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ArribaActo III

 

Calle. Es de noche.

 

Escena I

 

EL REY y PRÓSPERO, vestidos como de noche.

 
REY
Sirena, Próspero, ¿es digna
de mi corona real?
PRÓSPERO
Su belleza es peregrina,
mas no a tu valor igual,
puesto que en ti predomina.
Pero escucha, que sospecho
que a la ventana han salido
Sirena y Laura.
REY
En mi pecho,
de que el sol ha amanecido,
sus rayos señal han hecho.


Escena II

 

LAURA y SIRENA, a la ventana. EL REY, PRÓSPERO.

 
LAURA
Déjame, Sirena mía,
decir mi amor a los cielos;
que es de noche y tendrá celos
del sol, que ausentó su día.
En fin, ¿tu hermano se fue
con Matilde?
SIRENA
Las espías,
Laura, de celos, que envías,
puesto que vuelvan, yo sé
que mienten, si esto te dicen;
porque los que con mi hermano
afirman que está en Rojano
Matilde, se contradicen;
pues ninguno hay que haya visto
a don Íñigo con ella.
LAURA
El alma es profeta, y della
colijo el mal que resisto.
No le hallaron mis criados,
cuando en muestras de mi fe,
el presente le envié,
a vueltas de mis cuidados.
Por acudir a lo más,
de servir al rey dejó.
SIRENA
Supiéralo, Laura, yo,
si se fuera. ¡Extraña estás!
LAURA
Yo siento lo que ha perdido
con el rey, por no ser cuerdo;
y lo que en perderle pierdo,
perder me hace el sentido.
Pero buena intercesora
cuando vuelva, tendrá en ti
con Fernando.
SIRENA
¿Cómo ansí?
LAURA
Si el rey, Sirena, te adora,
¿qué no alcanzarás con él?
SIRENA
Laura, ya te he suplicado
que no, porque en este estado
me tenga el tiempo cruel,
pierda contigo el valor
que de mi sangre heredé.
Si cortés y galán fue
conmigo el rey mi señor,
mostró, al uso de palacio,
lo que a las damas estima.
REY

 (Bajo a PRÓSPERO.) 

Príncipe, lición de prima
oye aquí mi amor despacio.
¡Qué divino entendimiento!
Alma, escuchad y aprended.
SIRENA
¿Quiéresme a mí hacer merced
que mudemos argumento?
LAURA
No, por tu vida, Sirena;
que podrá ser que esté aquí
el rey, despierto por ti
(pues no duerme amor que pena),
y holgareme, si te escucha,
que en lo que le sirvo vea.
REY

 (Llegando a la ventana.) 

Aquí está quien os desea
hacer, Laura, merced mucha.
LAURA
¡Ay, Sirena, el rey!
REY
También
puede un rey ser rondador.
LAURA
¿Tanta merced, gran señor?
REY
Lo que los ojos no ven,
porque la noche lo impide,
oír el alma desea;
mientras su dicha no os vea,
hablad, palabras os pide.
LAURA

 (Aparte a SIRENA.) 

Aprovecha la ocasión,
Sirena, que a tu ventura
ofrece el cielo; procura
cumplir con la obligación
en que Fernando te ha puesto.
SIRENA
Señor, ¿pues de noche envía
Amor a un rey por espía?
¡Caso raro!
REY
En este puesto
vengo a ser posta perdida;
que en las amorosas leyes
no se preservan los reyes.
SIRENA
A riesgo tendréis la vida,
si perdida posta os hace
el amor.
REY
Decís verdad,
pues perdí la libertad,
de quien vida y gusto nace.
Bien podéis de aquí sacar
la fuerza que en un rey tiene
el ciego dios.
LAURA
Gente viene;
no os oigan, señor, hablar.
 

(Apartándose a un lado EL REY y PRÓSPERO.)

 


Escena III

 

RUGERO, TEODORO, EL REY, PRÓSPERO, LAURA, SIRENA.

 
RUGERO

 (Trae una carta.) 

