31
«Mariano Picón-Salas se retrata de cuerpo entero en el límpido cristal de su prosa, que él trabajó, como su vida, con íntimo afán de perfección»
, así escribe Angel Ronsenblat quien fuese su amigo y colaborador, «Mariano Picón-Salas: el estilo y el hombre», Thesaurus (Boletín del Instituto Caro y Cuervo, Tomo XX, n.º 2, mayo-agosto, Bogotá 1965, p. 201.
32
Zambrano, Gregory, Mariano Picón Salas, Biblioteca Biográfica Venezolana, volumen 88, Caracas, 2008, p. 75.
33
Picón-Salas, Mariano, Viaje al amanecer (prólogo Emilio Abreu Gómez), Universidad Nacional Autónoma de México, Divulgación Literaria de la Facultad de Filosofía y Letras, México, 1943.
34
Introducción a sus Obras Selectas, EDIME, Madrid-Caracas, 1953, p. XIV.
35
«Acaso me duele todavía haber dejado de ser aquel adolescente, vestido de provinciano dril, sobre un caballo blanco, por esos campos de los Andes de Venezuela»
, esto escribiría en el ocaso de su vida, Regreso de tres mundos, Fondo de Cultura Económica, México, 1959, p. 19.
36
Oigamos esta descripción de uno de ellos: «[...] y sobre todo, en la persona de Apolinar Gaviria, llamado por mal nombre "Sancocho", que en la Mérida de mi infancia desempeñaba el doble oficio de albañil y sepulturero y cuya cuchara de buen artesano y sus árguenas cargadas de mezcla fresca, de cal de las canteras de Milla y de arena del mentado Albarregas me fueran tan familiares en la casa, de mi abuelo»
(p. 40).
37
El punto es discutido con inteligente argumentación en Jitrik, «Voces...», op. cit., pp. 12ss.
38
«Cosas que uno apriende (sic) en la montaña cuando está solo, picando leña y esperando la taparita de comida»
(p. 47), le habría dicho el Mocho Rafael al narrador.
39
«Y los cuentos de Mérida y el olor de sus flores y la fiesta de aguas y verdura con que la engalanó el clima, me tienen en trance permanente de retomar a su paisaje»
, escribe Picón-Salas como para exorcizar cualquier sentimiento de lejanía o de desprecio (p. 21).
40
«Mi abuelo describe el horroroso frío, el pavor de aquella navegación que le templo el ánimo y le forjo hombre»
(p. 73).