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La pasión de Isabel por el lujo y las galas era tan grande, que a su muerte se encontraron en su guardarropa más de tres mil vestidos, con proporcionado número de aderezos y de joyas. Cuenta Lingard, que como pareciese al obispo de Londres muy impropio de la edad de la Reina, ya muy avanzada, esta pasión por los adornos, trató en uno de sus sermones de alejar su espíritu del lujo de la tierra, y elevarlo a las riquezas del cielo. Mas la Reina dijo a sus damas que si el obispo volvía a tocar aquella materia, le prepararía ella a él el camino del cielo, adonde le haría ir sin báculo ni manto. (N. del A.)
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«Por lo que respecta al carácter de Isabel -dice Lingard en su Historia de Inglaterra- parecía haber heredado la naturaleza iracunda de su padre. La menor descortesía, la provocación más leve, era capaz de excitar su furor. Siempre, cuando hablaba, sus palabras iban acompañadas de juramentos, y en los instantes de cólera prodigaba imprecaciones o insultos. A veces no se contentó con palabras, pues no sólo las damas de su servicio, sino hasta los cortesanos y los funcionarios públicos de más nota, sintieron el peso de su mano: arrancó el collar a Hatton, dio un bofetón al conde Mariscal y escupió encima a sir Matteo, porque le desagradaba la afectación de su traje». (N. del A.)
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El P. Edmundo Hay era entonces Superior del Colegio de París, y había estado ya en Escocia, en 1561, acompañando al P. Gaudan, legado de Pío IV. Desembarcaron entonces en Leith, disfrazados de mercaderes, y tuvieron en Edimburgo varias y muy secretas conferencias con María Estuardo, que afianzaron la fe en el corazón de ésta, y estrecharon sus relaciones con el Papa. El P. Tomás Derbishir era sobrino y secretario del obispo de Londres, Edmundo Bonner, en tiempo de la reina María Tudor; a la muerte de ésta fue perseguido y encarcelado por Isabel, hasta que, habiendo huido a Roma, entró en la Compañía el 1.º de mayo de 1563, a los cuarenta y cinco años de edad. Murió en Francia en 1604, a los ochenta y seis años. (N. del A.)
44
[«número 5» en el original. (N. del E.)]
45
Las grandes alteraciones que se siguieron en Escocia detuvieron por entonces esta famosa bula de San Pío V, que se publicó al fin dos años después, en 25 de febrero de 1569. Esta bula fue preparada y redactada por el franciscano Peretti, que fue después Sixto V, y llevaba por título, según la traducción del P. Rivadeneira: «Sentencia declaratoria del Santísimo Señor Nuestro, Pío V, contra Isabel, pretensa Reina de Inglaterra, y los herejes que la siguen, en la cual también se dan por libres los súbditos y vasallos del juramento de fidelidad y de cualquiera otra obligación; y los que de aquí adelante la obedecieren, se declara ser excomulgados». (N. del A.)
46
[«observan» en el original. (N. del E.)]
47
[«y» falta en el original. (N. del E.)]
48
[«allí» falta en el original. (N. del E.)]
49
[«que» falta en el original. (N. del E.)]
50
En 1483, los nobles escoceses se reunieron en la Iglesia de Lauder para convenir el modo de castigar la insolencia y los desmanes del favorito de Jacobo III, Roberto Cochran, que de simple arquitecto había llegado a elevarse, por sus malas artes, hasta el condado de Mar. Todos dieron opiniones extremas, todos pronunciaron terribles amenazas y ninguno decidió nada. Tomó entonces la palabra el viejo lord Gray, y les dijo: -Milores: hace muchos siglos que los ratones celebraron un consejo para convenir el modo de escapar de las garras de un gato asesino que devastaba su comarca. Propuso uno que se atase un cascabel al cuello del gato, para que el repiqueteo anunciase su presencia y diera tiempo a los ratones de esconderse en sus agujeros. A todos pareció oportuno el expediente; todos aplaudieron con calor tan prudente consejo; pero quedose éste sin seguir, porque ningún ratón tuvo el valor necesario para poner el cascabel al gato-. Calló lord Gray, y todos los demás lores callaron también, corridos y avergonzados, comprendiendo demasiado bien el apólogo del viejo. Mas uno de ellos, Arquibaldo Douglas, conde Angus, hombre de fuerza atlética y valor extraordinario, lanzose en medio del concurso con su enorme espadón desenvainado, y gritó mostrándolo a los amedrentados lores: Éste le pondrá el cascabel al gato. Llamaron en este mismo momento a la puerta, y apareció el insolente favorito Cochran, ricamente vestido y con magnífica cadena de oro al cuello. Lanzose a él Arquibaldo Douglas con su espadón en la mano, y cogiéndole por la cadena, le dijo lleno de saña: -Una cuerda al cuello te sentará mejor que esta cadena-. Y desde allí llevole él mismo al puente de Lauder, donde le ahorcaron. Desde entonces diéronle a la enorme espada de Arquibaldo Douglas el nombre de Bell-the-cat (el cascabel del gato), y ésta fue la espada que dio el conde de Morton a lord Lindsay en el campamento de Carberry. (N. del A.)