Los talleres de imprenta en Toledo entre 1524 y 1535
Jaime Moll
Cuando, ya hace años, preparamos una visión de conjunto de la imprenta en Toledo1, además de los problemas, ya conocidos, de sus primeros años, nos encontramos que en el siglo XVI, entre 1524 y 1535, la relación entre los talleres de imprenta conocidos presentaba muchos puntos oscuros, lo que nos obligó a un estudio de la producción de este periodo que nos permitió -creemos- aclarar el problema, lo que se tradujo en unos resultados expuestos en pocas líneas, como exigía el texto que debíamos redactar. En este trabajo expondremos de una manera más extensa nuestro análisis, aunque debemos insistir en la necesidad de una aportación documental que permita complementar y precisar las conclusiones a que hemos llegado2.
Pedro Hagenbach se instala en Toledo, procedente de Valencia, e inicia su producción en 1498. Con él viajan las matrices de las letrerías que ha usado en los últimos años valencianos y seguirá usando en Toledo. No debemos olvidar la intervención que sin duda tuvo el mercader Melchor Gorricio en la instalación en Toledo de Hagenbach. Fallecido el impresor a fines de 1502, su taller sigue imprimiendo. Dos incógnitas se nos ofrecen: de quién era el taller, al menos después de la muerte de Hagenbach, y qué impresor lo regentaba. El anonimato se rompe en 1512 con la aparición de los socios Nicolás Gazini de Piemonte y Juan de Villaquirán, que incluso financian una obra3. La sociedad aparece disuelta en 1513, permaneciendo al frente del taller únicamente Juan de Villaquirán. Su primera obra conocida, Bernardo de Gordonio, Lilio de medicina, acabada el 29 de abril de 1513, es una coedición del impresor y del mercader de libros Gonzalo de Ávila. ¿Será éste familiar de Gaspar de Ávila, también mercader de libros, que en 1518 costeó una edición impresa por Juan de Villaquirán y del que hablaremos enseguida?
Junto al taller de Villaquirán encontramos a Juan Varela de Salamanca (1510-1514) y Arnao Guillén de Brocar y su yerno Miguel de Eguía (1518-1527), que tienen la concesión de la impresión de las bulas en el monasterio de San Pedro Mártir de Toledo y que al mismo tiempo imprimen libros. Miguel de Eguía traspasará el 23 de agosto de 1527 el privilegio para la impresión de bulas en Toledo y Valladolid al mercader genovés Lázaro Salvago, residente en Toledo.
En 1524,1a situación empieza a alterarse. Juan de Villaquirán desaparece temporalmente, después del 8 de noviembre, de los colofones toledanos. Del 2 de septiembre es la primera impresión que conocemos de Remón de Petras y, el 12 de julio de 1525, el librero Gaspar de Ávila termina de imprimir el Espejo de conciencia, a costa de Juan Favario, milanés, vecino de Segovia. Aparentemente desaparece una imprenta y se instalan dos nuevos talleres.
De 1527 son las últimas impresiones toledanas de Miguel de Eguía -la cesión de la merced de las bulas resta sentido al mantenimiento de la «sucursal» toledana- y en el mismo año inician Cristóbal Francés y Francisco de Alfaro su fugaz paso por Toledo, que termina en 1528, año en que se instalan en Cuenca, llamados para la impresión de libros litúrgicos.
Del 23 de marzo de 1528 es el último colofón conocido en el que figura Remón de Petras y el 6 de junio de dicho año aparece un nuevo, aunque ya conocido, nombre: se trata del genovés Lázaro Salvago, que tenía desde el año anterior el privilegio de las bulas y que imprime hasta el 7 de octubre de 1531, aunque en el colofón de una de sus impresiones, del 23 de septiembre de 1530, se incluye el ya conocido Juan de Villaquirán junto con Juan de Ayala, nombres que figuran solos en los años 1534 y 1535. Del 8 de noviembre de 1529 es el último colofón en que aparece Gaspar de Ávila. Y para terminar, en 1535, Juan de Villaquirán, se traslada a Valladolid para regentar la imprenta de las bulas que tenía Salvago, mientras Juan de Ayala queda, hasta su muerte en 1556, como único nombre en las impresiones del taller.
