Al señor Antonio Pinto.
Sin embargo la naturaleza no renuncia jamás al imperio que tiene sobre sus producciones; y
por más que la sociedad modifique al hombre, por más que le corrompa, no podrá salir del
círculo de su dominación: sus leyes son anteriores a qualesquiera convenciones, son anteriores
a la sociedad misma, y la compasión se ha manifestado en nosotros con la sensibilidad al placer,
y la pena, con los signos que acompañan la complacencia y el dolor. De aquí nace, que la verdad
teatral hará siempre una impresión permanente y profunda en nuestros órganos, y de aquí también
las lágrimas que ha [7] derramado el pueblo en la representación de Misantropía, &c. Estas
lágrimas, que no deben lisonjear menos al que las vierte que al autor que las ocasiona, han
demostrado cuan apropósito es esta especie de comedia triste, no sólo para interesar la mayor,
y acaso la mejor parte de los hombres; sino también para estrechar los lazos de la sociedad.
Uno de los efectos de la desgracia es, el de reunirnos: y en la presencia del infeliz desaparecen
las clases que pesan sobre los inferiores, y que nos separan en la vida civil. ¿Y por qué no?
¿Quién es aquél que no ha llorado alguna vez sobre la desventura de un padre, de un hermano,
de un amigo suyo? ¿Quién es aquella mujer virtuosa cuya debilidad no podría llorar en ningún
tiempo la ofensa hecha a un marido inocente y amable?
¿Y cuánto mayor será la actividad de esta sensación, si el espectáculo nos ofrece la imagen
de la miseria que nos rodea, sin adiciones de circunstancias que destruyan en parte la identidad?
La conmiseración que nos substituye a los desventurados, la impresión que ocasionan sus
desventuras, es menos [8] intensa cuando la producen aquellos hombres constituidos en
jerarquías sumamente lejanas a nosotros que cuando vemos padecer a los que la fortuna nos
igualó en condición y estado. Quizá esta diferencia proviene de que las desgracias de los
primeros son más relativas a su clase, que a la debilidad de la especie humana: o quizá, porque
faltando puntos de contacto (si puedo hablar así) para la reunión del espectador, y el infelice que
debe interesarle, no se reconoce en su desdicha.
Sea lo que sea, ello es cierto que la compasión no es otra cosa que la sensación dolorosa que
produce en nosotros la vista de un objeto que sufre, y me hace partícipe de su dolor; que esta
sensación nace de la idea que hay en mí del mal que veo padecer, y que quizá he sufrido, que esta
idea la debilitan los accidentes que me alejan de la comparación; y en fin que la energía de la
acción será siempre en razón de la semejanza más o menos equívoca entre nosotros, y los
personajes de un drama.
El teatro no puede mudar las opiniones de la multitud; su influencia sobre las costumbres es
harto dudosa, y [9] según yo juzgo, su efecto no puede ser que el de sancionar con su aprobación
pública las ideas morales de la sociedad: la educación las graba en nosotros lenta y
profundamente, y las máximas pasajeras del teatro no les podrían dar otro carácter. Pero aun en
la suposición contraria, los personajes que representa el mayor numero de tragedias difieren
mucho en sus ideas, en sus acciones, y en sus consecuencias, para que nosotros pudiéramos hacer
aplicaciones directamente relativas a nuestra conducta.
No así en los dramas análogos a la desventura en que nacemos: yo me veo en ellos, yo hablo
por boca de los que me parecen: sus desgracias son las mismas a que la humanidad me sujeta;
su condición... todo me identifica con ellos; y en fin lloro sobre mí propio, sobre mis padres, mis
amigos, mis hijos, cuando imagino que la infelicidad ajena me enternece. ¡Qué otra cosa hace
más fuerte impresión que las acciones generosas de que somos testigos! ¿Quién es el miserable
que puede escuchar fríamente los sollozos de un hombre de bien? Ni que composición puede ser
más preciosa que [10] aquélla que imperceptiblemente me substituye a los desventurados
virtuosos, que me advierte que tengo entrañas, y que la humanidad me interesa (1). El llanto es un
signo de la sociabilidad de mi carácter, y el corazón nada en placer cuando mis ojos le derraman.
Una de las mujeres que asistió a la representación de Carlos y Eulalia, al decir ésta ¡y mis hijos!
exclamó llorando: «¡ay, yo también soy madre, y ha nueve meses que no los veo»... Hombre
sensible, célebre Kotz-bue, ve aquí la recompensa de tu mérito, las lágrimas de una madre
sencilla y buena.
Por último el pueblo ha decidido con su llanto en favor de la opinión mía, y lo que sentimos
no necesita de justificación, ni de pruebas.
He reducido a tres los cinco actos del original, por evitar la multitud de intervalos que retardan
la acción aparente, y no dan idea de la que debe caminar ocultamente hasta el instante en que
principia cada acto. La escena en que Peters sigue a la mariposa es demasiado ridícula, e inútil
para que yo la hubiera [11] conservado: semper ad eventum festinat.
Pero por más que la verdad haya conducido el pincel de su célebre autor, y por más que yo
haya procurado conservar preciosamente sus bellezas, sin la expresión de los actores no hubiera
tenido mejor suerte que las composiciones que carecen de mérito. La acción, el tono, el gesto:
ve aquí lo que propiamente pertenece al actor, y lo que nos arrebata en el espectáculo de las
grandes pasiones: sólo un buen actor puede dar energía al discurso, y sólo él puede comunicar
al alma de los que le escuchan las situaciones alternativas de la suya por medio de las inflexiones
del acento. El pueblo y yo estamos persuadidos a estas verdades, y la ejecución de nuestros
actores ha demostrado que la sensibilidad no depende de los preceptos.
Yo no puedo menos de dar un testimonio público de mi satisfacción en el desempeño del
drama. Todos han contribuido, en cuanto les ha sido posible, al buen éxito suyo; pero algunos
han superado mis esperanzas: y uno de ellos ha sido mi amigo el Señor Pinto. El carácter que
representa es tan difícil, hay tan [12] pocos ejemplos que poder observar para la imitación, que
solamente analizando los diversos afectos que le constituyen, se puede ejecutar dignamente: y
esto pertenece al talento y la meditación. ¿Pero dónde halló la sublime Rita el acento que
corresponde a cada pasión? Acento fugitivo y difícil, que toda la sagacidad de un filósofo quizá
no explicara, ni hallaran jamás los hombres que no saben llorar. ¡Que multitud de sentimientos
demostraban su voz y sus ojos! ¡cuán persuasivo era su llanto! ¡cuán naturales sus actitudes! Mis
obligaciones no me han dejado verla más de una vez: ¿pero que sentí yo cuando empezó la
declaración de su culpa? Fuera de mí, ya no era Dionisio, era Eulalia, la culpada Eulalia: con ella
pues me anonadaba, con ella maldecía al autor de su culpa, con ella invocaba a mis hijos, con ella
suplicaba; y siguiéndola rápidamente transformado en su desventura, con ella imploraba el
perdón de su debilidad. ¿Y quién sería el hombre estúpido y cruel que no la perdonase llorando
a sus pies? No: los preceptos son insuficientes para imitar la sensibilidad de que nuestro corazón
está [13] lejos: es otra cosa más íntima, y mucho más cierta la que arranca las lágrimas en el
teatro al ver afligida a esta mujer: sus propias lágrimas son las que producen este efecto.
