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350.       Duque de Rivas, El moro expósito, o Córdoba y Burgos en el siglo décimo, ed. de Ángel Crespo, Clásicos Castellanos, 224-225, Madrid, Espasa-Calpe, 1982, t. I, pág. 226.

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351.       Mariano José de Larra, El doncel de don Enrique el Doliente, ed. de José Luis Varela, Letras Hispánicas, 76, Madrid, Cátedra, 1978, pág. 328. Véase mi ya citado artículo «'Una lágrima, pero una lágrima sola': Sobre el llanto romántico».

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352.       Gertrudis Gómez de Avellaneda, Sab, ed. de Carmen Bravo Villasante, Biblioteca Anaya, 16, Salamanca, Ediciones Anaya, 1970, pág. 149.

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353.       Pedro Salinas, El defensor [1948], Madrid, Alianza, 1967, pág. 242.

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354.       Íbid.

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355.       Jorge Guillén, Lenguaje y poesía, 2ª ed., Madrid, Alianza, 1972, pág. 191.

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356.       Ésta era la lista señalada por T. S. Eliot, The Criterion, 1922-1939, The Collected Edition, London, Faber & Faber, 1967, t. XVIII, nº 71 (1939), pág. 271. En adelante, todas las citas remitirán a esta edición, y se indicará en el texto entre paréntesis el tomo y número, el año y la página.

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357.       Cit. en Evelyne López-Campillo, La «Revista de Occidente» y la formación de minorías (1923-1936), Madrid, Taurus, 1972, pág. 17.

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358.       Ver, por ejemplo, los estudios de López-Campillo (op. cit.) y Jean Pierre Meylan, La Revue de Genève, miroir des lettres européenes (1920-1930), Droz, Ginebra, 1969 sobre la Revista de Occidente y La Revue de Genève, respectivamente. Una excepción notable se encuentra en los primeros párrafos del artículo de Richard Young, «Pedro Salinas y T. S. Eliot: dos posturas ante la modernidad», en Pedro Salinas: Estudios sobre su praxis y teoría de la escritura, ed. de Ciriaco Morón Arroyo y Manuel Revuelta, Santander, Sociedad Menéndez Pelayo, 1992, págs. 75-77.

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359.       Es Allen Tate quien señala esta característica de Eliot (cit. en Herbert Howarth, Notes on Some Figures Behind T. S. Eliot, Boston, Houghton Mifflin, 1964, pág. 250), pero Fernando Vela estaba de acuerdo en notar la «gran personalidad» de Ortega. La actuación de ambos como editores de sus respectivas revistas podría caracterizarse como «a one man show» (veánse Femando Vela, «En 1923», Revista de Occidente, 2ª época, nº 8-9 (1963), págs. 139-41 y Howarth, op. cit., págs. 250-51).

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