Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.

21

«¿Por qué el prudente anciano no sospechó siquiera, ni por un momento, cuál era la causa del extrañamiento del cacique? ¿Por qué, al contemplar las gracias de su hija adoptiva, un rayo de luz no alumbró su espíritu? ¡Cuántos males no hubieran podido evitarse entonces, cuántas lágrimas, cuánta sangre!» (p. 355)

<<

22

Sebastián ha salido en una expedición de caza, pero lo mueve, sobre todo, su disgusto por la vida doméstica: «tan monótona y poco variada»; no puede resistir a la incitación del «peligro probable», e incluso trata de arrastrar a don Nuño a seguirlo para «sacudir la pereza». (366)

<<

23

No obstante, la versión de E. Mansilla se contamina a veces con voces ajenas al universo de los indios de la zona. «Carripilún» es el nombre que llevó realmente un conocido cacique ranquel, no timbú, que vivió entre 1780 y 1810 y significa «orejas verdes» (Terrera, 1986, pp. 136-137). Otros vocablos que se usan en Lucía Miranda (cheuque, rancoles, rimu) son también de origen araucano ranquel, quizá porque estos aborígenes eran para Eduarda tanto más familiares, o acaso, por la intención de lograr algún tipo de simbolismo abarcador que permitiese ver en los timbúes de Lucía Miranda a todos los indígenas.

<<

24

Eduarda cita expresamente esta obra, que sin duda pudo leer en la Colección de Angelis, lo mismo que La Argentina de Ruy Díaz de Guzmán, y el poema del mismo nombre por Martín del Barco Centenera.

<<

25

El cacique Carripilún (y la narradora) percibe perfectamente este peligro. Consciente de su inferioridad en armas, trata de quedar bien sin comprometerse demasiado. Cuando se lo conmina a declararse vasallo del emperador Carlos V, «el indio, que era prudente y avisado, le dijo que, en cuanto a reconocer al rey Carlos como soberano de las tierras conquistadas y por conquistar, poco incumbía eso a él o a sus súbditos, atendiendo a que ellos eran una tribu nómade, que tan poco estaba en un sitio como en otro, según sus necesidades» (291)

<<

26

Aquí la «demonización» es completa. Ninguna descalificación se ahorra: «demonios» sedientos de sangre y pillaje, «vándalos», ladrones por naturaleza, incapaces de respetar alianzas, fieras en el momento del ataque.

<<

27

A veces, hasta por su habilidad artística, como el caso de Lía Wilson, que imita prodigiosamente el canto de los pájaros.

<<

28

«En la República Argentina la mujer es generalmente muy superior al hombre, con excepción de una o dos provincias. Las mujeres tienen la rapidez de comprensión notable y sobre todo una extraordinaria facilidad para asimilarse, si puede así decirse, todo lo bueno, todo lo nuevo que ven o escuchan» (EMS, 26)

<<

29

Tanto Lea Fletcher, 1990, 91-101, como Hebe Molina, 1993, 80-100, encuentran una posición «conservadora», sostenedora del orden patriarcal en la concepción y descripción del hogar que articula El médico de San Luis.

<<

30

Se ha insistido tal vez demasiado en las similitudes entre El médico... y El Vicario... llegándose incluso a hablar de «traducción» o «adaptación», lo que es injusto. Las afinidades consisten, sobre todo, en el tópico del «menosprecio de corte y alabanza de aldea» y en el carácter del protagonista masculino. Pero la novela de Goldsmith abunda en muchos otros tópicos y peripecias, mientras que la de Mansilla, más breve, tiene un nudo argumental más sencillo (y mejor logrado), y su problemática central pasa por dos ejes novedosos con respecto al libro de Goldsmith: la función de las mujeres en la sociedad, y la dicotomía civilización/barbarie, con una acentuada reivindicación del elemento «bárbaro» y excluido.

<<