31
Estos seis hermanas Guisa, tíos de María Estuardo por ser hermanos de la madre de ésta, María de Lorena, eran: Francisco, duque de Guisa, y Carlos, cardenal de Lorena, de que ya hemos hecho mención; Luis, arzobispo de Sens, llamado el cardenal de Guisa; Claudio, duque d'Aumale; Francisco, gran prior y general de las galeras de Francia, y Renato, duque y tronco de la casa d'Elbeuf31.1. (N. del A.)
| 31.1 | [Esta nota falta en el original. (N. del E.)] | |
32
El valiente Damville era hijo segundo del condestable Ana de Montmorency, y heredó el ducado de este nombre a la muerte de su hermano mayor Francisco. Su valor y su ignorancia se igualaban de tal modo, que a los treinta y tres años era ya mariscal de Francia y no sabía leer ni escribir. Fue uno de los grandes apasionados que tuvo María Estuardo en la corte de Francia32.1. (N. del A.)
| 32.1 | [Esta nota falta en el original. (N. del E.)] | |
33
Pedro de Bourdeilles, abad y señor de Brantôme, fue testigo de vista de todos los grandes hechos y las innumerables intrigas de la corte de Francia, desde 1527 hasta 1624; todo lo cual quedó consignado en sus numerosas obras con verdadero lujo de pormenores. La fidelidad de sus narraciones llega a menudo al cinismo, y quizás no se ha escrito nada más escandaloso y repugnante que las pinturas que hace en su célebre obra Vie des dames galantes. Literato y guerrero más bien que hombre de iglesia, disfrutó la rica Abadía de Brantôme, como tantos otros que en aquella época vivían a costa de la Iglesia, deshonrándola al mismo tiempo con sus vicios y escándalos. Fue gentilhombre de Carlos IX y de Enrique III, y visitó la mayor parte de los países de Europa, unas veces en expediciones militares y otras con misiones diplomáticas33.1. (N. del A.)
| 33.1 | [Esta nota falta en el original. (N. del E.)] | |
34
Juan Knox fue el verdadero fundador de la Iglesia presbiteriana en Escocia. Nació en Liffort, en 1505; se ordenó en 1530, y apostató en 1542. Era hombre de terrible energía, y su elocuente y arrebatada palabra le conquistó formidable influencia, así entre la nobleza como entre el pueblo. María Estuardo quiso atraérsele, y a este propósito tuvo con él varias conferencias, que el mismo Knox refiere en el tomo II de su History of the reformation. En una de esas entrevistas, espantada María de las doctrinas subversivas del hereje, le preguntó enérgicamente: «¿Pretendéis, pues, que los súbditos pueden resistir a los reyes?» «Ciertamente, señora -respondió Knox-, si los reyes faltan a sus deberes. Todo lo que la ley nos manda es venerar el rey como a un padre; pero si un padre se vuelve frenético, se le encierra. Cuando el príncipe quiere degollar a los hijos de Dios, se le quita la espada, se le ata las manos y se le encierra en una prisión hasta que recobre la razón. Esto no es desobediencia, sino obedecer la palabra de Dios». María comprendió todo lo peligroso de esta doctrina, que hacía a los súbditos jueces de sus reyes y les autorizaba a la rebelión según el beneplácito de sus jefes espirituales; entonces dijo a Knox: «Está bien; veo que mis súbditos os obedecerán a vos y no a mí; harán lo que les mandéis y no lo que yo ordene, y yo deberé hacer lo que ellos ordenen, y no ordenar lo que ellos deben hacer». -«¡No lo permita Dios!, -contestó Knox-. Mi único deseo es que los príncipes y sus súbditos obedezcan a Dios. Su palabra dice que los reyes son padres alimentadores, y las reinas las madres y nodrizas de su Iglesia». -«Sin duda -dijo la Reina-; pero vuestra Iglesia no es aquélla de que yo quisiera ser madre y nodriza. Yo defenderé la Iglesia romana, que es la verdadera Iglesia de Dios». Aquí estalló la ira de Knox, y contestó: «Vuestra voluntad, señora, no es razonable. La prostituta romana está caída, manchada, degradada». -«Mi conciencia me dice lo contrario» -replicó la Reina con gran firmeza, despidiendo al hereje. -«Vuestra conciencia no está ilustrada»- contestó éste retirándose; y al salir dijo a los que le esperaban: «Nada se puede esperar de esta Jezabel, llena de astucia y altanería»34.1. (N. del A.)
