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110.       Por lo mucho que se han comentado las semejanzas entre la cofradía de Monipodio y otras instituciones religiosas o civiles del Siglo de Oro, es digna de notar la terminología escolar que se usa en torno a ella: Monipodio es «maestro»; sus hombres, «estudiantes»; los juegos de naipes, «lecciones» («pero andará el tiempo, y vernos hemos: que asentando sobre ese fundamento media docena de liciones, yo espero en Dios que habéis de salir oficial famoso, y aun quizá maestro», [t. I, pág. 215]), etc.

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111.       Según Quevedo, es hipócrita el que «introduce lo falso, mancha la integridad, corrompe los juicios, daña los ejemplos, no obedece a la virtud, porque sólo se hace esclavo de la opinión» (Sentencias, ed. cit., pág. 102).

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112.       Las referencias se encuentran en las páginas 182, 192, 213, 221, 240, 247, 262 y 266.

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113.       Como explica Maravall en la introducción de Norte de Príncipes y Vida de Rómulo, «el afecto admirativo por Quevedo le llevó [a Mártir Rizo] a una violenta batalla religioso-literaria y a la vez histórico-política que acarrearía a Mártir Rizo penosas consecuencias» (Norte de Príncipes y Vida de Rómulo, ed. de José Antonio Maravall, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1945, pág. xxxii). En 1628, por ejemplo, se imprime la Defensa de la verdad que escribió don Francisco Quevedo Villegas, Caballero profeso de la Orden de Santiago, en favor del Patronato del mismo Apóstol, único Patrón de España..., obra de Mártir Rizo que fue duramente criticada por una serie de figuras importantes. Por su parte, Quevedo elogió (Obras completas, ed. cit., t. I, págs. 460-61) las tres traducciones del historiador francés Pierre Mathieu, publicadas por Mártir Rizo en 1625, y aparentemente fue influido por la Historia de la vida de Lucio Anneo Séneca Español, también de 1625, en la que Mártir Rizo discute el perfeccionamiento interior del hombre «paciente» en casi los mismos términos que se usan después en las obras neoestoicas de Quevedo.

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114.       Norte de Príncipes, ed. cit., pág. 46.

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115.       «Y este lugar fue para mi la ciudad de Córdoba y sus alrededores. Una ciudad grave, melodiosa, fuertemente dramática, profunda y, especialmente, las dos vertientes de sus alrededores: la del río de aguas verdes y orillas enmarañadas y la de la sierra, de sabores más recios y hondos, de secretos aromas y rincones» (El sentido primero de la palabra poética, México, Fondo de Cultura Económica, 1989; ambas citas en págs. 207 y 209 respectivamente).

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116.       Blas de Otero, Con la inmensa mayoría, Buenos Aires, Losada, 1969, pág. 19.

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117.       Dionisio Ridruejo, Castilla la Vieja. Santander [1968], Barcelona, Destino, 1980, pág. 33.

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118.       Cito Sonetos a la piedra, Madrid, Editora Nacional, 1943, en el texto mismo indicando en números romanos el del soneto aludido. El resto de la obra de Dionisio Ridruejo, si no indico otra cosa, lo cito por la edición En once años. Poesías de juventud 1935-1954, Madrid, Editora Nacional, 1950.

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119.       Dionisio Ridruejo, Los cuadernos de Rusia. Diario, ed. de Gloria de Ros y César Amando Gómez, Barcelona, Planeta, 1978, pág. 15.

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