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ArribaAbajoFlorinda: tragedia en tres actos

Personajes
 

 
RODRIGO,   hija de María Estuarda.
FLORINDA.
PELAYO,   primo de Rodrigo.
TULGA,    tío de Florinda.
EGERICO,   parcial del Obispo Opas, y confidente de Rodrigo.
EL CONDE JULIÁN,   padre de Florinda.
TARIF,   General moro conquistador de España.
COMPARSAS DE GODOS con Rodrigo y Pelayo.
De MOROS con Tarif y el Conde Julián.
 

La escena es en Andalucía a orillas del río Guadalete. La acción empieza al amanecer, y concluye a media noche.

   

Decoración de campo: devastado por la guerra, donde están los puestos avanzados de los Godos. De trecho en trecho se verán las centinelas de estos, armados unos con lanzas y otros con espadas. Cerca del proscenio se verán hogueras que van a extinguirse. Junto a una de ellas está TULGA y algunos soldados.

 


Acto I


Escena I

 

TULGA. Guerreros.

 
TULGA
Respiramos al fin, ilustres Godos;
el alba alumbra, y dentro de sus tiendas
se esconde avergonzado el Africano.
Siete veces del sol la luz primera
nos encontró formados en batalla, 5
y sin descanso la tenaz defensa
de nuestra madre España, siete veces
iluminó con su tenaz carrera.
Hoy no se atreve el bárbaro enemigo
a volver al combate; su fiereza10
cedió a nuestro valor desesperado.
¡Ah! Si hemos satisfecho las ofensas
que hicimos a un Dios justo, si el delito
de Rodrigo perdona su clemencia,
y expía nuestras culpas la victoria, 15
que tanta sangre y tantas vidas cuesta;
sirva al común desastre de consuelo
la inmortal gloria que a los Godos queda
de libertar a España; y si algún día
el labrador, rompiendo de esta tierra 20
el seno bienhechor halla los restos
de los que fueron ya por defenderla,
lleno de gratitud, bañado en llanto,
bendecirá su nombre hasta en la huesa.


Escena II

 

DICHOS. PELAYO.

 
PELAYO
Tulga, abrazad a vuestro fiel amigo, 25
que vuelve vencedor de la soberbia
del Sarraceno.
TULGA
¡Oh Dios! Noble Pelayo,
héroe de España, dime ¿cuál empresa
consiguió tu valor?
PELAYO
Que Tarif tiemble,
del nombre Godo dentro de sus tiendas.30
Escucha: En las tinieblas silenciosas
de la pasada noche, a sus trincheras
llegué con mil soldados escogidos,
que aún la terrible muerte no amedrenta.
Observo el campamento, y advirtiendo 35
que en él el sueño y el silencio reinan,
animo a mis soldados, y a sus golpes
expiran las contrarias centinelas;
salto los fosos; rápido extermino
a cuantos alarmados se despiertan, 40
y osados se me oponen: el estruendo
con estrago feroz la llama aumenta,
pues el campo incendiado por mis tropas
era un globo de fuego: el aire pueblan
dolientes alaridos: en tumulto45
corren los Africanos y acrecienta
el confuso desorden su destrozo:
mis soldados destruyen con fiereza
los bárbaros Alarbes, y dejando
poblada de cadáveres la tierra, 50
cansados de matar nos retiramos;
quedando entre las huestes agarenas
la espantosa memoria de esta noche
para su confusión y su vergüenza.
TULGA
Siempre mi corazón por tus hazañas 55
esperaba, Pelayo, que tuviera
libertad nuestra patria; pero dime,
¿mi sobrina Florinda, esa belleza,
causa de nuestro daño, que ha seguido
con su padre las huestes sarracenas, 60
ha perecido acaso en el estrago
de esta noche de horror? ¡Ah cuánto anhela
mi corazón su muerte! Sí; su sangre
sólo puede lavar de mi nobleza
la mancha que mi honor ha mancillado 65
por la infame pasión y por afrenta
con que sacio Rodrigo su apetito.
¡Oh con cuánto placer, mi brazo hubiera
inmolado a Florinda, y mi deshonra
con mi venganza terminara en ella! 70
PELAYO
Ignoro su destino.
TULGA
¡Infeliz Tulga,
aún vives sin honor!
PELAYO

 (Aparte.) 