A falta de documentos que aporten datos, sólo el análisis de las ediciones asequibles de 1524 a 1535 -exceptuadas las de Miguel de Eguía, Cristóbal Francés y Francisco de Alfaro- nos podrá dar un intento de solución a este problema. Esperamos que los documentos la confirmen y aclaren muchos detalles.
El 8 de noviembre de 1524, terminó Juan de Villaquirán la edición de las Cient novellas, de Boccaccio, publicada a costa del librero Cosme Damián. Su nombre tardará unos años en reaparecer en libros toledanos. Alcocer Martínez, basándose en un error de Salvá, que citando a Nicolás Antonio, señala que esta edición de Boccaccio fue impresa en Valladolid, deduce que Villaquirán se trasladó a dicha ciudad en 1524, trabajando en el taller para impresión de bulas del monasterio de Nuestra Señora de Prado4. Sin embargo, Nicolás Antonio indica «Toleti, a Ioanne de Villaquiran, 1524»5. En efecto, según Menéndez Pelayo6, un ejemplar de esta edición se encuentra en Florencia, en la Biblioteca Magliabecchiana, al que podemos añadir el conservado en la Biblioteca de Múnich7.
Esta ausencia de Villaquirán de los colofones toledanos desde fines de 1524 podría aparentemente -ya que no falleció- suponer la liquidación de su taller, continuación del establecido en 1498 por Pedro Hagenbach. Sin embargo, el análisis de la producción toledana nos permite afirmar que no desapareció dicho taller. Sus materiales -letrerías, capitulares, etc.- reaparecen en libros impresos bajo el nombre de Gaspar de Ávila, que aunque se titula impresor es en realidad un librero toledano, establecido «circa conventum Conceptionis beatissime Virginis Marie», para el que había trabajado Villaquirán, quien adquiriría su taller. De modo que los materiales de Hagenbach, acrecentados por sus continuadores, siguen vigentes en libros toledanos posteriores a 1524, los impresos por Gaspar de Ávila. Su primera impresión que conocemos es la del Espejo de conciencia, a costa de Juan Tomás Favario, milanés, vecino de Segovia, terminada el 12 de julio de 1525. ¿Por qué Villaquirán se desprendió de su taller, suponiendo que fuese el propietario? ¿O era sólo el regente y el nuevo propietario no quiso que apareciese su nombre en los colofones? Como tantas otras preguntas que nos iremos formulando, sólo podrán ser contestadas si se localizan los documentos correspondientes.
¿Influyó en la decisión de Villaquirán, si era el propietario, el establecimiento de un nuevo taller de imprenta en Toledo? No se trataba de la competencia que podía hacerle Miguel de Eguía, impresor de bulas en el monasterio de San Pedro Mártir, al imprimir algunas obras, por lo general libros de amplia difusión. El nuevo taller se inicia con un gran empuje, con elementos tipográficos y decorativos nuevos, con una atención a las obras con grabados. Nos referimos al taller de Remón de Petras, cuya primera obra conocida, Las lecciones de Job, trobadas por un reverendo et devoto religioso de la orden de los predicadores, se terminó el 2 de septiembre de 1524.
Las letrerías usadas por Petras no pueden confundirse con las de Villaquirán/Ávila, excepto una de ellas. Creemos que su análisis nos servirá para ver algunas de las distintas posibilidades que pueden presentarse al comparar dos letrerías, y, con ello, evitar el establecimiento de unas conclusiones precipitadas e inexactas.
