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Nuevos datos para la historia de la Biblioteca de la Universidad Complutense. La librería del Colegio Máximo de Alcalá, de la Compañía de Jesús


Aurora Miguel Alonso





El origen de los primeros fondos custodiados en la Biblioteca de la Universidad Complutense se remonta a la época de su fundación. El cardenal Cisneros trató de atender todas las necesidades materiales y espirituales de la institución recientemente creada, y no descuidó la adquisición de una primera colección bibliográfica que muy pronto fue ampliada con los manuscritos bíblicos reunidos para la edición de la Biblia Políglota Complutense. Pero la peculiar estructura de la Universidad alcalaína, denominada por sus historiadores como de Colegio-Universidad1, dio lugar a que, ya en el siglo XVI, se formaran una serie de colecciones dentro del campus universitario, la más antigua y venerable, la formada en el Colegio Mayor de San Ildefonso, pero también las de los Colegios menores y de distintas órdenes religiosas, de las cuales la más importante, sin duda, fue la custodiada en el Colegio Máximo de Alcalá2.

Tras la extradición de la Compañía de Jesús en 1767, Carlos III ordenó que esta riquísima biblioteca fuera aprovechada por las autoridades académicas alcalaínas para la creación de una biblioteca general universitaria, de la que esta institución carecía. El estudio de los catálogos del período jesuita, y de los inventarios y catálogos generados por orden gubernativa hasta la incorporación definitiva de su fondo a la Universidad Complutense de Madrid, nos permite conocer mejor los avatares vividos por esta colección en una etapa de la historia de nuestra biblioteca mal conocida, al mismo tiempo que profundizar, a partir de los repertorios presentados, en las pautas catalográficas existentes en España durante el siglo XVIII.


El período jesuita, 1550-1767

La presencia de la Compañía de Jesús en Alcalá de Henares fue muy temprana. Alcalá fue la universidad elegida por Ignacio de Loyola para iniciar sus estudios universitarios, y fue también allí donde encontró sus primeros compañeros de Orden. El primer jesuita que se asentó en Alcalá fue el padre Francisco de Villanueva, auxiliado por personas devotas que dieciséis años antes ya habían socorrido a San Ignacio en su período de estudiante. Poco después, la Compañía de Jesús decide abrir en esta ciudad un colegio, dado el número importante de vocaciones que se despertaban, por lo que el padre Villanueva adquiere una vivienda pobrísima, a espaldas del convento de la Trinidad, que tuvieron que abandonar en 1546 por su insalubridad. Todavía cambiaron de asentamiento varias veces, hasta que el 22 de diciembre de 1550 adquirieron, junto a la puerta de Guadalajara, una vivienda que, tras sucesivas ampliaciones, se convirtió en su asentamiento definitivo hasta la expulsión de la Orden3.

La adecuación de la vivienda a las necesidades de la comunidad se inició inmediatamente, y una de las primeras cuestiones que cuidaron fue la colocación de su incipiente biblioteca. Ya en 1551 el padre Dionisio Vázquez notifica a Roma los primeros pasos dados en la habilitación de la vivienda, y señala que el lugar escogido para la librería era una habitación horadada en un cubo de la muralla aneja, para lo cual tuvieron que solicitar permiso al Ayuntamiento. «Alia quidem domi nostrae erecta sunt aedificia; sed loca horiti ac bibliothecae prae caeteris amoena et iucunda sunt. Hortum prope collegium iacentem extra pomerium oppidi perforato muro adimus»4. Cuando, tras la expulsión, se venden parte de las construcciones primitivas, una de las habitaciones citadas era la librería vieja, junto a la muralla5.

