Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.

ArribaAbajo

Acto III

 
 

(Sale FRANTZ con un cestillo en la mano, en el cual se supone que trae la comida. que quiere hacer en aquel campo.)

       
FRANTZ     A la verdad esta vida
pacífica es de mi genio
y no las agitaciones
anteriores. El sosiego
del corazón hace grato 5
cualquier frugal alimento,
que como tranquilo siempre
bajo este sereno cielo.
¿Pero quién viene?
 

(Sale el MAYOR.)

 
MAYOR                                  Querido,
llame Vmd. al extranjero 10
que quiero hablarle.
FRANTZ                                  Señor,
es imposible; mi dueño
huye de hablar con los hombres.
MAYOR Vaya Vmd., en el supuesto
de que no soy un ingrato. 15
 

(Le ofrece un bolsillo.) [101]

 
FRANTZ No necesito dinero.
MAYOR Pues bien, amigo, siquiera
satisfaga Vmd. mis ruegos.
Dígale Vmd. a su amo
que el sacrificio ligero 20
de tres o cuatro minutos
no le podrá ser molesto
e importuno: que yo soy
un militar tan sincero
como él generoso; enfín, 25
cuanto pueda darle peso
a mi súplica: sí, amigo.
FRANTZ Voy, Señor, a ver si puedo
(Después de algún silencio.)
hacerle venir. (Vase.)
MAYOR                                 Muy bien.
¿Pero si viene, qué medio 30
tomaré para introducir
mi súplica? no me acuerdo
de haber tratado en mi vida
misántropo más austero
ni decidido: yo ignoro 35
cómo hablar con un sujeto
a quien su misma existencia,
y a quien todo el universo
se le han hecho insoportables.
FRANTZ Aquél es. [102]
 

(El BARÓN y FRANTZ por la izquierda.)

 
                  Vuélvete a dentro. 40
¿Quién me busca?
MAYOR                               Vmd. perdone,
caballero, si... ¡que veo!
¿eres tú, Menó?
BARÓN                          ¡Horst mío!
MAYOR ¡Mi buen amigo! ¿es un sueño?
BARÓN No: yo soy.
MAYOR                           ¡Válgame Dios! 45
(Mirándole con dolor.)
¿qué pesares han deshecho
tu noble fisonomía?
BARÓN La mano del vituperio
y la desventura... (¡Carlos! (Aparte.)
calla, calla,) y di, ¿qué objeto 50
te conduce a mi cabaña?
MAYOR El de hablar a un extranjero
insocial, y vesme aquí
llorando en el dulce pecho
de mi Carlos. [103]
BARÓN                      ¿Luego tú 55
no sabías que en el centro
de esta soledad vivía
Menó?
MAYOR                     No, amigo, el suceso
de haber salvado la vida
de mi cuñado me ha hecho 60
venirte a buscar en nombre
de su gratitud: primero
te vino a llevar mi hermana
consigo al castillo, a efecto
de hacerte gozar el fruto 65
de tu beneficio en medio
de su inocente familia;
o enfín venía de nuevo
a suplicarte lo mismo,
y este acaso me ha devuelto 70
un amigo a quien lloraba
perdido por largo tiempo,
y de quien mi corazón
necesitaba el consuelo. (Le abraza.)
BARÓN Soy tu amigo, sí, tu amigo; 75
tu corazón es sincero
y virtuoso, y el mío
te ama como en un tiempo
te amó. Horst, ¿te lisonjea
una verdad que confieso 80
en la efusión de mi alma? [104]
pues dame una prueba de ello,
dejándome para siempre.
MAYOR Cuanto escucho y cuanto veo
es incomprehensible, Carlos. 85
Tu eres; pero echo menos
aquel rostro, que anunciaba
tus virtudes, tu talento,
tu afabilidad y gracias,
que un día constituyeron 90
tu carácter.
BARÓN                         Tú te olvidas
que estás hablando de tiempos
muy lejanos a nosotros.
MAYOR ¿Muy lejanos? yo comprehendo,
que tu edad, que apenas llega 95
a treinta y seis años... pero
¿por qué evitas las miradas
de un amigo? ¿tienes miedo
de que conozca en tus ojos
tu dolor? ¡ah! ¿qué se ha hecho 100
aquella penetración
con que leías lo interno
del corazón?
BARÓN                         Sí, Mayor,
(Con una sonrisa dolorosa.)
fui muy hábil, lo confieso,
en leer los corazones. [105] 105
MAYOR ¡Ah! ¡cómo agita tu aspecto
esa funesta sonrisa!
¿qué te sucede? ¿Qué es esto
amigo?
BARÓN                         Lances comunes;
(Afectando ligereza.)
el mundo... nada... sucesos 110
ordinarios... sino quieres
(Volviendo a su primera seriedad.)
que te maldiga, te ruego,
que no me preguntes nada;
y si tienes en aprecio
mi amor, déjame por siempre. 115
MAYOR ¡Qué espectáculo tan nuevo
para mí! Caro Menó,
que despierten en tu pecho
las ideas del placer
anterior, y que tu muerto 120
corazón se reanime
a los ojos del primero,
del mejor de tus amigos,
¿Olvidas quizá los bellos
días de nuestra amistad? 125
¿Aquellos días serenos
y las pacíficas horas
en que el Dios del universo,
apareciendo en sus obras,
penetraba hasta los senos 130
del alma, y la disponía [105]
a los a plácidos afectos
de confianza y de amor?
¡Ay! ¡en aquellos momentos
nos unimos para siempre! 135
¿te acuerdas, Carlos?
BARÓN                                 Me acuerdo.
(Procurando ocultar su turbación.)
¿Y no merezco yo ahora
tu confianza? ¡ah! no es cierto,
que tú y yo fuimos amigos
de los que reúne un necio 140
capricho por un instante,
el instante venidero
los desune: siempre juntos
hemos volado al encuentro
de la muerte... Carlos mío, 145
yo te juro que padezco
en recordarte las pruebas
de mi amor... pero a lo menos,
¿reconoces esta herida?
 