Firmé la carta; que ejecutes luego
importa, mi Teodoro, tu partida;
que toda dilación es peligrosa.
Al de Rojano ofrezco aquí, de parte
del rey, que si le da muerte a Matilde,
en cuyo amparo está, dará la mano
a la infanta su hermana. Está la firma
al vivo contrahecha. Parte al punto,
y dásela en sus manos; que me importa,
por lo menos, gozar libre a Salerno,
quitando de por medio a mi enemiga.
Si pones diligencia, fácilmente
puedes llegar con postas a Rojano
mañana a mediodía.
TEODORO
¿Y tú no escribes
al duque, asegurando la promesa
de aquesta carta?
RUGERO
Adviertes cuerdamente.
Espérame entre tanto que la escribo;
que no quiero que Laura te detenga,
si en mi casa te ve, como acostumbra,
sino que desde aquí te partas luego.
TEODORO
Aguardo pues.
RUGERO
Al punto saco el pliego.

 (Vase.) 



Escena IV

 

Los mismos, menos RUGERO.

 
REY
¿Fuéronse?
PRÓSPERO
El uno solo se entró en casa,
y el otro se ha quedado en esa esquina.
REY
Pues llévale de aquí dos o tres calles.
PRÓSPERO
Si alguno, gran señor, no le socorre,
yo sabré cómo riñe o cómo corre.
TEODORO
Dos hombres hay debajo de las rejas
de Laura, y me parece que encaminan
a mí sus pasos; yo no soy más que uno...
¿Quién va? ¡No me responde, y desenvaina!
Huir, Teodoro, que será desgracia
reñir sin causa, y no morir en gracia.
 

(Vase TEODORO, y PRÓSPERO, tras él.)

 
LAURA
Señor, mi hermano pienso que está en casa.
REY
Pues retiraos las dos, que no pretendo
que sepa vuestro hermano mis amores,
y dadme, mi Sirena, vos licencia
para cursar más noches este sitio.
SIRENA
Esclava vuestra soy.
REY
¿Y no mi dama?
SIRENA
Sois rey, humilde yo, frágil la fama.
 

(Vanse las dos.)

 


Escena V

 

RUGERO, que sale con la carta. EL REY.

 
RUGERO

 (Al REY.) 

Teodoro, mi dicha estriba
en sola tu diligencia;
no vuelvas a mi presencia,
si a Matilde dejas viva.
En esta carta del rey,
aunque falsa, está el sosiego
de mi Estado; parte luego,
si a mi amistad guardas ley.
Que pues otra falsa firma
le quitó Estado y honor,
quitándome ésta el temor,
a Salerno me confirma.
Dile al duque de Rojano
la suerte que se le ofrece,
y de la infanta encarece
la hermosura; que su mano
le espera; que el rey le hará
el todo de su privanza;
la lealtad que en su alabanza
consigue, si muerte da
a quien contra su señor
conspira, y cuando le vieres,
dile, en fin, cuanto supieres.
REY

 (Aparte.) 

¿Qué es esto, cielos?
RUGERO
Valor
tienes, Teodoro; haz de modo
que salgas con lo que vas;
muera Matilde, y serás
señor de mi Estado todo.
¿No respondes? ¿Qué recelas?

 (Disimula la voz EL REY, rebozado.) 

REY
Hacer callando es mejor,
no nos sientan; el amor
que te tengo pone espuelas
al deseo que me lleva
a darte gusto.
RUGERO
Ya tienes
postas, Teodoro; si vienes
con la deseada nueva,
un alma somos los dos.

 (Dale la carta.) 

REY
Esto y más haré por ti.
RUGERO
¿Tomaste la carta?
REY
Sí.
RUGERO
Vete.
REY
Voyme.
RUGERO
Adiós.
REY
Adiós.
 

(Vase RUGERO.)

 


Escena VI

 

EL REY.

 
REY
¿Vio suceso semejante
el mundo? ¡Ah traidor Rugero!
Amor, daros gracias quiero;
pues a no ser yo hoy amante,
no supiera el trato falso
de este traidor. Hoy verá
Nápoles que el pago da
al traidor un cadahalso.


Escena VII

 

PRÓSPERO, EL REY.

