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En un inicio se tituló «Vidas Españolas del Siglo XIX». El mexicano Jaime Torres Bodet, en su reseña sobre la colección en Revista de Occidente, veía en esas figuras una revisión indispensable para asentar un estado realmente democrático: «Ahora, en un minuto de revisión nacional de valores, cuando la vida necesita apoyarse en otra cosa que la seguridad de la rapidez adquirida, una generación de biógrafos no solo se adapta a un tono convencional del gusto del mundo. Responde a una necesidad íntima del país. Implica la madurez de su conciencia crítica.» (1930, p. 281).

 

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Melchor Fernández Almagro había manifestado desde un inicio su voluntad de extender las vidas a personajes hispanoamericanos, como se constada en el epistolario con Guillermo de Torre -Cartas cruzadas entre Guillermo de Torre y Melchor Fernández Almagro (1922-1966) (2008)-, que colaboró en la colección como mediador y consejero al ser el director de publicidad de la delegación de Espasa-Calpe en Argentina. Las razones definitivas de la ampliación se encuentra en el segundo viaje de Ortega a Argentina (1928), con la consabida polémica suscitada por los artículos «La Pampa... promesas» y «El hombre a la defensiva», ambos publicados en La Nación de Buenos Aires en 1929. La estrategia comercial de buscar lectores americanos se apoyaba en la necesidad orteguiana de disponer de modelos vitales y de conocer la historia para no repetir los errores pasados.

 

33

E. Serrano Asenjo (2002), p. 108.

 

34

J. Ortega y Gasset (1990), p. 67.

 

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También debe atenderse a lo expuesto por Fernández Almagro en su reseña de Luis Candelas acerca del siglo XIX español: «Su fisonomía y andanzas habrán de fijarse mediante el doble tiempo de acumulación y selección que representa en cada caso el examen de vidas representativas: la del tribuno, la del cabecilla, la del torero, la del caballero de industria, la del poeta... De aquí la oportunidad de Espasa-Calpe al planear una serie, ya en marcha, de "Vidas españolas del siglo XIX", sin dejar fuera -porque no se trata de un Plutarco que edifique- personaje alguno de interés específico, por esquinado que esté contra la ley ya que la Historia, en efecto, no es una moralidad ni un ejemplo: es nada más y nada menos que una gran aventura.» (1930, p. 1).

 

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Se ha relacionado la aparición de la biografía vanguardista con el «nuevo romanticismo» defendido por José Díaz Fernández en su ensayo homónimo de 1930. Asimismo, se ha interpretado la iniciativa biográfica de Ortega como la consecuencia del fracaso de la innovación novelística propuesta en La deshumanización del arte e Ideas sobre la novela (1925). Cfr. F. Soguero García, 2000.

 

37

Pese a la encomienda, Chacel no pudo finalizar la biografía hasta 1936 y, debido al estallido de la guerra civil y a las complicaciones derivadas de esta, se publicó en Buenos Aires en 1951.

 

38

R. Chacel (1956), p. 117.

 

39

R. Chacel (1993), p. 416.

 

40

C. de Romanones (1930), p. 17.