| 34.1 | [Desde el principio de esta nota hasta «[...] preguntó enérgica-» falta en el original. (N. del E.)] | |
35
La Corona matrimonial daba derecho en Escocia al marido de la Reina para tomar el nombre del rey, para hacer esculpir su busto en la moneda corriente, y para firmar, en unión de la Reina todos los actos de autoridad real. En virtud de este derecho, le prestaban juramento de fidelidad los súbditos, ningún decreto tenía fuerza de ley si no estaba revestido de su firma, y su autoridad era, bajo cierto respecto, igual a la de la Reina. María Estuardo concedió la Corona matrimonial a su primer marido Francisco II por todo el tiempo que durase su matrimonio; pero Darnley y los que con el conspiraron contra Riccio, la querían por toda la vida de aquél. (N. del A.)
36
Felipe II escribió a Darnley por lo menos dos cartas, cuyos borradores castellanos existen en el archivo de Simancas, Est. Inglat., leg. 818. La primera, fechada en Segovia a 13 de octubre de 1565, dice así: «Serenísimo rey de Escocia, muy caro y muy amado hermano; por una carta que me escribió la Reyna de Escocia y por otra de mi Embajador en Inglaterra, entendí vuestra casamiento y holgué mucho de saver que se huviese efectuado por vuestro bien y contentamiento y por el amor que a vuestros padres he tenido, el cual se ha de continuar con vos siempre, por tener entendido que de vuestra grandeza ha de resultar mucho servicio a Dios y al bien de la religión católica, siendo vos nascido y criado en ella, y así me alegro con vos desde vuestro casamiento y os ruego que siempre continuéis en la voluntad y determinación que habéis tenido a la conservación y aumento de nuestra santa fee y religión, que ésta será la mayor y más principal causa con que me podéis obligar a que yo mire por todas vuestras cosas y os favorezca en ellas como lo escrivo á la Reyna».
Después de escrita esta carta, pero no enviada todavía, llegó a Segovia un mensajero extraordinario de los reyes de Escocia. Era éste un antiguo y fiel gentilhombre de la difunta reina de Inglaterra María Tudor, llamado Francisco Yaxlee, que había conocido a Felipe II durante su estancia en aquel reino. Traía una carta de Darnley para Felipe, escrita en Glasgow a 10 de setiembre, y largas instrucciones verbales. Traía también otra carta de la misma fecha, de María Estuardo para el duque de Alba, en la cual recomendaba a éste su mensajero, suplicándole le oyese y le introdujese cerca de Felipe II. El original de esta carta, escrita en francés y todo de puño y letra de la Reina, se conserva entre las mil preciosidades históricas y artísticas que, admirablemente clasificadas y colocadas, encierra el palacio de los duques de Alba. Gracias a la bondad de la señora duquesa, hemos tenido ocasión de examinar este curioso autógrafo, rueda interesante de aquel gran manejo político, y en su original francés y en su traducción castellana dice así: «A mon cousin le duc dalva. -Mon cousin: pour vous auuoir durant le peu de tamps questies en france congnu tant affectioné á la religion katolique, la quelle ie professe, et saschant aussi combien, sellon vos merites, estes aymé, et vos services estimés du roy, monsieur mon bon frére, ayant tousioure eu quelque ocasion aussi de vous estimer lun de mes meilleures amis, iay aduisé enuoiant ce gentilhomme, serviteur fidelle, de la part du roy, mon mari, et miene, pour fayre entandre lestat de nos affayres au roy despaigne, monsieur mon bon frére, de lui commander de vous fayre entandre le discours de sa charge, et sadresser a vous pour auuoir audiance; ce que ie vous prie prande la poine de obtenir leplus tost que pourres, affin que ie me puisse resouldre sur chose tant importante; et masurant de votre bonne vollontay, comme ie vous prie fayre de la miene, ie ne vous fayray plus long discours, sinon de prier dieu quil vous doint en santé, heureuse uie, et longue. -De Glasgo, ce X de Satembre 1565. -Votre bien bonne Cousine Marie, R.» -«A mi primo el duque de Alba. -Primo mío: Por haberos conocido durante el poco tiempo que estuvisteis en Francia, tan afecto a la religión católica que yo profeso, y sabiendo también cuán amado sois por vuestros méritos del rey, mi señor y buen hermano, y cuánto estima vuestros servicios; y habiendo tenido además algunas ocasiones de estimaros como uno de mis mejores amigos, he determinado el enviar de parte del rey mi marido y de la mía, a ese gentilhombre y fiel servidor, para enterar del estado de nuestros negocios al rey de España, mi señor y buen hermano, mandarle que os entere también del objeto de su misión y se dirija a vos para obtener audiencia, y os suplico os toméis la molestia de obtenerla lo más pronto posible, a fin de que pueda yo resolverme en asunto de tanta importancia. Y asegurándome de vuestra buena voluntad, como os suplico hagáis de la mía, no añadiré más sino rogar a Dios que os conceda con salud, una feliz y larga vida. -De Glasgow, a 10 de Setiembre de 1565. Vuestra muy buena prima, María, Reina».
