21
Así, De Lama y Palacios, tras citar los puntos en común, minimizan esta influencia invocando especialmente las objeciones de Gatti y Lázaro Carreter (intr. cit. pp. 53-54).
22
Art. cit., p. 147.
23
Ibid., p. 149. Acerca de la ironía, remito al trabajo de PHILIP DEACON, «La ironía en El sí de las niñas», en J. M. SALA VALLDAURA (ed.), Teatro español del siglo XVIII, Lérida, Univ. de Lleida, 1996, I, pp. 289-307.
24
«Autobiografía y realismo en El sí de las niñas (1981)» en El rapto de la mente, Barcelona, Anthropos, 1989, p. 320.
25
MORATÍN, Teatro (ed., pról. y notas de F. Ruiz Morcuende), Madrid, Clásicos Castellanos, 1924. Por su parte, Emilio Cotarelo y Mori también había hecho una lectura autobiográfica, aunque su análisis va precedido de dos interesantes reflexiones: «El sí de las niñas señala el apogeo del talento dramático de D. Leandro Fernández de Moratín. Su moral, que hoy nos parece corriente y tal vez candorosa, era entonces atrevida y hasta revolucionaria, como lo prueban las varias denuncias que de la obra se hicieron al Tribunal del Santo Oficio, y la prohibición que al cabo llegó á recaer sobre él. ¡Ahí era nada establecer el principio de que las hijas podían elegir marido sin y aun contra la voluntad de los padres! La comedia no demuestra precisamente la tesis, pues nadie fuerza la voluntad de D.ª Francisca, que era huérfana de padre y estaba bajo la autoridad de una madre imbécil, á quien sin dificultad podía desobedecer; pero Moratín generalizó un caso particular al pintar sus propios recelos, o sean los que le causaban sus amores algo tardíos con aquella Paquita Muñoz, que, sin embargo, consagró á Moratín un culto entre amoroso y filial durante veintiocho años. Cuando se escribió la comedia (1801), las ternezas de D. Diego y su elevación de espíritu eran memoriales de pretendiente, y cuando se estrenó, disculpas y temores del hombre á quien hizo infeliz su eterna suspicacia». (Isidoro Máiquez y el teatro de su tiempo, Madrid, Imp. de J. Perales y Martínez, 1902, pp. 229-230).
26
Art. cit., pp. 128 y 129, respectivamente.
27
Ibid., p. 131.
28
Ibid., p. 143. PÉREZ MAGALLÓN también suscribe esta influencia cuando escribe: «El sí de las niñas es comedia de carácter, con un claro elemento de ridículo y una fortísima dosis de comedia lacrimosa [...]» (pról. cit., p. 61). Sin embargo, si aceptamos las teorías interpretativas de René Andioc que citamos más abajo, esta influencia es únicamente formal, puesto que el mensaje moratiniano es precisamente opuesto al de las comedias sentimentales.
29
Art. cit., pp. 143-144. El subrayado es nuestro: queremos recalcar esta opinión para su posterior planteamiento.
30
Ibid., p. 145.