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Misantropía y arrepentimiento

Drama en tres actos, arreglado a nuestro teatro.

 

[3]

Al señor Antonio Pinto.

     El presente drama fue traducido por mandato de Vmd. y nadie merece, como tan buen amigo, parecer al principio de mi versión. [4]

     Si alguno evita la lectura de estos pocos renglones, temiendo que aparezca en ellos la ordinaria venalidad de las dedicatorias, defienda Vmd. la sinceridad de mi carácter, y diga en fin que no era indigno de tener un amigo

                                                                  Dionisio Solís. [5]



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Prólogo del traductor

     El efecto que hizo en mí la lectura de Misantropía, y el que yo esperaba que hiciera en el teatro, me determinaron a traducirla; a pesar de que las circunstancias en que meditaba su versión no anunciaban, al parecer, el lisonjero efecto que después tuvo. Los delirios más caracterizados que han infamado nuestra escena, y corrompido el gusto de la multitud, gozaban entonces de la recompensa, que sólo merecían el talento y la sensibilidad; y los aplausos que prodigaba una parte del pueblo manifestaban su ignorancia, al mismo tiempo que confirmaban en la suya al necio autor que los obtenía. Sin embargo, aquel público que envilecía, lo propio que incensaba, tenía un corazón como los demás hombres, cuya ternura sería la mejor apología de sus costumbres: y el suceso del drama presente no ha desmentido mi opinión.

     La muchedumbre ocupada en el [6] cumplimiento de sus primeras obligaciones, ni puede, ni debe hacer un estudio particular de las bellezas teatrales, sin que las familias maldigan tan inútil como perjudicial ocupación. En este supuesto exigir del público la teoría del teatro, es exigir un absurdo demasiado aparente. Mas no lo sería pedir a los poetas que se constituyen sus maestros, que le diesen modelos menos opuestos a la perfección ideal para que tuviese un punto de comparación a que referir todos los otros, y juzgar por él menos injustamente.

     Sin embargo la naturaleza no renuncia jamás al imperio que tiene sobre sus producciones; y por más que la sociedad modifique al hombre, por más que le corrompa, no podrá salir del círculo de su dominación: sus leyes son anteriores a qualesquiera convenciones, son anteriores a la sociedad misma, y la compasión se ha manifestado en nosotros con la sensibilidad al placer, y la pena, con los signos que acompañan la complacencia y el dolor. De aquí nace, que la verdad teatral hará siempre una impresión permanente y profunda en nuestros órganos, y de aquí también las lágrimas que ha [7] derramado el pueblo en la representación de Misantropía, &c. Estas lágrimas, que no deben lisonjear menos al que las vierte que al autor que las ocasiona, han demostrado cuan apropósito es esta especie de comedia triste, no sólo para interesar la mayor, y acaso la mejor parte de los hombres; sino también para estrechar los lazos de la sociedad.

     Uno de los efectos de la desgracia es, el de reunirnos: y en la presencia del infeliz desaparecen las clases que pesan sobre los inferiores, y que nos separan en la vida civil. ¿Y por qué no? ¿Quién es aquél que no ha llorado alguna vez sobre la desventura de un padre, de un hermano, de un amigo suyo? ¿Quién es aquella mujer virtuosa cuya debilidad no podría llorar en ningún tiempo la ofensa hecha a un marido inocente y amable?

     ¿Y cuánto mayor será la actividad de esta sensación, si el espectáculo nos ofrece la imagen de la miseria que nos rodea, sin adiciones de circunstancias que destruyan en parte la identidad?

     La conmiseración que nos substituye a los desventurados, la impresión que ocasionan sus desventuras, es menos [8] intensa cuando la producen aquellos hombres constituidos en jerarquías sumamente lejanas a nosotros que cuando vemos padecer a los que la fortuna nos igualó en condición y estado. Quizá esta diferencia proviene de que las desgracias de los primeros son más relativas a su clase, que a la debilidad de la especie humana: o quizá, porque faltando puntos de contacto (si puedo hablar así) para la reunión del espectador, y el infelice que debe interesarle, no se reconoce en su desdicha.

     Sea lo que sea, ello es cierto que la compasión no es otra cosa que la sensación dolorosa que produce en nosotros la vista de un objeto que sufre, y me hace partícipe de su dolor; que esta sensación nace de la idea que hay en mí del mal que veo padecer, y que quizá he sufrido, que esta idea la debilitan los accidentes que me alejan de la comparación; y en fin que la energía de la acción será siempre en razón de la semejanza más o menos equívoca entre nosotros, y los personajes de un drama.

     El teatro no puede mudar las opiniones de la multitud; su influencia sobre las costumbres es harto dudosa, y [9] según yo juzgo, su efecto no puede ser que el de sancionar con su aprobación pública las ideas morales de la sociedad: la educación las graba en nosotros lenta y profundamente, y las máximas pasajeras del teatro no les podrían dar otro carácter. Pero aun en la suposición contraria, los personajes que representa el mayor numero de tragedias difieren mucho en sus ideas, en sus acciones, y en sus consecuencias, para que nosotros pudiéramos hacer aplicaciones directamente relativas a nuestra conducta.

     No así en los dramas análogos a la desventura en que nacemos: yo me veo en ellos, yo hablo por boca de los que me parecen: sus desgracias son las mismas a que la humanidad me sujeta; su condición... todo me identifica con ellos; y en fin lloro sobre mí propio, sobre mis padres, mis amigos, mis hijos, cuando imagino que la infelicidad ajena me enternece. ¡Qué otra cosa hace más fuerte impresión que las acciones generosas de que somos testigos! ¿Quién es el miserable que puede escuchar fríamente los sollozos de un hombre de bien? Ni que composición puede ser más preciosa que [10] aquélla que imperceptiblemente me substituye a los desventurados virtuosos, que me advierte que tengo entrañas, y que la humanidad me interesa (1). El llanto es un signo de la sociabilidad de mi carácter, y el corazón nada en placer cuando mis ojos le derraman. Una de las mujeres que asistió a la representación de Carlos y Eulalia, al decir ésta ¡y mis hijos! exclamó llorando: «¡ay, yo también soy madre, y ha nueve meses que no los veo»... Hombre sensible, célebre Kotz-bue, ve aquí la recompensa de tu mérito, las lágrimas de una madre sencilla y buena.