¡Ay amigo mío! si allá en las Islas del mar del Sur fundase algún sabio un pequeño pueblo
feliz y virtuoso; después de celebrar en el templo las festividades religiosas, los cómicos rivales
de la Rita Luna serían nuestros predicadores subalternos, y la naturaleza recobraría su ascendiente
por el órgano de los actores y poetas. [14]
  Acto I
|
| |
|
| |
|
|
(El teatro representa un bello paisaje: el castillo aparece sobre una colina y a la
derecha de los actores, a lo lejos, en el fondo, a su izquierda, una pequeñuela cabaña
entre algunos árboles que la cubren: al mismo lado y al pie de la colina empieza una
arboleda, que conduce a la morada del Extranjero: a la derecha, hacia el tercero
bastidor, hay un pequeño pabellón practicable, del cual se ve solamente una parte.) |
|
|
|
|
|
| (PETERS que viene del castillo.)
|
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|
|
| PETERS |
|
Amigo Peters, Señora |
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|
Miler lo manda, y es fuerza |
|
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|
llevar este dinerillo |
|
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|
|
al viejo Tobías. Ella |
|
|
|
|
me ha encargado que lo calle; |
5 |
|
|
|
pero en buenas manos queda |
|
|
|
|
no, no lo sabrá ninguno. |
|
|
|
|
¡A la verdad, que es muy bella |
|
|
|
|
mujer la Señora Miler! |
|
|
|
|
bella mujer! pero necia, |
10 |
|
|
|
muy necia: porque ve aquí |
|
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|
|
lo que mi padre me enseña: |
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|
|
«el que gasta su dinero [16] |
|
|
|
|
»es un hombre sin prudencia; |
|
|
|
|
»pero el que lo da, merece |
15 |
|
|
|
»que le rompan la cabeza.» |
|
|
| |
|
|
(El BARÓN sale cruzados los brazos y la cabeza baja; ve a PETERS, y le mira con
desconfianza: PETERS se queda por un momento mirando al BARÓN con la boca
abierta, se quita después el sombrero, y con una cortesía extravagante se dirige hacia
la cabaña.) |
| |
|
|
|
|
| BARÓN |
|
¿Quien era, Frantz? |
|
|
| FRANTZ |
|
Es el hijo |
|
|
|
|
del que administra las rentas |
|
|
|
|
del castillo. |
|
|
| BARÓN |
|
Por la noche |
|
|
|
|
me hablaste ayer en la cena. |
20 |
|
| FRANTZ |
|
De aquel labrador anciano. |
|
|
| BARÓN |
|
Es verdad. |
|
|
| FRANTZ |
|
Mas sin respuesta |
|
|
|
|
me quedé. |
|
|
| BARÓN |
|
Pues vuelve ahora |
|
|
|
|
a decirlo, si te acuerdas. |
|
|
| FRANTZ |
|
Pues, Señor, es pobre. [17] |
|
|
| BARÓN |
|
¿Y tú |
25 |
|
|
|
de qué sabes su pobreza? |
|
|
| FRANTZ |
|
Él lo dice. |
|
|
| BARÓN |
|
¡Y él lo dice! (Con
amargura.) |
|
|
|
|
no ignora el hombre la senda |
|
|
|
|
del engaño. |
|
|
| FRANTZ |
|
Es cierto, pero |
|
|
|
|
este anciano no granjea |
30 |
|
|
|
la piedad con el engaño. |
|
|
| BARÓN |
|
¿Y por qué no? |
|
|
| FRANTZ |
|
Si quisiera |
|
|
|
|
explicarlo no podría; |
|
|
|
|
pero mi alma se interesa |
|
|
|
|
en su favor. |
|
|
| BARÓN |
|
Frantz, ¡qué débil |
35 |
|
|
|
eres! |
|
|
| FRANTZ |
|
Es verdad; mas crea |
|
|
|
|
Vmd., que un necio piadoso |
|
|
|
|
vale más que la soberbia |
|
|
|
|
de un sabio sin compasión. |
|
|
| BARÓN |
|
Necio! [18] |
|
|
| FRANTZ |
|
La beneficencia |
40 |
|
|
|
produce la gratitud. |
|
|
| BARÓN |
|
¡Ah! no es verdad. (Con dolor.) |
|
|
| FRANTZ |
|
Quien dispensa |
|
|
|
|
los beneficios, yo juzgo |
|
|
|
|
que es más feliz en la tierra |
|
|
|
|
que el mismo que los recibe. |
45 |
|
| BARÓN |
|
Eso es verdad. |
|
|
| FRANTZ |
|
¡Qué franqueza! |
|
|
|
|
Y Vmd. es un bienhechor. |
|
|
| BARÓN |
|
¿Quién, yo? |
|
|
| FRANTZ |
|
Por veces diversas |
|
|
|
|
ha sido testigo Frantz. |
|
|
| BARÓN |
|
Hombre crédulo, contempla |
50 |
|
|
|
que hacer bien es la mayor |
|
|
|
|
de las necedades nuestras. |
|
|
| FRANTZ |
|
¡Oh! no tanto como eso. |
|
|
| BARÓN |
|
Y los hombres, en mi idea, |
|
|
|
|
son indignos del favor. |
55 |
|
| FRANTZ |
|
Muchos, es verdad. [19] |
|
|
| BARÓN |
|
Pues piensa, |
|
|
|
|
que son hipócritas todos. |
|
|
| FRANTZ |
|
Mentirosos. |
|
|
| BARÓN |
|
Aparentan |
|
|
|
|
lágrimas a nuestros ojos, |
|
|
|
|
y ríen a espaldas nuestras. |
60 |
|
|
|
Ve aquí el hombre. (Con amargura) |
|
|
| FRANTZ |
|
Sin embargo, |
|
|
|
|
hay algunos... |
|
|
| BARÓN |
|
¿Dónde? |
|
|
| FRANTZ |
|
En esa |
|
|
|
|
cabaña. |
|
|
| BARÓN |
|
¿Quién, el anciano? |
|
|
|
|
¿Y ha llorado sus miserias |
|
|
|
|
delante de ti? |
|
|
| FRANTZ |
|
Mil veces. |
65 |
|
| BARÓN |
|
¿Y quieres tú que le crea? |
|
|
|
|
el verdadero infelice, |
|
|
|
|
amigo Frantz, no se queja. |
|
|
|
|
(Después de un rato de silencio.) |
|
|
|
|
Pero enfín, cuéntame toda |
|
|
|
|
su desgracia. [20] |
|
|
| FRANTZ |
|
Es tan inmensa, |
70 |
|
|
|
que ha perdido a su buen hijo. |
|
|
| BARÓN |
|
¿Cómo? |
|
|
| FRANTZ |
|
Bajo las banderas |
|
|
|
|
militares sentó plaza |
|
|
|
|
para dar a la pobreza |
|
|
|
|
de su padre algún consuelo. |
75 |
|
| |
|
|
(El BARÓN le mira, y después continúa.) |
| |
|
| FRANTZ |
|
El viejo tomó por fuerza, |
|
|
|
|
y a pesar de su dolor, |
|
|
|
|
el precio de la terneza |
|
|
|
|
y la libertad de un hijo; |
|
|
|
|
pero al pobre no le queda |
80 |
|
|
|
otro recurso que el cielo: |
|
|
|
|
enfermo, pobre y sin fuerzas |
|
|
|
|
para ganarlo... |
|
|
| BARÓN |
|
No puedo, |
|
|
|
|
no puedo hacer aunque quiera |
|
|
|
|
nada por él. |
|
|
| FRANTZ |
|
¡Ah, Señor! |
85 |
|
|
|
en favor de su indigencia |
|
|
|
|
Vmd. puede mucho. |
|
|
| BARÓN |
|
¿Y como? |
|
|
| FRANTZ |
|
Quizá con poco pudiera [21] |
|
|
|
|
rescatar a su buen hijo. |
|
|
| BARÓN |
|
Será fuerza que yo vea |
90 |
|
|
|
al anciano. |
|
|
| FRANTZ |
|
Bien, Señor. |
|
|
| BARÓN |
|
Pero, como acaso mienta... |
|
|
| FRANTZ |
|
No miente no. |
|
|
| BARÓN |
|
¡Qué no miente! |
|
|
|
|
¡el hombre! ¡el hombre!... ¿es en esta |
|
|
|
|
cabaña? |
|
|
| FRANTZ |
|
En esa cabaña. |
95 |
|
| |
|
|
(El BARÓN entra en ella.) |
| |
|
|
|
|
|
|
¡Qué alma tan noble y tan bella! |
|
|
|
|
pero con él se me olvida |
|
|
|
|
el modo de hablar: apenas |
|
|
|
|
le conozco, y ha tres años |
|
|
|
|
que le sirvo. La primera |
100 |
|
|
|
vez que ve un hombre le habla |
|
|
|
|
con seriedad y dureza; |
|
|
|
|
mas sin embargo, a ninguno |
|
|
|
|
ha negado en su miseria |
|
|
|
|
la protección y el consuelo. |
105 |
|
|
|
El es misántropo, es fuerza; |
|
|
|
|
no hay remedio: sin embargo, |
|
|
|
|
su misantropía empieza |
|
|
|
|
en sus mismas desventuras, |