(Se descubre el pecho.)

 
BARÓN ¡Ay hermano! ese sangriento (Le abraza.) 150
golpe libertó mi vida;
¡pero qué don tan funesto
hiciste en ella a tu amigo!
MAYOR Habla, por Dios. [107]
BARÓN                               No hay consuelo
para mí.
MAYOR Lloremos juntos. 155
BARÓN Ve ahí lo que yo no quiero:
ya no hay más llanto en mis ojos.
MAYOR Pero depón tus secretos
en mi corazón, y el tuyo
descansará.
BARÓN                          No hay remedio: 160
este mío es un sepulcro
cerrado; ¿por qué de nuevo
abrirle a la luz?
MAYOR                            Acaso
para cobrar tu primero
ser, tu dignidad antigua, 165
que has perdido. Me avergüenzo
de ti: ¿un hombre tan prudente
dejarse hollar indiscreto
por la suerte? Tú no eres
mi buen Menó, compañero, 170
maestro y amigo mío:
la nobleza de tu recto
corazón debió elevarte
sobre tu destino adverso
la injusticia del hombre. [108] 175
BARÓN Escucha. Que desde luego
(Después de un corto silencio.)
Piense de mí que quiera
ese mundo que aborrezco;
pero es fuerza, que al dejar
la sombra de tu primero 180
amigo sepas la causa
que aniquiló sus afectos más
plácidos para siempre.
¡Hermano! desde el momento
en que dejamos las tropas 185
de Francia, huyó sin remedio
la ventura de tu amigo.
El deseo lisonjero
de ser útil a mi patria
me fijó en ella. Defectos 190
de legislación, y abusos
del poder dieron al celo
de mi pluma un largo espacio;
y solo adquirí por premio
la certidumbre terrible 195
de que pueden ser los buenos
aborrecidos sin causa.
Herido en lo más interno
de mi corazón, callé...
¡Tardío conocimiento! 200
¡ah! los hombres no perdonan
nunca al virtuoso necio,
que ha querido ser más sabio
que los otros: y en efecto,
tal fue mi suerte. Yo triste, [109] 205
viví solitario y lejos
de la multitud. Mi patria,
esperando que en su seno
gozara yo de mis bienes,
me dio el no pedido empleo 210
de Teniente Coronel,
que admití sin el anhelo
de ser más. Mi Coronel
murió, y en mi regimiento
había tres oficiales 215
de mi grado y de más precio
por sus méritos que yo.
Juzga tú cuan satisfecho
me quedaría, si hubiera
recaído en uno de ellos 220
la elección; pero la Dama
de un Ministro sin talento
y con amor, dio aquel grado
a un mozo vano y soberbio,
que seis meses hace había 225
hecho el primer juramento
en las banderas; y airado
pedí mi retiro. En esto
corrieron por la ciudad
mil sátiras y libelos 230
sobre su elección injusta,
que me imputaron. Yo, lejos
de humillarme a desmentirlos,
sufrí sin pavor los hierros
de una prisión; pero apenas 235
me vi libre, dejé un pueblo
fatal a los virtuosos. [110]
Confiado yo en mi recto
corazón y en mi tardía
prudencia, desprecié el riesgo 240
de vivir entre los hombres,
y vine a Cásel. Risueño
todo, todo venturoso,
me parecía en mi nuevo
domicilio: mi fortuna 245
y carácter me adquirieron
varios amigos... ¡Amigos!
En fin, a muy poco tiempo
hallé una esposa inocente,
joven, bella, y el modelo 250
de la virtud y las gracias.
¡Cuánto la quiso mi tierno
corazón! ¡y cuán felice viví
con ella en el seno
de mi plácida familia, 255
y con el nombre halagüeño
de padre! Sí, amigo mío,
ve aquí los solos momentos
en que conocí la dicha.
¡Ay mísero! ¿Cómo? aún vierto 260
(Limpiando los ojos.)
lágrimas! ya no esperaba
derramarlas. Acabemos.
Uno a quien llamaba amigo,
y a quien juzgaba sincero
y justo, robó mi casa. 265
Yo devoré el sentimiento
de mi pérdida, y tranquilo
conocí que satisfecho [111]
el corazón, no codicia
esos goces pasajeros 270
del lujo: enfín desterré
de mi familia el exceso
inútil; y limitando
mi sociedad a un estrecho
círculo, conservé en ella 275
un joven, cuyo modesto
lenguaje, cuya conducta
justificaban mi aprecio,
a quien prodigué mi hacienda,
para quien obtuve empleos 280
y cargos... y éste sedujo
a mi mujer en secreto,
y huyó con ella. Ya sabes
mi desgracia. ¿Basta esto
para motivar mi odio; 285
odio universal y eterno,
o llamarás ilusión
mi afrenta y mi vituperio?
¡Ay! el alma de Menó
pudo soportar el peso 290
de los hierros, la injusticia
y la muerte; mas los hierros,
la injusticia y aun la muerte,
¿qué pueden ser en cotejo
del agravio de una esposa, 295
el dulce y único objeto
de mi amor, y por quien sólo
me fue grato el universo?
MAYOR No era digna de ti, Carlos, [112]
y llorar sin más consuelo 300
por una mujer infiel
es delirio.
BARÓN                      No me ofendo
de que llames como quieras
las afecciones que pruebo;