     Por último el pueblo ha decidido con su llanto en favor de la opinión mía, y lo que sentimos no necesita de justificación, ni de pruebas.

     He reducido a tres los cinco actos del original, por evitar la multitud de intervalos que retardan la acción aparente, y no dan idea de la que debe caminar ocultamente hasta el instante en que principia cada acto. La escena en que Peters sigue a la mariposa es demasiado ridícula, e inútil para que yo la hubiera [11] conservado: semper ad eventum festinat.

     Pero por más que la verdad haya conducido el pincel de su célebre autor, y por más que yo haya procurado conservar preciosamente sus bellezas, sin la expresión de los actores no hubiera tenido mejor suerte que las composiciones que carecen de mérito. La acción, el tono, el gesto: ve aquí lo que propiamente pertenece al actor, y lo que nos arrebata en el espectáculo de las grandes pasiones: sólo un buen actor puede dar energía al discurso, y sólo él puede comunicar al alma de los que le escuchan las situaciones alternativas de la suya por medio de las inflexiones del acento. El pueblo y yo estamos persuadidos a estas verdades, y la ejecución de nuestros actores ha demostrado que la sensibilidad no depende de los preceptos.

     Yo no puedo menos de dar un testimonio público de mi satisfacción en el desempeño del drama. Todos han contribuido, en cuanto les ha sido posible, al buen éxito suyo; pero algunos han superado mis esperanzas: y uno de ellos ha sido mi amigo el Señor Pinto. El carácter que representa es tan difícil, hay tan [12] pocos ejemplos que poder observar para la imitación, que solamente analizando los diversos afectos que le constituyen, se puede ejecutar dignamente: y esto pertenece al talento y la meditación. ¿Pero dónde halló la sublime Rita el acento que corresponde a cada pasión? Acento fugitivo y difícil, que toda la sagacidad de un filósofo quizá no explicara, ni hallaran jamás los hombres que no saben llorar. ¡Que multitud de sentimientos demostraban su voz y sus ojos! ¡cuán persuasivo era su llanto! ¡cuán naturales sus actitudes! Mis obligaciones no me han dejado verla más de una vez: ¿pero que sentí yo cuando empezó la declaración de su culpa? Fuera de mí, ya no era Dionisio, era Eulalia, la culpada Eulalia: con ella pues me anonadaba, con ella maldecía al autor de su culpa, con ella invocaba a mis hijos, con ella suplicaba; y siguiéndola rápidamente transformado en su desventura, con ella imploraba el perdón de su debilidad. ¿Y quién sería el hombre estúpido y cruel que no la perdonase llorando a sus pies? No: los preceptos son insuficientes para imitar la sensibilidad de que nuestro corazón está [13] lejos: es otra cosa más íntima, y mucho más cierta la que arranca las lágrimas en el teatro al ver afligida a esta mujer: sus propias lágrimas son las que producen este efecto.

     ¡Ay amigo mío! si allá en las Islas del mar del Sur fundase algún sabio un pequeño pueblo feliz y virtuoso; después de celebrar en el templo las festividades religiosas, los cómicos rivales de la Rita Luna serían nuestros predicadores subalternos, y la naturaleza recobraría su ascendiente por el órgano de los actores y poetas. [14]



PERSONAJES ACTORES
                    
CARLOS, Barón de Menó SR. ANTONIO PINTO.
EL MAYOR HORST SR. MANUEL GARCÍA PARRA.
EL CONDE DE WALBERG SR. ANTONIO PONCE.
BITERMAN SR. MARIANO QUEROL.
TOBÍAS SR. FRANCISCO VACA.
FRANTZ SR. FÉLIX CUBAS.
PETERS SR. MANUEL LEÓN.
LA CONDESA DE WALBERG SRA. COLETA PAZ.
EULALIA, bajo el nombre de Miler SRA. RITA LUNA.
EUGENIO, niño de cuatro o cinco años.
UNA CAMARERA.
DOS NIÑOS, Hijos del Barón.
ALGUNOS LACAYOS.
UN POSTILLÓN.
 

(La escena se supone en el castillo del el conde de Walberg, en las cercanías de Cásel.)

 [15]



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Acto I

 
 

(El teatro representa un bello paisaje: el castillo aparece sobre una colina y a la derecha de los actores, a lo lejos, en el fondo, a su izquierda, una pequeñuela cabaña entre algunos árboles que la cubren: al mismo lado y al pie de la colina empieza una arboleda, que conduce a la morada del Extranjero: a la derecha, hacia el tercero bastidor, hay un pequeño pabellón practicable, del cual se ve solamente una parte.)

 
(PETERS que viene del castillo.)
               
PETERS Amigo Peters, Señora      
Miler lo manda, y es fuerza
llevar este dinerillo
al viejo Tobías. Ella
me ha encargado que lo calle; 5
pero en buenas manos queda
no, no lo sabrá ninguno.
¡A la verdad, que es muy bella
mujer la Señora Miler!
bella mujer! pero necia, 10
muy necia: porque ve aquí
lo que mi padre me enseña:
«el que gasta su dinero [16]
»es un hombre sin prudencia;
»pero el que lo da, merece 15
»que le rompan la cabeza.»
 

(El BARÓN sale cruzados los brazos y la cabeza baja; ve a PETERS, y le mira con desconfianza: PETERS se queda por un momento mirando al BARÓN con la boca abierta, se quita después el sombrero, y con una cortesía extravagante se dirige hacia la cabaña.)