|
|
|
|
porque el odio que profesa [22] |
110 |
|
|
|
al hombre no está en su alma, |
|
|
|
|
que sólo está en su cabeza. |
|
|
| |
|
|
(Sale el BARÓN de la cabaña, y PETERS detrás.) |
| |
|
|
|
|
| BARÓN |
|
Y bien ¿qué me quieres? |
|
|
| PETERS |
|
Nada, |
|
|
|
|
pero yo soy el que era... |
|
|
| BARÓN |
|
¡Qué necio! |
|
|
| FRANTZ |
|
¿Pues cómo es eso? |
115 |
|
|
|
¿tan pronto, Señor de vuelta? |
|
|
| BARÓN |
|
¿Y qué había yo de hacer |
|
|
|
|
allí? |
|
|
| FRANTZ |
|
Pero enfín ¿es cierta |
|
|
|
|
su desgracia? ¿lo habéis visto? |
|
|
| BARÓN |
|
He visto a su cabecera |
120 |
|
|
|
ese bribonzuelo. |
|
|
| FRANTZ |
|
¿Y que |
|
|
|
|
tiene que ver (cuando sea |
|
|
|
|
verdad) aqueste muchacho |
|
|
|
|
con la piedad que se alberga |
|
|
|
|
en Vmd.? |
|
|
| BARÓN |
|
Tiene que ver: |
125 |
|
|
|
que estaba de inteligencia [23] |
|
|
|
|
con el viejo... ¡hombres perversos! |
|
|
|
|
¡Cómo hubieran, cómo hubieran |
|
|
|
|
hecho mofa los ingratos |
|
|
|
|
de mi credulidad necia |
130 |
|
|
|
si me hubieran engañado! |
|
|
| FRANTZ |
|
¿Pues Vmd. cree que fueran...? |
|
|
| BARÓN |
|
¿Qué hacían juntos? |
|
|
| FRANTZ |
|
Bien fácil |
|
|
|
|
(Sonriéndose de su desconfianza.) |
|
|
|
|
es de saber. Hombre, llega, (a PETERS.) |
|
|
|
|
ven acá: di, ¿a qué has venido |
135 |
|
|
|
a esta cabaña? |
|
|
| PETERS |
|
¿Cuál, ésta?, |
|
|
| FRANTZ |
|
Sí. |
|
|
| PETERS |
|
Yo, a nada. |
|
|
| FRANTZ |
|
No, no, amigo, |
|
|
|
|
por algo has venido a ella. |
|
|
| PETERS |
|
¡Toma! ¿y por qué? ¡vaya, vaya! |
|
|
|
|
Mire Vmd., cuando me muestra |
140 |
|
|
|
Madama Miler la cara |
|
|
|
|
risueña, por complacerla |
|
|
|
|
me echaría yo en el pozo |
|
|
|
|
del castillo de cabeza. [24] |
|
|
| FRANTZ |
|
¿Luego ella te manda? |
|
|
| PETERS |
|
Sí, |
145 |
|
|
|
por más que Vmd. lo pretenda |
|
|
|
|
saber, no lo ha de saber. |
|
|
| FRANTZ |
|
¿Y por qué? |
|
|
| PETERS |
|
¿Por qué? porque ella |
|
|
|
|
me dijo: ve, Peters mío, |
|
|
|
|
(Imitando la voz de MILER.) |
|
|
|
|
ve por Dios, y que no sepa |
150 |
|
|
|
nada ninguno; ve presto, |
|
|
|
|
Peters bonito, que es fuerza |
|
|
|
|
socorrer al viejo... vamos, |
|
|
|
|
estas palabras me llegan |
|
|
|
|
al corazón, y no puedo |
155 |
|
|
|
negarme por más que quiera. |
|
|
| FRANTZ |
|
Ya, pero si ella lo manda |
|
|
|
|
es fuerza tener cautela. |
|
|
| PETERS |
|
Sí, que no la tengo yo. |
|
|
|
|
Mire Vmd., más de quinientas |
160 |
|
|
|
veces le dije a Tobías |
|
|
|
|
que no pensara que era |
|
|
|
|
Miler la que le mandaba |
|
|
|
|
el dinero; y aunque fuera |
|
|
|
|
el Rey no se lo diría. |
165 |
|
| FRANTZ |
|
¡Oh! tú eres mozo de prendas. [25] |
|
|
|
|
¿Y era mucho? |
|
|
| PETERS |
|
Yo no sé; |
|
|
|
|
pero habrá semana y media |
|
|
|
|
que le traje otro dinero, |
|
|
|
|
y después otro... a la cuenta |
170 |
|
|
|
de lo que se ahorraba: y juzgo |
|
|
|
|
que era en un día de fiesta, |
|
|
|
|
porque yo tenía puesto |
|
|
|
|
mi vestido nuevo. |
|
|
| FRANTZ |
|
¿Y esa |
|
|
|
|
Madama Miler, es quien le |
175 |
|
|
|
socorre en sus urgencias? |
|
|
| PETERS |
|
Toma, ¿pues quién? no, mi padre |
|
|
|
|
no es tan tonto como ella: |
|
|
|
|
y dice, que es necesario |
|
|
|
|
guardar siempre nuestra hacienda; |
180 |
|
|
|
pero con mayor razón |
|
|
|
|
en estío y primavera |
|
|
|
|
no se debe dar limosna, |
|
|
|
|
que entonces la providencia |
|
|
|
|
produce plantas y frutos |
185 |
|
|
|
para los hombres. |
|
|
| FRANTZ |
|
Muy bella |
|
|
|
|
máxima! ¡qué amable padre! |
|
|
|
|
¿no es verdad? |
|
|
| PETERS |
|
¿Pues quién lo niega? |
|
|
|
|
Pero Miler no hace caso [26] |
|
|
|
|
por más que la reconvengan. |
190 |
|
|
|
Y aun hace más. |
|
|
| FRANTZ |
|
¿Qué más hace? |
|
|
| PETERS |
|
Mire Vmd.,¡cuando Isabela |
|
|
|
|
tenía los hijos malos, |
|
|
|
|
quiso enviarme a su aldea |
|
|
|
|
con dinero; mas mi padre |
195 |
|
|
|
no me dejó que yo fuera, |
|
|
|
|
porque llovía. |
|
|
| FRANTZ |
|
¿Y qué hizo? |
|
|
| PETERS |
|
Toma, lo llevó ella mesma |
|
|
|
|
y se me puso a curar |
|
|
|
|
los niños como si fueran |
200 |
|
|
|
suyos. |
|
|
| FRANTZ |
|
¡Mujer singular! |
|
|
| PETERS |
|
A veces da grima el verla |
|
|
|
|
llorar, sin saber por qué; |
|
|
|
|
y si yo, Señor, pudiera |
|
|
|
|
verla llorar sin llorar, |
205 |
|
|
|
vaya muy enhorabuena: |
|
|
|
|
pero el caso es, que si llora, |
|
|
|
|
que quieras, o que no quieras, |
|
|
|
|
yo me quedo sin comer, |
|
|
|
|
y echo a llorar. [27] |
|
|
| FRANTZ |
|
¿Y bien, queda (Al BARÓN.) |
210 |
|
|
|
Vmd., Señor, satisfecho? |
|
|
| BARÓN |
|
Haz que ese hablador se vuelva |
|
|
|
|
al castillo. |
|
|
| FRANTZ |
|
A Dios, amigo |
|
|
|
|
Peters. |
|
|
| PETERS |
|
¿Con que Vmd. me deja? |
|
|
| FRANTZ |
|
No, pero Madama Miler... |
215 |
|
| PETERS |
|
¡Ay! es verdad que me espera. |
|
|
|
|
A Dios. |
|
|
|
|
(Saluda al BARÓN, que no lo
corresponde.) |
|
|
|
|
Oye Vmd., Señor, |
|
|
|
|
aquél está que revienta |
|
|
|
|
de rabia, porque no pudo |
|
|
|
|
sacarme ni esto siquiera. |
220 |
|
| FRANTZ |
|
Es verdad. |
|
|
| PETERS |
|
¡Ah! no, conmigo |
|
|
|
|
no hay que venirse con fiestas, |
|
|
|
|
que para guardar secretos |
|
|
|
|
yo. (Vase.) |
|
|
| FRANTZ |
|
Bien, a Dios. ¡Qué simpleza! |
|
|
|
|
vaya, Señor. [28] |
|
|
| BARÓN |
|
¿Qué? |
|
|
| FRANTZ |
|
Que ahora |
225 |
|
|
|
la desconfianza era |
|
|
|
|
injusta. |
|
|
| BARÓN |
|
¡Oh! |
|
|
| FRANTZ |
|
¿Pero qué duda |
|
|
|
|
le queda a Vmd.? |
|
|
| BARÓN |
|
Si me queda |
|
|
|
|
o no, calla: enfín no quiero |
|
|
|
|
escuchar más. |
|
|
|
|
(Se levanta y sigue hablando con acritud.) |
|
|
|
|
¿Quién es esta |
230 |
|
|
|
Madama Miler? ¿por qué |
|
|
|
|
su nombre siempre resuena |
|
|
|
|
en mi oído? ¿y por qué causa |
|
|
|
|
sin haber podido verla, |
|
|
|
|
a cualquier parte que voy |
235 |
|
|
|
ha estado primero ella? |
|
|
| FRANTZ |
|
Vmd. debía alegrarse. |
|
|
| BARÓN |
|
¿Por qué? |
|
|
| FRANTZ |
|
Porque es una prueba |
|
|
|
|
de que aún hay entre los hombres |
|
|
|
|
algunas almas modestas |
240 |
|
|
|
y bienhechoras. [29] |
|
|
| BARÓN |
|
Sí, sí. |
|
|
| FRANTZ |
|
Procure Vmd. conocerla. |
|
|
| BARÓN |
|
¡Conocerla! (Con ironía) |
|
|
| FRANTZ |
|
Yo, Señor, |
|
|
|
|
la conozco, y es muy bella. |
|
|
| BARÓN |
|
Mucho peor: la hermosura |
245 |
|
|
|
encubre con apariencia |
|
|
|
|
falaz un alma viciosa. |
|
|
| FRANTZ |
|
Pues la suya es en mi idea |
|
|
|
|
el velo de la virtud: |