Callar es fuerza
temiendo su rigor, que esta Florinda
dentro del campamento prisionera75
en mi Real pabellón.  (A él.)  Inútilmente
te abates, Tulga; tu dolor modera.
TULGA
¿Cómo puedo? Un traidor cubre de oprobio
el nombre Godo por vengar su afrenta,
y destroza millares de inocentes,80
sin que el culpable castigado sea
PELAYO
Pues qué ¿contra su Rey puede ninguno
satisfacer la personal ofensa
de Florinda? Si tú...
TULGA
Pese a mis años;
pese a mi honor y a la lealtad, que fuerza85
a tolerar su agravio al hombre ilustre;
porque del Rey abajo si otro fuera
el ofensor... ¡Inútiles furores!
Florinda es mi sobrina, y pues la guerra
su fatal deshonor trajo a mi patria, 90
yo sabré perecer por defenderla.
Yo sabré perecer por defenderla.
PELAYO
Admiro tu valor y tu heroísmo.

 (Mirando adentro.) 

Yo parto a ver al Rey, pues que se acerca
Egerico, y sin duda mi tardanza 95
culpará ya Rodrigo: en paz te queda.
 

(Vase.)

 
TULGA
Vuelva al pecho el dolor que me devora
Egerico... ¡qué odiosa es su presencia
a mis ojos! Las tropas del Obispo
Opas dirige! cauto en esta guerra; 100
yo de la lealtad dudo de un Prelado,
Hermano de Witiza, que debiera
no abandonar el templo del Eterno
en la aflicción... pero Egerico llega.


Escena III

 

TULGA. EGERICO y Godos.

 
EGERICO
¿Tulga, qué hacéis? Alborozado el campo105
con ecos de placer el viento puebla.
Los valientes guerreros Españoles,
Al aire tremolando sus banderas,
repiten, viva nuestro Rey Rodrigo;
y cuando celebrar el triunfo ordena, 110
y al lado de Pelayo entre el aplauso
al regocijo general se presta,
¿vos faltáis de su lado?
TULGA
Sí; vos mismo
el ejemplo me dais; vuestra presencia,
en tanto que yo animo a estos soldados 115
cansados de lidiar, más útil fuera
al lado de Rodrigo.
EGERICO
¿Por qué, Tulga?
TULGA
Porque vuestra privanza os da licencia
para advertir al Rey, que no es el triunfo
seguro ni completo: no pelean 120
los Africanos hoy, pero no huyeron;
¿querrán acaso abandonar la empresa?
EGERICO
No, Tulga; a la conquista de la España
están resueltos; conseguirla espera
el valiente Tarif, que extender quiere125
la abominable ley de su profeta
a costa de su sangre: vuestro hermano
Julián bien sabéis vos que en esta guerra
es...
TULGA
Callad, Egerico, mis oprobios;
yo espero, de la patria en la defensa, 130
o vencer o morir: contra mi sangre,
contra mi honor combate mi nobleza.
¡Plegue a Dios que este ejemplo de constancia
a los traidores sirva de vergüenza!
EGERICO
Opas también imita vuestro ejemplo; 135
pues olvidando las privadas quejas
que tiene de Rodrigo, de Toledo
dejó la silla episcopal desierta,
trocando en lanza el pastoral cayado,
convirtiendo en soldados sus ovejas. 140
Sus tropas tienen parte en la victoria,
segura la juzguéis, o no completa;
pero por no gozar de los aplausos,
de Rodrigo lo aparta su modestia.
TULGA
Egerico, volved, y el ministerio 145
más digno de su clase haced que vea
el Rey en él: decidle le aconseje,
que el gran tesoro que al festejo apresta
gaste en armar los valerosos Godos,
para que defender su solio puedan. 150
EGERICO

 (Mirando adentro.) 