   
BARÓN ¿Quien era, Frantz?
FRANTZ                                Es el hijo
del que administra las rentas
del castillo.
BARÓN                           Por la noche
me hablaste ayer en la cena. 20
FRANTZ De aquel labrador anciano.
BARÓN Es verdad.
FRANTZ                          Mas sin respuesta
me quedé.
BARÓN                   Pues vuelve ahora
a decirlo, si te acuerdas.
FRANTZ Pues, Señor, es pobre. [17]
BARÓN                                   ¿Y tú 25
de qué sabes su pobreza?
FRANTZ Él lo dice.
BARÓN                          ¡Y él lo dice! (Con amargura.)
no ignora el hombre la senda
del engaño.
FRANTZ                        Es cierto, pero
este anciano no granjea 30
la piedad con el engaño.
BARÓN ¿Y por qué no?
FRANTZ                          Si quisiera
explicarlo no podría;
pero mi alma se interesa
en su favor.
BARÓN                  Frantz, ¡qué débil 35
eres!
FRANTZ                  Es verdad; mas crea
Vmd., que un necio piadoso
vale más que la soberbia
de un sabio sin compasión.
BARÓN Necio! [18]
FRANTZ                     La beneficencia 40
produce la gratitud.
BARÓN ¡Ah! no es verdad. (Con dolor.)
FRANTZ                              Quien dispensa
los beneficios, yo juzgo
que es más feliz en la tierra
que el mismo que los recibe. 45
BARÓN Eso es verdad.
FRANTZ                             ¡Qué franqueza!
Y Vmd. es un bienhechor.
BARÓN                                        ¿Quién, yo?
FRANTZ Por veces diversas
ha sido testigo Frantz.
BARÓN Hombre crédulo, contempla 50
que hacer bien es la mayor
de las necedades nuestras.
FRANTZ ¡Oh! no tanto como eso.
BARÓN Y los hombres, en mi idea,
son indignos del favor. 55
FRANTZ Muchos, es verdad. [19]
BARÓN                             Pues piensa,
que son hipócritas todos.
FRANTZ Mentirosos.
BARÓN                               Aparentan
lágrimas a nuestros ojos,
y ríen a espaldas nuestras. 60
Ve aquí el hombre. (Con amargura)
FRANTZ                               Sin embargo,
hay algunos...
BARÓN                               ¿Dónde?
FRANTZ                                              En esa
cabaña.
BARÓN ¿Quién, el anciano?
¿Y ha llorado sus miserias
delante de ti?
FRANTZ                               Mil veces. 65
BARÓN ¿Y quieres tú que le crea?
el verdadero infelice,
amigo Frantz, no se queja.
(Después de un rato de silencio.)
Pero enfín, cuéntame toda
su desgracia. [20]
FRANTZ                                Es tan inmensa, 70
que ha perdido a su buen hijo.
BARÓN ¿Cómo?
FRANTZ                       Bajo las banderas
militares sentó plaza
para dar a la pobreza
de su padre algún consuelo. 75
 

(El BARÓN le mira, y después continúa.)

 
FRANTZ El viejo tomó por fuerza,
y a pesar de su dolor,
el precio de la terneza
y la libertad de un hijo;
pero al pobre no le queda 80
otro recurso que el cielo:
enfermo, pobre y sin fuerzas
para ganarlo...
BARÓN                             No puedo,
no puedo hacer aunque quiera
nada por él.
FRANTZ                             ¡Ah, Señor! 85
en favor de su indigencia
Vmd. puede mucho.
BARÓN                              ¿Y como?
FRANTZ Quizá con poco pudiera [21]
rescatar a su buen hijo.
BARÓN Será fuerza que yo vea 90
al anciano.
FRANTZ                           Bien, Señor.
BARÓN Pero, como acaso mienta...
FRANTZ No miente no.
BARÓN                      ¡Qué no miente!
¡el hombre! ¡el hombre!... ¿es en esta
cabaña?
FRANTZ                    En esa cabaña. 95
 

(El BARÓN entra en ella.)

 
¡Qué alma tan noble y tan bella!
pero con él se me olvida
el modo de hablar: apenas
le conozco, y ha tres años
que le sirvo. La primera 100
vez que ve un hombre le habla
con seriedad y dureza;
mas sin embargo, a ninguno
ha negado en su miseria
la protección y el consuelo. 105
El es misántropo, es fuerza;
no hay remedio: sin embargo,
su misantropía empieza
en sus mismas desventuras,
porque el odio que profesa [22] 110
al hombre no está en su alma,
que sólo está en su cabeza.
 

(Sale el BARÓN de la cabaña, y PETERS detrás.)

