11
Nos dirán que estas ideas están muy vulgarizadas y repetidas.- Lo sabemos: insistimos, sin embargo en ellas, porque muchos de los que las desdeñan por triviales, obran y hablan en seguida como si no las supieran.
12
No se crea que incurrimos en la falta de ignorar que Avignon era feudo y señorío de los Papas. La dependencia, más o menos real o aparente, desde la elección de Clemente Y no se liga sólo con una residencia, que, fuera de Roma, parecerá siempre extranjera.
13
Nacido ya, sí, heredero del Reino de Castilla, pero no engendrado. El mismo año del nacimiento de Carlos V moría el Infante D. Miguel, hijo de la Reina de Portugal. Fernando el Católico podía aún tener sucesión para Aragón y Sicilia.
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Exceptuamos la acción civilizadora de España y de Inglaterra en la América, debida en gran parte al espíritu religioso, y bastardeada también, cuando en el Norte prevaleció el materialismo sobre el espíritu puritano, y en las colonias españolas se olvidó el espíritu de los admirables códigos y ordenanzas de Felipe II y los santos ejemplos de fray Bartolomé de las Casas, y de los sabios civilizadores del Paraguay.
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He aquí las palabras de la admirable oración escrita en 1866 por la Santidad de Pío IX:
CIVITATEM Romæ circunda tu Domine, et Angeli sui custodiant muros ejus... Sed contere fortitudinem illorum, et disperge illos, ut agnoscant quia NON EST ALIUS QUI PUGNET PRO NOBIS NISI TU DEUS NOSTER.
Rodea ¡oh Señor! la ciudad de Roma, y guarden tus Ángeles sus murallas. Destruye su fortaleza y dispérsalos, para que CONOZCAN QUE TÚ SÓLO, ¡DIOS NUESTRO! Y NINGÚN OTRO, ES EL QUE NOS DEFIENDE.
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Véanse, entre otros muchos, los escritos de Gioberti, de Rosmini, de Azzeglio, de Manzoni, de los dos Balbos, y hasta del Conde de Maistre, que no es francés, como algunos piensan, sino saboyano y súbdito del Rey de Cerdeña: era eminente patriota, y nada austriaco, como lo revela su correspondencia particular publicada por su hijo el Conde Rodolfo, y más especialmente su correspondencia diplomática, publicada por el gabinete de Turín en tiempo del Conde de Cavour.
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Desde el año 195 de nuestra era, la ciudad de Roma tuvo altares en Asia. Los de Esmirna, que según dice Tácito, se gloriaban de haberle erigido su primer templo, fueron imitados por los habitantes de Alabanda, en Casia, y después por casi todo el oriente. (AMAD. THIERRY: Introducción a la historia de la Galia bajo la administración romana.
A este propósito debemos indicar a los lectores, que nos crean exagerados o parciales en lo que hemos dicho sobre la influencia de la Roma pontificia en la civilización, lean el libro que acabamos de citar, ameno y bellísimo por cierto, y verán cómo nos quedamos muy atrás de las apreciaciones y encomios de uno de los primeros historiadores críticos de nuestros días.
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San Pablo. Epist. ad Romanos, cap. XVI.