La construcción del edificio que llegó hasta 1767, colegio e iglesia aneja, se llevó a cabo a lo largo del siglo XVII por arquitectos jesuitas, el primero de los cuales, el P. Bartolomé de Bustamante, natural de Alcalá, contribuyó mucho a crear la tipología colegial6. En líneas generales, un colegio de la Compañía de Jesús estaba estructurado alrededor de dos patios, el patio de las aulas, area scholarum, y el patio de la comunidad, area collegii, también conocido en castellano como área de los de la casa. Las habitaciones que daban al patio de las aulas eran las más frecuentadas por personas externas al colegio, los estudiantes y las congregaciones, mientras que el acceso a la zona construida alrededor del patio de la comunidad era mucho más restringido. En este area, la planta de la calle se habilitaba para situar en ella las dependencias necesarias para la vida de los religiosos: cocina, refectorio, despensa, almacenes, etc. En las plantas superiores se reunían los aposentos, la biblioteca, a veces la capilla privada de la comunidad, y la enfermería7. La iglesia podía estar situada a un lado del edificio, o en el centro, separando los dos patios8.

Es muy probable que cada una de las zonas contara con su propia biblioteca; en el caso de Alcalá se conoce al menos la ubicación de la biblioteca principal, situada en la planta superior, frente a la escalera noble levantada por Ventura Rodríguez en la adaptación del edificio para su utilización como sede de la Universidad Complutense. El estudio de su catálogo, felizmente conservado, nos ha permitido reconstruir con fidelidad la organización de esta biblioteca y la riqueza de su colección.

La documentación consultada nos dice que existía también una librería chica, en la que se custodiaban las obras de acceso más restringido, bien por ser libros especialmente valiosos o por ser libros prohibidos por la Inquisición, además de la colección de manuscritos. Entra dentro de lo posible que la librería chica ocupara el local primitivo de la biblioteca, la librería vieja. Esto explicaría que, todavía en 1782, se identificara esa habitación con su denominación original.

Los inventarios posteriores hablan también de una colección libraria depositada en al menos dos aposentos de teólogos, posiblemente destinada al uso de los estudiantes de teología9, en la botica y de un importante archivo, del que se conserva también un inventario pormenorizado y en el que, además de la documentación interna de la institución, se custodiaban diversas colecciones «especiales», como monedas o medallas, mapas y estampas, objetos matemáticos e incluso calaveras de jesuitas venerados, un verdadero museion.




Estructura del catálogo de la biblioteca jesuita

El único catálogo conservado del período anterior a la expulsión de la Orden corresponde a la biblioteca principal y está fechado el 13 de junio de 175910. El catálogo sigue las pautas biblioteconómicas marcadas por la Compañía, y consta de dos partes, el catálogo propiamente dicho, o catálogo topográfico-sistemático, y un índice de autores11. El catálogo o katagraphe librorum huius bibliothecae (es el título que aparece en su primera página) se organiza por grandes áreas de conocimiento, 25 en total, y dentro de cada una de ellas, se asientan los registros organizados por plutei o estantes. Los datos reseñados son los mínimos para identificar la obra: autor, título, y tamaño. La biblioteca cuenta con un total de 442 estantes, si bien veintiséis de ellos se encontraban vacíos en el momento de la redacción de los catálogos, destinados sin duda a futuras adquisiciones. Al final del catálogo figura el número total de libros existentes en esta librería grande, 7.640.

El hecho de que no se reseñase el pie de imprenta, y que la signatura no individualizase una obra en el estante correspondiente, facilitaba que cada entrada en el catálogo sirviera para todas las ediciones de las obras existentes en la biblioteca, ya que todas las ediciones, y también los duplicados, si los hubiera, estaban incluidos en una única descripción y en una misma signatura.

En una etapa posterior, con seguridad después de ser entregada la colección a la Universidad de Alcalá, se añadieron marginalmente los datos de edición, el lugar y año de impresión. Esta ampliación de los datos nos da también la información de que este catálogo fue utilizado años después de que la Compañía de Jesús abandonara el centro, y que durante estos años, se mantuvo la misma ordenación temática del fondo.