 
BARÓN Y bien ¿qué me quieres?
PETERS                                      Nada,
pero yo soy el que era...
BARÓN ¡Qué necio!
FRANTZ                          ¿Pues cómo es eso? 115
¿tan pronto, Señor de vuelta?
BARÓN ¿Y qué había yo de hacer
allí?
FRANTZ Pero enfín ¿es cierta
su desgracia? ¿lo habéis visto?
BARÓN He visto a su cabecera 120
ese bribonzuelo.
FRANTZ                               ¿Y que
tiene que ver (cuando sea
verdad) aqueste muchacho
con la piedad que se alberga
en Vmd.?
BARÓN                        Tiene que ver: 125
que estaba de inteligencia [23]
con el viejo... ¡hombres perversos!
¡Cómo hubieran, cómo hubieran
hecho mofa los ingratos
de mi credulidad necia 130
si me hubieran engañado!
FRANTZ ¿Pues Vmd. cree que fueran...?
BARÓN ¿Qué hacían juntos?
FRANTZ                                 Bien fácil
(Sonriéndose de su desconfianza.)
es de saber. Hombre, llega, (a PETERS.)
ven acá: di, ¿a qué has venido 135
a esta cabaña?
PETERS                             ¿Cuál, ésta?,
FRANTZ Sí.
PETERS             Yo, a nada.
FRANTZ                           No, no, amigo,
por algo has venido a ella.
PETERS ¡Toma! ¿y por qué? ¡vaya, vaya!
Mire Vmd., cuando me muestra 140
Madama Miler la cara
risueña, por complacerla
me echaría yo en el pozo
del castillo de cabeza. [24]
FRANTZ ¿Luego ella te manda?
PETERS                         Sí, 145
por más que Vmd. lo pretenda
saber, no lo ha de saber.
FRANTZ ¿Y por qué?
PETERS                   ¿Por qué? porque ella
me dijo: ve, Peters mío,
(Imitando la voz de MILER.)
ve por Dios, y que no sepa 150
nada ninguno; ve presto,
Peters bonito, que es fuerza
socorrer al viejo... vamos,
estas palabras me llegan
al corazón, y no puedo 155
negarme por más que quiera.
FRANTZ Ya, pero si ella lo manda
es fuerza tener cautela.
PETERS Sí, que no la tengo yo.
Mire Vmd., más de quinientas 160
veces le dije a Tobías
que no pensara que era
Miler la que le mandaba
el dinero; y aunque fuera
el Rey no se lo diría. 165
FRANTZ ¡Oh! tú eres mozo de prendas. [25]
¿Y era mucho?
PETERS                                Yo no sé;
pero habrá semana y media
que le traje otro dinero,
y después otro... a la cuenta 170
de lo que se ahorraba: y juzgo
que era en un día de fiesta,
porque yo tenía puesto
mi vestido nuevo.
FRANTZ                              ¿Y esa
Madama Miler, es quien le 175
socorre en sus urgencias?
PETERS Toma, ¿pues quién? no, mi padre
no es tan tonto como ella:
y dice, que es necesario
guardar siempre nuestra hacienda; 180
pero con mayor razón
en estío y primavera
no se debe dar limosna,
que entonces la providencia
produce plantas y frutos 185
para los hombres.
FRANTZ                                Muy bella
máxima! ¡qué amable padre!
¿no es verdad?
PETERS                       ¿Pues quién lo niega?
Pero Miler no hace caso [26]
por más que la reconvengan. 190
Y aun hace más.
FRANTZ                            ¿Qué más hace?
PETERS Mire Vmd.,¡cuando Isabela
tenía los hijos malos,
quiso enviarme a su aldea
con dinero; mas mi padre 195
no me dejó que yo fuera,
porque llovía.
FRANTZ                              ¿Y qué hizo?
PETERS Toma, lo llevó ella mesma
y se me puso a curar
los niños como si fueran 200
suyos.
FRANTZ                  ¡Mujer singular!
PETERS A veces da grima el verla
llorar, sin saber por qué;
y si yo, Señor, pudiera
verla llorar sin llorar, 205
vaya muy enhorabuena:
pero el caso es, que si llora,
que quieras, o que no quieras,
yo me quedo sin comer,
y echo a llorar. [27]
FRANTZ                   ¿Y bien, queda (Al BARÓN.) 210
Vmd., Señor, satisfecho?
BARÓN Haz que ese hablador se vuelva
al castillo.
FRANTZ                                A Dios, amigo
Peters.
PETERS           ¿Con que Vmd. me deja?
FRANTZ No, pero Madama Miler... 215
PETERS ¡Ay! es verdad que me espera.
A Dios.
(Saluda al BARÓN, que no lo corresponde.)
                 Oye Vmd., Señor,
aquél está que revienta
de rabia, porque no pudo
sacarme ni esto siquiera. 220
FRANTZ Es verdad.
PETERS                  ¡Ah! no, conmigo
no hay que venirse con fiestas,
que para guardar secretos
yo. (Vase.)
FRANTZ         Bien, a Dios. ¡Qué simpleza!
vaya, Señor. [28]
BARÓN                                 ¿Qué?
FRANTZ                                            Que ahora 225
la desconfianza era
                               injusta.
BARÓN                                  ¡Oh!
FRANTZ                                ¿Pero qué duda
le queda a Vmd.?
BARÓN                                 Si me queda
o no, calla: enfín no quiero
escuchar más.
(Se levanta y sigue hablando con acritud.)
                                  ¿Quién es esta 230
Madama Miler? ¿por qué
su nombre siempre resuena
en mi oído? ¿y por qué causa
sin haber podido verla,
a cualquier parte que voy 235
ha estado primero ella?
FRANTZ Vmd. debía alegrarse.
BARÓN                               ¿Por qué?
FRANTZ Porque es una prueba
de que aún hay entre los hombres
algunas almas modestas 240
y bienhechoras. [29]
BARÓN                                Sí, sí.
FRANTZ Procure Vmd. conocerla.
BARÓN ¡Conocerla! (Con ironía)
FRANTZ                                Yo, Señor,
la conozco, y es muy bella.
BARÓN Mucho peor: la hermosura 245
encubre con apariencia
falaz un alma viciosa.
FRANTZ Pues la suya es en mi idea
el velo de la virtud:
es tal su beneficencia... 250
BARÓN ¡Ah, qué incauto! mira, Frantz,
cualquiera mujer desea
deslumbrarnos, afectando
alguna virtud, y ésta
sera quizá más astuta 255
en su ficción.
FRANTZ                                  Pero sea
como sea, poco importa,
con tal de que favorezca
al anciano, y haga bien.
BARÓN Mejor, así en su pobreza 260
no necesita de mí. [30]
FRANTZ No obstante, Señor, en ella
la buena Miler habrá
socorrido las urgencias
limitadas y actuales; 265
pero, por más que lo sienta,
no le habrá podido dar
para consolar sus penas
rescatando a su buen hijo.
BARÓN Reparo, que te interesas 270
(Con una ironía amarga.)
con mucho ardor por Tobías.
¿Estarás de inteligencia
tú con él para engañarme?
FRANTZ ¿Y es posible, que Vmd. crea...
(Con las lágrimas en los ojos.)
¡ah! no ha nacido del alma 275
de Vmd. tan baja sospecha.
BARÓN Es verdad; perdoname,
(Con bondad le alarga la mano.)
amigo mío.
FRANTZ                                  Sí venga
la mano y la besaré (Lo hace.)
mil y mil veces. Es fuerza 280
que os hayan quizá burlado
algunas almas perversas
cruelmente, para haber
concebido contra ellas [31]
ese odio universal, 285
aquesa injuriosa idea
de la virtud y justicia.
BARÓN Tú lo has dicho. ¡Cuanta pena [32]
me has dado Frantz! déjame
(Se vuelve a sentar, y lee)
FRANTZ Vele allí con su tristeza 290
sumergido en la lectura:
así pasa la carrera
de su vida: a los placeres
muerto, a la naturaleza
muerto también, y sumido 295
en su dolor. ¡Quién pudiera
restituirle al placer!
Hace tres años que aleja
la sonrisa de su boca,
y otros tantos que la idea 300
de un suicidio fatal
me hace estremecer. Si fuera
posible al menos, que amase
la sociedad... Si quisiera
cultivar algunas flores... 305
Pero nada; en su tristeza
sumergido, calla y lee,
o si alguna vez despliega
sus labios es detestando
de su mísera existencia, 310
y maldiciendo a los hombres
artífices de su pena. (Lee el BARÓN.)
«En la soledad adquieren mayor energía nuestras ideas; pero también se renuevan las antiguas heridas, y cuanto en otro tiempo agitó con violencia las fibras de nuestro cerebro, es un fantasma que nos persigue y nos atormenta de continuo.»
FRANTZ Tiene razón ese libro;
pero también se me acuerda
haber oído decir, 315
 