pero el corazón no cede 305
a la fría razón... ¡Cielos!
yo la amo aún.
MAYOR                          ¿Donde está?
BARÓN Ni lo sé, amigo, ni quiero
saberlo.
MAYOR                 Pero ¿y tus hijos?
BARÓN En una aldea no lejos 310
de mi soledad se crían,
humildes a los preceptos
de una mujer buena y necia.
MAYOR ¡Siempre Misántropo! ¿Pero
por qué no viven contigo 315
como el único remedio
de hacer menos dolorosa
tu existencia?
BARÓN                          No, su aspecto,
copia de una ingrata madre,
me ofrecería el recuerdo [113] 320
de mi fugitiva dicha:
y enfín, amigo, no puedo.
sufrir en derredor mío
ni los niños ni los viejos,
ni los hombres; y si el uso 325
no me hubiera casi hecho
indispensable un criado,
no sufriría el que tengo,
aunque sé que entre los malos
quizá no es el más perverso. 330
MAYOR Ya veo, que a la amargura
de tu dolor los consuelos
ordinarios serán vanos;
pero la amistad al menos
te será grata. Ven, Carlos, 335
donde te aguarda el afecto
de mi familia.
BARÓN                            ¿Quién? ¿yo?
¿yo frecuentar el comercio
del hombre? Horst, ya lo dije.
MAYOR Es verdad; pero yo creo 340
que, a no ser un insensible,
no puedes hacer desprecio
de unas almas que agradecen.
BARÓN Hermano mío no niego
que dices bien; ¡pero si 345
supieras cuanto padezco
en ver a un hombre! no, amigo, [114]
déjame con el silencio
de mi soledad.
MAYOR                             Siquiera
una sola vez te ruego. 350
BARÓN No, no. (Sin aspereza.)
MAYOR                  Carlos, no rehuses
esta gracia a tu sincero,
a tu buen amigo.
BARÓN                              Escucha.
(Después de reflexionar.)
Tú lo suplicas, y quiero
complacerte. Pero en fin, 355
que sea como un encuentro
casual, un solo instante.
Condúcelos aquí, y luego
que lleguen al pabellón,
ven por mí, que yo te espero, 360
y tú me presentarás.
MAYOR Bien, y yo me lisonjeo
que nos harás compañía
en el castillo algún tiempo.
BARÓN No lo esperes, y te exijo 365
la palabra, el juramento
de que no pondréis estorbo
a la fuga que proyecto
mañana. [115]
MAYOR                       ¡Qué obstinación!
BARÓN Dame tu palabra, o vuelva 370
a retractar la que di.
MAYOR Bien, Carlos; pero...
BARÓN                               Te advierto,
que digas a tu familia,
que mis adornos son éstos
que ves. (Señalando su vestido.)
MAYOR                 No importa: mi hermano 375
ama solo en ti lo recto
de tu corazón. Ven, Carlos,
abracémonos de nuevo,
y admite las expresiones
del amistad. ¡Ah! no creo, 380
que este abrazo afectuoso (Le abraza.)
haya de ser el postrero. (Vase.)
BARÓN Frantz.   (Sale FRANTZ.)
FRANTZ                Señor.
BARÓN                          Mañana mismo
partimos. [116]
FRANTZ                   Bien.
BARÓN                           Pero pienso,
que lejos de aquí.
FRANTZ                           Yo, vamos. 385
BARÓN Quizá, quizá para pueblos
de la otra parte del mar.
FRANTZ Adonde Vmd. quiera.
BARÓN                                    Isleños
pacíficos y felices
del mar del Sur, ¡ay! yo vuelo 390
a morir entre vosotros.
Los piratas Europeos
dicen que robáis. ¿Qué importa
que me despojéis del resto
de una propiedad inútil? 395
El tesoro de más precio,
el reposo de mi vida
me lo han robado en el seno
de mi patria. Viva yo
muerto para el hombre, muerto 400
para el universo, ingrato
origen de mi tormento.
¿Oíste, Frantz? a la aurora
mañana sin falta...
FRANTZ                                 Entiendo. [117]
(Saca el sobre de una carta.)
BARÓN Pero... Frantz, primero importa 405
que vayas sin perder tiempo
a casa de la persona
que dice aquí. Yo te quiero
autorizar con mi letra
para que antes del sol puesto 410
te vuelvas con mis dos hijos.
FRANTZ ¡Vmd. hijos!
BARÓN                       Sí.
FRANTZ                             ¡Qué genio!
¡válgame Dios! y ha tres años
que sirvo a Vmd. sin saberlo.
¿Luego Vmd. ha sido esposo? 415
BARÓN Frantz no me atormentes necio
con preguntas.
FRANTZ                       Pues me iré. (Vase.)
BARÓN Aguárdame en mi aposento.
Sí, yo quiero acostumbrarme
a estrecharlos en mi seno. 420
Estos pobres inocentes
no deben quedar expuestos
a una educación viciosa.
¡Oh nunca sea! primero,
ignorados cual su padre, [118] 425
corran por el campo abierto
con el arco y con la flecha,
como las auras ligeros,
y el arte de manejarlos
sea todo su talento. 430
Pero alguien se acerca. Vamos
a escribir primero, y luego
a cumplir con la amistad
por última vez.
 

