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1

Para una semblanza bio-bibliográfica de Hervás, consúltese Breva y Sarmiento (pp. 11-16) en Hervás y Panduro (I Vocabolario).

 

2

Las creencias religiosas han potenciado el estudio de las lenguas durante muchos siglos y han inspirado en los eruditos cristianos un deseo de conformar sus investigaciones con los contenidos de la Biblia.

 

3

Hoy la ciencia defiende la postura de que el homo sapiens evolucionó de modo independiente en diversas partes del mundo, lo que implicaría la existencia de varias lenguas madres desde el principio de la humanidad. Hecho que sería perfectamente armonizable con el relato bíblico, dado que la lengua infusa se podrían entender en sentido genérico.

 

4

Véase Val Álvaro («Lengua e historia») para un estudio sobre la relación entre lengua e historia en el Catálogo de las lenguas de Hervás.

 

5

Hervás indica que ya Platón en el Cratilo manifestaba que el estudio de las palabras iluminaba el conocimiento de la historia antigua.

 

6

Cochimí era una lengua poco conocida en el siglo XVIII, sólo a través de Hervás se tiene noticia de ella (cf. Vinaza, Bibliografía española, 1892, en la entrada correspondiente a dicho idioma).

 

7

En la Aritmetica di quasi tutte le nazioni conosciute (Idea dell'Universo, vol. 19, pp. 145), Hervás cita una gramática japonesa y un diccionario trilingüe (japonés-español-latino) del padre Diego Collado, publicado en Roma, por propaganda Fide, en 1632.

 

8

La primera gramática de este idioma, Arte y gramática muy copiosa de la lengua aimará, se publicó en Roma, en 1603, por el padre Ludovico Bertonio. Hervás la menciona en el Saggio pratico delle lingue (vol. 21, p.60).

 

9

En la Aritmetica di quasi tutte le nazioni conosciute (vol. 13, p. 23), Hervás hace referencia al primer Léxico, o vocabulario de la lengua general del Perú, compuesto por Fray Domingo de S. Thomas, impreso en Valladolid, en 1560.

 

10

Un análisis semejante se halla en El arte de la lengua general del reino de Chile, que también lleva un catecismo, un vocabulario hispano-chileno y un calepino chileno-hispano, compuesto por el padre Andrés de Febres, en 1764. La primera gramática, vocabulario y catecismo del araucano apareció en 1606 (consúltese Vinaza, Bibliografía española). El aimará, el quechua y el araucano eran lenguas bastante conocidas. El aimará tiene treinta y una entradas, el quechua cincuenta y nueve, y el araucano diecinueve, en Viñaza (Bibliografía española).

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