(Va saliendo TOBÍAS.)

 
que por lo mismo era fuerza
huir de la soledad,
y abandonarse a la inmensa
multitud de los negocios.
TOBÍAS ¡Oh cuán grata es la influencia 320
del sol sobre el infelice!
Pero mi alma se enajena
de placer, y de su Dios
benéfico no se acuerda.
(Se descubre levanta las manos al cielo.)
FRANTZ Ve aquí un anciano, que goza 325
 

(El BARÓN cierra el libro, y mira con atención al viejo.)

 
de poco bien en su extrema
necesidad, y da gracias
a la augusta Providencia
del poco bien de que goza. [33]
BARÓN Porque la esperanza llega 330
con los hombres al sepulcro,
y en sus límites los deja.
FRANTZ A Dios, buen hombre: parece
que veo más fortaleza
en Vmd.
TOBÍAS                        Dios, y el cuidado 335
de una mujer que no niega
su misericordia al pobre,
me han conservado en la tierra
quizá por algunos años.
FRANTZ Sin embargo Vmd. demuestra 340
bastante edad.
TOBÍAS                                Sí, Señor,
ya paso de los setenta,
y pocas satisfacciones
puedo ya gozar en ella.
FRANTZ Pues yo, amigo, me quejara 345
de mi suerte, si tan cerca
de la tumba me volviese
a la vida y a la pena;
que la muerte es el consuelo
del infeliz.
TOBÍAS                               ¿Vmd. piensa, 350
que soy yo tan infeliz? [34]
¿No gozo aún de la bella
luz del sol amaneciendo?
¿No he recobrado mis fuerzas
con la salud? ¡ay amigo! 355
aquél que por vez primera,
después de un penoso mal,
respira el aura serena
de una plácida mañana,
es el más feliz que llegan 360
a ver los rayos del sol.
FRANTZ Pero ese bien degenera
bien pronto con la costumbre.
TOBÍAS No en la vejez: muchas penas
me han afligido y me afligen; 365
y sin embargo sintiera
la muerte. Cuando mi padre
me dejó en su pobre herencia
esa cabaña, gozaba
yo de mi salud y fuerzas. 370
Tomé una mujer honrada,
tan amante como buena,
y Dios bendijo mi unión
con tres hijos: pero esta
dicha duró pocos años. 375
Dos dellos vieron apenas
el sol de la juventud,
y la muerte con fiereza
los arrebató. Yo amigo
sufrí el golpe con paciencia; 380
pero mi pobre mujer, [35]
o más débil, o más tierna,
murió de dolor: quizá
yo en mi soledad hubiera
seguídolos a la muerte, 385
si la divina clemencia
no me hubiera consolado.
Enfín cuando mi flaqueza
adoraba sus decretos,
y resignado en su eterna 390
misericordia vivía
con un hijo, última prenda
de mi amor, algo felice;
su generosa imprudencia
le condujo a sentar plaza 405
por socorrer la miseria
de su anciano padre... Amigo,
este golpe me condena
a la pérdida cruel
del apoyo de mis fuerzas 400
inútiles; y os protesto,
que sin la beneficencia
de una mujer virtuosa,
de hambre y de pesar muriera.
FRANTZ ¿Y sin embargo Vmd. ama 405
la vida? ¿Vmd. la desea?
TOBÍAS ¿Y por qué no, mientras
haya un objeto que interesa
mi corazón en un hijo?
FRANTZ Puede que Vmd. no le vuelva [36] 410
a ver jamás.
TOBÍAS                               Sin embargo
yo le conservo en la idea;
y aun cuando esté decretado
que mis ojos no le vean,
esperaría la muerte 415
sin yo desearla. Aquella
es la cabaña tranquila
en que nací; aquella vieja
encina creció conmigo,
y... (casi tengo vergüenza 420
de decirlo) tengo un perro
que en mi dolor me consuela.
FRANTZ ¡Un perro! (Riendo.)
TOBÍAS                     Un perro; sí, amigo,
ríase Vmd. cuanto quiera;
pero sepa Vmd. que Miler, 425
la generosa, la buena
Miler, vino a visitarme
un día en mi cabañuela
y como el perro ladraba
viéndola entrar, dijo ella: 430
¿por qué no da Vmd., Tobías,
este animal, pues apenas
tiene Vmd. pan que comer?
Señora, y si yo le diera,
la respondí, ¿quién me amara 435
en mi soledad? [37]
FRANTZ                                   No sea
(Al BARÓN, que piensa profundamente.)
causa de que Vmd. se enoje
la interrupción; mas quisiera
que Vmd. oyese...
BARÓN                                      Sí, Frantz,
todo lo escuché: ve y lleva 440
ese libro a mi aposento,
te dejarás abiertas
las ventanas hacia el río
FRANTZ Voy, Señor. (Vase.)
BARÓN                             No te detengas. (Con prontitud.)
Dime, anciano ¿qué te ha dado 445
Miler?
TOBÍAS            Aquel alma bella,
aquel alma angelical
me ha dado cuanto pudiera
desear para comer
hasta el invierno.
BARÓN                            ¡No mientas! 450
¿Y nada más?
TOBÍAS                            ¿Y que más?
Ella, Señor, bien quisiera [38]
librar a mi buen Ernesto;
pero por más que lo sienta,
carece de facultades. 455
BARÓN Salva un hijo. A Dios.
 