|
|
|
|
es tal su beneficencia... |
250 |
|
| BARÓN |
|
¡Ah, qué incauto! mira, Frantz, |
|
|
|
|
cualquiera mujer desea |
|
|
|
|
deslumbrarnos, afectando |
|
|
|
|
alguna virtud, y ésta |
|
|
|
|
sera quizá más astuta |
255 |
|
|
|
en su ficción. |
|
|
| FRANTZ |
|
Pero sea |
|
|
|
|
como sea, poco importa, |
|
|
|
|
con tal de que favorezca |
|
|
|
|
al anciano, y haga bien. |
|
|
| BARÓN |
|
Mejor, así en su pobreza |
260 |
|
|
|
no necesita de mí. [30] |
|
|
| FRANTZ |
|
No obstante, Señor, en ella |
|
|
|
|
la buena Miler habrá |
|
|
|
|
socorrido las urgencias |
|
|
|
|
limitadas y actuales; |
265 |
|
|
|
pero, por más que lo sienta, |
|
|
|
|
no le habrá podido dar |
|
|
|
|
para consolar sus penas |
|
|
|
|
rescatando a su buen hijo. |
|
|
| BARÓN |
|
Reparo, que te interesas |
270 |
|
|
|
(Con una ironía amarga.) |
|
|
|
|
con mucho ardor por Tobías. |
|
|
|
|
¿Estarás de inteligencia |
|
|
|
|
tú con él para engañarme? |
|
|
| FRANTZ |
|
¿Y es posible, que Vmd. crea... |
|
|
|
|
(Con las lágrimas en los ojos.) |
|
|
|
|
¡ah! no ha nacido del alma |
275 |
|
|
|
de Vmd. tan baja sospecha. |
|
|
| BARÓN |
|
Es verdad; perdoname, |
|
|
|
|
(Con bondad le alarga la mano.) |
|
|
|
|
amigo mío. |
|
|
| FRANTZ |
|
Sí venga |
|
|
|
|
la mano y la besaré (Lo hace.) |
|
|
|
|
mil y mil veces. Es fuerza |
280 |
|
|
|
que os hayan quizá burlado |
|
|
|
|
algunas almas perversas |
|
|
|
|
cruelmente, para haber |
|
|
|
|
concebido contra ellas [31] |
|
|
|
|
ese odio universal, |
285 |
|
|
|
aquesa injuriosa idea |
|
|
|
|
de la virtud y justicia. |
|
|
| BARÓN |
|
Tú lo has dicho. ¡Cuanta pena [32] |
|
|
|
|
me has dado Frantz! déjame |
|
|
|
|
(Se vuelve a sentar, y lee) |
|
|
| FRANTZ |
|
Vele allí con su tristeza |
290 |
|
|
|
sumergido en la lectura: |
|
|
|
|
así pasa la carrera |
|
|
|
|
de su vida: a los placeres |
|
|
|
|
muerto, a la naturaleza |
|
|
|
|
muerto también, y sumido |
295 |
|
|
|
en su dolor. ¡Quién pudiera |
|
|
|
|
restituirle al placer! |
|
|
|
|
Hace tres años que aleja |
|
|
|
|
la sonrisa de su boca, |
|
|
|
|
y otros tantos que la idea |
300 |
|
|
|
de un suicidio fatal |
|
|
|
|
me hace estremecer. Si fuera |
|
|
|
|
posible al menos, que amase |
|
|
|
|
la sociedad... Si quisiera |
|
|
|
|
cultivar algunas flores... |
305 |
|
|
|
Pero nada; en su tristeza |
|
|
|
|
sumergido, calla y lee, |
|
|
|
|
o si alguna vez despliega |
|
|
|
|
sus labios es detestando |
|
|
|
|
de su mísera existencia, |
310 |
|
|
|
y maldiciendo a los hombres |
|
|
|
|
artífices de su pena. (Lee el BARÓN.) |
|
|
|
|
«En la soledad adquieren mayor energía
nuestras ideas; pero también se renuevan las
antiguas heridas, y cuanto en otro tiempo agitó
con violencia las fibras de nuestro cerebro, es
un fantasma que nos persigue y nos atormenta
de continuo.» |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| FRANTZ |
|
Tiene razón ese libro; |
|
|
|
|
pero también se me acuerda |
|
|
|
|
haber oído decir, |
315 |
|
| |
|
|
(Va saliendo TOBÍAS.) |
| |
|
|
|
|
|
|
que por lo mismo era fuerza |
|
|
|
|
huir de la soledad, |
|
|
|
|
y abandonarse a la inmensa |
|
|
|
|
multitud de los negocios. |
|
|
| TOBÍAS |
|
¡Oh cuán grata es la influencia |
320 |
|
|
|
del sol sobre el infelice! |
|
|
|
|
Pero mi alma se enajena |
|
|
|
|
de placer, y de su Dios |
|
|
|
|
benéfico no se acuerda. |
|
|
|
|
(Se descubre levanta las manos al cielo.) |
|
|
| FRANTZ |
|
Ve aquí un anciano, que goza |
325 |
|
| |
|
|
|
(El BARÓN cierra el libro, y mira con atención al viejo.) |
| |
|
|
|
|
|
|
de poco bien en su extrema |
|
|
|
|
necesidad, y da gracias |
|
|
|
|
a la augusta Providencia |
|
|
|
|
del poco bien de que goza. [33] |
|
|
| BARÓN |
|
Porque la esperanza llega |
330 |
|
|
|
con los hombres al sepulcro, |
|
|
|
|
y en sus límites los deja. |
|
|
| FRANTZ |
|
A Dios, buen hombre: parece |
|
|
|
|
que veo más fortaleza |
|
|
|
|
en Vmd. |
|
|
| TOBÍAS |
|
Dios, y el cuidado |
335 |
|
|
|
de una mujer que no niega |
|
|
|
|
su misericordia al pobre, |
|
|
|
|
me han conservado en la tierra |
|
|
|
|
quizá por algunos años. |
|
|
| FRANTZ |
|
Sin embargo Vmd. demuestra |
340 |
|
|
|
bastante edad. |
|
|
| TOBÍAS |
|
Sí, Señor, |
|
|
|
|
ya paso de los setenta, |
|
|
|
|
y pocas satisfacciones |
|
|
|
|
puedo ya gozar en ella. |
|
|
| FRANTZ |
|
Pues yo, amigo, me quejara |
345 |
|
|
|
de mi suerte, si tan cerca |
|
|
|
|
de la tumba me volviese |
|
|
|
|
a la vida y a la pena; |
|
|
|
|
que la muerte es el consuelo |
|
|
|
|
del infeliz. |
|
|
| TOBÍAS |
|
¿Vmd. piensa, |
350 |
|
|
|
que soy yo tan infeliz? [34] |
|
|
|
|
¿No gozo aún de la bella |
|
|
|
|
luz del sol amaneciendo? |
|
|
|
|
¿No he recobrado mis fuerzas |
|
|
|
|
con la salud? ¡ay amigo! |
355 |
|
|
|
aquél que por vez primera, |
|
|
|
|
después de un penoso mal, |
|
|
|
|
respira el aura serena |
|
|
|
|
de una plácida mañana, |
|
|
|
|
es el más feliz que llegan |
360 |
|
|
|
a ver los rayos del sol. |
|
|
| FRANTZ |
|
Pero ese bien degenera |
|
|
|
|
bien pronto con la costumbre. |
|
|
| TOBÍAS |
|
No en la vejez: muchas penas |
|
|
|
|
me han afligido y me afligen; |
365 |
|
|
|
y sin embargo sintiera |
|
|
|
|
la muerte. Cuando mi padre |
|
|
|
|
me dejó en su pobre herencia |
|
|
|
|
esa cabaña, gozaba |
|
|
|
|
yo de mi salud y fuerzas. |
370 |
|
|
|
Tomé una mujer honrada, |
|
|
|
|
tan amante como buena, |
|
|
|
|
y Dios bendijo mi unión |
|
|
|
|
con tres hijos: pero esta |
|
|
|
|
dicha duró pocos años. |
375 |
|
|
|
Dos dellos vieron apenas |
|
|
|
|
el sol de la juventud, |
|
|
|
|
y la muerte con fiereza |
|
|
|
|
los arrebató. Yo amigo |
|
|
|
|
sufrí el golpe con paciencia; |
380 |
|
|
|
pero mi pobre mujer, [35] |
|
|
|
|
o más débil, o más tierna, |
|
|
|
|
murió de dolor: quizá |
|
|
|
|
yo en mi soledad hubiera |
|
|
|
|
seguídolos a la muerte, |
385 |
|
|
|
si la divina clemencia |
|
|
|
|
no me hubiera consolado. |
|
|
|
|
Enfín cuando mi flaqueza |
|
|
|
|
adoraba sus decretos, |
|
|
|
|
y resignado en su eterna |
390 |
|
|
|
misericordia vivía |
|
|
|
|
con un hijo, última prenda |
|
|
|
|
de mi amor, algo felice; |
|
|
|
|
su generosa imprudencia |
|
|
|
|
le condujo a sentar plaza |
405 |
|
|
|
por socorrer la miseria |
|
|
|
|
de su anciano padre... Amigo, |
|
|
|
|
este golpe me condena |
|
|
|
|
a la pérdida cruel |
|
|
|
|
del apoyo de mis fuerzas |
400 |
|
|
|
inútiles; y os protesto, |
|
|
|
|
que sin la beneficencia |
