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1

Bianchi, Sandra (2000), «Exploradora de la palabra. Entrevista a Luisa Valenzuela» en Revista Soles, 62, pp. 30-34, Bs. As.

 

2

Valenzuela, L. (2002), Escritura y secreto, México, Ariel, pp. 91.

 

3

«Al salir de la embajada de México, esa noche de 1977, después de haber hablado largamente con un ex-presidente asilado y con un destacado terrorista también asilado, sentados a la mesa, algo borrachos todos y por eso más sincero, camino por las calles, y al caminar estoy escribiendo con el cuerpo. Y no a causa de la simplista carta que mentalmente voy dirigiendo a Julio Cortázar. Le digo en la carta -porque sé que estoy arriesgando el pellejo y tengo miedo- que no quiero jugar al pato: cuando me meto en el agua prefiero mojarme. Estoy escribiendo con el cuerpo y quizá el miedo tenga mucho que ver con todo esto». Valenzuela, L. (2001), Peligrosas palabras, Buenos Aires, Temas, p. 121.

 

4

Peligrosas palabras, pp. 130-131.

 

5

Valenzuela, L. (2001), Los deseos oscuros y los otros, pp. 14-15. El subrayado es mío.

 

6

Valenzuela también refiere su incursión en este género en un programa de radio. «Empecé a practicar este ágil arte sin saberlo, de muy joven, cuando en Radio Municipal a mediados de los '60 tenía un micro (apócope de microprograma justamente) que llamé Cuentículos de magia y otras yerbas. El concepto de microrrelato como tal no circulaba entre nosotros, los apodé los miniminis y solo me animé a rescatar un par de ellos al publicar mi primer libro de cuentos».

 

7

Bianchi Sandra, op. cit.

 

8

Recurso que conecta el tiempo de la leyenda, el tiempo que no existe con el tiempo real, recurrente en sus ficciones.

 

9

Valenzuela, Luisa. (2001), Peligrosas palabras, Buenos Aires, Temas, p. 188-189.

 

10

Me refiero especialmente a Simetrías, La travesía, Los deseos oscuros y los otros y Peligrosas palabras.