(Vase con precipitación, después de darle una bolsa de dinero.)

 
TOBÍAS                                 ¡Que nueva
felicidad es la mía! (Abre la bolsa.)
¡Válgame Dios!, ¡y monedas
de oro! Amigo, miradlo:
(A FRANTZ que sale.)
la confianza en la eterna 460
misericordia, jamás
nos engaña... ¡oh providencia!
FRANTZ ¿Y quién es el generoso?
TOBÍAS Su amo de Vmd... ¡ah, que pueda
gozar de su buena obra, 465
como de la recompensa!
FRANTZ ¡Hombre singular!
TOBÍAS                                   Ni quiso
el buen Señor que le diera
las gracias, y ya iba lejos
antes que mi torpe lengua 470
se moviese. [39]
FRANTZ                                   Ve ahí a mi amo.
TOBÍAS A Dios, amigo. Ello es fuerza
correr cuanto me permitan
los años a dar la nueva
de su rescate a mi hijo 475
¡Cuanta será su impaciencia,
su placer, cuando se abrace
con cuanto amaba en la tierra:
con su amante y con su padre!
O tú, augusta omnipotencia, 480
colma de favor al hombre
generoso; que tu diestra
cubra su frente de gracias:
extiéndase tu clemencia
en la felicidad suya. 485
¿Que quién hay que la merezca
mejor que el hombre piadoso,
que tu imagen representa?
 

(Vase por la derecha.)

 
FRANTZ ¡Ah! ¿por qué no soy yo rico?
¿por qué yacen las riquezas 490
en manos de los crueles?
¡ah! si yo las poseyera
socorrer el infortunio
serían mis complacencias.
 

(Vase por la arboleda.) [40]

 

(La escena representa un salón del castillo. Sale EULALIA con una carta abierta.)

 
EULALIA ¡Ah! ve aquí lo que me aflige. 495
Yo estaba ya más contenta
en mi retiro, a pesar
de que no siempre se alberga
el gozo en el corazón
del solitario. ¡Oh, yo necia 500
y desgraciada mujer!
en el claustro y en las selvas
te seguirá tu dolor,
clavado como una flecha,
Eulalia, en el corazón. 505
Pero al fin, cuando la pena
le oprimía con su peso,
yo lloraba sin dar cuenta
a nadie del llanto mío;
y errando triste e inquieta 510
por los campos del castillo
ninguno formó la idea
de que mi alma obedecía
a la irresistible fuerza
de una conciencia culpable 515
que por siempre me condena
a llorar lejos del hombre
mi criminal imprudencia.
¡Mísera yo! si ellos vienen,
a Dios, o dulce y amena 520
soledad, a Dios lectura,
que tal vez has dado treguas
a mi dolor con tus gracias. [41]
¿Y si acaso la Condesa
o el Conde traen algunos 525
de los sujetos que puedan
conocerme? ¡ay! que infeliz
es aquél de quien recela
el corazón criminal
la inoportuna presencia 530
de uno, de un solo testigo,
de su delito y su pena. (Sale PETERS.)
PETERS Aquí estoy yo.
EULALIA                             Muy bien, Peters,
¿y Tobías?
PETERS                             Allí queda
tan contento el pobre viejo. 535
EULALIA ¿Le dijiste de quién era
el dinero?
PETERS                             Dios me libre.
Le dije, que no creyera
que era usted la que le daba
aquellas cuantas monedas, 540
que no era usted.
EULALIA                             Muy bien dicho. (Sonriéndose.)
PETERS Pero sin embargo piensa
en venir a dar las gracias [42]
que quieras o que no quieras.
EULALIA Mira, Peters, no permitas, 545
que Tobías cuando venga
entre a verme; dile tú
que duermo, que estoy enferma,
o que no tengo lugar.
Enfín, dile cuanto quieras, 550
y no le dejes entrar.
PETERS Bien, y si acaso se empeña,
le agarraré por un brazo...
EULALIA No, Peters, no hagas violencia
al enfermo viejecito. 555
PETERS Me voy, que mi padre llega. (Vase.)
 

(Sale BITERMAN.)

