mismo año.