 
PRÓSPERO
¡Qué buenas fugas hiciera,
a ser músico, el cobarde!
Bien puedes hacer alarde
de tu amor.
REY
¿Huyó?
PRÓSPERO
Pudiera
ser músico de interés,
según pasacalles canta;
que hacen pasos de garganta
las gargantas de sus pies.
¿Qué es de las damas?
REY
Despacio
te diré cuánto favor
por ellas me hizo el amor.
Cerca de aquí está palacio;
al capitán de mi guarda
llamad luego.
PRÓSPERO
Pues ¿qué ha habido?
REY
Milagros me han sucedido;
el cielo a Matilde guarda.
Di que traiga un escuadrón
de alabarderos.
PRÓSPERO
¿Qué es esto?
REY
Aquí te espero: ven presto

 (Aparte.) 

¡Darla muerte! ¡Hay tal traición!
¿No vas?
PRÓSPERO
Sí, señor.
REY
Aguarda,
que más hará mi presencia.

 (Aparte.) 

(Matilde, vuestra inocencia
fue hoy vuestro ángel guarda.)
 

(Vanse.)

 


Escena VIII

 

Explanada delante de la quinta.

 
 

DON ÍÑIGO, con escopeta. GALLARDO.

 
DON ÍÑIGO
Esto está bien hecho ansí.
GALLARDO
No sé yo que tan bien hecho.
DON ÍÑIGO
Pues ¿qué querías?
GALLARDO
Yo, nada.
A la quinta nos volvemos
tan medrados como fuimos;
¡amante eres de provecho!
Ya que a Matilde llevamos
a costa de los dineros
que nos dio, señor, tu hermana,
pienso yo que fuera bueno
que dándote a conocer
al duque su primo o deudo,
entráramos en Rojano;
y el favor agradeciendo
con que le diste la vida,
noble en reconocimiento,
remediara tu pobreza,
pues por Matilde nos vemos
casi en pelota los dos.
DON ÍÑIGO
¿No eres más discreto que eso?
GALLARDO
Fuimos a pata con ella,
representando el destierro
de Egipto, como le pintan,
por páramos y desiertos.
Llegamos a medianoche
a la ciudad, y en abriendo
las puertas de su palacio,
entró tu señora dentro,
despidiéndose amorosa;
y los dos, de puro cuerdos,
como insignias de mesón,
nos quedamos al sereno.
¡Cuerpo de Dios! ¿Fuera mucho,
ya que fuimos arrieros
de amor, que el duque su primo
nos pagara aqueste tercio?
¿Somos sastres del Campillo?
DON ÍÑIGO
¡Qué de respuestas que tengo
que dar a tus necedades!
GALLARDO
¡Bien con ellas cenaremos!
DON ÍÑIGO
¿Parécete a ti que fuera
decente que un caballero
como yo llegara ansí
delante del duque, necio?
Si supieran en Rojano
que yo por Matilde he vuelto
contra el gusto de mi rey,
¿no me culparan por ello?
Mas precio que no me hallase
aquí el presente molesto
de Laura, por no quedar
mi amor a satisfacerlo,
que cuantas riquezas trae
a cuestas el mar inmenso.
GALLARDO
Alto pues, ya que los dos
a las reliquias volvemos
de nuestra abrasada Troya,
no hay sino cazar conejos
vuesa merced; y yo dalle,
y hacer botones.
DON ÍÑIGO
Primero
iré a ver lo que el rey manda,
pues me llamó.
GALLARDO
¿Agora? ¡Bueno!
¡Al cabo de cuatro días!
DON ÍÑIGO
No ha pasado mucho tiempo;
cumpliré con mi lealtad,
y quitaré los recelos
de que acompañé a Matilde,
que no deben ser pequeños.
En anocheciendo, iré
a verle, que no me atrevo
a entrar en la corte ansí
de día... Pero ¿qué es esto?


Escena IX

 

LISENO, UN CRIADO, DON ÍÑIGO, GALLARDO.

 
LISENO

 (Al CRIADO.) 