Cumplió fielmente el gran duque de Alba el encargo de la reina de Escocia, y el 23 de octubre despachó Felipe II a Francisco Yaxlee con la siguiente carta para Darnley e instrucciones por escrito, cuyos borradores castellanos se conservan en el archivo de Simancas, Est. Inglat., leg. 818, y dicen de esta manera:
«Serenísimo Rey, etc. Teniendo escrita la carta que irá con ésta en que me alegraba con vos del buen suceso y casamiento con la Serma. Reyna de Escocia mi hermana, llegó Francisco Yaxlee vuestro criado, del cual reciví la carta que con él me escrivisteis á los dies de Setiembre, y él me dijo de vuestra parte todo lo que traía en comisión, que, aunque me pesó del estado en que quedávades con los rebeldes, holgué mucho de entender por él vuestra voluntad y determinación en lo de la religión y servicio de Nuestro Señor, de quien es de esperar que os ha de ayudar llevando adelante vuestro buen propósito, y yo he de hacer siempre lo mismo como lo he comenzado agora y lo haré adelante con tan buena voluntad como lo entenderéis del dicho Yaxlee, á quien he hablado más largo».
«Lo que se responde á las cosas que propuso Francisco Yaxlee de parte de lo Sermos. Reyes de Escocia».
«Que habiendo visto Su Mag.d católica las cartas de los Reyes d'Escocia, y entendido lo que Francisco Yaxlee le ha dicho de su parte en virtud de la creencia que dellos traía, tiene mucho contentamiento del casamiento que han hecho, y no puede dejar de loársero, como más particularmente por su mandato el duque de Alba lo dijo en Bayona á su Embajador, porque siempre á Su Mag.d le paresció ser éste el que más convenía; á Su Mag.d le ha pesado de haber entendido que sus vasallos se les comenzascen á desacatar y hubiesen llegado á los términos que le ha informado el dicho su criado, y le ha scripto su Embajador en Inglaterra que tiene por cierto que Dios, cuya causa defienden, no los desamparará, y Su Mag.d católica por su parte los ayudará de muy buena gana, como lo hace de presente de veinte mil escudos en Flandes, y con orden que se entreguen al dicho Francisco Yaxlee, para que él los lleve á Escocia, o los encamine por la mejor vía y con la mayor seguridad que pudiere, y que esta ayuda á todos conviene sea secreta, porque si otros príncipes tuviesen voluntad de hacer ayuda á sus rebeldes, no se la hagan con mayor fuerza entendiendo que los dichos Sermos. Reyes tienen la de Su Mag.d católica, y que cuando la Reyna de Inglaterra abiertamente quisiese hacerles la guerra sobre las cosas de la religión, hay muy buen camino asimismo para que Su Mag.d les assista y ayude de mayor fuerza, debajo de ayuda que el Papa les hará, el cual ha dado parte á Su Mag.d de lo que la Serma. Reyna d'Escocia le ha scripto y pedídole parescer en lo que debe responder, mostrando muy buena voluntad á la buena ayuda, y Su Mag.d le responde alabándosela y diciéndole que se juntará con él para que debajo de su nombre y del ayuda que ha de dar, puede Su Mag.d contribuir, y el socorro sea tanto más gallardo, y que este caminar Su Mag.d católica debajo de esta cubierta será el tiempo que entendiere convenir así á los negocios particulares de los dichos Sermos. Reyes, á los cuales Su Mag.d ayudará y procurará vayan adelante viendo su voluntad y cristianidad.
