Leopoldo de Luis en el espejo del poema
Valentín Navarro Viguera
La metapoesía es una forma de poner en tela de juicio los cauces expresivos canonizados, pues hacer poesía sobre la misma poesía es revisar el quehacer propio a partir de poéticas que dialogan entre sí; no se trata de crear irracional y compulsivamente sino de saber qué, cómo, por qué y para qué se escribe. Leopoldo de Luis fue poeta siempre consciente de los entresijos que componen un poema. Su poesía así lo evidencia.
«Será sencillamente» (Alba del hijo, 1946) es un texto temprano que muestra la preocupación de Leopoldo de Luis, desde sus inicios, por la concepción de la poesía desde la misma poesía. A la pregunta «¿Cómo decirte cómo?», el poeta responde:
Será con ese arte de la vida diaria,con esa poesía que hay en lo cotidiano,esa oscura armonía del alma solitaria,esa sorda belleza del primor artesano.Será sencillamente; sin palabras vacíasni artificios inútiles: como mana la fuente.
La poesía es subjetiva porque brota de la experiencia personal, de pensamientos y sentimientos que requieren un lenguaje peculiar y trabajado hasta conseguir un producto estéticamente acabado. También debe poseer armonía, un ritmo interior que provoque emoción en el lector; es algo vivo que debe fluir como un río, «como mana la fuente»
. Es, pues, el modo como se comunican los sentimientos donde reside el éxito o el fracaso del poema. A la sencillez estética, además, se le debe sumar la profundidad ética.
En su siguiente libro, Huésped de un tiempo sombrío (1948), va a reivindicar la utilidad de la poesía en tanto que sirve para redimir al hombre de sus vicisitudes históricas y metafísicas («lo que me abrasa canto, mientras muero»)
, como consuelo ante el sufrimiento humano y como voz eterna que desea permanecer más allá de la muerte del poeta («Todo fue. / Solo esta muda / voz o espina, inmóvil, queda»)
. A su vez, la poesía ya es presentada explícitamente como memoria, como luz que ilumina lo que permanecía aletargado en el olvido.
La expresión que Leopoldo de Luis utilizó para definir la poesía -«respirar por la herida»-
se explicita ya en Los imposibles pájaros (1949):
Respiro por la herida.Por esta viva herida de mi muerte,por esta mortal llaga de mi vidaque años y sueños y fracasos vierte.
Respirar por la herida -decía- es «la forma de expresar una entrañable realidad humana»1
. La poesía, por tanto, es el encuentro armonioso de la forma con el contenido, la expresión de cuanto ha sido previamente interiorizado, de la vida y de la muerte como esencia de la existencia. La poesía es la existencia misma, que arrastra hasta las orillas del verso cuanto sufrimiento y cuanta esperanza es capaz de soportar el hombre. El ejercicio respiratorio al que alude esta manera tan enriquecedora de concebir la poesía supone la inspiración previa o entrañamiento de la realidad para posteriormente ser espirada o desentrañada, en forma de palabra, como respuesta a las circunstancias que envuelven al poeta.
En «La palabra», de Los horizontes (1951), la metafórica luz que proyecta la poesía debe iluminar las miserias y las injusticias humanas, además de arrojar claridad al entendimiento, es decir, deber servir también para conocer y conocernos mejor a nosotros mismos. Por tanto, la poesía, parafraseando al poeta, ha de ser liberación y salvación para ayudarnos a ser mejores y más libres. Así en los versos del metapoema «La palabra», «Por esa luz de música y de llanto / el hombre se libera de su asfixia. / Por esta voz que brota de la sangre / la libertad humana se ilumina»
.
Desde Elegía en otoño (1952) hasta El extraño (1955) la reflexión metaliteraria cede su sitio a una poesía puramente existencial. Ya en la segunda parte de Teatro real (1957), la poesía social -un cruce de caminos en el que el absurdo de la existencia se topa con el compromiso- pasa a formar parte por primera vez de la poética deluisiana2. Allí hay poemas que van a identificar la labor del poeta con la de los trabajadores («A Luis, el carpintero de al lado de mi casa») o con la de otros artistas, como la dibujante Elvira Gascón, con la intención de corroborar la utilidad de la poesía como guía que esclarece el sinsentido de la existencia3. Que la poesía social no es más que otra forma, desde un ángulo distinto, de existencialismo se pone también de manifiesto en la función atribuida en los metapoemas de la etapa social de Leopoldo de Luis. Para el Heidegger de El ser y el tiempo «hablar es articular "significativamente" la comprensibilidad del "ser en el mundo"»4
. Esta poesía, por tanto, continúa la línea filosófica que aúna la intencionalidad comunicativa y la dilucidadora de la expresión artística.
Tras el silencio editorial -que no creativo- de los setenta, los poemas que flanquean Igual que guantes grises (1979), «La palabra» y «Las palabras», se asoman al espejo de la poesía. La libertad es la palabra, está en la palabra y se consigue a través de ella. Ese vacío o «hueco sonoro» es la nada, nombrada por Sartre como libertad. La poesía, pues, es libertad.