(Vase: y salen la CONDESA, el CONDE, EULALIA y el MAYOR.)

 
CONDE                               Reniego
de tanto andar. Vaya, vaya, 435
que las Señoras me han puesto
en ejercicio; y fortuna
de que soy el compañero
de la bella y elocuente
Miler. Y bien, ¿con qué habemos 440
reducido al Misántropo
a venir aquí? ¡Por cierto
raro hombre! pero nunca
hará menor en mi aprecio
su virtud la extravagancia. 445
MAYOR Voy por él; pero te ruego
no exasperes su carácter
con instancias: por lo menos
la franqueza logrará
que desarrugue su ceño. (Vase.) [119] 450
CONDE Bien, haré lo que tú quieras.
Vamos, mujer, ve aquí el tiempo
de hacer uso de tus gracias:
tú ya estás en el empeño
de curar este selvaje 455
melancólico extranjero,
y ello es fuerza.
CONDESA                             ¿Quién pudiera
conquistar a nuestro sexo
un hombre, que ha resistido
a los ojos halagüeños 460
de nuestra Miler?
EULALIA                                  Señora,
aun cuando no fuera incierto
ese poder en mis ojos,
mis ojos nunca le vieron.
CONDE ¡Qué rareza! pero él llega 465
con mi hermano. Yo celebro
ver al hombre generoso...
EULALIA ¡Ay!
BARÓN            ¡Dios mío! [120]
 

(CARLOS hace al llegar una cortesía a las damas, EULALIA le mira, dice ¡ay! y cae desmayada en los brazos de la CONDESA: Menó la reconoce, y al decir ¡Dios mio! tapándose el rostro con las manos huye despavorido hacia su habitación. En tanto el MAYOR admirado y triste de lo que acaba de pasar, permanece en silencio hasta que el CONDE y su mujer han conducido al pabellón a EULALIA.)

