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«Esto no es 98. Manuel Machado ve cuadros y los traduce a sus hermosos versos, o siente fragmentos de literatura, ni más ni menos que los parnasianos franceses [...] A veces consigue aciertos definitivos al desnudar el alma del artista... Sobre todo ha tenido capacidad para convertir en poesía lo que eran creaciones pictóricas». M. Alvar, "Manuel Machado", en ABC, 25/8/93.

En consonancia con algunos planteamientos de la época, acaso tenga interés recordar unas palabras de Proust de En busca del tiempo perdido (comenzada a redactar hacia 1908, aunque su publicación se inició en 1913), corresponden a El tiempo recobrado (1921): «La impresión es para el escritor lo que la experimentación para el sabio, con la diferencia de que en el sabio el trabajo de la inteligencia precede y el del escritor viene después. Lo que no hemos tenido que descifrar, que dilucidar con nuestro esfuerzo personal, lo que estaba claro antes de nosotros, no es nuestro. Sólo viene de nosotros mismos lo que nosotros sacamos de la oscuridad que está en nosotros y que los demás no conocen».

 

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Tristes y alegres (1894) y Etcétera (1895) en colaboración con Enrique Paradas. Alma (1900); Caprichos (1905); La Fiesta Nacional (Rojo y negro) (1906); Alma. Museo. Los Cantares (1907); El mal Poema (1909): Poesías escogidas (1910); Trofeos (1910); Apolo (Teatro Pictórico) (1910); Canto hondo. Cantares, canciones y coplas compuestas al estilo popular de Andalucía (1912); Canciones y Dedicatorias (1915); Poemas de Antonio y Manuel Machado (1917); Sevilla y otros Poemas (1918); Ars Moriendi (1921)

 

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Salomón Reinach, filólogo y arqueólogo francés, cuyos inventarios sobre producciones artísticas tuvieron gran difusión en los primeros años del siglo; efectivamente el carácter de sus trabajos tiene nula relación con el intento de M. Machado.

 

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«El concepto artístico en el que se estudian y valoran estos "primitivos" recae en los efectos artísticos del Prerrafaelismo difundido por Europa como una manifestación peculiar del espíritu inglés».

«El Prerrafaelismo y su arrastre artístico alcanzaba en 1900 una difusión entre el público en el que podía proyectarse un aprovechamiento literario de los elementos estéticos implicados Para el caso de Manuel y Antonio Machado hay que contar con que es muy probable que hubiesen conocido los propósitos artísticos del Prerrafaelismo desde su adolescencia». F. López Estrada (1977: 69-76). Véase también el apartado «El prerrafaelismo en la obra de Manuel Machado», cap. VI, pp. 93-118.

 

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Caprichos (1905): «La alcoba»: «En el cuarto, en sombra,/ duermen los colores/ de las flores./ Duermen los albores/de tu lecho blanco.../ Las rosas purpúreas/ de tu cara duermen./ En medio del vaho/ de flores y aroma/ de tu carne suave,/ duermen en el cuarto/ todos los colores.../ Sólo vela el rojo/ carmín de tus labios».

 

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«Tanto la contemplación común de la obra de arte como el razonamiento crítico interpretativo especializado sobre ella no son tipos de actividad que se diferencien por la intención o por el método, sino distintos aspectos, del mismo proceso de interpretación; se diferencian por la conciencia y la intensidad de la atención, la capacidad de penetración, por una mayor o menor maestría interpretativa, pero no por sus estructuras substanciales».


U. Eco, (1970:22)                


Por su parte, E. Panofsky señala: «La interpretación de la significación intrínseca o contenido, que trata de lo que hemos llamado valores "simbólicos" [...] requiere algo más que el conocimiento de temas y conceptos específicos, tal como los transmiten las fuentes literarias. [...] Sin embargo, cuanto más subjetiva e irracional sea esta fuente de interpretación (porque cualquier aproximación intuitiva estará siempre condicionada por la psicología del intérprete), más necesaria será la aplicación de esos correctivos y controles». (1972:23)

Contrástense estas ideas con las palabras de L. Hunt: «Se transmite entonces al discurso del poeta un espíritu que mueve y da vida a todas las sílabas [...] sólo sé que por él las cosas se dicen y al mismo tiempo se representan; en el momento en que el entendimiento las aprehende, el alma las siente con la emoción, la imaginación las ve y el oído las escucha, y el discurso deja de ser sólo una concatenación de términos enérgicos que exponen el pensamiento con fuerza y nobleza para ser también un tejido de jeroglíficos superpuestos que lo pintan. En este sentido podría decir que toda poesía es emblemática» Leigh Hunt, citado por M. Praz (1979:14).

 

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Recordemos que la estética de la recepción sigue el principio hermenéutico de que la obra se enriquece a lo largo del tiempo con las interpretaciones. Y, a la vez, «Es sabido que la comprensión de un texto por el lector estará condicionada por lo que previamente conoce y por lo actualizado de ese conocimiento durante el proceso de lectura», como nos recuerdan M. Short & J. Ch. Alderson, Reading, Analysing and Teaching Literature. Londres, Longman. (1989:72)

Paralelamente, deberíamos tener en cuenta la pregunta de T. A. van Dijk («Psicología de la elaboración del texto», en La ciencia del texto. Barcelona, Paidós, 1983). «¿Qué es lo que realmente recordamos de un texto después de haberlo leído u oído?» Y señala los procesos cognitivos de conexión entre las aportaciones del texto y los conocimientos previos, que provocan diversos tipos de segmentaciones, reconocimientos, combinaciones, e interpretaciones, según diversas estrategias del productor o del receptor y los efectos de la memoria de macroestructura (pp. 170 y ss.).

 

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«Mientras Creusa, su madre, hincada de rodillas, retiene al fuerte Eneas, y los esclavos apagan la lengua del misterioso fuego que nace, sin causarle daño ni sobresalto, de su cabeza (miniatura de un manuscrito de la Eneida (siglos IV-V). Biblioteca del Vaticano), habla el joven héroe [...]».

«Eneas (Rafael. Incendio de la fortaleza. Estancias de Rafael. Vaticano), tras cargar a cuestas con el viejo rey Príamo [...] Eneas, tras poseerla siete veces sin respirar, escucha la orden de Mercurio (Fréminet Mercurio impone a Eneas el abandono de Dido, Louvre)», etc.

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