Vos mismo le podéis dar el consejo;
pues a este sitio con Pelayo llega;
que Opas y yo venimos a servirlo,
y no a dictar avisos al que reina.
TULGA
¡Infeliz Soberano el que no tiene 155
quien a decirle la verdad se atreva!


Escena IV

 

DICHOS. RODRIGO. PELAYO. Guerreros godos.

 
RODRIGO
Ilustres Godos, pues el fiero Alarbe
escarmentado a nuestra vista tiembla,
celebremos el triunfo. Tulga, al punto
haz retirar tus gentes a sus tiendas, 160
adonde de la gloria de este día
el premio gocen que al valor le espera
TULGA
Dejad, Señor, que el bárbaro enemigo
a nuestro campo las espaldas vuelva;
dejadlos que a lanzadas los arrojen 165
mis tropas de la España; recompensa
tendrán entonces en su propia gloria
más digna, y para vos más duradera.
¿Queréis que dejen estas avanzadas
a discreción del moro sin defensa? 170
¿Queréis...
EGERICO
Tulga, escuchad: Si el Rey permite
que mis soldados su custodia sean,
los vuestros gozarán de sus favores,
Y aunque el peligro y la batalla cesa,
alguna parte en tan heroico empleo 175
tendrán mis Toledanos.
RODRIGO
Mal pudiera
negar esa demanda a tus servicios.
Obedéceme, Tulga.
TULGA
Mi nobleza
siempre fue obedecer: ved, Egerico,
el ejemplo también que Tulga os deja,180
y en este sitio pereced mil veces
si es forzoso, lo mismo que yo hiciera.
 

(Vase con sus soldados.)

 
EGERICO

 (Aparte.) 

Logré mi intento.
PELAYO
En retirar a Tulga
no sé, Rodrigo, si el descuido os ciega;
él fue nuestra muralla; sus soldados 185
rechazaron las huestes agarenas
lejos de nuestro campo: estos parajes,
en tanto que la noche daba treguas
al bélico furor, de él defendidos
aseguraban la ventaja nuestra; 190
sus guerreros también mejor armados...
RODRIGO
Más rebeldes dirás; pues aunque ejerzan
al presente sus armas contra el moro,
jamás quiso entregarlas su soberbia
a Witiza ni a mí: siempre escondidos 195
de Asturias y León en las cavernas,
insultaron sus propios Soberanos,
sus espadas negando a la obediencia.
EGERICO
Si a vos, Pelayo, desagrado os causa
el favor que merezco...
RODRIGO
No; mas cierta
200
veneración le tiene a ese caduco,
y hasta su misma obstinación respeta.
Siempre ensalza de Tulga las hazañas;
ningún guerrero habrá que le merezca
tan alta distinción, aunque otros muchos, 205
sin que en su sangre la traición se vea,
más dignos son.
No son tan virtuosos.
Entre Tulga, y Julián ¡qué diferencia!
Julián venga su honor contra su patria
Tulga defiende a quien causó su afrenta 210
RODRIGO
¿Qué profieres, Pelayo? ¿Cómo olvidas
que es tu sangre y tu Rey a quien tu lengua
osa acusar en público? ¿Tu apoyas,
los soñados agravios que fomenta
la que aspiraba al trono? ¿Esa Florinda 215
que pretendió ceñir mi Real diadema?
¿Y podrás recordar...
PELAYO
Vos sois, Rodrigo,
quien primero el agravio me recuerda
de esa odiosa mujer. Jamás mis labios
sobre el funesto origen de esta guerra 220
se abrieron al dolor. Rey poderoso,
pues sabéis la lealtad, y la inocencia
de un corazón, que ignora el artificio,
perdonad generoso mi franqueza.
EGERICO
De Pelayo no deben ofenderos 225
los libres sentimientos que demuestra;
es al fin Leonés, y está educado
lejos de la política que enseña
vuestra brillante corte, y no es posible
que desmentirse su carácter pueda. 230
PELAYO
No es carácter la patria; un alma noble
que anima la Real sangre, su grandeza
jamás humillar sabe al disimulo.
Respeto el parentesco que me eleva
al favor de Rodrigo y mis deberes; 235
con mi espada defiendo en esta guerra
el trono de mi Rey; pero mi pecho
esa falaz política detesta,
pues sólo en corazones corrompidos
perpetuamente he visto que se alberga. 240
RODRIGO

  (A PELAYO.) 