Se trata de una letrería gótica, de c.93, que, según Norton8, se incorporó en 1507 a las cajas del taller del sucesor de Hagenbach y se continuó usando hasta mediados del siglo XVI, que puede confundirse con la del mismo cuerpo introducida por Remón de Petras. Si tomamos como base de comparación la M -punto de partida desde que Haebler estableció su metodología- deduciremos la identidad de ambas letrerías. Avanzando en el análisis, para precisar si fueron fundidas a partir del mismo juego de matrices9, examinaremos si presentan o no la misma justificación. La M presenta distinta justificación, lo que supondría la existencia de dos juegos de matrices. Pero no podemos aceptar como definitivo este resultado, es preciso un análisis más completo, comparando otras letras. Limitándonos a las mayúsculas -siempre es más fácil su análisis en letrerías de cuerpo pequeño- encontramos clarísimas diferencias, que no pueden, creemos, considerarse como meras variantes debidas a la substitución de algún punzón o de alguna matriz. Estamos ante dos letrerías distintas de un diseño muy parecido, pero procedentes de diferentes juegos de punzones. Es natural que ciertos diseños se tomasen como modelo para el grabado de punzones, aunque ello no significa que se intente copiar con exactitud, como si se tratase de una falsificación. La diferenciación de ambas letrerías se mantiene a lo largo de los años de su uso, a pesar, como veremos, de reunirse más tarde en el mismo taller.
Menos de cuatro años duró la actividad de Petras en Toledo. Su última obra conocida es una edición de la Epístolas y evangelios por todo el año, de fray Ambrosio Montesino, del 23 de marzo de 1528. En este mismo año, el 6 de junio, vemos cómo todos los elementos del taller de Petras figuran en el Quaderno de las leyes y prematicas reales agora nuevamente fechas en las cortes... de Madrid... de m.d.xxiiij., impreso en casa de Micer Lázaro Salvago, ginovés. Otro caso de continuidad de un taller bajo nombre distinto.
Ignoramos si Petras falleció, si siguió trabajando para Salvago -no lo creemos- o si salió de Toledo. Pero éste no es el único cambio en el panorama impresor de Toledo.
Las dos letrerías distintas de c.93 G usadas en Toledo.
a: Sucesor de Hagenbach, 1507.
b: Gaspar de Ávila, 1525.
c: Juan de Ayala, 1544.
d: Remón de Petras, 1524.
Como hemos dicho, Miguel de Eguía logró que, el 23 de agosto de 1527, el emperador aceptase el traspaso de la merced del oficio de impresor de bulas tanto en Toledo como en Valladolid a favor de Lázaro Salvago10. Probablemente Salvago se hizo cargo del taller del monasterio toledano de San Pedro Mártir, con lo que pudo atender la impresión de las bulas -aunque posteriormente adquiriese la imprenta de Petras- como lo haría en el monasterio de Nuestra Señora de Prado, de Valladolid. En esta ciudad imprimió en el taller de dicho monasterio el Libro llamado bocados de oro, el qual hizo el Bonium rey de Persia, terminado el 23 de diciembre de 1527.
El pie de imprenta: en casa de micer Lázaro Salvago, ginovés, se mantiene desde 1528 hasta 1531, aunque en 1530, en el Tractado muy utile de las obras de misericordia, de Alexander Anglus, se añade: por Juan de Villaquirán y Juan de Ayala. Reaparece Villaquirán y encontramos un nombre nuevo, Juan de Ayala, que tendrá capital importancia en la imprenta toledana.
Como acabamos de señalar, la reaparición de Villaquirán se produce en un libro terminado el 23 de septiembre de 1530. Del 8 de noviembre de 1529 es la última impresión que conocemos de Gaspar de Ávila, Luis de Villarrubia, Tractatus eximius... de preservatione et cura ab epydimiali morbo. ¿Pasó Villaquirán de trabajar con Ávila a hacerlo con Salvago? Lo que sí podemos afirmar es que Salvago se hizo con el material de Gaspar de Ávila, que ya aparece en 1533, en el libro de Fernando de Encinas, Termini perutiles et principia dialectices communia, sin impresor, publicado a costa del librero toledano Cosme Damián, material que sigue usándose en las impresiones posteriores del taller.