|
|
|
|
de una mujer virtuosa, |
|
|
|
|
de hambre y de pesar muriera. |
|
|
| FRANTZ |
|
¿Y sin embargo Vmd. ama |
405 |
|
|
|
la vida? ¿Vmd. la desea? |
|
|
| TOBÍAS |
|
¿Y por qué no, mientras |
|
|
|
|
haya un objeto que interesa |
|
|
|
|
mi corazón en un hijo? |
|
|
| FRANTZ |
|
Puede que Vmd. no le vuelva [36] |
410 |
|
|
|
a ver jamás. |
|
|
| TOBÍAS |
|
Sin embargo |
|
|
|
|
yo le conservo en la idea; |
|
|
|
|
y aun cuando esté decretado |
|
|
|
|
que mis ojos no le vean, |
|
|
|
|
esperaría la muerte |
415 |
|
|
|
sin yo desearla. Aquella |
|
|
|
|
es la cabaña tranquila |
|
|
|
|
en que nací; aquella vieja |
|
|
|
|
encina creció conmigo, |
|
|
|
|
y... (casi tengo vergüenza |
420 |
|
|
|
de decirlo) tengo un perro |
|
|
|
|
que en mi dolor me consuela. |
|
|
| FRANTZ |
|
¡Un perro! (Riendo.) |
|
|
| TOBÍAS |
|
Un perro; sí, amigo, |
|
|
|
|
ríase Vmd. cuanto quiera; |
|
|
|
|
pero sepa Vmd. que Miler, |
425 |
|
|
|
la generosa, la buena |
|
|
|
|
Miler, vino a visitarme |
|
|
|
|
un día en mi cabañuela |
|
|
|
|
y como el perro ladraba |
|
|
|
|
viéndola entrar, dijo ella: |
430 |
|
|
|
¿por qué no da Vmd., Tobías, |
|
|
|
|
este animal, pues apenas |
|
|
|
|
tiene Vmd. pan que comer? |
|
|
|
|
Señora, y si yo le diera, |
|
|
|
|
la respondí, ¿quién me amara |
435 |
|
|
|
en mi soledad? [37] |
|
|
| FRANTZ |
|
No sea |
|
|
|
|
(Al BARÓN, que piensa profundamente.) |
|
|
|
|
causa de que Vmd. se enoje |
|
|
|
|
la interrupción; mas quisiera |
|
|
|
|
que Vmd. oyese... |
|
|
| BARÓN |
|
Sí, Frantz, |
|
|
|
|
todo lo escuché: ve y lleva |
440 |
|
|
|
ese libro a mi aposento, |
|
|
|
|
te dejarás abiertas |
|
|
|
|
las ventanas hacia el río |
|
|
| FRANTZ |
|
Voy, Señor. (Vase.) |
|
|
| BARÓN |
|
No te detengas. (Con
prontitud.) |
|
|
|
|
Dime, anciano ¿qué te ha dado |
445 |
|
|
|
Miler? |
|
|
| TOBÍAS |
|
Aquel alma bella, |
|
|
|
|
aquel alma angelical |
|
|
|
|
me ha dado cuanto pudiera |
|
|
|
|
desear para comer |
|
|
|
|
hasta el invierno. |
|
|
| BARÓN |
|
¡No mientas! |
450 |
|
|
|
¿Y nada más? |
|
|
| TOBÍAS |
|
¿Y que más? |
|
|
|
|
Ella, Señor, bien quisiera [38] |
|
|
|
|
librar a mi buen Ernesto; |
|
|
|
|
pero por más que lo sienta, |
|
|
|
|
carece de facultades. |
455 |
|
| BARÓN |
|
Salva un hijo. A Dios. |
|
|
| |
|
|
(Vase con precipitación, después de darle una bolsa de dinero.) |
| |
|
|
|
|
| TOBÍAS |
|
¡Que nueva |
|
|
|
|
felicidad es la mía! (Abre la bolsa.) |
|
|
|
|
¡Válgame Dios!, ¡y monedas |
|
|
|
|
de oro! Amigo, miradlo: |
|
|
|
|
(A FRANTZ que sale.) |
|
|
|
|
la confianza en la eterna |
460 |
|
|
|
misericordia, jamás |
|
|
|
|
nos engaña... ¡oh providencia! |
|
|
| FRANTZ |
|
¿Y quién es el generoso? |
|
|
| TOBÍAS |
|
Su amo de Vmd... ¡ah, que pueda |
|
|
|
|
gozar de su buena obra, |
465 |
|
|
|
como de la recompensa! |
|
|
| FRANTZ |
|
¡Hombre singular! |
|
|
| TOBÍAS |
|
Ni quiso |
|
|
|
|
el buen Señor que le diera |
|
|
|
|
las gracias, y ya iba lejos |
|
|
|
|
antes que mi torpe lengua |
470 |
|
|
|
se moviese. [39] |
|
|
| FRANTZ |
|
Ve ahí a mi amo. |
|
|
| TOBÍAS |
|
A Dios, amigo. Ello es fuerza |
|
|
|
|
correr cuanto me permitan |
|
|
|
|
los años a dar la nueva |
|
|
|
|
de su rescate a mi hijo |
475 |
|
|
|
¡Cuanta será su impaciencia, |
|
|
|
|
su placer, cuando se abrace |
|
|
|
|
con cuanto amaba en la tierra: |
|
|
|
|
con su amante y con su padre! |
|
|
|
|
O tú, augusta omnipotencia, |
480 |
|
|
|
colma de favor al hombre |
|
|
|
|
generoso; que tu diestra |
|
|
|
|
cubra su frente de gracias: |
|
|
|
|
extiéndase tu clemencia |
|
|
|
|
en la felicidad suya. |
485 |
|
|
|
¿Que quién hay que la merezca |
|
|
|
|
mejor que el hombre piadoso, |
|
|
|
|
que tu imagen representa? |
|
|
| |
|
|
(Vase por la derecha.) |
| |
|
|
|
|
| FRANTZ |
|
¡Ah! ¿por qué no soy yo rico? |
|
|
|
|
¿por qué yacen las riquezas |
490 |
|
|
|
en manos de los crueles? |
|
|
|
|
¡ah! si yo las poseyera |
|
|
|
|
socorrer el infortunio |
|
|
|
|
serían mis complacencias. |
|
|
| |
|
|
|
(Vase por la arboleda.) [40] |
| |
|
|
|
(La escena representa un salón del castillo. Sale EULALIA con una carta abierta.) |
| |
|
|
|
|
| EULALIA |
|
¡Ah! ve aquí lo que me aflige. |
495 |
|
|
|
Yo estaba ya más contenta |
|
|
|
|
en mi retiro, a pesar |
|
|
|
|
de que no siempre se alberga |
|
|
|
|
el gozo en el corazón |
|
|
|
|
del solitario. ¡Oh, yo necia |
500 |
|
|
|
y desgraciada mujer! |
|
|
|
|
en el claustro y en las selvas |
|
|
|
|
te seguirá tu dolor, |
|
|
|
|
clavado como una flecha, |
|
|
|
|
Eulalia, en el corazón. |
505 |
|
|
|
Pero al fin, cuando la pena |
|
|
|
|
le oprimía con su peso, |
|
|
|
|
yo lloraba sin dar cuenta |
|
|
|
|
a nadie del llanto mío; |
|
|
|
|
y errando triste e inquieta |
510 |
|
|
|
por los campos del castillo |
|
|
|
|
ninguno formó la idea |
|
|
|
|
de que mi alma obedecía |
|
|
|
|
a la irresistible fuerza |
|
|
|
|
de una conciencia culpable |
515 |
|
|
|
que por siempre me condena |
|
|
|
|
a llorar lejos del hombre |
|
|
|
|
mi criminal imprudencia. |
|
|
|
|
¡Mísera yo! si ellos vienen, |
|
|
|
|
a Dios, o dulce y amena |
520 |
|
|
|
soledad, a Dios lectura, |
|
|
|
|
que tal vez has dado treguas |
|
|
|
|
a mi dolor con tus gracias. [41] |
|
|
|
|
¿Y si acaso la Condesa |
|
|
|
|
o el Conde traen algunos |
525 |
|
|
|
de los sujetos que puedan |
|
|
|
|
conocerme? ¡ay! que infeliz |
|
|
|
|
es aquél de quien recela |
|
|
|
|
el corazón criminal |
|
|
|
|
la inoportuna presencia |
530 |
|
|
|
de uno, de un solo testigo, |
|
|
|
|
de su delito y su pena. (Sale PETERS.) |
|
|
| PETERS |
|
Aquí estoy yo. |
|
|
| EULALIA |
|
Muy bien, Peters, |
|
|
|
|
¿y Tobías? |
|
|
| PETERS |
|
Allí queda |
|
|
|
|
tan contento el pobre viejo. |
535 |
|
| EULALIA |
|
¿Le dijiste de quién era |
|
|
|
|
el dinero? |
|
|
| PETERS |
|
Dios me libre. |
|
|
|
|
Le dije, que no creyera |
|
|
|
|
que era usted la que le daba |
|
|
|
|
aquellas cuantas monedas, |
540 |
|
|
|
que no era usted. |
|
|
| EULALIA |
|
Muy bien
dicho. (Sonriéndose.) |
|
|
| PETERS |
|
Pero sin embargo piensa |
|
|
|
|
en venir a dar las gracias [42] |
|
|
|
|
que quieras o que no quieras. |
|
|
| EULALIA |
|
Mira, Peters, no permitas, |
545 |
|
|
|
que Tobías cuando venga |
|
|
|
|
entre a verme; dile tú |
|
|
|
|
que duermo, que estoy enferma, |
|
|
|
|
o que no tengo lugar. |
|
|
|
|
Enfín, dile cuanto quieras, |
550 |
|
|
|
y no le dejes entrar. |
|
|
| PETERS |
|