Basta.
EGERICO
Pelayo, si pensáis acaso...
RODRIGO

 (A EGERICO.) 

No más; y tú, Pelayo, pues te precias
de tener sangre mía, más prudente
procura reprimir esa fiereza;
celebra tu victoria, y cuando todos 245
al regocijo general se entregan,
no turbes mi alborozo
PELAYO
Yo no puedo
recordar sin horror la lid tremenda,
que el alba vio nacer por siete veces;
que la noche envolvió con sus tinieblas, 250
y que vende tan caro el vencimiento
de mis amigos, de mi patria humea
la sangre en estos campos; son sus miembros,
sus cadáveres son los que se encuentran
sembrados en el polvo ¿No habéis visto 255
de los terribles Godos la fiereza
embotar los alfanjes africanos
en sus propias entrañas, y a las flechas
oponer sus valientes corazones
armados de furor, sin más defensa? 260
Su multitud triunfó desesperada,
pues de matar cansados a sus tiendas
volvieron los alarbes: ¡Ah! Rodrigo,
cuantas serán las lágrimas que viertan
la desolada huérfana, el anciano 265
que sus hijos perdió, la esposa tierna
que su viudez lamente y os acuse;
y si acaso a Egilona nuestra Reina,
cuya virtud adoran sus vasallos,
igual suerte el destino le reserva; 270
cual será su desgracia... me horrorizo...
¡Oh nunca, nunca en tal dolor se vea!
RODRIGO
No me acuerdes, Pelayo, los estragos:
y para siempre de mi oído aleja
tan terribles imágenes; pensemos 275
en reparar piadosos las funestas
desgracias que han sufrido mis vasallos,
y demos a los héroes recompensa.
PELAYO
De vuestro corazón es digno empleo
de los premios usar y la clemencia: 280
sí; socorred, Señor, con vuestro amparo
sus infortunios.
RODRIGO
Ve, Pelayo, ordena
en mi nombre las gracias, los auxilios
que la piedad te dicte, y haz que tengan
socorro los heridos.
PELAYO
Con que gozo
285
Señor, parte a serviros mi obediencia.
 

(Vase.)

 


Escena V

 

RODRIGO, EGERICO, Soldados.

 
RODRIGO
¡Oh cuánto mis enojos con Pelayo
disimular a mi altivez le cuesta!
Ese traidor silencio con que oculta
que Florinda por él fue prisionera 290
en la pasada noche, de mis iras
el reprimido mongibelo aumenta.
¿Cuál será su intención?
EGERICO
Señor, la ignoro.
Cuando llego Pelayo a nuestras tiendas
Vi a Florinda llorosa, conducida 295
por los feroces Godos con violencia:
al pabellón llegaron de Pelayo,
en él los dos entraron, mi cautela
vio su traición, y, mi deber cumpliendo,
mi lealtad os previene, os aconseja300
un sabio disimulo, y...
RODRIGO
Ve, Egerico,
a Florinda conduce a mi presencia;
arráncala del seno de su amante,
EGERICO
¡Pues qué! ¿Pelayo?...
RODRIGO
Amaba su belleza
antes que yo la viese: si resiste 305
usa todo el rigor de la violencia.
EGERICO
Ya sabéis mi lealtad. Venid, soldados

 (Aparte.) 

Tirano Rey tu destrucción se acerca.
 

(Vase con los soldados.)