La segunda parte del catálogo está compuesta por el índice de autores, Index alphabeticus librorum per authorum cognomina. El mismo título especifica, sin duda es un dato que considera necesario advertir, que, a diferencia de etapas anteriores de catálogos jesuitas, se utiliza como entrada de ordenación el apellido del autor, no el nombre. Los datos son aún más breves, aunque suficientes para la localización del libro: autor, título abreviado y signatura. La signatura topográfica se compone por una o dos letras correspondientes a los armarios, en secuencia correlativa de A-Z y AA-DB y el número correlativo del estante. Al no incorporar tampoco datos específicos de edición, cada obra tiene una entrada única, anotando una o varias signaturas si diversas ediciones de una obra estuvieran colocadas en estantes diferentes. El índice alfabético se completa con un suplemento posterior, que incorpora las obras adquiridas con posterioridad a la confección del catálogo. El número total de registros en este índice es de 4.356, a los que hay que añadir 238 del suplemento; en total, 4.594.

La organización temática del fondo, y del catálogo correspondiente, sigue en líneas generales el sistema clasificatorio común a todas las bibliotecas jesuitas, si bien introduciendo variaciones que adecúan el fondo a las necesidades de las enseñanzas impartidas por el colegio, cátedras de Teología, Prima y Vísperas12. Por ello, de la clasificación clásica de las bibliotecas de la Compañía de Jesús, están entresacadas tres colecciones de uso más diferenciado: los libros de teología escolástica, la más utilizada por los profesores del centro para la preparación de sus clases o sus propios trabajos (estantes 1 a 52), los libros de autores jesuitas (estantes 33 a 153, en total, 121 estantes), y los libros de medicina, farmacia y botánica (estantes 430 a 442, 13 estantes), que serían de utilidad sobre todo para las personas que atendieran la botica. El núcleo de la biblioteca sigue a grandes rasgos las divisiones clásicas de estas bibliotecas: Biblia y sus comentaristas, teología, derecho, historia, filosofía y humanidades13.

Éstas son las divisiones temáticas del catálogo, y los plutei o estantes que ocupan cada una de ellas:

Theologi Scholastici Extranei plutei 1-32 32 estantes
Theologi Scholastici Societatis plutei 33-52 20 estantes
Theologi Polemici Societatis plutei 53-56 4 estantes
Theologi Morales Societatis plutei 57-68 (vacío 65) 11 estantes
Scripturarii et Concionatores Societatis plutei 69-92 24 estantes
Novae Edit. Patrum et Historici Societatis plutei 93-116 24 estantes
Ascetici Societatis plutei 117-124 8 estantes
Phylosophi et Mathematici Societatis plutei 125-136 12 estantes
Iuris utriusque Ddes. intercalares plutei 137-142 8 estantes
Canonistae et Humanistae Societatis plutei 143-150 (vacíos 151-153) 8 estantes
Biblia, Conciliae et Sancti Patres plutei 154-176 20 estantes
Exteri. Scripturarii et Concionatores plutei 177-211 35 estantes
Theologi Polemici plutei 212-221 10 estantes
Theologi Morales plutei 222-246 25 estantes
Historici et Chronographi Ecclesiastici plutei 247-271 25 estantes
Historici Politici, Graeci et Romani plutei 272-276 5 estantes
Phylosophi, Geographi Regnorum et Antiquarii plutei 277-291 15 estantes
Historici naturales et morales phylosophi plutei 292-301 10 estantes
Phylosophi Scholastici plutei 302-316 15 estantes
Mathematici et Professores linguarum plutei 317-331 15 estantes
Oratores et poetae plutei 332-346 15 estantes
Varia eruditio plutei 347-364 (vacíos 357-364) 10 estantes
Utriusque Juris Expositores plutei 365-393 (vacíos 377-379, 392, 394, 407-408) 47 estantes
Ascetici et Mystici plutei 410-429 20 estantes
Medici, Chirurgi, Pharmacopae et Botanici plutei 430-442 13 estantes



Adjudicación de la biblioteca a la Universidad de Alcalá, 1767-1776

La extradición de la Compañía de Jesús de España supuso el abandono de importantísimas bibliotecas. Para que la inmensa masa documental que se iba a procesar pudiera posteriormente consultarse con prontitud (en el caso de peticiones concretas del Gobierno o de otras autoridades) y se pudiera integrar con facilidad en las bibliotecas a las que iban destinadas, Pedro Rodríguez de Campomanes redactó una Instrucción de lo que se deberá observar para inventariar los libros y papeles existentes en las Casas que han sido de los Regulares de la Compañía, en todos los dominios de su Magestad, con fecha de 22 de abril de 176714.