Bien, y si acaso se empeña, |
|
|
|
|
le agarraré por un brazo... |
|
|
| EULALIA |
|
No, Peters, no hagas violencia |
|
|
|
|
al enfermo viejecito. |
555 |
|
| PETERS |
|
Me voy, que mi padre llega. (Vase.) |
|
|
| |
|
|
(Sale BITERMAN.) |
| |
|
|
|
|
|
|
Buenos días, Señorita, |
|
|
|
|
yo celebro verla buena |
|
|
|
|
y graciosa como siempre. |
|
|
|
|
Usted me llama, y quisiera |
560 |
|
|
|
saber que novedad hay. |
|
|
| EULALIA |
|
A Dios, Biterman. Hoy llegan |
|
|
|
|
los Señores del castillo. |
|
|
| BITERMAN |
|
¿Quién? ¿el Conde? ¿su Excelencia? |
|
|
| EULALIA |
|
Sí, amigo, de aquí a dos horas |
565 |
|
|
|
llega el Conde, la Condesa |
|
|
|
|
y su cuñado el Mayor, |
|
|
|
|
de Horst. [43] |
|
|
| BITERMAN |
|
¿Lo decís de veras? |
|
|
| EULALIA |
|
Usted sabe, Biterman, (Con dulzura.) |
|
|
|
|
que Miler no se chancea |
570 |
|
|
|
jamás. |
|
|
| BITERMAN |
|
Peters... ¿y es posible? |
|
|
|
|
¡Válgame Dios! ¡cuando vengan |
|
|
|
|
que dirán! Peters... (Sale PETERS.) |
|
|
| PETERS |
|
Señor. |
|
|
| BITERMAN |
|
Ve a buscar a toda priesa |
|
|
|
|
al guarda bosques, y dile |
575 |
|
|
|
que me mande varias piezas |
|
|
|
|
de caza: que Juana limpie |
|
|
|
|
los cuartos de su Excelencia, |
|
|
|
|
y le quite a los espejos |
|
|
|
|
el polvo para que pueda |
580 |
|
|
|
verse en ellos la señora. (Vase PETERS.) |
|
|
|
|
Corre, marcha. ¡Que cabeza |
|
|
|
|
me ha puesto la tal noticia! |
|
|
|
|
Pero lo que me da pena |
|
|
|
|
es, que la cámara verde |
585 |
|
|
|
está toda descompuesta, |
|
|
|
|
y no habrá donde poner |
|
|
|
|
al Mayor. |
|
|
| EULALIA |
|
¿En la escalera [44] |
|
|
|
|
no hay un cuarto hacia el oriente? |
|
|
| BITERMAN |
|
Es verdad; pero esa pieza |
590 |
|
|
|
está para el Secretario: |
|
|
|
|
no obstante tengo una idea |
|
|
|
|
excelente: la casilla |
|
|
|
|
que alinda con nuestra huerta |
|
|
|
|
se la podríamos dar. |
595 |
|
| EULALIA |
|
¿Y cómo, si vive en ella |
|
|
|
|
el extranjero? |
|
|
| BITERMAN |
|
No importa, |
|
|
|
|
que se vaya. |
|
|
| EULALIA |
|
¡Oh! bueno fuera |
|
|
|
|
cometer una injusticia. |
|
|
|
|
Usted sabe, que no media |
600 |
|
|
|
el interés en su elogio, |
|
|
|
|
pues ni le he visto siquiera; |
|
|
|
|
pero cuantos le conocen |
|
|
|
|
tienen repetidas pruebas |
|
|
|
|
de su virtud; y yo creo |
605 |
|
|
|
que la morada que arrienda |
|
|
|
|
la paga liberalmente. |
|
|
| BITERMAN |
|
Cierto, yo no tengo queja |
|
|
|
|
ninguna; pero... |
|
|
| EULALIA |
|
¿Qué? vamos. |
|
|
| BITERMAN |
|
En fin, Miler, yo quisiera [45] |
610 |
|
|
|
saber quien es. ¡Qué demonio! |
|
|
|
|
Siempre va huyendo diez leguas |
|
|
|
|
cuando me ve, y aunque busco |
|
|
|
|
mil ocasiones diversas |
|
|
|
|
para hablar con el criado, |
615 |
|
|
|
ni tampoco me contesta. |
|
|
|
|
«Hoy hace buen día. Sí. |
|
|
|
|
»Ya los árboles empiezan |
|
|
|
|
»a brotar. Sí. Me parece |
|
|
|
|
»que hoy el amo se pasea |
620 |
|
|
|
»con gusto.» Sí. Mil demonios |
|
|
|
|
se lleven tanta reserva |
|
|
|
|
y tal callar, vaya, vaya. |
|
|
| EULALIA |
|
Bien, pero con la impaciencia |
|
|
|
|
olvida usted a los Condes. |
625 |
|
| BITERMAN |
|
Pues si es verdad; usted vea |
|
|
|
|
que motivo habrá... |
|
|
| EULALIA |
|
Las nueve. |
|
|
|
|
Yo me voy a mis haciendas: |
|
|
|
|
a Dios, Biterman. (Vase.) |
|
|
| BITERMAN |
|
Sí, sí; |
|
|
|
|
también usté es linda pesca; |
630 |
|
|
|
ni tampoco sé quién es. |
|
|
|
|
¡Madama Miler! ¡qué buena! |
|
|
|
|
¡hay tanta Madama Miler |
|
|
|
|
en el mundo! La Condesa |
|
|
|
|
la recibió hace tres años, [46] |
635 |
|
|
|
para darle la intendencia |
|
|
|
|
del castillo, pero bien, |
|
|
|
|
¿quién es esta aventurera? |
|
|
|
|
¿de dónde viene, y por qué? |
|
|
|
|
Ve aquí lo que me condena. |
640 |
|
|
|
Vaya, que es fatalidad |
|
|
|
|
no averiguar tan siquiera... (Sale PETERS.) |
|
|
| PETERS |
|
Padre, padre, que ha llegado |
|
|
|
|
un Señor, venga usté apriesa, |
|
|
|
|
que es el Mayor de... de... vamos, |
645 |
|
|
|
que llega el Señor. |
|
|
| |
|
|
(Sale el MAYOR. PETERS imita a su padre en toda esta escena.) |
| |
|
|
|
|
| BITERMAN |
|
Merezca |
|
|
|
|
(Con muchas cortesías.) |
|
|
|
|
un mayordomo, Señor, |
|
|
|
|
ofrecerse a la obediencia |
|
|
|
|
de V. S. y más cuando tiene |
|
|
|
|
el honor de hablar de cerca |
650 |
|
|
|
y rostro a rostro al ilustre |
|
|
|
|
cuñado de su Excelencia |
|
|
|
|
el gran Conde de Walberg. |
|
|
| PETERS |
|
De Walberg. |
|
|
| MAYOR |
|
¡Oh! vamos, deja |
|
|
|
|
cumplimientos, Biterman: |
655 |
|
|
|
ya ves que un hombre de guerra |
|
|
|
|
ni los hace, ni recibe. [47] |
|
|
| BITERMAN |
|
Señor, con vuestra licencia, |
|
|
|
|
aunque estamos en el campo |
|
|
|
|
veneramos la grandeza |
660 |
|
|
|
de los cuñados de un Conde. |
|
|
| PETERS |
|
Conde. |
|
|
| MAYOR |
|
Muy bien, como quieras. |
|
|
|
|
Mi hermano y yo hemos pensado |
|
|
|
|
pasar esta primavera |
|
|
|
|
en el castillo. |
|
|
| BITERMAN |
|
Aunque fuese |
665 |
|
|
|
un año; pues sin que sea |
|
|
|
|
vanidad, he acumulado, |
|
|
|
|
Señor, y puesto en reserva |
|
|
|
|
con que admirar a los Condes. |
|
|
| PETERS |
|
A los Condes. |
|
|
| MAYOR |
|
Bien, muy bella |
670 |
|
|
|
precaución. Tu economía |
|
|
|
|
exige según mis cuentas, |
|
|
|
|
un disipador, y creo |
|
|
|
|
que en mi cuñado se encuentra |
|
|
|
|
cuanto puedes desear. |
675 |
|
|
|
Ha dejado la carrera |
|
|
|
|
militar, y se propone |
|
|
|
|
concluir lo que le queda |
|
|
|
|
de vida en este castillo. [48] |
|
|
| BITERMAN |
|
Y con eso las gacetas |
680 |
|
|
|
vendrán todas las semanas. |
|
|
| PETERS |
|
Semanas. |
|
|
| BITERMAN |
|
Por la escalera |
|
|
|
|
me parece... Sí, Madama |
|
|
|
|
Miler... ¡Buena mujer! ¡buena! |
|
|
|
|
es el ama de gobierno. |
685 |
|
|
|
Yo voy a hacerla que venga, |
|
|
|
|
si gusta V. S. |
|
|
| PETERS |
|
Sí V. S. |
|
|
| MAYOR |
|
No te tomes esa pena. |
|
|
| BITERMAN |
|
¡Oh Señor! no puede serlo |
|
|
|
|
nunca para mí dar pruebas |
690 |
|
|
|
de mis respetos a V. S. |
|
|
| PETERS |
|
Tos a V. S. (Vanse BITERMAN y
PETERS.) |
|
|
| MAYOR |
|
¡Que paciencia |
|
|
|
|
es necesario tener |
|
|
|
|
con estas gentes! El piensa |
|
|
|
|
hacerme quizá un obsequio |
695 |
|
|
|
en mandarme alguna vieja |
|
|
|
|
importuna y habladora |
|
|
|
|
que me rompa la cabeza. [49] |
|
|
| |
|
|
(Sale EULALIA, que hace una cortesía, que anuncia su buena educación.) |
| |
|
|
|
|
|
|
¡Ola! no es vieja. |
|
|