Salvago desaparece de los colofones toledanos. El primero de abril de 1534, el rey acepta su renuncia a la merced de la impresión de las bulas y el traspaso de la misma a los hermanos Rótulo11. El 2 de julio de 1534, figuran sólo los nombres de Juan de Villaquirán y Juan de Ayala en Los oficios, de san Ambrosio, donde también encontramos la mezcla de letrerías de Petras/Salvago y Haguenbach/.../ Ávila. Los dos socios aparecen también el 27 de octubre de 1535, en Fray Ambrosio Montesino, Epístolas y evangelios por todo el año. Posteriormente, Juan de Ayala es el único nombre que se indica en las obras de este taller. Hemos de señalar que Juan de Villaquirán, que figura en el citado colofón de 27 de octubre de 1535, estaba el 30 de junio anterior en Valladolid, como regente del taller de las bulas de Nuestra Señora de Prado, puesto que se le confirma en la toma de posesión, por poderes, de los hermanos Rótulo12. Y, en 1536, imprime Villaquirán su primera obra vallisoletana, a costa
Tabernáculo en folio grabado por D. N. Juan de Mena, Compilación de todas las obras. Valladolid: Juan de Villaquirán, a costa de Cosme Damián, 1536. (Reducido).
de Cosme Damián, mercader de libros, vecino de Toledo: Juan de Mena, Compilación de todas las obras, impresa en el monasterio de Nuestra Señora de Prado, localización de su taller que desaparece en las impresiones posteriores.
Juan de Ayala conserva las matrices que Pedro Hagenbach trajo a Toledo en 1498, y sus letrerías -acrecentadas por sus sucesores- se usan hasta mediados del siglo XVI. Juan de Villaquirán usa en su instalación en Valladolid las letrerías de Petras/Salvago, y emplea las capitulares de la obra que Salvago imprimió en dicha ciudad en 1527.
Añadamos una observación. El 20 de febrero de 1528 Cristóbal Francés y Francisco de Alfaro terminaban en Toledo, a costa de Cosme Damián, mercader de libros, una edición del Libro segundo de Palmerín. En su portada figura un tabernáculo firmado con las iniciales D. N., grabador también de una crucifixión para el taller de Petras, que posteriormente se sigue usando en Toledo. El 22 de noviembre del mismo año, Gaspar de Ávila, imprime, a costa de Cosme Damián, La quarta parte de don Clarián de Landanís, usando el mismo tabernáculo, excepto la parte inferior13. En 1536 lo encontramos completo en la primera obra vallisoletana de Villaquirán antes citada, en su portada y en la portada interior de la Coronación. El lazo de unión es en este caso el editor. Las tres obras están, como hemos visto, financiadas por Cosme Damián, editor que seguirá encargando impresiones en Valladolid a Juan de Villaquirán. De este tabernáculo se hicieron copias, mejor o peor hechas y que pueden diferenciarse, usadas por distintos impresores, en las que no figuran las iniciales D. N. de su autor. Las hemos visto en impresos de Logroño, Sevilla, Valladolid (una copia, además del original usado por Villaquirán) y Valencia14.
En resumen: El taller de Pedro Hagenbach se mantiene hasta 1529, aunque el nombre que figura en los colofones vaya cambiando. Su cierre no significa el abandono o la dispersión de sus materiales, pues pasan en 1530 al taller establecido en 1524 por Remón de Petras y continuado por Lázaro Salvago y por Juan de Villaquirán y Juan de Ayala. En 1536 tiene lugar la separación de estos impresores asociados. Villaquirán se establece en Valladolid, mientras que Juan de Ayala permanece en Toledo, poseyendo, entre otros, los tres juegos de matrices que Hagenbach trajo de Valencia en 1498, cuyas letrerías usa hasta mediados del siglo XVI. Su situación preeminente en la imprenta toledana está bien consolidada, a pesar del establecimiento en 1538 del taller de Fernando de Santa Catalina.


