Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
Indice


 

1

Recientemente dada a luz por la Real Academia de la Historia en el Memorial Histórico Español, 1893 a 1895, tomos XXIX a XXXIV. Las noticias relativas a Marchena están en el XXX, págs. 195-201. (N. de M. P.)

 

2

San Sebastián, 1840-41. (N. de M. P.)

 

3

En su Miscelánea Religiosa, Política y Literaria (Madrid, Aguado, 1870), págs. 308-322. (N. de M. P.)

 

4

En Le Correspondant (25 de Febrero de 1867). (N. de M. P.)

 

5

En la Biblioteca de Autores Españoles, de Rivadeneyra. (N. de M. P.)

 

6

Vid. Revue Historique, Setiembre y Octubre de 1890. Art. de Mr. Alfredo Morel-Fatio intitulado Don José Marchena et la propagande révolutionnaire en Espagne en 1792 et 1793.

Posteriormente, el Sr. Morel-Fatio, que tanto me honra con su antigua y generosa amistad, me ha enviado copias de todas las poesías autógrafas de Marchena existentes hoy en la biblioteca de la Sorbona; y también otros importantes papeles del Archivo de Negocios Extranjeros, que iré utilizando en el curso de este trabajo.

Véanse también los números de Enero y Febrero de 1889 de La España Moderna, en que D. Adolfo de Castro y D. Antonio Cánovas del Castillo han dado a conocer nuevos documentos sobre Marchena. (N. de M. P.)

 

7

«Según informes que he recibido últimamente de un primo suyo, anciano octogenario y respetable, que lo trató muy de cerca, no quiso aprender más que Gramática latina en sus primeros años, habiéndose resistido obstinadamente a comenzar la Filosofía, y sobre todo a dedicarse a los estudios eclesiásticos, como lo deseaba su familia».

Así el Sr. Bono y Serrano en la biografía ya citada. Y lo confirma el mismo Marchena en la carta que citaremos inmediatamente, donde dice que la Teología era «ciencia muy distante de sus estudios»; si bien poco después parece que se contradice, afirmando que «el estudio raciocinado de la Escritura y la Historia Eclesiástica le había enseñado a discurrir».

«No es cierto que se ordenara diácono (prosigue el señor Bono Serrano), como dijeron muchos años después en son de crítica y de burla algunos periódicos de Madrid. Además de que no hay de esto la menor noticia en su pueblo natal, donde todavía algunos viejos que lo conocieron personalmente (esto se escribía hacia 1866), mi apreciable amigo el Sr. D. Fernando de Olmedo y López, Canónigo de la Catedral de Sevilla, ha examinado detenidamente, por encargo mío, los libros de órdenes de aquel arzobispado, y de sus diligencias resulta que jamás pasó aquél de grados menores». (Bono Serrano, Miscelánea, 311.)

No creo que Marchena hiciese todos sus estudios en Sevilla. Luego veremos que en sus versos alude con frecuencia a Salamanca; y consta que estudió hebreo en Madrid, según esta noticia de la Gaceta de 10 de Agosto de 1874 citada por el Sr. Morel-Fatio:

«D. Carlos González Álvarez y D. Joseph Marchena, alumnos de los Reales Estudios de esta Corte, sustentaron examen público de la lengua hebrea y versión del texto original de la Sagrada Biblia, el primero el día 17 del mes anterior, y el segundo el 6 del corriente, presididos por su catedrático D. Tomás Fermín de Arteta». (N. de M. P.)

 

8

El original autógrafo de este escrito de Marchena (17 páginas en 4.º) existe hoy en la rica biblioteca de D. Antonio Cánovas del Castillo. Lleva una nota de autógrafa del conocido jurisconsulto D. Joaquín María Sotelo, durísima para Marchena. «Para memoria eterna (dice) de la poca instrucción de su autor, y para prueba de la injusticia con que celebran algunos su talente y erudición, conservo en mi poder esta carta». Ha sido impreso tan curioso documento en La España Moderna de Febrero de 1889. (N. de M. P.)

 

9

Otra hizo en prosa, pocos años antes que Marchena, el aventajado latinista y bibliófilo D. Santiago Sáiz, rey de armas, tío del historiador de Madrid Álvarez Baena. El manuscrito inédito existe en la Biblioteca Nacional, y de él dio cuenta, no hace mucho tiempo, a la Academia Española el Sr. D. Antonio M.ª Fabié. Fragmentos bastante extensos de una traducción en verso se leen en los Ensayos Poéticos del ilustre marino y astrónomo D. Gabriel Ciscar (Gibraltar, 1825), y la invocación del poema fue traducida por D. Alberto Lista (Poesías, eds. de 1822 y 1837). D. Javier de Burgos había hecho una versión de todo el poema, pero se perdió con otros manuscritos suyos en Granada el año 1814. Recientemente ha dado a luz una nueva versión en prosa D. M. Rodríguez Navas. (N. de M. P.)

 

10

El MS. de mi biblioteca (único que conozco) me fue regalado por mi difunto amigo D. Damián Menéndez Rayón, que le había encontrado casualmente en u puesto de libros. Con intento de remediar algunos de los innumerables lunares de estilo y versificación que le afean, he hecho en él algunas correcciones al imprimirle. (N. de M. P.)

Indice