| EULALIA |
|
Señor, |
|
|
|
|
yo me doy la enhorabuena |
700 |
|
|
|
de conocer un hermano |
|
|
|
|
de la Señora Condesa |
|
|
|
|
mi bienhechora. |
|
|
| MAYOR |
|
Y yo aprecio |
|
|
|
|
un bien que me lisonjea, |
|
|
|
|
pues por él conozco a Vmd. |
705 |
|
| EULALIA |
|
Sin duda la primavera |
|
|
|
|
ha dado motivo al Conde |
|
|
|
|
de venir aquí. |
|
|
| MAYOR |
|
No, bella |
|
|
|
|
Miler, Vmd. le conoce: |
|
|
|
|
que haga sereno, que llueva, |
710 |
|
|
|
poco le importa, con tal |
|
|
|
|
de que su casa no sienta |
|
|
|
|
la tristeza ni el enojo. |
|
|
|
|
Amistad, amor y mesa |
|
|
|
|
son los placeres de un alma |
715 |
|
|
|
como la suya, y si llega |
|
|
|
|
a reunirlos, ve aquí |
|
|
|
|
su codicia satisfecha. |
|
|
| EULALIA |
|
En verdad, que la ventura |
|
|
|
|
le favorece: riquezas, [50] |
720 |
|
|
|
salud, todo contribuye |
|
|
|
|
a su dicha; mas si hubiera |
|
|
|
|
probado tal vez los males |
|
|
|
|
que a la humanidad rodean, |
|
|
|
|
aun al lado de su esposa, |
725 |
|
|
|
no gozaría de entera |
|
|
|
|
felicidad. |
|
|
| MAYOR |
|
Es muy cierto; |
|
|
|
|
peor el alma epicúrea |
|
|
|
|
de mi cuñado disfruta |
|
|
|
|
de un bien, que jamás altera |
730 |
|
|
|
el dolor, y por gozar |
|
|
|
|
de su libertad se deja |
|
|
|
|
el servicio, y por vivir |
|
|
|
|
tranquilo. |
|
|
| EULALIA |
|
¿Aquí? (Algo turbada.) |
|
|
| MAYOR |
|
Si no encuentra |
|
|
|
|
estorbo en la soledad |
735 |
|
| EULALIA |
|
Señor, el hombre que alberga |
|
|
|
|
un corazón libre y puro |
|
|
|
|
no puede encontrar en ella |
|
|
|
|
sino la paz. |
|
|
| MAYOR |
|
Yo aseguro, |
|
|
|
|
que es ésta la vez primera |
740 |
|
|
|
en que una boca tan linda |
|
|
|
|
hace su elogio. [51] |
|
|
| EULALIA |
|
No crea |
|
|
|
|
V.S., Señor Mayor, |
|
|
|
|
que mi sexo no respeta |
|
|
|
|
la soledad ni me haga |
745 |
|
|
|
ese cumplimiento a expensas |
|
|
|
|
de las mujeres. |
|
|
| MAYOR |
|
Señora, |
|
|
|
|
la verdad: ni Vmd. es hecha |
|
|
|
|
para vivir en el yelmo, |
|
|
|
|
ni yo imagino que tenga |
750 |
|
|
|
atractivo para Vmd. |
|
|
| EULALIA |
|
Señor Mayor, cuando re ina |
|
|
|
|
una constante igualdad |
|
|
|
|
en nuestra vida, es inmensa |
|
|
|
|
la rapidez con que pasan |
755 |
|
|
|
nuestras horas: las ideas |
|
|
|
|
de un día retratan siempre |
|
|
|
|
las del anterior; las mesmas |
|
|
|
|
ocupaciones y el mismo |
|
|
|
|
placer. Cuando en una bella |
760 |
|
|
|
madrugada me levanto |
|
|
|
|
por gozar de la serena |
|
|
|
|
luz del sol amaneciendo, |
|
|
|
|
bendigo la omnipotencia |
|
|
|
|
de la mano que derrama |
765 |
|
|
|
vida en la naturaleza. |
|
|
|
|
Deja el ganado su establo, |
|
|
|
|
y las tranquilas ovejas |
|
|
|
|
van al prado: el labrador, [52] |
|
|
|
|
sacudiendo la pereza, |
770 |
|
|
|
unce los amigos bueyes, |
|
|
|
|
y los vientecillos suenan |
|
|
|
|
con sus rústicos cantares. |
|
|
|
|
Vuelvo a casa, y mis haciendas |
|
|
|
|
particulares me ocupan |
775 |
|
|
|
hasta que la tarde llega |
|
|
|
|
y voy a regar mis flores... |
|
|
|
|
Mis flores, las compañeras, |
|
|
|
|
de mi soledad. En tanto |
|
|
|
|
los mozos y las doncellas |
780 |
|
|
|
me divierten con sus juegos |
|
|
|
|
que dirige la inocencia, |
|
|
|
|
hasta que el plácido sueño |
|
|
|
|
y el cansancio nos dispersan. |
|
|
| MAYOR |
|
Es verdad, pero el invierno... (Sale
PETERS.) |
785 |
|
| PETERS |
|
Toma, ya está en la escalera; |
|
|
|
|
yo no puedo más. |
|
|
| EULALIA |
|
¿Qué es eso? |
|
|
| PETERS |
|
¿Qué ha de ser? que se me cuela |
|
|
|
|
Tobías... aquí está ya. (Sale TOBÍAS.) |
|
|
| TOBÍAS |
|
¡Oh mi bienhechora! es fuerza, |
790 |
|
|
|
es fuerza que yo... |
|
|
| |
|
|
(Queriendo abrazar los pies de EULALIA que lo impide.) |
| |
|
|
|
|
| EULALIA |
|
Buen hombre... [53] |
|
|
|
|
¡Válgame Dios! ¿no pudiera |
|
|
|
|
Vmd. venir a otra hora? |
|
|
|
|
ya ve Vmd... |
|
|
| TOBÍAS |
|
Mujer modesta |
|
|
|
|
tanto como virtuosa, |
795 |
|
|
|
el Señor... |
|
|
| MAYOR |
|
Y bien, ¿que intenta |
|
|
|
|
este anciano? |
|
|
| TOBÍAS |
|
Demostrar |
|
|
|
|
la gratitud que me llena |
|
|
|
|
todo el fondo de mi alma |
800 |
|
|
|
a los pies... |
|
|
| EULALIA |
|
Mañana es buena |
|
|
|
|
ocasión. |
|
|
| MAYOR |
|
Déjele Vmd. (Con
viveza.) |
|
|
|
|
y permita que yo sea |
|
|
|
|
testigo de un accidente |
|
|
|
|
que me dice en lo que emplea |
805 |
|
|
|
la bella Miler el tiempo. |
|
|
|
|
Habla buen viejo, y consuela |
|
|
|
|
tu corazón. |
|
|
| TOBÍAS |
|
¡Ah Señor! |
|
|
|
|
¡Si cada palabra fuera |
|
|
|
|
una bendición celeste! |
810 |
|
|
|
Yo estaba en mi cabañuela [54] |
|
|
|
|
abandonado y enfermo, |
|
|
|
|
y mi débil existencia |
|
|
|
|
caminaba hacia la muerte. |
|
|
|
|
La lluvia, el viento, la intensa |
815 |
|
|
|
nieve, entraban en mi choza, |
|
|
|
|
y yo en una vieja estera |
|
|
|
|
desnudo, pobre, y enfermo, |
|
|
|
|
aun no tenía siquiera |
|
|
|
|
unas migajas de pan |
820 |
|
|
|
que dar a mi perro en prueba |
|
|
|
|
de gratitud a su amor. |
|
|
|
|
En esto que Miler llega |
|
|
|
|
como el ángel del consuelo; |
|
|
|
|
me da favor, me dispensa |
825 |
|
|
|
remedios, y todo cuanto |
|
|
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necesitaba en mi extrema |
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situación; pero la gracia |
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de su virtud, su halagüeña |
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oficiosidad, lograron |
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recuperar la flaqueza |
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de mi vejez... ¡Ah! yo vivo, |
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yo vivo, y gozo la eterna |
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luz del sol por su piedad. |
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¿Y querrá que no agradezca |
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mi sensible bienhechora...? (Se arrodilla.) |
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| EULALIA |
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Por Dios, buen viejo... |
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| TOBÍAS |
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Modesta |
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Miler, deje Vmd. que riegue (Ella lo
impide.) [55] |
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con mis lágrimas la tierra |