»Que en los negocios de Inglaterra Su Mag.d católica pide á los dichos Sermos. Reyes caminen con gran templanza procurando conservar la parte que en aquel reyno tienen, que Su Mag.d con la que en él puede tener les asistirá siempre. Procurando asimismo de no irritar aquella Reyna ni apretarla de manera que le hagan saltar, porque paresce á Su Mag.d que en ninguna manera del mundo al presente sea tiempo de apretar sobre la declaración de la sucesión, sino traer la plática viva con la Reyna, sin llegarla que se haga de resolver, hasta que se tenga ganada más tierra, y Su Mag.d esté donde con más facilidad puede ayudar á ello; y que les pide y ruega mucho que sin advertirle primero y tomar su parescer, no se arrojen á cosas estas, porque Su Mag.d se lo dará siempre con tanta afición y buena voluntad que espera aceptarán lo que se hiciere para que dello suceda tan gran servicio á Dios como Su Mag.d entiende que por medio dellos se le ha de hacer.
»Que deben estar los dichos Sermos. Rey y Reyna advertidos en mirar mucho que en las diligencias que hacen en Inglaterra, no pueda la Reyna (Isabel) en ninguna manera del mundo entender que ellos la hacen para durante su vida, porque esto le escandalizaría mucho y daría gran ocasión para ejecutar contra ellos lo que pudiesse, y en alguna manera sería justificar su causa.
»En lo otro que pidió el dicho Yaxlee que escribiese Su Mag.d á la dicha Reyna de Inglaterra sobre la libertad de miladi Margarita de Lemnus (la condesa de Lennox, madre de Darnley) y para que no dé ayuda á los rebeldes de Escocia, que sería antes dañar que aprovechar á los negocios hacerse instancia con la dicha Reyna de su parte sobre ello; por agora no es tiempo, y cuando lo fuere no perderá Su Mag.d la ocasión de hacerlo como quien tiene tan caras las cosas de los dichos Sermos. Reyes...; etc».
Prosiguen otras instrucciones menos importantes y precisas, encaminadas todas a la restauración del catolicismo en Escocia, a la sucesión de María Estuardo en la Corona de Inglaterra, y al castigo y extirpación de los rebeldes escoceses.
Éstos fueron los documentos que el traidor Darnley descubrió a sus cómplices vendiendo y sacrificando la causa de su religión, de su esposa y de su reina, a su propias ambiciones y mezquinos resentimientos. (N. del A.)
37
Esta condesa de Argyle se llamaba lady Juana Stuart, y era hija natural de Jacobo V y de Isabel Carmichael. Se casó en 1554 con el conde de Argyle, y se divorció de él en 1564. (N. del A.)
38
El comendador de Holyrood, lord Roberto Stuart, era también hermano natural de María Estuardo, como hijo de Jacobo V y de Eufemia Elphinston. (N. del A.)
39
[«satisfacción» en el original. (N. del E.)]
40
Guillermo Cecil fue el hábil ministro y el alma condenada de la reina Isabel de Inglaterra, si es que esta señora necesitó alguna vez de más alma condena que la suya propia. Cecil fue el instrumento, el cómplice y muchas veces el instigador de las persecuciones de Isabel contra los católicos, y fue también el director y guía de aquella decantada política, a que muchos atribuyen el origen de la prosperidad de Inglaterra. De esta política dice Lingard en su Historia de Inglaterra: «La otra causa (de la prosperidad de Inglaterra) consistió en la clase de política observada por los ministros, respecto de la cortes extranjeras: política que mal puede, a la verdad, avenirse con la honradez y la buena fe, pero cuyos resultados fueron en extremo prósperos. Los ministros estaban constantemente a la vista para arrojar semillas de discordia, fomentar el espíritu de resistencia y ayudar los esfuerzos de rebelión en los pueblos vecinos. En Escocia quedó aniquilada la autoridad de la Corona; la Francia fue reducida a un estado de anarquía, pobreza y desastres sin ejemplo, y la España vio con envilecimiento sus riquezas agotadas de continuo, y sus ejércitos perecer de año en año, en medio de los diques y bancos de arena de Flandes. La depresión de estas potestades fue un bien, si no absoluto, a lo menos relativo; porque, al paso que declinaban los otros príncipes, la reina inglesa parecía crecer en reputación y poderío». Necesario es convenir que de entonces acá no ha variado mucho la política inglesa, cuya fórmula puede reducirse desde los tiempos de Isabel, a una sola frase y a un solo artículo: To make money, hacer dinero. Guillermo Cecil supo conservar el favor de Isabel, con pasajeros eclipses, durante toda su vida. Fue creado por ella Barón de Burleigh, y murió en 1598, a los setenta y siete años. (N. del A.)