Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.

Motivo de leyenda

Miguel Hernández

imagen

Motivo de leyenda

   En la más rica estancia que ocupa la regia Mezquita,

sobre chino cojín reclinado Hixém, el rey moro,

las estrofas que vates moriscos rimaron, recita

al compás de su cítara de oro.

   Por sus ojos profundos, la dicha parece que ronda;

y hay en ellos, las luces fosfóricas que irradia el diamante

más soberbio que vieron los rayos del sol de Golconda

y que prende su rojo turbante.

   Por sus labios resbala la risa con son argentino

y su pecho cual ola traviesa se abisma y levanta.

¿Por qué tiene su negra mirada destello divino?

¿Por qué ríe hoy Hixém, por qué canta...?

   ¿Por qué tornan sus huestes guerreras cantando victoria

y portando, con lanzas, cimeras, aceros, bridones,

coseletes, arneses, corazas y adargas, la gloria

y del viejo solar castellano los rotos pendones...?

   ¿Por qué es dueño de Córdoba, tierra de luz y claveles?

¿Por qué próspera siempre le ha sido la loca Fortuna...?

¡Por que su alma de hierro ha llenado de amores y mieles

una almea con ojos de luna!

   Por Halewa responde la bella que dueña se ha hecho

de su ser, y es hermosa cual rosa de egipcio pensil:

es su cuerpo de anfóricas curvas, de nieve es su pecho

y es heleno su altivo perfil.

    ¡Hixém la ama y con ser de ella amado dichoso se siente!

¡El rey moro mujer como aquella jamás ha gozado!

En sus gracias se aspiran los óleos que emana el Oriente

En su boca un carbón del infierno se encuentra enredado.

    ¡Hixém la ama! Por eso en sus ojos la dicha le ronda,

y hay en ellos las luces fosfóricas que irradia el diamante

más soberbio que vieron los rayos del sol de Golconda

y que prende su rojo turbante.

    ¡Hixém la ama! Por eso su pecho gozoso se agita

y en su boca la risa destila su hilillo sonoro.

¡Hixém la ama! Por eso mil gayas estrofas recita

al compás de su cítara de oro.

    Y por eso; porque ama con recia pasión a la bella,

deja el lindo instrumento y se alza del chino cojín,

y su airoso alquicel recogiendo se va en busca de ella

al fragante y risueño jardín.

...............................................................................

   ¿Qué pasó, que penetra de nuevo colérico y mudo

en la estancia y marchando con paso dudoso e incierto;

que su alfanje en la mano nerviosa lo muestra desnudo

y de sangre humeante cubierto...?

   ¿Qué pasó...? En el jardín, donde lanza la fuente reidora

una linfa que rauda recorre la umbrosa floresta,

la querida de Hixém, enlazada con un cuerpo, llora...,

¡con un cuerpo que yace sin testa!


MIGUEL HERNÁNDEZ

Orihuela 5 Junio 1930.