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que pisa; deje que bese |
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la mano que se interesa |
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en mis males, y por quien |
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bendice la Providencia |
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mi vejez. El extranjero |
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que ha venido a nuestra aldea |
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me ha dado el oro que veis |
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para rescatar la prenda |
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de mi amor, al hijo mío. |
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De aquí voy a la bandera, |
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le rescato, lo desposo |
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con una joven honesta, |
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y quizá tendré el placer |
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de ver en la propia mesa, |
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de poner en mis rodillas |
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los frutos de su terneza. |
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Y si acaso pasa Vmd. |
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alguna vez por la puerta |
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de mi cabaña, ¡qué gozo |
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será para su alma bella |
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decir, «estos son felices |
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»por mi piedad!» |
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| EULALIA |
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¡Que pena |
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me está Vmd. dando, Tobías! |
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basta. (Como suplicando.) |
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| TOBÍAS |
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Sí, basta: mi lengua |
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es incapaz de explicar |
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cuanto es el placer que prueba |
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mi corazón este instante. [56] |
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(Le besa la mano de por fuerza, y PETERS se va limpiando las lágrimas.) |
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Mujer virtuosa y tierna, |
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sólo Dios y tu virtud |
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pueden ser tu recompensa. (Vase y
PETERS.) |
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| EULALIA |
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Mucho tardan ya los Condes. |
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| MAYOR |
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No, bella Miler, no quiera |
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Vmd. distraerme acaso |
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de la deliciosa idea |
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de su virtud. ¡Ah! ¡qué poco, |
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discurrí yo hallar en esta |
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soledad una mujer |
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como Vmd! |
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| EULALIA |
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¿Pues qué una escena |
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tan simple puede causaros |
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admiración? |
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| MAYOR |
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Yo quisiera |
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saber (perdone Vmd., Miler, |
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una curiosidad necia) |
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si Vmd. ama, y si es casada. |
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| EULALIA |
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Lo fui. |
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(Pasa repentinamente a la tristeza desde la alegría que aparentaba.) |
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| MAYOR |
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¿Luego Vmd., en esa |
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suposición, es viuda? [57] |
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| EULALIA |
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¡Ay Señor! hay ciertas cuerdas |
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en el corazón humano, |
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que si las pulsan resuenan |
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con dolor. Perdone V. S., |
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voy a ver si el Conde llega. (Vase.) |
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| MAYOR |
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Vaya Vmd., que ya la sigo. |
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¡Válgame Dios! ¡quien creyera |
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hallar en la soledad |
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de una miserable aldea |
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tal mujer! piadosa, noble, |
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y como bella modesta. |
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¿Quién será? pero que importa |
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que sea ilustre, o no sea |
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para los hombres de bien? |
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No es mi corazón de piedra, |
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ni cerrado a la virtud: |
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¿no es compasiva, no es bella |
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no la amo? pues ve aquí |
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sus títulos de nobleza. [58] |
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