 
Buenos días, Señorita,
yo celebro verla buena
y graciosa como siempre.
Usted me llama, y quisiera 560
saber que novedad hay.
EULALIA A Dios, Biterman. Hoy llegan
los Señores del castillo.
BITERMAN ¿Quién? ¿el Conde? ¿su Excelencia?
EULALIA Sí, amigo, de aquí a dos horas 565
llega el Conde, la Condesa
y su cuñado el Mayor,
de Horst. [43]
BITERMAN                               ¿Lo decís de veras?
EULALIA Usted sabe, Biterman, (Con dulzura.)
que Miler no se chancea 570
jamás.
BITERMAN               Peters... ¿y es posible?
¡Válgame Dios! ¡cuando vengan
que dirán! Peters... (Sale PETERS.)
PETERS                                   Señor.
BITERMAN Ve a buscar a toda priesa
al guarda bosques, y dile 575
que me mande varias piezas
de caza: que Juana limpie
los cuartos de su Excelencia,
y le quite a los espejos
el polvo para que pueda 580
verse en ellos la señora. (Vase PETERS.)
Corre, marcha. ¡Que cabeza
me ha puesto la tal noticia!
Pero lo que me da pena
es, que la cámara verde 585
está toda descompuesta,
y no habrá donde poner
al Mayor.
EULALIA                                 ¿En la escalera [44]
no hay un cuarto hacia el oriente?
BITERMAN Es verdad; pero esa pieza 590
está para el Secretario:
no obstante tengo una idea
excelente: la casilla
que alinda con nuestra huerta
se la podríamos dar. 595
EULALIA ¿Y cómo, si vive en ella
el extranjero?
BITERMAN                                No importa,
que se vaya.
EULALIA                   ¡Oh! bueno fuera
cometer una injusticia.
Usted sabe, que no media 600
el interés en su elogio,
pues ni le he visto siquiera;
pero cuantos le conocen
tienen repetidas pruebas
de su virtud; y yo creo 605
que la morada que arrienda
la paga liberalmente.
BITERMAN Cierto, yo no tengo queja
ninguna; pero...
EULALIA                              ¿Qué? vamos.
BITERMAN En fin, Miler, yo quisiera [45] 610
saber quien es. ¡Qué demonio!
Siempre va huyendo diez leguas
cuando me ve, y aunque busco
mil ocasiones diversas
para hablar con el criado, 615
ni tampoco me contesta.
«Hoy hace buen día. Sí.
»Ya los árboles empiezan
»a brotar. Sí. Me parece
»que hoy el amo se pasea 620
»con gusto.» Sí. Mil demonios
se lleven tanta reserva
y tal callar, vaya, vaya.
EULALIA Bien, pero con la impaciencia
olvida usted a los Condes. 625
BITERMAN Pues si es verdad; usted vea
que motivo habrá...
EULALIA                                Las nueve.
Yo me voy a mis haciendas:
a Dios, Biterman. (Vase.)
BITERMAN                              Sí, sí;
también usté es linda pesca; 630
ni tampoco sé quién es.
¡Madama Miler! ¡qué buena!
¡hay tanta Madama Miler
en el mundo! La Condesa
la recibió hace tres años, [46] 635
para darle la intendencia
del castillo, pero bien,
¿quién es esta aventurera?
¿de dónde viene, y por qué?
Ve aquí lo que me condena. 640
Vaya, que es fatalidad
no averiguar tan siquiera... (Sale PETERS.)
PETERS Padre, padre, que ha llegado
un Señor, venga usté apriesa,
que es el Mayor de... de... vamos, 645
que llega el Señor.
 

(Sale el MAYOR. PETERS imita a su padre en toda esta escena.)

 
BITERMAN                                 Merezca
(Con muchas cortesías.)
un mayordomo, Señor,
ofrecerse a la obediencia
de V. S. y más cuando tiene
el honor de hablar de cerca 650
y rostro a rostro al ilustre
cuñado de su Excelencia
el gran Conde de Walberg.
PETERS De Walberg.
MAYOR                                  ¡Oh! vamos, deja
cumplimientos, Biterman: 655
ya ves que un hombre de guerra
ni los hace, ni recibe. [47]
BITERMAN Señor, con vuestra licencia,
aunque estamos en el campo
veneramos la grandeza 660
de los cuñados de un Conde.
PETERS Conde.
MAYOR                 Muy bien, como quieras.
Mi hermano y yo hemos pensado
pasar esta primavera
en el castillo.
BITERMAN                                 Aunque fuese 665
un año; pues sin que sea
vanidad, he acumulado,
Señor, y puesto en reserva
con que admirar a los Condes.
PETERS A los Condes.
MAYOR                                Bien, muy bella 670
precaución. Tu economía
exige según mis cuentas,
un disipador, y creo
que en mi cuñado se encuentra
cuanto puedes desear. 675
Ha dejado la carrera
militar, y se propone
concluir lo que le queda
de vida en este castillo. [48]
BITERMAN Y con eso las gacetas 680
vendrán todas las semanas.
PETERS Semanas.
BITERMAN                         Por la escalera
me parece... Sí, Madama
Miler... ¡Buena mujer! ¡buena!
es el ama de gobierno. 685
Yo voy a hacerla que venga,
si gusta V. S.
PETERS                                   Sí V. S.
MAYOR No te tomes esa pena.
BITERMAN ¡Oh Señor! no puede serlo
nunca para mí dar pruebas 690
de mis respetos a V. S.
PETERS Tos a V. S. (Vanse BITERMAN y PETERS.)
MAYOR                                ¡Que paciencia
es necesario tener
con estas gentes! El piensa
hacerme quizá un obsequio 695
en mandarme alguna vieja
importuna y habladora
que me rompa la cabeza. [49]
 

(Sale EULALIA, que hace una cortesía, que anuncia su buena educación.)

 
¡Ola! no es vieja.
EULALIA                               Señor,
yo me doy la enhorabuena 700
de conocer un hermano
de la Señora Condesa
mi bienhechora.
MAYOR                              Y yo aprecio
un bien que me lisonjea,
pues por él conozco a Vmd. 705
EULALIA Sin duda la primavera
ha dado motivo al Conde
de venir aquí.
MAYOR                            No, bella
Miler, Vmd. le conoce:
que haga sereno, que llueva, 710
poco le importa, con tal
de que su casa no sienta
la tristeza ni el enojo.
Amistad, amor y mesa
son los placeres de un alma 715
como la suya, y si llega
a reunirlos, ve aquí
su codicia satisfecha.
EULALIA En verdad, que la ventura
le favorece: riquezas, [50] 720
salud, todo contribuye
a su dicha; mas si hubiera
probado tal vez los males
que a la humanidad rodean,
aun al lado de su esposa, 725
no gozaría de entera
felicidad.
MAYOR                      Es muy cierto;
peor el alma epicúrea
de mi cuñado disfruta
de un bien, que jamás altera 730
el dolor, y por gozar
de su libertad se deja
el servicio, y por vivir
tranquilo.
EULALIA                   ¿Aquí? (Algo turbada.)
MAYOR                   Si no encuentra
estorbo en la soledad 735
EULALIA Señor, el hombre que alberga
un corazón libre y puro
no puede encontrar en ella
sino la paz.
MAYOR                     Yo aseguro,
que es ésta la vez primera 740
en que una boca tan linda
hace su elogio. [51]
EULALIA                           No crea
V.S., Señor Mayor,
que mi sexo no respeta
la soledad ni me haga 745
ese cumplimiento a expensas
de las mujeres.
MAYOR                          Señora,
la verdad: ni Vmd. es hecha
para vivir en el yelmo,
ni yo imagino que tenga 750
atractivo para Vmd.
EULALIA Señor Mayor, cuando re ina
una constante igualdad
en nuestra vida, es inmensa
la rapidez con que pasan 755
nuestras horas: las ideas
de un día retratan siempre
las del anterior; las mesmas
ocupaciones y el mismo
placer. Cuando en una bella 760
madrugada me levanto
por gozar de la serena
luz del sol amaneciendo,
bendigo la omnipotencia
de la mano que derrama 765
vida en la naturaleza.
Deja el ganado su establo,
y las tranquilas ovejas
van al prado: el labrador, [52]
sacudiendo la pereza, 770
unce los amigos bueyes,
y los vientecillos suenan
con sus rústicos cantares.
Vuelvo a casa, y mis haciendas
particulares me ocupan 775
hasta que la tarde llega
y voy a regar mis flores...
Mis flores, las compañeras,
de mi soledad. En tanto
los mozos y las doncellas 780
me divierten con sus juegos
que dirige la inocencia,
hasta que el plácido sueño
y el cansancio nos dispersan.
MAYOR Es verdad, pero el invierno... (Sale PETERS.) 785
PETERS Toma, ya está en la escalera;
yo no puedo más.
EULALIA                            ¿Qué es eso?
PETERS ¿Qué ha de ser? que se me cuela
Tobías... aquí está ya. (Sale TOBÍAS.)
TOBÍAS ¡Oh mi bienhechora! es fuerza, 790
es fuerza que yo...
 

