10. Me limito a apuntar -como referencia bibliográfica sobre este tema- hacia las obras de algunos autores como pueden ser E. Wickersheimer, P O. Kristeller, Pearl Kibre, Ch. H. Talbot, Michael R. McVaugh, Luke Demaitre, Danielle Jacquart, etc., y -en España- Luis García Ballester. Respecto al Canon y su importancia en el desarrollo de la cultura médica entre los judíos medievales, me limitaré simplemente a consignar que ya, en muy temprana época, Nathan ha-Meati lo traduce en su integridad al hebreo en 1279, y Zerahia ben lsaac ben ealtiel Gracián, durante el s. XIII, traduce a la misma lengua los libros 1 y 2. La traducción de Nathan fue revisada cerca de 1400 por Joseph ben Jou ha-Lorq y existen numerosos manuscritos -de origen español e italiano fundamentalmente- desparramados por todo el mundo [véase Benjamin Richler, Manuscripts of Avicenna's Kanon in Hebrew Translation: A Revised and Up-to-date List, Koroth, 8 (1982), págs. 145*-68*]. Nancy G. Siraisi afirma que el Canon fue profusamente utilizado por los médicos judíos de toda la Europa mediterránea, así como en los studia generalia europeos (Avicenna in Renaissance Italy. The Canon and Medical Teaching in Italian Universities after 1500, Princeton, N. J., Princeton University Press, 1987, pág. 48). Es indudable que Juan de Aviñón delata su adhesión a este texto a lo largo y ancho de su Sevillana medicina, y de forma especial en su tratado loimológico.
11. Maestre Juan, en aras de la brevedad, las reduce a las siguientes: Agora conuiene saber que la salud y la enfermedad deue auer quatro cosas naturales; las quales son: causas materiales e causas eficientes y causas formales y causas finales. Las materiales son los miembros e los spíritus y los humores (Sevillana medicina, ed. cit., pág. 123r). Va a llamar causas eficientes a las que se entienden por res non naturales, que van a continuación. Su clasificación, por tanto, responde a las exigencias de un encuadre ideológico de corte claramente aristotélico y no galénico. Tal postura descubre, pues, un enfrentamiento ideológico en que, en muchas ocasiones, queda involucrada la medicina escolástica y que se cierne en torno al conflicto que se da entre la via philosophorum (Aristóteles) y la via medicorum (Galeno).
12. Sevillana medicina, ed. cit., pág. 123r. Así se expresa Hunin en su definición de la scientia medica: Medicina dividitur in duas partes, scil[icet] in theoricam et practicam, quarum theorica dividitur in tria, i[d] [est] in contemplationem rerum naturalium et non naturalium et earum quae sunt contra naturam, ex quibus sanitatis, aegritudinis et neutralitatis scientia procedit [Cf. G. Maurach (ed.), Johannicius, Isagoge ad Techne (sic) Galieni, Archiv für Geschichte der Medizin, 62 (1978), págs. 148-74, pág. 151. He alterado ligerísimamente la puntuación del texto]. Desde hace algunos años este tema de la ciencia medieval ha gozado de un acusado interés por parte de algunos historiadores de la medicina. Véanse los siguientes títulos: L. J. Rather, The 'Six things non-natural': a note on the origins and fate of a doctrine and phrase, Clio Medica, 3 (1968), págs. 337-47; Saul Jarcho, Galen's six non-naturals: a bibliographic note and translation, Bulletin of the History of Medicine, 44 (1970), págs. 372-77; Jerome Bylebyl, Galen on the non-natural causes of variation in the pulse; Peter Niebyl, The non-naturals, Bulletin of the History of Medicine, 45 (1971), págs. 482-85 y 486-92 respectivamente; Chester R. Burns, The Non-naturals: A Paradox in the Western Concept of Health, Journal of Medicine and Philosophy, 1 (1976), págs. 202-11; Luis García Ballester, On the Origin of the 'Six Non-natural Things' in Galen, Galen und die hellenistische Erbe, ed. de G. Harig und J. Harig-Kollesch, Wiesbaden, Franz Steiner Verlag, 1993, págs. 105-15.
13. Sevillana medicina, ed. cit., pág. l23r-v. Maestre Juan repite aquí lo harto sabido por los médicos, ya que para todos ellos y de acuerdo con la teoría galénica vigente en la edad media, el aire constituía como una especie de recipiente en el que, incluyendo naturalmente al hombre, quedaba inmerso todo el cosmos sublunar. Segundo, era indispensable para la vida de todas las criaturas en la tierra, y de modo especial para el hombre. Conforme a dicha teoría, estaba dotado de movimiento, desplazándose de lugar rápidamente a consecuencia del soplo de los vientos. Tercero, influía de forma directa sobre las aguas y la tierra. La referencia al Canon se halla en el libro I, fen II, tratado ii, cap. 9, De impressionibus aer earum mutationum malarum cursui naturali contrarium (Liber Canonis, Venecia, Paganinus de Paganinis, 1507, pág. 31c. Todas las alusiones a la famosa obra de Avicena que figuran en este trabajo salen de esta edición).
14. Sevillana medicina, ed. cit., pág. 123v.
15. Op. cit., pág. 123v. Adviértase la división triple del concepto medieval de mutatio, que se corresponde perfectamente con el concepto médico de las res naturales, non naturales y contra naturam.
16. Op. cit., pág. 123v.
17. Op. cit., pág. 124r. Como en otras disciplinas, la disputatio en medicina constituye una actividad propia de los profesores y profesionales médicos de corte erudito, y se erige como un acto magistral. La disputa pública -que lo es en la obra de Juan de Aviñón- sobre un tema académico, en el que se aspiraba a resolver diferentes quaestiones y dubitationes propuestas en muchos casos por el mismo maestro (magister), originó un género escolástico, las quaestiones disputatae, que se propagó con rapidez en la edad media. Aunque practicada en todas las universidades europeas, la disputa médica adquiere características muy diversas en cada una de ellas -y fuera de ellas- acusando ostensibles diferencias y ofreciendo muy variados objetivos [véase Danielle Jacquart, La question disputée dans les Facultés de Médicine, Les questions disputées et les questions quodlibétiques dans les Facultés de Théologie, de Droit et de Médicine, ed. de Bernardo Bazán, Gérard Fransen et Danielle Jacquart, Typologie des sources du Moyen Âge occidental, fasc. 44-45, Brepols (Turnhout-Belgium), 1985, págs. 279-315]. Sobre la accidentada fortuna de este procedimiento académico desde la época medieval hasta el siglo XVII, en el terreno de la medicina, váyase a Brian Lawn, The rise and decline of the scholastic 'Quaestio disputata': with special emphasis on the teaching of medicine and science, Leiden/New York/Köln, E. J. Brill, 1993.
18. En dicho tratado atribuido a Aristóteles (libro II, c. 3-4, 330a3O-332a3) se afirma que ninguno de los elementos primarios (aire, tierra, agua y fuego) se corrompe como cuerpo simple; no obstante, excepto el último, todos ellos se corrompen cuando están mezclados [De generatione et corruptione. Aristoteles Latinus IX. 1, ed. de Joanna Judycka, Leiden, E. J. Brill, 1986, págs. 56-61]. Se evidencia de esta forma un cierto grado de artificiosidad en la quaestio planteada.
19. Así es: v. Canon, lib. I, fen II, tratado ii, cap. 9, [D]e impressionibus aerearum mutationum malarum cursui naturali contrarium, pág. 31 c-d.
