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«De la sátira y los satíricos», El Español, núm. 123, 2 de marzo de 1836, Obras, II, 164 b. Sobre la identificación del autor con el objeto de su crítica -su propio país- trató F. C. Tarr en varias ocasiones: «His criticism and his satire are at bottom auto-criticism, selfsatire», dice en el citado artículo del MLJ, pág. 49. Véase también, del mismo autor, El Pobrecito Hablador: Estudio preliminar, pág. 437, nota 3, y «More Light...», páginas 103-108. Más recientemente, Juan Marichal desarrolla la misma idea: «Larra [...] se sabe inmerso en su propio país, en la forma de vida española, y se juzga forzosamente cómplice interno de todas las desgracias nacionales» [«La melancolía del liberal español: de Larra a Unamuno», La Torre, IX, 1961, pág. 204; del mismo autor, «Persona y sociedad en la España moderna (1837-1936)», Tiempo de España, I, 1963, págs. 88-89, reimpreso en El nuevo pensamiento político español. México, 1966; páginas 103-118]. Con respecto a esta cuestión, tanto F. C. Tarr como luego J. Marichal, conceden gran importancia al último párrafo de «Vuelva usted mañana», en que el autor se incluye a sí mismo en su denuncia del defecto nacional -la pereza- satirizado en este famoso artículo. Finalmente, véase mi propio trabajo «El Pobrecito Hablador, de Larra, y su intención satírica», PSA, LXIV (1972), págs. 5-44.

 

82

Citamos esta sátira de Larra por la única edición que existe: A. Rumeau, «Larra, poète», BHi, L (1948), páginas 519-520.

 

83

Compárense estos versos de Larra con los de Iriarte en la citada Epístola III (ed. cit., pág. 26 b):


El menor mal del que a estudiar se inclina
es que, olvidando a Cicerón y Horacio,
logre la ocupación de una oficina
.........................................................


 

84

«Sátira contra los vicios de la corte» y «Sátira contra los malos versos de circunstancias», Obras, I, 78-79 y 95-97. A. Rumeau publica el fragmento de una sátira que considera contemporánea del Pobrecito Hablador («Larra, poète», 1951, págs. 118-119). El último cultivador de la sátira en verso que reseña Menéndez Pelayo en su Horacio en España es M. Bretón de los Herreros.

 

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G. Le Gentil, Le poète Manuel Bretón de los Herreros, pág. 242; indicó estas fuentes. Vid. A. S. Trueblood: «El castellano viejo y la Sátira III de Boileau», NRFH, XV (1961), págs. 529-38; R. Senabre Sempere: «Boileau, inspirador de Larra (en torno a El castellano viejo)», ASFL, XVI (1962), págs. 437-444; A. Centeno: «La Nochebuena de 1836 y su modelo horaciano», MLN, L (1935), págs. 441-445.

 

86

Obras, II, 238 a, texto citado por A. S. Trueblood, artículo cit., pág. 530. Según este autor, «al articulista Larra sólo podía gustarle el costumbrismo si con el moderno cuadro de costumbres va asociada la tradición clásica de la sátira», ibíd. Según F. C. Tarr, el artículo de costumbres es para Larra «a form at once light in tone and serious in implication, partaking of all the advantages of the critical essay and the formal satire, but with none of their disabilities of limited public and of personal and intellectual responsability» (art. cit. del MLJ, pág. 47). Véase también infra el último apartado del capítulo final y mi art. cit. sobre el Pobrecito Hablador, especialmente el apartado «Sátira y costumbrismo», págs. 19-24.

 

87

«Introducción biográfica y crítica» a Manuel José Quintana: Poesías completas, Clásicos Castalia. Madrid, 1969, pág. 34.

 

88

Obras, I, 457 a. El párrafo entero dice así: «El tomo del señor Alonso se compone de odas, según la antigua clasificación, y bajo este rótulo se encierran verdaderos discursos, más o menos filosóficos, elegíacos o pindáricos, en que el poeta desarrolla buena porción de dotes aventajadísimas; consta el volumen además de romances, de sonetos, de letrilla, anacreónticas y canciones». Para ver la segunda intención de este artículo de Larra es indispensable el trabajo de N. Alonso Cortés, «El suicidio de Larra», incluido en el volumen Sumandos biográficos. Valladolid, 1939. «El artículo entero, bajo las apariencias de elogio, encierra una fina desaprobación», dice Alonso Cortés, pág. 125. Pero la doble intención del artículo no anula el valor de las afirmaciones que hace Larra en él. Casi todas giran sobre el hecho del atraso de la poesía española, del cual el libro de Alonso es un ejemplo: «En poesía estamos aún a la altura de los arroyuelos murmuradores, de la tórtola triste», etcétera. «Ningún rumbo nuevo, ningún resorte no usado. Convengamos en que el poeta del año 35 [...], pintando a la Gesner la deliciosa vida del otero (invadido por los facciosos), es un ser ridículamente hipócrita, o furiosamente atrasado. ¿Qué significa escribir cosas que no cree ni el que las escribe ni el que las lee? Obras, I, 456 b - 457 a. Efectivamente, todas estas afirmaciones cogen de lleno al libro de Alonso. Ahora lo que aquí nos interesa es la referencia a las odas y al carácter discursivo y filosófico («verdaderos discursos») propio del género. En 1835 estas composiciones poéticas, con el rótulo de odas, se agrupan según una clasificación ya antigua, por no decir anticuada, sin que se revele «ningún rumbo nuevo, ningún resorte no usado» (loc. cit.).

 

89

«Larra, poète» (1948), pág. 512, nota 1.

 

90

«Les temps ont changé. L’histoire a modifié la littérature pour lui permettre de porter un message explicite. En 1805, la littérature c’est l’ode, le sonnet, l’élégie, la tragédie, l’essai, l’article de divulgation. En 1828, la littérature c’est la proclamation, le manifeste, le discours, la presse militante. Jadis c’était la poésie; maintenant c’est la politique. En vingt-cinq années, l’evolution irréversible de la littérature nous fait saisir la métamorphose de l’Espagne». Manuel Josef Quintana et la naissance du libéralisme en Espagne. París, 1968; página 654.