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Esta «Martingala» está incluida en un folleto que, con el título Martingalas de Martinete. La autopsia de Clarín, aparece en 1895. Aprovechando el fracaso del estreno de Teresa, Martinete muestra su malquerencia hacia Alas sin ningún pudor. Así anuncia su intención en la carta- introducción al folleto: «Clarín ha muerto. Ha muerto literariamente. [...] Algo faltaba: la autopsia. Esta operación es la que quiero ofrecerte, lector benévolo. Quiero presentarte las vísceras de Clarín. Quiero exponértelas con toda su podredumbre. Quiero que veas cómo era Clarín por de dentro. Y dicho esto, te beso las manos»
(Martín Fernández 1895: 5).
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He transcrito el artículo completo por entender que es un buen ejemplo de la mucha hiel que generó la aparición de la novela en determinados círculos.
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El mismo año de la publicación del folleto de Martín Fernández, edita Elías de Molins su Diccionario biográfico de artistas catalanes, en él de Juan Llimona señala: «La casa editorial que publica la Biblioteca Arte y Letras le encargó las ilustraciones de La Regenta, novela de Leopoldo Alas, pero advertido después de haber hecho varios dibujos que el testo [sic] no estaba conforme con sus arraigadas creencias religiosas, declaró que no continuaba»
(t. II, 56).
Esta hipótesis es recogida por Bracons, haciendo la salvedad que es una afirmación de Elías, quien afirma que «Llimona renunció a completar una edición ilustrada de La Regenta porque consideraba que la obra era contraria a sus principios»
(Bracons 2004: 208, n. 17), y Valentí, sin hacer alusión a la supuesta renuncia, relaciona la «vida despreocupada y, por lo visto poco edificante»
de los hermanos Llimona a su vuelta de Roma con el trabajo de Juan para la casa Cortezo, y añade: «Son unas ilustraciones anodinas y pobres (de lo cual, sin duda, incumbe parte de culpa a la tacañería del editor), pero es de suponer que años más tarde debieron ser causa de graves remordimientos en la conciencia del artista»
(Valentí 1973: 286).
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Las citas al texto y referencias a las viñetas se hacen a partir de la edición facsímil llevada a cabo en 1983 por la editorial Júcar.
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«Había también colaborado como ilustrador en alguna obra de tipo religioso; recordemos algunos libros como El Centurión o también un Via Crucis reproducido en algunos devocionarios. De menor importancia son las ilustraciones reproducidas en una edición de la novela de Leopoldo Alas La Regenta»
(Escalas Llimona 1977: 96).