220. Un pueblecito (Riofrío de Ávila), en Obras selectas, ed. cit., pág. 512. Azorín se refiere al patriotismo «serio, digno, sólido, perdurable» al que se llega por «el conocimiento minucioso de España. Hay que conocer -amándola- la historia patria. Y hay que conocer -sintiendo por ella cariño- la tierra española» (Madrid, en Obras selectas, ed. cit., pág. 876).
221. Federico Bermúdez-Cañete, «Giner de los Ríos y la Generación del 98», Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 317 (noviembre 1976), págs. 414-424.
222. Vid. las obras ya citadas de Martínez Cachero y de S. Riopérez.
223. Obras selectas, ed. cit., pág. 863.
224. Ramón Gómez de la Serna, Azorín, 3ª ed. Buenos Aires, Losada, 1957.
225. Ejemplos de la erudición de Azorín en lo referido a libros de viajes no sólo podemos constatarlos en los libros de su biblioteca y en los artículos que dedica a ello, también en su correspondencia -a la que me he referido al indicar al comienzo de este artículo dos datos relacionados con el viaje en su juventud-. Vid. la carta fechada en Monóvar (Alicante) el día 8 de julio de 1896 y cuyo destinatario es D. Pedro Dorado Montero: Azorín, todavía Martínez Ruiz, envía información al catedrático de Salamanca y le sugiere una nueva fuente para su investigación que nada tiene que ver con los viajes. L. Robles Carcedo, «Cartas inéditas de Azorín a Dorado Montero», Anales Azorinianos, 3 (1986), pág. 241.
226. E. Inman Fox, «Lectura y literatura (en torno a la inspiración libresca de Azorín)», en La crisis intelectual del 98, Madrid, Edicusa, 1976, págs. 113-141.
227. Marie-Andrée Ricau-Hernández, «Azorín o el viaje en torno a un cuarto», Actes del I Colloque International José Martínez Ruiz, Azorín, Pau, Université de Pau et des pays de l'Ardour, 1985.
228. No pretendo realizar un análisis exhaustivo del Azorín viajero teórico y activo, usuario de ferrocarriles y de diligencias, puesto que excede los límites de este trabajo. He seleccionado algunas de las observaciones azorinianas respecto al tema, basándome fundamentalmente en las crónicas de viajes de 1904 y 1905 recogidas en Veraneo sentimental, (Zaragoza, Librería General, 1944), las Crónicas del viaje regio (en Obras completas, Madrid, Aguilar, 1947, t. III), La ruta de Don Quijote (Madrid, Cátedra, 1984), algunos ensayos recogidos en Tiempos y cosas (Madrid, Salvat), En Lontananza, Madrid, Bullon, sus Comentarios al Peregrino entretenido y que muy bien pueden servir de prólogo al Lazarillo español con el título de Viajes por España y que más tarde sería recogido en A voleo (1905-1953) y, por último, me he permitido dar un salto en el tiempo y referirme a los artículos recopilados por García Mercadal en La amada España (Barcelona, Destino, 1967) publicados entre los años 1926 y 1935, pues considero que en ellos hay algunas apreciaciones fundamentales sobre el viaje y los viajeros.
229. Martínez Cachero citó estas interesantes sugerencias de Azorín en la Introducción ya citada. Vid. también Ramón E Llorens, «Azorín y Miguel de Unamuno: teoría y práctica del viaje», Anales Azorinianos, 3 (1986), págs. 265-273, en el que se comparan las distintas visiones del viaje que ambos escritores tienen, partiendo de las premisas señaladas por Azorín.