La dificultad encontrada por los comisionados para la organización de la documentación manuscrita, y la escasa diferenciación en la normativa anterior entre los manuscritos «literarios» y la estricta documentación de archivo, llevó al Gobierno a remitir una nueva circular a las Juntas Provinciales de Temporalidades, el 29 de julio de 1767, en el que se crean ocho clases específicas para la clasificación uniforme de los archivos jesuitas, insistiendo en que, una vez hecho el inventario, todos esos documentos «así divididos, numerados y rubricados, se entregarán judicialmente al respectivo comisionado o comisionados»15.

El destino dado a estas colecciones por el Gobierno de Carlos III fue común, pero diferenciado según se tratara de la colección impresa o manuscrita. En cuanto a la colección impresa, si el lugar donde estaba asentado el antiguo centro jesuita tenía universidad, se entregaría a ella; si no existía, se haría cargo de ella el obispo de cada diócesis para que, junto con bibliotecas de prelados fallecidos y de otros legados, se abriera una biblioteca pública. Sólo las bibliotecas existentes en Madrid se unieron para formar una biblioteca ex novo, la de los Reales Estudios de San Isidro. En cuanto a la colección manuscrita, se ordenó que los archivos y manuscritos se enviaran a Madrid, debidamente inventariados, para que, una vez examinados por especialistas, se formara el Archivo General de Temporalidades.

La incorporación de la biblioteca de la Compañía de Jesús a la Universidad de Alcalá planteó problemas desde el principio, ya que se daban unas circunstancias muy peculiares. A diferencia del resto de las universidades, la Universidad de Alcalá no contaba con una biblioteca única y general, sino con varias dispersas en los distintos colegios alcalaínos. La primera intención fue incorporarla a la del Colegio Mayor de San Ildefonso, muy mermada durante el siglo XVIII, pero la intervención del resto de la Universidad obligó a replantearse esta decisión.

El 10 de noviembre de 1767 se reúne el Claustro pleno de la «Universidad y Estudio general de la ciudad de Alcalá de Henares» para tratar sobre la adjudicación del edificio que había sido de la Compañía de Jesús, nombrando diputados para la emisión de un informe a los doctores D. Ángel Gregorio Pastor, graduado en la Facultad de Sagrada Teología, D. Fermín de Izuriaga, graduado en la Facultad de Sagrados Cánones, y D. Antonio Ramírez, graduado en la Facultad de Medicina.

Las reuniones se debieron iniciar muy pronto, ya que se conserva un informe realizado poco después en el que las personas antes citadas estudian el problema suscitado por la adjudicación, tanto del edificio como de la biblioteca, y expresan el deseo de que tanto uno como otra sean asignados a la Universidad de Alcalá. Ciñéndonos al tema de la biblioteca, informan de ella muy positivamente y consideran que, incorporada a la Universidad, va a resolver una necesidad perentoria, pues el uso de la de San Ildefonso era muy deficitario para el resto de los alumnos y profesores, quedando siempre al albedrío de su rector y de los colegiales.

Así argumentan los comisionados la dificultad que tenían el resto de los Colegios para la consulta de la biblioteca de San Ildefonso, y la necesidad de crear una biblioteca general para toda la Universidad:

Las faltas de la biblioteca [de San Ildefonso], sobre defectuosa, la tiene desautorizada y desairada, en competencia y con distinción de las demás universidades de Europa, que las tienen propias como indispensables a su existencia, y sus graduados y demás individuos padecen los graves perjuicios de no poder usar ni aprovecharse de la colección de sus obras ni recoger sus frutos tantas veces como las necesiten para sus literarias tareas. Es verdad, y no puede negarse, que hay biblioteca en el Colegio de San Ildefonso, y lo es también que cotidiana e indistintamente se franquea a todos los que quieren cultivarla. Pero este uso es limitado a ciertas y horas, distribuidas en tardes y mañanas, arbitraria su asignación al Rector y Colegio, y en todo dependiente de su gobierno y mando... Y últimamente la prerrogativa con que el Colegio se ha arrogado los derechos de esta Universidad a esta parte constituye su estado irremediable, en quando se tratase de aplicar algún otro remedio que temperase su despotismo y sólo puede lograrse si Nuestra Persona y Augusto Soberano, por efecto de su Real Piedad, inclinara su Real ánimo a hacer a esta universidad este nuevo honor y gracias.



El informe continua planteando una posible solución para la falta de locales que, cada vez más, tiene la Universidad de Alcalá: aprovechar el edificio dejado por la Compañía de Jesús para instalar en él, además de la biblioteca general de la Universidad, los estudios de Artes y Gramática:

Y atendiendo al miserable estado en que yace esta Universidad... se digne Su Majestad mandar colocarla en esta Cassa, con separación absoluta del dicho Colegio, mediante a que sin muchos gastos pueden proporcionarse las aulas y oficinas correspondientes a los Ministerios de la enseñanza pública, y con beneficio habrían de poderse en ella colocar cómodamente los Colegios de Artistas y Gramáticos, con todos los profesores necesarios para la instrucción y buen gobierno.



Por último, hacen una valoración del fondo de la biblioteca bastante aclaratoria. En primer lugar, alaban el número de libros y su importancia, en comparación con los existentes en la biblioteca de San Ildefonso, a continuación estudian las materias más completas, que son, en orden decreciente, y como era de esperar por otra parte, la teología y el derecho. La biblioteca está mucho más completa en obras de los siglos XV y XVI que de los siglos posteriores, y en cuanto a la lengua en que las obras están escritas, especifican que la mayoría de los libros lo están en latín, siguiendo a continuación los libros franceses, italianos, portugueses y castellanos, uno o dos en alemán, uno sólo en árabe y ninguno en inglés. Se refieren también a los libros duplicados, «principalmente de Santos Padres o autores escolásticos y morales», que podrán aprovecharse para permutarlos por otros, «y con este auxilio suplir una parte de los que falta». Como dato final, calculan el número total de libros en dieciséis o diecisiete mil, aunque en el futuro «la Universidad siempre procurará con el mayor esmero aumentarla y completarse para que sirva con fruto a la pública enseñanza»16.




Redacción de los Inventarios

En tanto el Gobierno decidía el destino final del edificio y de la biblioteca, los comisionados cumplieron la normativa gubernativa que exigía la redacción de inventarios de las distintas colecciones librarias, iniciando en el trabajo por la colección de manuscritos y del archivo, dejando la biblioteca clausurada hasta que se tomara la decisión definitiva de su destino. Una vez realizados, los inventarios de las dos colecciones se remitieron al Colegio Imperial junto con las cajas de documentos.

El corregidor Fernández Soler nombró dos colegiales del Colegio de los Verdes, Francisco Javier Izuriaga y Francisco Ignacio Cándido Moradillo, para la recogida de todos los papeles existentes en las diversas dependencias del Colegio, y su posterior estudio e inventariado. De la misma forma nombró a los colegiales de Santo Tomás, Manuel Fernández y Manuel Bustamante, para el estudio de los libros y manuscritos de las distintas bibliotecas. Debido a la gran cantidad de material que debía ser examinado, posteriormente se agregaron al equipo Ángel Gregorio Pastor y Juan Francisco Velasco.

El primer inventario realizado fue el del archivo, o Descripción del Archivo del Colegio, que fue de los Regulares de la Compañía, en la ciudad de Alcalá, hecha por los DD. Xavier Fermín de Yzuriaga y Francisco Ignacio de Moradillo, terminado el 6 de marzo de 176817.