 
CONDESA                           ¡Santo cielo!
¿qué es esto? ¡querida Miler!
CONDE No vuelve: y el extranjero 470
se ausentó; pero acudamos
a Miler.
CONDESA               Vamos a dentro
del pabellón, que está cerca,
a desahogarla el pecho.
 

(La conducen entre los dos.)

 
MAYOR ¡Esperanza lisonjera, 475
vana imagen de mis sueños
deliciosos! yo tendía
mis brazos en pos del viento,
que disipó mis placeres
como la niebla. El secreto 480
se descubrió: yo adoraba
a la mujer de mi tierno
amigo... Y bien, ¿qué sería [121]
imposible a mi deseo
la reunión de dos almas 485
dignas del amor eterno
que se juraron? ¿Acaso
un delito pasajero
(más debilidad que culpa)
habrá por siempre desecho 490
el lazo que los unía?
¡Ah! no, yo me lisonjeo
de hacer feliz nuevamente
a mi Carlos; y si puedo
conseguir esta ventura, 495
no diré que yo la pierdo.
 

(Sale del pabellón el CONDE.)

 
CONDE A Dios, Mayor.
MAYOR                         ¿Y la Miler?
CONDE Miler al instante ha vuelto
de su accidente, y ya queda
más tranquila y escribiendo; 500
pero quizá mi presencia
la importuna, y yo no quiero
comprimir su corazón.
Sin embargo, Mayor, pienso
que tú y mi mujer sabéis 505
mucho más en el suceso
actual, que yo.
MAYOR                         No envidies
en este caso, te ruego, [122]
esa triste preferencia.
CONDE No, hermano, no; yo respeto 510
la causa de su aflicción,
y sin saber más te dejo.
Haz siempre por detener
al virtuoso extranjero
a quien amo, y a quien Miler, 515
sino me engaño, hará menos
insocial y Misántropo.
En el castillo te espero.
A Dios. (Vase por la derecha.)
 

(Salen EULALIA y la CONDESA.)

 
MAYOR               A Dios.
CONDESA                              ¿Y mi esposo?
MAYOR En este propio momento 520
se aleja de aquí. Señora, (A EULALIA.)
no perdamos sin provecho
estos preciosos instantes:
procuremos buscar medios
en tan repentino acaso 525
de que Vmd. vuelva de nuevo
con el mejor de los hombres.
EULALIA ¿Pues como?... ¡que!... caballero...
MAYOR Menó, Señora, es mi amigo [123]
desde la niñez; los riesgos 530
de la guerra confirmaron
nuestro cariño primero.
Pero hace ya siete años
que lejos de él, y más lejos
de saber de su destino, 535
gemía en el desconsuelo
de mi corazón. En fin,
le hallé, Señora, y su pecho
derramó su acerba pena
en el mío.
EULALIA                   ¡Oh Dios! yo pruebo 540
cuanto abate al criminal
la presencia de los buenos.
¡Ah! Señora, ¿dónde, dónde
me ocultaré?
 

(Esconde la cara entre las manos de la CONDESA.)

 
MAYOR                           ¿Si un eterno
dolor; si una larga serie 545
de lágrimas y tormentos,
si la virtud afligida
no nos dan algún derecho
al amor y a la clemencia
de los hombres y del cielo, 550
quien nos le dará? Mujer
desafortunada, el sueño
de tu honor fue de un instante,
y la culpa de un momento
borró el llanto de tres años. [124] 555
si, Señora, yo penetro
el alma de mi buen Carlos:
él quedará satisfecho:
y yo corro a interceder
por Vmd. con todo el fuego 560
de la amistad que me anima.
¡Venturoso yo! si puedo
perpetuar la memoria
de una acción de cuyo efecto
dependerá para siempre 565
mi placer y mi consuelo.
 

(Hace que se va.)

 
EULALIA No, Señor Mayor, yo adoro
su honor, y el injusto pueblo
no perdonaría nunca
su debilidad: al menos 570
no le añadamos dolor
a dolor... ¡Ah! viva lejos
de mí felice, y no pruebe
por más tiempo el vituperio
de llamarme esposa.
MAYOR                                    ¿Y qué 575
Vmd. desprecia mi celo?
EULALIA No, Señor; mas oiga V. S.
lo que suplicarle quiero.
Muchas veces, que oprimido
mi corazón con el peso 580
de un delito imperdonable
juzgaba que los consuelos [125]
huyeron de mí por siempre;
quizá pensé, que si el cielo
por última vez cumplía 585
los votos de mi deseo,
dejándome ver mi esposo
para confesar mi yerro
a sus plantas generosas,
sería menos intenso 590
mi dolor. Y por lo mismo
haced que atienda mis ruegos:
que me conceda el llorar
por unos cortos momentos
ante sus ojos, si acaso 595
puede sufrir el aspecto
de una mujer criminal.
Pero no juzgue que anhelo
su perdón, ni que yo quiera
restablecer mi concepto 600
a expensas del honor suyo.
¡Ay! solo verle deseo,
y preguntar por mis hijos.
MAYOR Si no perdió sus derechos
en el corazón de Carlos 605
la humanidad, yo prometo
que lo hará. Dejad ahora,
porque no tenga un pretexto
de rehusar mi visita,
estos contornos. Yo vuelo 610
en favor de Vmd., Eulalia,
a las plantas de mi tierno
amigo. [126]
CONDESA                   ¡Ay hermano! nunca
te quise como te quiero.
 

