231
Ibíd., 15 b.
232
«Parece muy posible -piensa N. Glendinning- que la crítica que Cadalso hace de las falsas apariencias, en sus Cartas Marruecas, sea, en parte, recuerdo de Quevedo» (ob. cit., pág. 158; vid. también pág. 98 y, especialmente, la nota 39 en las págs. 198-99). Glendinning (página 100) también sitúa a El Pensador, de Clavijo y Fajardo, en esta tradición de la literatura de «desengaño» española. Saquemos a colación de nuevo a otro congénere, el Duende Especulativo: «a él le basta -dice-, que le dejen examinar el mundo, por adentro y por afuera» (número I, pág. 21). Recordemos que entre los autores que había nombrado como modelos supremos «para tratar de la vida humana con acierto» (Ibíd. 5), en primer lugar se hallaba Quevedo.
233
Número 40, pág. 1, y núm. 41, pág. 1.
234
Obras, I, 58 a-b. Vid. N. B. Adams, «Notes on Dramatic Criticism in Madrid: 1828-1833», Studies in Philology, LXII (1945), pág. 611, y J. A. Cook, ob. cit., págs. 512-14.
235
Véase el artículo del Pobrecito Hablador, «Reflexiones acerca del modo de hacer resucitar el teatro español», Obras, I, 122-28.
236
Vid. N. B. Adams, «Notes on Spanish Plays at the Beginning of the Romantic Period», RR, LVII (1926), páginas 128-42.
237
Memorias, ed. cit., págs. 153-54. Véase A. Peña y Goñi, España, desde la ópera a la zarzuela, ed. de Eduardo Rincón. Madrid, 1967, págs. 40-46.
238
La Revista Española, núm. 134, 22 de diciembre de 1833, pág. 150. Este artículo sin firma ha sido atribuido a Larra tanto por F. C. Tarr («Romanticism in Spain and Spanish Romanticism: A Critical Survey», Bulletin of Spanish Studies, XVI (1939), pág. 13), como por A. Rumeau («Le théâtre à Madrid a la veille du romantisme 1831-1834», en Hommage à Ernest Martinenche. Études hispaniques et américaines. París, s.a., págs. 342-43, nota 37. La fecha que da aquí A. Rumeau para el artículo de Larra está equivocada en el año: no es 1834, sino 1833). Ni uno ni otro crítico expresa la menor reserva sobre la atribución. A mí, lector de la Revista número tras número, tampoco me cabe la menor duda de que el artículo es de Larra. Explicar las razones que tengo para ello excedería los límites de una nota a pie de página. Mientras llega mejor ocasión, remito a la autoridad de los dos larristas mencionados, cuyo prestigio es bien conocido. A pesar de las referencias que ellos hicieron a este artículo, nunca hemos vuelto a verlo mencionado, y nunca ha sido reproducido, ni siquiera parcialmente. Es, por lo tanto, uno más entre los que permanecen desconocidos y esperan ser desenterrados. Se trata de una réplica a un artículo sin firma aparecido en la sección de teatros de La Estrella sobre la representación de El Caballero, comedia de Tirso de Molina, en el teatro de la Cruz. El teatro había estado casi vacío en esta ocasión, como, al parecer, en casi todas en que se representaban comedias antiguas, por lo que el articulista de la Estrella se lamenta de la competencia que al teatro nacional le hacía la ópera italiana -«protuberancia musical», según él la llama. «Esta (protuberancia) junta con la de la política -añade el articulista-, ha inutilizado todos los estudios, y nos ha puesto en el caso de disertar, y disertar hasta perdernos de vista sin haber aprendido nada». Hay que advertir que La Estrella, periódico dirigido por Alberto Lista, era una publicación gubernamental de Cea Bermúdez.
239
Obras, I, 58 a.
240
Véase F. C. Tarr, «El Pobrecito Hablador...», páginas 428-29, y nuestro art. cit., sobre la intención satírica del P. H., especialmente págs. 35 y sigs.: «El funcionamiento de la sátira en el P. H.».