En el prefacio, los comisionados relatan con minuciosidad la situación del archivo en el momento en que se hicieron cargo de él, dando cuenta de que respetaron en lo posible la organización existente, por lo que cambiaron únicamente de lugar aquellos papeles o legajos que claramente estaban situados fuera de lugar. En esta introducción incorporan también una descripción pormenorizada de los cuatro hermosos armarios en que estaban depositados los documentos y objetos, adaptados perfectamente a la variedad de éstos. La descripción está justificada porque las signaturas utilizadas en el inventario varían según la situación en que el documento concreto tenga asignado en el armario: estilobato o cuerpo inferior, y tres cuerpos superiores, todos ellos divididos en caxones cerrados con redes de arambre dorado. El inventario organiza la documentación en tres partes:

la primera da razón de los papeles impresos y manuscritos, que incluyen los legajos de los caxones altos, remitiéndose para los libros impresos a la segunda classe, que es un índice alphabético. A esta añadimos un apéndice dividido en quatro §§. El §1º contiene Bulas auténticas. El §2º Libros membranáceos manuscritos. El §3º Libros chinos, y uno y otro manuscrito arábigo y griego. El §4º Libros de estampas. La tercera classe refiere la variedad que confusamente encierran los caxones de la estylobata.



La decoración de los armarios está también minuciosamente detallada:

La forma o traza de cada uno es una estylobata [...] sostenida de seis pies torneados, sobre la cual se elevan tres cuerpos de architectura recta, el primero y último con tres pilastras resaltadas, y el segundo con tres columnas dóricas estriadas, cuias basas y capiteles son de bronce dorado de molida, así como unos cascos o anillos de adornos calados, que ciñen y guarnecen la quarta parte de sus cañas. Sobre los ángulos de la última cornisa están puestos de perfil dos leones coronados, de relieve, y en el medio un busto en un pedestal redondo. Los bustos y leones son de plomo, dorados a visa. Su altura desde el thoro, que sirve de ábaco a la estylobata, hasta el filete de la última cornisa es poco más de diez pies y medio.



El juego de signaturas utilizado procede sin duda del período anterior: en los estantes altos, letras versales para la diferenciación de cada legajo, separando cada documento o pieza con números arábigos y llegando en algunos casos a la división en números romanos. En los cuerpos bajos o estylobatas, parece que existían cajones extraíbles, a cada uno de los cuales le correspondía una letra versal, en el interior, cada alhaja o pieza estaba también numerada, llegando en algún caso también a la numeración romana.

El inventario se completa con esquemas, uno por cada registro en que está organizado el archivo, quince en total, y un esquema general, en doble folio, «cuyo cargo es mostrar juntas las clases, rúbricas o artículos que indica cada uno [de los registros»].

El inventario de manuscritos o Índice de los manuscritos hallados en los Aposentos, Librería chica y otros lugares del Colegio de Alcalá de Henares, ordenado por los encargados de su reconocimiento y formación, que subscriben18, se hizo a continuación por los mismos comisionados, con fecha 11 de agosto de 1768. Está organizado en dieciséis clases o divisiones temáticas, incorporando al final dos índices alfabéticos de autores, el de manuscritos de temas filosóficos y el de temas teológicos, de gran interés para conocer la producción intelectual de los padres que habían vivido e impartido enseñanza en el Colegio, sobre todo si no estaban impresos; un apartado de Papeles de la Botica y una Nota sobre otros papeles. El inventario está precedido de un prólogo, en el que los comisionados explican la metodología seguida, y un índice o plan de las materias incluidas en cada clase.

Una vez realizados los dos inventarios, se enviaron a Madrid al menos nueve cajas de manuscritos, cuatro el 19 de septiembre de 1769 y cinco el 3 de noviembre de 1771, para su incorporación al Archivo de Temporalidades19, quedando únicamente en Alcalá la biblioteca de impresos. Estos dos inventarios están depositados en la actualidad en la Colección de Cortes de la Real Academia de la Historia, donde llegaron con el resto de la Biblioteca doméstica del Colegio Imperial de Madrid, expropiada por Bartolomé José Gallardo para formar la Biblioteca de Cortes20. Ambos documentos tienen un indudable interés para el conocimiento de la organización de un archivo del siglo XVIII.