(La CONDESA ir alarga la mano con la expresión de la amistad: EULALIA echa una mirada al MAYOR, que explica su reconocimiento; después se arroja sobre la mano de la CONDESA, que la coge en sus brazos y se entra con ella por el bastidor anterior al pabellón.)

 
MAYOR No hay en la tierra dos almas 615
semejantes: su primero
lazo no debe romperse,
y Carlos puede sin riesgo
perdonarla... ¡perdonarla!
¿y cómo eludir los celos 620
del pundonor, que no siempre
es una quimera? Pero
una joven inexperta
la víctima de un perverso
que la arrastró a los delitos, 625
y cuyo arrepentimiento
ha sido tan dilatado,
tan doloroso y severo...
¡Ah! que el mundo no recibe
justificación del bueno 630
que fue débil un instante.
¿Pero Carlos no huye lejos
de su injusto juez? no piensa
sepultarse en el secreto
de la obscuridad? ¿no ama [127] 635
su corazón al objeto
de su llanto? Sí; pues ella
le servirá de universo.
 

(Sale FRANTZ con los niños EUGENIO y AMALIA.)

 
EUGENIO Ya me canso.
AMALIA                         Y yo también.
EUGENIO Y diga Vmd. ¿llegaremos 640
pronto?
FRANTZ              Sí, pronto.
MAYOR                                Detente:
dime, ¿que niños son estos?
FRANTZ Los de mi Señor.
AMALLA                               ¿Es éste
Papá?
MAYOR              No desperdiciemos
la ocasión. Amigo, escucha; 645
yo se que amas a tu dueño,
y me debes ayudar.
FRANTZ                                  ¿En qué?
MAYOR No ha muchos momentos
que halló a su mujer. [128]
FRANTZ ¿De veras? 650
¡ay, Señor, cuanto me alegro!
MAYOR ¿Ya conocías a Miler?
FRANTZ ¿Y es ella?
MAYOR Sí; pero creo
que huye de ella tu Señor,
y ve aquí lo que debemos 655
evitar.
FRANTZ No hay duda: ¿y cómo?
MAYOR Sus hijos pueden hacerlo:
llévalos al pabellón,
que dentro de poco tiempo
sabrás más. 660
FRANTZ Pero...
MAYOR No quieras
inutilizar mi celo
con tu detención.
(Los conduce al pabellón.)
Muy bien. 665
Mas él llega. Sí: yo espero
que la inocente sonrisa
de sus hijos pequeñuelos
penetre su corazón,
si resiste al lisonjero [129] 670
mirar de su bella madre.
(Sale le Barón.)
Y bien, Carlos, ya te veo
menos infelice.
BARÓN ¿Cómo? 675
MAYOR Hallándola
BARÓN ¡Cuanto es necio
el que quiere consolarme
demostrándome a lo lejos
el tesoro que perdí! 680
MAYOR No es necedad, si de nuevo
puedes volver a gozarle.
BARÓN Te entiendo, Mayor: a efecto
de conseguir mi perdón
te envía; pero te advierto, 685
que es en vano.
MAYOR Que tu esposa
me envía, no te lo niego;
mas no para reunirnos.
Ella te ama, su consuelo, 690
su ventura la aborrece
sin ti. Pero te ruego
que aprendas a conocerla,
y creas que adora menos
a Carlos, que a su opinión. [130] 695
BARÓN ¿Pues a qué vienes?
MAYOR                                 Primero
en mi nombre como amigo,
como hermano y compañero
de armas a suplicarte
que le perdones un yerro 700
involuntario: no, nunca,
nunca, (yo lo juro al cielo)
verás su igual.
BARÓN                             Es verdad.
MAYOR No me niegues, que tu pecho
la tiene amor.
BARÓN                              ¡Ay amigo! 705
(Le coge la mano.)
MAYOR Pues bien, el remordimiento (Con calor.)
ha expiado ya su culpa.
Sí, Carlos, vuelve de nuevo
a ser feliz.
BARÓN                                ¡Ser feliz!
¡ser yo feliz! ¿como puedo 710
ser feliz, si ya los hombres
han roto el lazo, que un tiempo
fue mi placer, y le han roto
para siempre? ¡ah! yo no debo [131]
violar la ley que me imponen 715
las opiniones de un pueblo.
MAYOR ¿Y qué te importan los hombres?
quien ha sabido en el tiempo
de tres años de amargura
no codiciar el comercio 720
de un mundo que despreciaba,
podrá concluir el resto
de su vida en compañía
de su amiga.
BARÓN                        No hay remedio.
¡Con que todos se conjuran 725
con mi corazón, a efecto
de trastornar mi razón!
¿di, qué quieres de mí?
MAYOR                                  Quiero
que la veas: ¿negarías
a tu esposa este consuelo? 730
BARÓN Venga, pues; pero no juzgue
envilecerme: la veo
para no verla jamás.
MAYOR Espérame aquí un momento. (Vase.)
BARÓN Y bien, Carlos, ya se acerca 735
el instante postrimero
de tu dicha. La verás, [132]
sí, tú verás al objeto
de tu amor, ¡verás la madre
de tus hijos! ¡ah! ¿y no vuelo 740
a estrechar mi corazón
con su enamorado pecho?...
¡Abrazarla yo!¿no es ella
la que derramó tormentos
en la copa de mis días? 745
¿no es ella por quien padezco
y por quien maldigo al hombre?
¡Pobre Carlos! no hay remedio;
tu suerte está decretada.
Sin embargo no pretendo 750
tratarla con crueldad:
ella verá, que respeto,
su llanto, que la perdono,
y enfín que la compadezco.
¿Pero quién... ¡ay, que es Eulalia! 755
Pundonor, orgullo, celos,
ve aquí la mujer que me hizo
infeliz sin merecerlo.
 

