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11

Poveda lo afirma de manera rotunda: «Sijé nunca fue guía de nuestras tertulias literarias de la calle de Arriba. Jamás tomó parte en ellas» (José Poveda, ibid., pág. 48).

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12

José Luis Ferris, op. cit., págs. 96-97. En esta última escribe: «No cejaría el poeta, pese al insistente desdén de la muchacha, de pretenderlo durante bastante tiempo, prolongándose la imposible relación hasta ya avanzado el año 34 y perdurando incluso en su memoria y en su deseo -fue su primer amor y, además, platónico- en momentos de crisis afectiva».

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13

José María Balcells, Miguel Hernández, corazón desmesurado, Barcelona, Dirosa, 1975, pág. 10.

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14

Para conocer la prensa de Orihuela en los años de Formación de Miguel Hernández, véase el documentado estudio de Diego Victoria Moreno, «Un siglo de prensa contemporánea en Orihuela (1834-1931)», en Anales de Historia Contemporánea, Universidad de Murcia, núm. 1 (1982), págs. 218-241.

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15

Periódico que aparece citado en El obispo leproso, junto con otro ficticio: El Clamor de la Verdad. Del primero hay una estupenda escena que sitúa al periódico en su ambiente; el lugar recreado es el aula de estudio del Colegio de Santo Domingo, donde vigila un jesuita: «En la tarima, un hermano con gafas negras, las gafas del disimulo de todo el año, repasaba una Lectura Popular. ¡La Lectura Popular, con su olor de imprenta húmeda; el periódico que les repartía el cuestor de estudios a la hora en que comenzaban a subir del patio los olores de cocina!» (Gabriel Miró, El obispo leproso, en Obras completas III, Madrid, Biblioteca Castro, 2008, pág. 393).

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16

Gabriel Miró, Nuestro Padre San Daniel, op. cit., pág. 114.

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17

Sabemos también que Miguel Hernández tenía desde muy joven una marcada vocación teatral, y que, según informa Fenoll, su primera composición fue un drama en verso titulado La gitana, escrito a la manera de Marquina o Ardavín; véase José María Balcells, op. cit., págs. 13-14.

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18

Jacinto Luis Guereña, Miguel Hernández, Barcelona, Destino, 1978, pág. 30.

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19

Miguel Hernández, op. cit., I, pág. 205.

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20

Esta influencia le lleva a falsear la visión y a ofrecernos una Orihuela «andaluza»: véanse los versos 45-45: «Y porque en las rejas tienen muy galanas / hembras de ojos negros y de bocas fresas: / con el fuego en ellos de las sevillanas / con la gracia en ellas de las cordobesas».

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