 
RODRIGO
¡Oh amor! ¡oh celos, bárbaros verdugos
de un triste corazón!... Florinda bella, 310
yo te volveré a ver... ya el fuego activo,
que en mi amoroso pecho se conserva,
vuelve a excitar violento la esperanza:
bendigo los estragos de la guerra,
que a mi poder te vuelven, donde amante... 315
Pero ¿qué estoy diciendo? Amor... ¿qué espera
mi ceguedad de una mujer altiva,
a quien cubrí de oprobio y de vergüenza?
¿A quién la triste copa del deleite
arranqué a su despecho con la fuerza? 320
Ella me odiaba entonces; su himeneo
esperaba Pelayo, y mi violencia
rompió el lazo que amor les preparaba.
¡Ah si hubiese podido mi diadema
de Florinda ceñir la hermosa frente, 325
menos su ultraje y mi delito fuera!
Mas no pude romper el yugo impío
que a Egilona me unió: son las cadenas
de los Reyes sagradas y terribles;
porque Dios y la ley las hizo eternas. 330
Sujetó a las pasiones un Monarca,
para gozar placer sólo le resta
usar del despotismo, y las desdichas
siguen de sus deleites la carrera.
Pues bien; si no es posible conseguirlos,335
sino a costa de estragos y violencias,
arrostremos por todo, y no a mis ojos
un rival me arrebate la suprema
delicia del amor. Vuelva Florinda
a mi poder; Pelayo se estremezca 340
de mis enojos, y el que osado intente
oponerse a mis gustos, en la tierra
se confunda; y aprendan mis vasallos
a respetar mis voluntades regias.


Escena VI

 

RODRIGO, FLORINDA, EGERICO, Soldados.

 
FLORINDA

  (A EGERICO.)  

¿Adónde me lleváis? ¡Cielos! ¿qué miro?345
RODRIGO
¡Ah mis ojos al fin vuelven a verla!
FLORINDA
Él es ¿Dónde me escondo? ¡oh Dios eterno!
EGERICO
Ya estás obedecido.
RODRIGO
¡Oh cómo aterra
mi corazón su vista!
FLORINDA
¿Qué pretende
Rodrigo de Florinda?
RODRIGO
Sus ofensas
350
Reparar con mi amor.
FLORINDA
Es imposible
tu sangre sólo lavará mi afrenta.
RODRIGO
En poder de un Monarca ¿así te atreves
a insultar su rigor, mujer soberbia?
FLORINDA
¿Qué puede ya temer de ti Florinda? 355
Tirano, ¿no la has hecho de la befa
del orbe el triste objeto? ¿No ha perdido
por tu crimen su patria, sus riquezas,
su estado y su decoro? ¡Ah cómo vivo,
cómo vivo, inhumano, con la horrenda360
mancha del deshonor! Abominada
del universo, odiada de la mesma
patria que me dio el ser, aborrecida
aún de mi propia sangre, y sin que pueda
entre bárbaras huestes de Africanos 365
a un Dios clemente dirigir mis quejas.
RODRIGO
Infeliz, tu dolor ha enternecido
mi amante corazón: no más; serena
tu desesperación: en breve espero
que cesen los horrores de la guerra,370
y entonces, olvidando tus pesares,
en mi palacio...
FLORINDA
¡Oh cielos! nunca sea:
jamás Florinda en su mansión horrible
vuelva a gozar la pompa lisonjera
con que cubre el poder su tiranía 375
mi juventud sencilla no vio en ella
el espantoso abismo que encubierto
está para perder a la inocencia.
Allí deslumbra el fausto; allí la envidia
se oculta con la máscara halagüeña 380
de la santa virtud, y allí los vicios
contigo en torno de tu solio reinan.
RODRIGO
Basta de injurias: a borrar aspiro
al presente la causa de tus quejas.
FLORINDA
Yo siempre te abomino.
RODRIGO
Y yo te adoro.
385
FLORINDA
¡Oh qué execrable amor!
RODRIGO
Con mi grandeza
al fin te será grato.
FLORINDA
¿Aún este ultraje
a mi afligido corazón reservas?
¿No te sacias, cruel? ¿Tu tiranía
no está de mis desgracias satisfecha? 390
¿Aún quieres añadir a mi desdoro
de tu favor la ignominiosa oferta?
RODRIGO
Yo puedo reparar...
FLORINDA
Ni tus tesoros,
ni el brillante esplendor de tu diadema
me puede compensar la desventura,395
el llanto y la deshonra que me cuesta
tu criminal amor. Lo perdí todo
cuando me envileciste: yo antes era
feliz con mi candor; era el consuelo
de un padre ilustre, de una madre tierna 400
¡Cómo de tu mansión volví a sus brazos!
Me estremezco al pensarlo. Casi yerta
mi moribunda madre me recibe
penetrada de horror: su hora postrera
apresuró mi involuntario crimen.405
¡Eterno Dios!... Aún me parece verla
de su lecho alejarme, de mis labios
su helada mano retirar severa,
negarse a bendecirme en su agonía,
y llevando al extremo su fiereza, 410
sus ojos cadavéricos lanzaban
sobre su infeliz hija las tremendas
miradas de la muerte... En mis oídos
aún la espantosa imprecación resuena,
que sus lívidos labios pronunciaron... 415
Vive, dijo, Florinda, vive, y sea
tu nombre abominado de las gentes,
mísera, ¡oh nunca yo te concibiera
para que me cubrieses de ignominia,
para que de tu padre la nobleza420
por tu venganza manchen las traiciones!
Vive, y que las edades venideras
como yo te maldigan... Estas fueron
las últimas palabras que su lengua
articuló... ¡Ay de mí! Gran Dios perdona425
a mi madre en favor de mi inocencia;
y no cumplas severo lo que falta
de su terrible imprecación funesta.
RODRIGO
Estoy horrorizado y confundido.
¡Ah Florinda, tus lagrimas modera! 430
Yo cedo a tu dolor: ¿de mí qué quieres?
FLORINDA
Que en libertad me dejes; que me vuelvas
al poder de Pelayo; en él confío;
él me ofreció un asilo; yo mi afrenta
pienso ocultar de todos con su amparo. 435
RODRIGO
¿Y él aquí te condujo con violencia?
FLORINDA
Yo voluntariamente con él vine:
en medio del estrago a sus pies puesta
Le supliqué...
RODRIGO
No más: ¡Ah lo comprendo!
Un instante has podido, mujer fiera, 440
alucinar mi pecho con tu llanto.
Ola, Egerico; custodiada lleva
a mi Real pabellón a esa enemiga:
que no la hable Pelayo ni la vea:
yo en breve dispondré de su destino.445
 (A ella.)  De mi furor y de mis celos tiembla.
 