El poeta ha de expresar, es decir, exteriorizar el mundo por medio de la palabra y dar cuenta de su existencia «en-el-mundo». Entonces el poeta no podía negar la prioridad de las circunstancias, como bien enseñó Ortega. La poesía del humanismo-existencial -y por tanto, de la social- pretendió el derrumbamiento de «las torres grises» de marfil, mandó al poeta a la calle, y lo puso a materializar los ideales escapistas de otros tiempos, a poner nombre a la cruda y carnal realidad humana. Los que alzaron la voz tuvieron que supeditar, «sacrificar», la hipotética gratuidad del arte de otrora, como recordaba en «El sacrificio» (Del temor y la miseria, 1983), a una expresión que fuera cifra de esperanza:
¿Cómo salir de aquel parterre ocultosi no es cortando rosas, sacrificando rosasy haciendo de las íntimas palabras cuerpos físicos,tangibles cuerpos con temblor y sangre?
El poema «Resumen» (1983) sintetiza, en su concepción de la poesía, algunas conclusiones que había logrado elevar a nivel de poética: ofrece una sublimación de la experiencia artística, pero no porque esta sea un reflejo de las altas esferas de la belleza natural o artificial del mundo, sino porque poetizar es en sí mismo la experiencia de la dicha. Poeta y palabra conforman el poema, pero sin lector no hay poesía. Con él también cuenta el sujeto poético, quien dice soñar con que su palabra sea asumida por aquel al definir la poesía como «una verdad que acaso soñé ungida»
. El poeta pretende que su palabra llegue a los demás, una palabra colmada de futuro y de esperanza, pues entendió siempre la poesía como una aspiración hacia la perfección moral y estética. Son versos que recuperan, por un lado, la estima deluisiana hacia el esfuerzo y el trabajo constante; por otro, el sentido biográfico de la poesía, pues no se entiende al poeta sin el hombre y sus circunstancias. Pero la poesía se alimenta de la vida del mismo modo que la vida se nutre de la poesía. Para De Luis, además, un poeta debía ser deudor y testigo de su tiempo, siendo esta la mejor forma de no quedar fuera de él. Heidegger veía en el lenguaje poético el hábitat del poeta, lugar en el que el poeta es, es decir, existe: la poesía es la casa del ser del poeta, tesis aristotélica en tanto que concibe al hombre como ser de la palabra. Leopoldo de Luis recoge ahora estos pensamientos: «Cuatro paredes de palabras, casi / una celda, una cárcel, un asilo. / Monje, recluso, anciano, soy su huésped»
.
Desde los primeros libros de Leopoldo de Luis la autoconciencia literaria ha sido una constante en su poética y lo seguirá siendo en los años ochenta y, especialmente, en los noventa. Un grupo reducido de poemas de La sencillez de las fábulas (1988) tratan el tema de la poesía como forma de persistir en el tiempo, mientras que en Elegías de Struga (1998) continúa con su afán desmitificador de los falsos ídolos de la poesía, interpretándola desde la realidad del proceso creativo, tanto de la condición humana -no trascendental- de los poetas, de la poesía como memoria, como del momento fundamental de la lectura. Para De Luis la poesía existe porque existe el poeta y es este el que hace que la realidad sea poéticamente hermosa.
En «La Poesía» (Casisonetos de la última tuerca, 1996) corrobora su carácter redentor y salvador, «la mayor cordura / en un mundo de trágica locura / en donde todo está casi perdido»
. La poesía es uno de los pocos refugios que le quedan. En ella -en la poesía- el poeta se encuentra en su casa; fuera de ella, abandona su ser, el hogar, la protección, y se encuentra inhóspitamente. Caído en la existencia, apenas la poesía puede algo contra el tiempo. Pero la poesía también combina las líneas temporales para anularlas y para instalar en su lugar la no temporalidad de los recuerdos y de las esperanzas. Entonces la poesía se hace espejo y memoria.
Aquí se está llamando (1992) es una metalectura, desde la intertextualidad, de la poesía de San Juan de la Cruz, además de una «lectura acompañada» de otros poetas contemporáneos que han escrito sus poemas a partir de la obra del místico. Serán estas relecturas una constante que volverá a aparecer en Poesía de postguerra (1997) y Generación del 98 (2000), como revisión de los poetas que le conforman como poeta, pues siempre entendió que un poeta es lo que lee.
El póstumo Respirar por la herida (2013) cuestiona la poesía desde un posicionamiento marcadamente existencial. Optará por el silencio. Ya había dicho que el poema es la puerta falsa por la que salir, pues la única salida posible es la existencia. Amor y poesía son las verdades que el poeta encuentra en el camino. Con la palabra poética crea un mundo de ficción, expresa su pensamiento y se hace presente como ser-poeta. Pero el lenguaje acaba entrando en crisis y, en una mística negativa o invertida, la poesía paradójicamente revela la verdad última de la existencia: el mismo silencio al que invita la palabra en la conjunción de poesía y vida hacia la nada.
En sus últimos libros la llama de la poesía se fue apagando. La voz desesperanzada de un poeta siempre esperanzado se fue haciendo cada vez más íntima, fue bajando hacia los pozos de la soledad para encontrase definitivamente con el silencio un 20 de noviembre de 2005.