Las razones aducidas por los comisionados de la Universidad surtieron efecto, por lo que el Gobierno decide entregar el edificio y su biblioteca a la Universidad de Alcalá, a semejanza de lo realizado ya en circunstancias parecidas:

Que en Granada, Sevilla y Santiago se habían trasladado las Universidades Literarias a los Colegios que fueron de la Compañía, separándolas de otras comunidades, con quienes vivían en disputas y etiquetas.

Que el de Alcalá era justo destinarlo a la enseñanza pública, bien para trasladar la Universidad, si así se determinase, o a convictorio carolino... encargando al Consejo en dicha sala evacuarse con la preferencia posible el pleito pendiente entre la universidad y el Colegio de San Ildefonso, de cuya decisión dependerá el destino que debiera darse al de la Compañía [...].

S. M., conociendo la urgencia de dar destino a dicho edificio del que fue Colegio de la Compañía, y estimando que no puede dársele otro más propio y conveniente que el de aplicarlo a la Universidad para que se pueda trasladar a él, con el uso de la Librería, lo resolvió así, al margen de la dicha consulta al extraordinario [...]

Siendo el primer objeto de S. M. el que con la mayor brevedad se haga la traslación de la universidad al expresado edificio, por lo que conviene su separación material del Colegio de San Ildefonso, pudiéndose después trasladarse con la debida extensión y decoro21.



El inventario de entrega de los impresos o Memoria de los libros que de las librerías y aposentos de la casa que fue de los Regulares expulsos de la Compañía extinguida de la ciudad de Alcalá de Henares, se realizó en estos momentos, en papel sellado y organizado por autores22. La fórmula adaptada es muy diferente a la de los otros inventarios. En este inventario aparecen ya intercaladas las diversas colecciones, si bien sólo en la colección de la biblioteca principal se especifica su origen con la inclusión de las iniciales L.G. (librería grande). El inventario está organizado por autores, y al final, se añaden la lista total de obras anónimas, 611, de las que 306 procedían de la librería grande.

Una vez comprobados los duplicados resultantes, el arzobispo de Toledo, cardenal Lorenzana, solicitó un ejemplar de todos los existentes, para integrarlos en la nueva biblioteca pública abierta en la ciudad de Toledo. La solicitud, y posterior concesión gubernativa, se justifica porque la villa de Alcalá formaba parte de la diócesis de Toledo, por lo que, si la biblioteca no hubiera quedado en la Universidad, se hubiera tenido que entregar al arzobispo de Toledo. El resto de los duplicados se debieron destinar a la venta, para con el producto resultante adquirir nuevas obras o financiar la adaptación del edificio.




La nueva Biblioteca Complutense, 1776-1841

El 11 de septiembre de 1776 se llevó a cabo el acto de entrega de la biblioteca, estando representada la Comisión de Temporalidades de Alcalá por D. Ramón Vicente Merodio, y por parte de la Universidad, el Dr. D. Ángel Gregorio Pastor.

Mientras tanto, el edificio fue totalmente transformado para sus nuevas funciones por el arquitecto Ventura Rodríguez23, aunque la biblioteca no tuvo que moverse de sus locales primitivos, ya que se consideró que eran suficientemente amplios y apropiados para su función. De esta nueva etapa se conserva también abundante documentación, junto con un nuevo catálogo de la biblioteca.

El catálogo realizado en esta etapa está organizado por autores y constaba de tres tomos, de los que hasta ahora se ha podido localizar uno. Es un auténtico catálogo colectivo ya que, como las obras de las distintas colecciones no se habían reunido todavía, (hubiera supuesto reestructurar todo el sistema de signaturas de la biblioteca principal), en él se reseñan reunidos por un único orden alfabético todos los ejemplares existentes en el edificio, con especificación de la colección donde se encontraba: librería grande, librería chica, los diversos aposentos de jesuitas donde se encontraron libros, aposentos de teólogos, aposentos de huéspedes, procuraduría, botica, etc., además de la pequeña colección existente en una casa a las afueras de Alcalá, denominada de Jesús del Monte24.