(Vase.)

 


Escena VII

 

FLORINDA, EGERICO, Soldados.

 
FLORINDA
Cruel, escucha... En vano mis lamentos
pretenden detenerlo ¿A quién pudiera
amar esta infeliz que has humillado?
¿De quién tus celos son? No hay en la tierra 450
ningún mortal que el nombre de Florinda
oiga compadecido.  (A EGERICO.)  ¡Ah! Si se encuentra
piedad en vos, mis ruegos...
EGERICO
Yo, señora,
soy quien aspira a la venganza vuestra.
Opas, el noble Obispo de Toledo, 455
parcial de vuestro padre, a mi prudencia
debe todos los medios infalibles
de arrancar a Rodrigo la diadema,
Y de hacer que su sangre aborrecida
espíe vuestro ultraje: no salieran 460
para vos de mi pecho estos arcanos
si antes no hubiese visto la fiereza
con que habéis despreciado de Rodrigo
el amor, el poder y las ofertas;
y así ordenad, señora, a vuestro agrado465
cuanto Egerico por serviros pueda.
FLORINDA

 (Aparte.)  

Este es otro traidor que sus maldades
encubre, pretextando que me venga.
EGERICO
¿Qué resolvéis, Florinda?
FLORINDA
Conociendo
vuestra bondad, os pido que a la tienda470
me volváis de Pelayo.
EGERICO
No es posible
en eso obedeceros: las sospechas,
que a Rodrigo causara mi conducta,
sobre todas mis tropas recayeran;
y entonces se alejaba la venganza475
que se va a consumar.
FLORINDA
Pues que yo vea
a Pelayo os suplico.
EGERICO
En complaceros,
se esforzará, señora, mi cautela;
Venid.
FLORINDA
¡Oh Dios, en tanta desventura
para cuando la muerte me reservas! 480
 

(Se van.)