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Cada tomo corresponde a una etapa: Los gauchescos (1917), Los coloniales (1918), Los proscriptos (1920), Los modernos (1922).
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Rojas dedica aquí varias parrafadas a defender a Darío de todas las acusaciones de artificiosidad y antiamericanismo que por entonces se le hacían. Demuestra, por el contrario, lo que debe al espíritu progresista americano, a la singularidad criolla y aun al atavismo indígena. Rojas fue discípulo y amigo del poeta nicaragüense, y lo defendió ante Unamuno. La influencia modernista se advierte, desde luego, en su poesía (sobre todo en Los lises del blasón, 1911).
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Recordemos que por estos mismos años, entre el 36 y el 39, comienzan a llegar a la Argentina, fundamentalmente a raíz de la diáspora republicana, artistas, intelectuales y políticos españoles que publicarán libros y fundarán editoriales, así como científicos de todas las ramas que enriquecerán las universidades: Francisco Ayala, Eduardo Blanco Amor, Ramón Gómez de la Serna, Alejandro Casona, Manuel Colmeiro, Francisco Balaguer, Juan Cuatrecasas, Isaac Pacheco, Antonio Bonet, Ernesto Vilches, María de Maeztu, María Teresa León, Rafael Alberti, Luis Santaló, Arturo Cuadrado, Manuel de Falla, Maruja Mallo, Elena Fortún, Luis Jiménez de Asúa, Rafael Dieste, entre tantos otros.
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A pesar de que con demasiada ligereza se suele meter a Gálvez y a Rojas en la misma bolsa, cabe destacar, entre otras distancias, el laicismo de Rojas frente al catolicismo militante de Gálvez, o las simpatías fascistas de este último escritor. Para el viaje español de Gálvez véase Quinziano (2005).