(Salen EULALIA, la CONDESA el MAYOR, y EULALIA toda trémula y confundida dice a la CONDESA.)

 
EULALIA ¡Ah generosa mujer!
dejadme: si tuve esfuerzo 760
para la culpa, tampoco
me le ha de negar el cielo
para explicar mi dolor. [133]
 

(La CONDESA y el MAYOR entran en el pabellón.)

 
¡Ay, con cuanto, rubor llego!
Señor.
 

(Se acerca a Carlos que, sin volver la cabeza, aguarda conmovido que ella empiece a hablar.)

 
BARÓN                 ¿Qué quieres Eulalia? 765
(Con dulzura, pero sin volver la cabeza.)
EULALIA ¡No, no por Dios! huya lejos
de mi oído la dulzura
que me despedaza el pecho,
hombre piadoso: resuenen
solo en él los duros ecos 770
de la indignación.
BARÓN ¿Y bien? (Con severidad.)
EULALIA ¡Ah! ¡si el hombre a quien ofendo
se dignase darme quejas,
cuanto aliviaría el peso 775
de mi corazón!
BARÓN                           ¡Yo quejas!
mis muertos ojos, el negro
velo que los cubre, el llanto
que derramaron un tiempo
se podrán quejar por mí; 780
pero no yo. [134]
EULALIA                             Ese silencio
generoso me aniquila,
multiplica los tormentos
de mi penar. ¡Oh Dios mío!
¡a quien agravié!
BARÓN                               Al primero 785
y al mejor de tus amigos.
Pero ya ves que debemos
separarnos para siempre.
EULALIA ¡Ah Señor! sí ya lo veo:
tampoco imploro mi gracia, 790
ni vengo con el intento
de conseguir el perdón,
el perdón que no merezco.
Sólo pido, que algún día
no maldigáis al objeto 800
de vuestro primer amor.
BARÓN No, Eulalia, no; yo no puedo
maldecir a quien me hizo
venturoso en más serenos
días. No, jamás, jamás, 805
triste mujer.
EULALIA                              Conociendo
la iniquidad de mi ofensa,
para que volváis de nuevo
a ser más feliz esposo,
ve aquí, Señor, os entrego [135] 810
(Le presenta un papel.)
este papel de divorcio,
en el cual, Señor, confieso
mi delito.
BARÓN                  ¡Oh, nunca sea!
(Lo toma y lo rompe.)
Tú sola tuviste imperio
en mi corazón, Eulalia, 815
y tu imperio será eterno.
Mi honor sacro e inflexible
me prohíbe aún el deseo
de unirme a ti; pero nunca
tendrá lugar en tu lecho 820
nueva esposa.
EULALIA                           Sólo pido
(Después de algún silencio.)
al despedirme...
BARÓN                           Primero
escucha. Yo he conocido
cuanto es sensible tu pecho
al llanto del infortunio, 825
y será justo que al menos
satisfagas tu piedad,
y no vivas con el riesgo
de implorar la compasión
ajena: toma este pliego, 830
(Le ofrece uno que saca de su cartera.)
que te asegura una renta
moderada. [136]
EULALIA                         No le acepto.
El trabajo de mis manos
será todo mi consuelo,
y el pan que riegue mi llanto 835
me servirá de sustento.
BARÓN Tómale, Eulalia.
EULALIA                                Señor,
bien lo sé que yo merezco
más humillación, más pena;
pero no añadáis, os ruego, 840
a mi rubor esta afrenta.
BARÓN Cruel hombre, hombre perverso,
¡ah qué mujer me has robado!
Enfín, Eulalia, respeto
tu virtud. Pero si acaso (Con amor.) 845
probases en algún tiempo
la indigencia, te suplico
que recurras al momento
a mí.
EULALIA           Bien está.
BARÓN                                   Con todo,
(Le da una cajita con joyas.)
estas joyas que te ofrezco 850
tómalas, pues que son tuyas. [137]
EULALIA No, Señor, estos objetos
me acuerdan aquellos días
en que, digna del afecto
de mi esposo y de mi padre, 855
bendecía el universo
mi ventura. Sólo admito
(Saca de ella un reloj.)
este reloj, que mi Eugenio
llevaba, y al cual rodean
de mi Amalia los cabellos. 860
¡Ah! yo le conservaré,
yo le arrimaré a mi tierno
corazón arrepentido
y le besaré muriendo.
BARÓN ¡Dios mío! no puedo más. 865
A Dios, Eulalia...
 

