21
Frédéric Serralta, «Nueva biografía de Antonio de Solís y Rivadeneyra en el tercer centenario de su muerte»; en: Criticón, 34 (1986), pp. 51-157.
22
Ibidem, pp. 79-80.
23
Flórez, op. cit., p. 491.
24
Del primer tipo,
el Manojuelo cuenta con tres: el baile
«¿Quién son aquellos villanos, ...?»
(n.º 8), con música
de Juan Hidalgo, tiene como fuente uno de los ejemplos más
esclarecedores de lo que venimos comentando, puesto que en la
Cythara de Apolo, Agustín de Salazar y Torres
escribió una «definición de los celos» en
un perfecto villancico y, folios después, nos reserva otro
testimonio que resulta ser un baile con una coreografía muy
bien medida y cuidada, acompasada por un dúo mixto que abre
el juego de la seducción y del recelo amoroso. El baile de
nuestro Manojuelo está bajo el molde del romance
lírico y el poeta-compositor supo sacarle partido a la
relación dialógica del dúo referido para
acoplarla a las dos unidades líricas del romance, reservando
el estribillo para la voz femenina y las coplas para la masculina.
El segundo baile se trata del tono humano
«¡Déjame, morenilla, y vete,...!»
(n.º 25), derivado del
fragmento cantado del baile «Con la red de sus
pestañas», pero bajo parámetros musicales
más originales, aunque trasmitidos con guiños
populares; su música es de Cristóbal Galán.
También de Galán, «¡Óiganos
retratar un prodigio...!» (n.º 31), es uno de los testimonios del
que debió ser un célebre baile de la época
conocido como «el baile del retrato en
esdrújulos»
, obra de Alonso de Olmedo, poeta y
cantante con voz «de
almíbar»
, como documenta Flórez,
Ibidem,
p. 397.
25
En esta
expresión afortunada se comprende «lo que será un régimen temporal de
carácter excepcional. Efímero queda vinculado a
efeméride, a fiesta, a suspensión de ciclos
productivos materiales; ello a favor de la apertura hacia una
temporalidad generadora de símbolos, de signos culturales.
Se trata de los días de fiesta sobre los que
Zavaleta construyera sus crónicas y novelas de costumbres
[...]. Ello nos sitúa ante una real ‘moratoria de la
cotidianidad’, en una temporalidad singular y única,
caracterizada por encontrarse saturada de efectos de
poder»
. Véase Fernando R. De la Flor, Barroco.
Representación e ideología en el mundo
hispánico (1580-1680), Madrid, Ediciones
Cátedra, 2002, pp.
161-170.
26
José María Díez Borque, «Relaciones de teatro y fiesta en el Barroco español»; en: Teatro y fiesta en el Barroco. España e Iberoamérica, José María Díez Borque (dir.), Barcelona, Ediciones del Serbal, 1986.
27
Un interesante ensayo filosófico al respecto es el de José M. González García, Metáforas del poder, Madrid, Alianza Editorial, 1998.
28
El 20 de octubre
de 2007, Ramón Andrés y Eugenio Trías fueron
entrevistados en el suplemento cultural «Babelia»
(El País) y con mucha sabiduría nos
brindaron profundas reflexiones sobre «Pensar la
música», como la de Eugenio Trías que afirma
que la música «me permite conocer
de una manera distinta de como conozco a través de la
literatura o la filosofía»
(p. 2).
29
Egido, Fronteras de la poesía..., «La hidra bocal. Sobre la palabra poética en el barroco», p. 9.
30
Ibidem.