1
Harri Meier, «La carroza del Santo Sacramento de P. Merimée» en LETRAS, UNSM, Lima, Nos. 74-77, Lima, 1965, pp. 23-35.
2
Colina en el Departamento del Sena, a 11 kms. de París, donde existió un cementerio y un convento de trapenses.
3
Lugar peligroso en la ruta del Callao a Lima.
4
Clase de taberna donde se puede adquirir licores y especias.
5
M. Maury.
6
El vestido de las limeñas ha sido descrito tan a menudo, que creemos inútil entrar en ese tema con lujo de detalles. Recordaremos solamente, que la saya o falda pegada, es ajustada al talle por medio de un pasador; fruncida sobre los riñones, y empujada, más abajo de la cintura, por una prenda interior fuertemente engomada, se alza del cuerpo formando mil pliegues regulares. De ordinario la saya termina a la altura del tobillo y deja al descubierto un pequeño pie de línea muy aristocrática, calzado con medias color carne, y un zapato de raso blanco. La manta es un crespón de seda negra, del cual la limeña trae los dos lados sobre el rostro, de manera de velarlo por completo, dejando sin embargo a uno de sus ojos, una abertura estrecha que sirve para dirigir la marcha. El chal es la parte más lujosa del vestido limeño; por poco que una mujer se jacte de elegante, ella no llevará sino crepé de la China cubierto de flores y follajes, tan sorprendente por la riqueza como por la maravillosa armonía de sus matices.
7
Juego de azar de moda en Lima.
8
Se sabe que la función de los capeadores a caballo o a pie, es la de excitar al toro agitando sus capas; la de los rejoneadores, es la de clavar la lanza; los espadas le hunden la espada; los puntas le clavan de lejos las banderillas.
9
Los capeadores vienen, después de cada corrida a ponerse en fila delante del palco de los jueces, quienes les botan rollos de pesos. El público demuestra entonces su satisfacción pidiendo a gritos: «Otro, otro» que se doblan así, triplicando y hasta cuadruplicando la recompensa.
10
El número de toros en reserva para cada función, no varía sino entre dieciséis y dieciocho, y el programa tiene el cuidado de anunciar que los matadores se arreglarán para despacharlos a todos con su destreza acostumbrada.