(Hace que se va.)

 
EULALIA                               Primero (Le detiene.)
tranquilizad a una madre.
¿Viven mis hijos? ¿han muerto?
BARÓN Viven.
EULALIA                   Hombre virtuoso,
no desatendáis mi ruego: 870
permitid que yo los vea,
y los estreche a mi seno
por última vez... ¡Dios mío! [138]
Si supierais que tormento
me arrancaba las entrañas 875
mientras he vivido lejos
de mi Carlos y mis hijos,
al ver a los pequeñuelos
inocentes de su edad
en sus pacíficos juegos 880
¡Ah! permitidme, Señor,
que yo los vea, y me alejo
dellos y de vos por siempre.
BARÓN Eulalia, yo te prometo
que los verás esta noche: 885
los aguardo de un momento
a otro, y apenas lleguen
mi criado irá con ellos:
tenlos contigo hasta el alba,
pero devuélvelos luego 890
a su desdichado padre.
EULALIA En fin, ¿que ya no debemos
vernos en la tierra? A Dios
hombre generoso y bueno;
olvidad a una infelice, 895
que no querrá en ningún tiempo
olvidaros.
(Repentinamente le coge la mano, se arrodilla y la besa.)
                           ¡Ah! dejadme
Señor, que bese primero
esta mano que fue mía. [139]
 

(La CONDESA tiene al niño en los brazos, el MAYOR a la niña, y salen poco a poco del pabellón, de modo que no llegan a CARLOS y EULALIA hasta el último a Dios.)

 
BARÓN Eulalia, no, alza del suelo: 900
no te humilles, y recibe
por fin el a Dios postrero.
EULALIA ¡Para siempre!
BARÓN                                  ¡Para siempre!
EULALIA ¿Puedo llevar el consuelo
de que no me aborrecéis? 905
BARÓN No, Eulalia, no te aborrezco.
EULALIA En fin, cuando mi dolor
haya expiado mis yerros,
la muerte nos unirá
con el Dios del Universo. 910
BARÓN Ante sus ojos no reina
la preocupación del necio,
y allí gozaremos juntos
la eternidad de los tiempos.
 

(Sus manos se enlazan; y mirándose con la mayor ternura, se dicen voz trémula.)

 
LOS DOS A Dios. [140] 915
 

(Ellos se separan; pero al volver el rostro encuentra EULALIA a la CONDESA cerca de ella que levanta al niño, y le pone a los ojos de la madre; EULALIA le toma en sus brazos y estrecha con su corazón. Lo mismo hacen a la otra parte el BARÓN y el MAYOR.)

 
EULALIA ¡Ay!
BARÓN                     ¡Eulalia mía!
abraza a tu esposo...
EULALIA ¡Oh cielo!
 

(Los dos se arrojan en los brazos uno de otro; y al mismo tiempo los niños, que el MAYOR y la CONDESA tienen en sus brazos, se abrazan al cuello de sus padres, y cae el telón.)

 

FIN

Arriba