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21

Ibid., p. 239.

 

22

La obra a la que pertenecen está citada en la Historia de las Ideas estéticas.

 

23

Menéndez Pelayo, Marcelino. Historia de las ideas estéticas. IV., [en adelante: Historia. IV]. Aldus. Santander. 1947, p. 105.

 

24

Se trata de un artículo aparecido en La Tertulia el 15 de septiembre de 1876. Cito por González Herrán, José Manuel, La obra de Pereda ante la crítica literaria de su tiempo. Ayuntamiento de Santander. Colección Pronillo. Santander. 1983, p. 51.

 

25

Pues esa literatura, esa poesía primitiva es una poesía necesaria para la nación. Así lo dice el propio Menéndez Pelayo: «Cuando Hegel, por ejemplo, en su famosa Estética calificó no menos que de collar de perlas comparable con los poemas homéricos, estas rapsodias tan tardías [se refiere al romancero español], a veces tan amaneradas y tan infieles a su origen, no fue acaso por la ligereza en que suelen incurrir los hombres de genio sintético cuando tratan de cosas que no les son familiares, sino porque a través de la ingeniosa labor de los poetas del siglo XVI, cuya elegante ironía se confunde con la parodia, acertó a vislumbrar los rasgos de una poesía verdaderamente nacional y primitiva que debía de existir en otra parte, y que en efecto existía». (Menéndez Pelayo, Marcelino. Obras completas. Estudios y discursos de crítica histórica y literaria. I. Santander. Aldus. 1940, p. 145). Y poco más adelante, siempre hablando del romancero insiste en la necesidad de un pueblo de tener una literatura nacional: El servicio que prestó Durán, no sólo como admirable colector, sino principalmente como crítico, como despertador de inteligencias, como primer maestro en España de una estética nueva, como renovador de un sentido poético y tradicional que comenzaba a perderse, es de los que no admiten encarecimiento posible, y para los cuales sólo la gratitud de un pueblo puede ser digna recompensa, (ibid., 146). P. En otros momentos también se puede apreciar esta idea de la necesaria existencia de una poseía primitiva, más pura, valiosa y nacional: «No era Milá de los que indiscretamente se enamoran de todo lo que es o les parece popular. Hombre de gusto antes que arqueólogo literario, sabía distinguir en lo popular como en lo erudito el oro de la escoria. Y era punto capital de su doctrina que la poesía del pueblo en su estado actual, degenerada e infestada de vulgarísimo, incoherente a veces y falta de sentido en los labios que la recitan, es sólo un eco cada vez más apagado de otra grande y primitiva poesía, que no fue en su origen patrimonio de las clases más humildes, sino creación espontánea de las sociedades heroicas y expresión total de su vida en el misterioso crepúsculo de la historia moderna» (Menéndez Pelayo, Marcelino. Obras completas. Estudios y discursos de crítica histórica y literaria, V. Santander. Aldus. 1941, p. 140) (Los subrayados son míos). Queda clara la idea de Menéndez Pelayo de que necesariamente hay un tipo de literatura que existió en el origen de toda cultura, nacida del pueblo, más auténtica, vital y pura.

 

26

Tollinchi, Esteban. Romanticismo y modernidad. Ideas fundamentales de la cultura del XIX. Editorial de la Universidad de Puerto Rico. Puerto Rico. 1989. Tomo 1, p. 227.

 

27

Aizpún, Teresa, «El genio romántico y la búsqueda de la unidad» en Romero de Solís, Diego y Díaz Urmeneta, Juan B. (eds.) La memoria romántica. Universidad de Sevilla. Sevilla. 1997, p. 21.

 

28

Citado en Plazaola. Juan. Introducción a la estética. Universidad de Deusto. Bilbao. 1991, p. 428.

 

29

Historia. IV, p. 86.

 

30

Ibid., p. 93.

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