La descripción bibliográfica es más completa que en el catálogo del período anterior y, sin duda por la diferencia en la importancia de la colección, sólo figura signatura topográfica en los libros pertenecientes a la librería grande, precedida de las iniciales L.G., identificando los libros localizados en los aposentos de padres con el apellido del último ocupante, y el resto de las colecciones, simplemente con su nombre.

Veinte años permaneció la Universidad en este lugar, pues en 1797 razones de ajuste económico llevaron a las autoridades a ordenar su traslado al edificio del Colegio de San Ildefonso, donde tuvieron que compartir locales, mientras que el edificio del Colegio Máximo se dedicó a albergar un destacamento del ejército. La biblioteca de San Ildefonso y la que en ese momento era la general de la Universidad se debieron reunir aprovechando este proceso, ya que un nuevo catálogo, redactado en 1799, incorpora entre sus fondos la colección primitiva entregada al Colegio de San Ildefonso por el cardenal Cisneros.

Según consta en este catálogo, Biblioteca Complutense, o Catálogo de sus libros impresos, dispuesto por orden de materias por el Dr. D. Zacarías de Luque, bibliotecario mayor de S. M.25, la biblioteca ocupa cuatro locales. La colección bibliográfica está organizada sin grandes cambios respecto a las etapas anteriores, respetando las grandes materias existentes en la biblioteca jesuita. La primera sala, y sin duda la más amplia, se destina a los libros de Teología, Derecho, Filosofía y Humanidades. La segunda recoge los libros de Historia, además de la importante colección de Biblias, que ocupa sólo ella quince estantes. La tercera sala reúne los libros de Geografía, Historia Natural y Miscelánea, dedicando la cuarta sala, que cuenta de doble altura, a la colección más preciada, guardando en ella los «papeles» del cardenal Cisneros, que todavía muy recientemente la Universidad Complutense ha remitido al Archivo Histórico Nacional.

El período siguiente de la historia de esta biblioteca, y el que separa definitivamente su historia de la historia de la ciudad de Alcalá, es el traslado de la Universidad Complutense a Madrid en 1836. La historia de este traslado ha sido bien estudiado por diferentes autores (Lahuerta, 1986; Hernández Sandoica y Peset, 1990). En la decisión intervinieron diversos factores: disturbios estudiantiles durante el reinado de Fernando VII, falta creciente de matrícula, unos planes de estudio cada vez más obsoletos, a diferencia de la enseñanza actualizada impartida en las nuevas instituciones educativas asentadas en Madrid, etc.

El traslado de la Biblioteca Complutense se realizó entre los años 1841 y 1843, en condiciones lamentables. En un primer momento se colocó, guardándose bajo llaves, en unos locales del convento de las Salesas Nuevas, hasta que las obras de acondicionamiento del nuevo edificio de la Universidad, en el antiguo Noviciado jesuita, permitió su colocación definitiva en los nuevos locales. El bibliotecario que hizo este último traslado, y su gran defensor, fue Vicente de la Fuente. Con el paso de los años, y ya que la dispersión de edificios de la universidad madrileña impedía la formación de una única colección, la biblioteca traída de Alcalá se convirtió de hecho en la de la Facultad de Derecho, y así se ha mantenido hasta que, muy recientemente, se ha incorporado a la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid.

La nueva catalogación de los fondos procedentes de la Facultad de Derecho, con la inclusión exhaustiva de ex libris, procedencias, etc. nos está permitiendo constatar, en un porcentaje muy alto, el origen de cada uno de los libros catalogados. Y a partir de la colección actual, no cabe duda que durante el período en que la Compañía de Jesús estuvo en Alcalá de Henares, es decir, hasta 1767, la biblioteca más rica y variada de las existentes en esa ciudad era sin duda la del Colegio Máximo. Una riqueza que ahora ponemos en conocimiento de todos gracias a su catalogación automatizada y a su incorporación progresiva en el Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico.








Bibliografía

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