Palabras-Justificaciones a «Poezii / Poemas», de Mihai Eminescu
Omar Lara
Cuando me ocurría confidenciar a alguna persona que me ocupaba en la traducción de una antología de la poesía de Mihai Eminescu, la pregunta, con algunas variantes de pesadumbre, asombro, velado reproche, curiosidad, era inevitable. Querían saber qué me parecía, si me gustaba, cómo sonaba en español. Confieso que el rápido cuestionario me sumía en un mar de confusiones. (Me ocurre igual cosa cuando alguien, con o sin interés real, me dice cómo estás, e intento averiguar en todos mis recovecos psíquicos y físicos una respuesta aceptable a tan comprometedora -aunque en apariencia inocente- pregunta. Cuando creo estar en condiciones de enhebrar dos o tres palabras con la debida sinceridad, mi interlocutor generalmente ya no está conmigo).
En el caso de Eminescu sabía yo -sin duda- adónde querían llegar mis amigos rumanos. Entre otras cosas era la necesidad -y para algunos tal vez la obligación- de averiguar hasta qué punto la obra de este rumano ya mítico en el alma de su pueblo, había calado en la conciencia y en la sensibilidad de alguien tan ajeno en el espacio, en el tiempo, en aquellas zonas tan complejas en que están imbricadas costumbres y relaciones, tradiciones, etc. Requerimientos que siempre acepté con humildad.
Esta vez la respuesta no se elude ni se demora más. Aunque en vez de una descripción del presente trabajo, en lugar de un señalamiento de dificultades y logros, de cercanías y extrañezas, en vez de confesar las fulguraciones de alguna solución adecuada, a mi entender, o de las noches de insomnio provocado por esas barreras del lenguaje que parecían, en ocasiones, inexpugnables, en vez de todo eso confío en que la presente versión de la poesía eminesciana en la lengua de Quevedo y Bécquer, de Neruda y Vallejo1, dé las respuestas válidas que el lector requiera.
Sé que la pasión o el amor no constituyen necesariamente elementos básicos para enfrentar un trabajo de esta naturaleza. No quiero, sin embargo, dejar de mencionar que este acercamiento a la obra del gran poeta rumano, me enseñó a conocer y -por qué no decirlo- a amar su figura multifacética; creo haber aprehendido esa piel más humana, íntima, cotidiana, que no siempre es dable sorprender en todos sus sentidos en las primeras lecturas más o menos interesadas de una poesía.
Debo confesar también que me siento en deuda (conmigo mismo, por lo menos) cuando me doy cuenta que, después de todo, no haré mi pequeña historia de esta traducción. No habría estado de más desarrollar algunas formulaciones que se me impusieron durante el proceso de traslado de un idioma a otro. Señalar por qué -en mi personal experiencia- cada poeta exige un especial, distinto tratamiento, como un mismo poema (gocé o sufrí esa experiencia) convocado a mi idioma en distintas circunstancias, se vestían igualmente con un ropaje distinto. Todo lo cual, dicho así, apresuradamente, validaría no ya teorías generales sobre la traducción sino otra más parcial que podría referirse a un solo poeta o, más bien aún, a poemas individuales. Pero estoy demasiado cerca del fenómeno y una tal formulación -aun sin pretender ejercicios teóricos de fino trazo- exige necesariamente una atenta reflexión.
Conociendo ya las riquísimas vertientes de la poesía popular, la solidez de sus poetas clásicos, el brillo de los poetas modernos; conociendo especialmente la poesía y el pensamiento de Mihai Eminescu (la ensoñación y el sentido de lo real, la audacia y la delicadeza; es decir, al asumir esta posibilidad) no es difícil explicarse el florecimiento de la poesía rumana actual. Señalo este hecho evidente como un homenaje -tal vez el más significativo- a la figura de Eminescu, un rumano para todos.
Bucarest, 15 de enero de 1980.