(Queriendo abrazar los pies de EULALIA que lo impide.)

 
EULALIA                         Buen hombre... [53]
¡Válgame Dios! ¿no pudiera
Vmd. venir a otra hora?
ya ve Vmd...
TOBÍAS                             Mujer modesta
tanto como virtuosa, 795
el Señor...
MAYOR                            Y bien, ¿que intenta
este anciano?
TOBÍAS                            Demostrar
la gratitud que me llena
todo el fondo de mi alma 800
a los pies...
EULALIA                            Mañana es buena
ocasión.
MAYOR                               Déjele Vmd. (Con viveza.)
y permita que yo sea
testigo de un accidente
que me dice en lo que emplea 805
la bella Miler el tiempo.
Habla buen viejo, y consuela
tu corazón.
TOBÍAS                               ¡Ah Señor!
¡Si cada palabra fuera
una bendición celeste! 810
Yo estaba en mi cabañuela [54]
abandonado y enfermo,
y mi débil existencia
caminaba hacia la muerte.
La lluvia, el viento, la intensa 815
nieve, entraban en mi choza,
y yo en una vieja estera
desnudo, pobre, y enfermo,
aun no tenía siquiera
unas migajas de pan 820
que dar a mi perro en prueba
de gratitud a su amor.
En esto que Miler llega
como el ángel del consuelo;
me da favor, me dispensa 825
remedios, y todo cuanto
necesitaba en mi extrema
situación; pero la gracia
de su virtud, su halagüeña
oficiosidad, lograron 830
recuperar la flaqueza
de mi vejez... ¡Ah! yo vivo,
yo vivo, y gozo la eterna
luz del sol por su piedad.
¿Y querrá que no agradezca 835
mi sensible bienhechora...? (Se arrodilla.)
EULALIA Por Dios, buen viejo...
TOBÍAS                             Modesta
Miler, deje Vmd. que riegue (Ella lo impide.) [55]
con mis lágrimas la tierra
que pisa; deje que bese 840
la mano que se interesa
en mis males, y por quien
bendice la Providencia
mi vejez. El extranjero
que ha venido a nuestra aldea 845
me ha dado el oro que veis
para rescatar la prenda
de mi amor, al hijo mío.
De aquí voy a la bandera,
le rescato, lo desposo 850
con una joven honesta,
y quizá tendré el placer
de ver en la propia mesa,
de poner en mis rodillas
los frutos de su terneza. 855
Y si acaso pasa Vmd.
alguna vez por la puerta
de mi cabaña, ¡qué gozo
será para su alma bella
decir, «estos son felices 860
»por mi piedad!»
EULALIA                              ¡Que pena
me está Vmd. dando, Tobías!
basta. (Como suplicando.)
TOBÍAS             Sí, basta: mi lengua
es incapaz de explicar
cuanto es el placer que prueba 865
mi corazón este instante. [56]
 

(Le besa la mano de por fuerza, y PETERS se va limpiando las lágrimas.)

 
Mujer virtuosa y tierna,
sólo Dios y tu virtud
pueden ser tu recompensa. (Vase y PETERS.)
EULALIA Mucho tardan ya los Condes. 870
MAYOR No, bella Miler, no quiera
Vmd. distraerme acaso
de la deliciosa idea
de su virtud. ¡Ah! ¡qué poco,
discurrí yo hallar en esta 875
soledad una mujer
como Vmd!
EULALIA ¿Pues qué una escena
tan simple puede causaros
admiración?
MAYOR                                  Yo quisiera 880
saber (perdone Vmd., Miler,
una curiosidad necia)
si Vmd. ama, y si es casada.
EULALIA Lo fui.
 

(Pasa repentinamente a la tristeza desde la alegría que aparentaba.)

 
MAYOR            ¿Luego Vmd., en esa
suposición, es viuda? [57] 885
EULALIA ¡Ay Señor! hay ciertas cuerdas
en el corazón humano,
que si las pulsan resuenan
con dolor. Perdone V. S.,
voy a ver si el Conde llega. (Vase.) 890
MAYOR Vaya Vmd., que ya la sigo.
¡Válgame Dios! ¡quien creyera
hallar en la soledad
de una miserable aldea
tal mujer! piadosa, noble, 895
y como bella modesta.
¿Quién será? pero que importa
que sea ilustre, o no sea
para los hombres de bien?
No es mi corazón de piedra, 900
ni cerrado a la virtud:
¿no es compasiva, no es bella
no la amo? pues ve aquí
sus títulos de nobleza. [58]

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