Mandó al rey que le avisasen
en llegando porque él mesmo,
recibiéndola, quería
honrar ansí su destierro;
y pues la hemos encontrado
en el camino, primero
que llegue a Nápoles, manda
Próspero que le llevemos
las nuevas de su venida.
CRIADO
En esta quinta harán tiempo,
mientras sabe el rey que llega.
DON ÍÑIGO
¿Podremos saber, Liseno,
dónde vais con tanta prisa?
LISENO
¡Oh noble español!, no espero
malas albricias de vos
por las nuevas que al rey llevo.
Sabed que por la princesa,
de vuestras penas objeto,
a pesar de desleales,
su misma inocencia ha vuelto.
Supo por un caso extraño
las traiciones de Rugero
el rey don Fernando invicto,
y después de haberle preso,
al de Taranto ha enviado
y a otros muchos caballeros
por ella, para que goce
segunda vez a Salerno.
Encontrola en el camino;
porque el de Rojano, ejemplo
de la lealtad en Italia,
luego que supo el suceso
de su desterrada prima,
le dijo: «El valor que heredo
de mi generosa sangre,
no sufre que el vulgo necio
vuestro honor en duda ponga;
el rey es el juez supremo
de sus vasallos, y ante él,
que vamos los dos intento
a averiguar la verdad».
Y así a Nápoles partieron.
Sale el rey a recebirlos,
y mientras a darle llego
las nuevas de su venida,
harán alto en este puesto.
El rüido de los coches,
si es que reparáis en ello,
os dirá cuán cerca están.
Si las albricias merezco
de nuevas tan deseadas,
de que lo mostréis es tiempo.
DON ÍÑIGO
Perdonad, Liseno amigo,
si no os pago como debo.
En esta escopeta sola
se ha cifrado cuanto tengo.
Albricias de pobre, en fin;
la dádiva es como el dueño.
Tomalda, y de mí creed,
que a ser rey, fuera lo mesmo
que de aquesta niñería,
Liseno, de todo el reino.

 (Dale la escopeta.) 

LISENO
Esta estimo yo en el alma,
como de tal caballero,
y adiós, que llega Matilde.
 

(Vase con el CRIADO.)

 


Escena X

 

DON ÍÑIGO, GALLARDO.

 
DON ÍÑIGO
Gallardo, ¿qué dices de esto?
GALLARDO
Que estamos sin arcabuz,
y seguros los conejos.
DON ÍÑIGO
¡Bueno es que en eso repares,
cuando loco de contento,
por la nueva de tal dicha,
habías de hacer extremos!
¡Cielos, Matilde está libre!
En fe del gozo que muestro,
sacad el aparador
que honra vuestro firmamento.
Sol hermoso, ya Matilde
es princesa de Salerno;
entapizad de brocados
aquestos montes soberbios.
Luna, Matilde venció.
Estrellas, signos soberbios,
hoy Matilde entra triunfando;
coronalde los cabellos.
Elementos, haced todos,
pues que sois invencioneros,
fiestas a Matilde hermosa;
luminarias ponga el fuego,
vierta agua rosada el agua,
tienda tapetes el suelo.
Aves, dalde el parabién;
peces, romped el silencio.
Sol, estrellas, luna, signos,
montes, valles, elementos,
peces, aves, brutos, plantas,
ríos, lagos, mares, puertos,
todos interesáis lo que intereso,
y todos no igualáis a mi contento.

 (Vase.) 



Escena XI

 

GALLARDO.

 
GALLARDO
¡Cielos!, don Íñigo ha dado
la escopeta, y no tenemos
qué comer, si no tiráis
estrellas a los conejos.
Sol, don Íñigo está loco;
pues sois luz, buscalde el seso,
no le deje a buenas noches,
que vive Dios, que lo temo.
Luna, en sus cascos vivís;
cuatro cuartos por lo menos
tenéis; dadnos otros tantos
de ración, o ayunaremos.
Estrellas, planetas, signos,
¿qué diablos os hemos hecho
para influir en nosotros
amores y no dineros?
Aves, decilde a mi amo
que sustentarle no puedo
con botones y palillos,
si en albricias los da luego.
Peces, entraos por mi casa;
y aunque en carnal, comeremos
pescado, como Vitorios,
aunque os volváis abadejo.
Brutos, aunque brutos sois,
más lo es quien dio sin seso
un arcabuz, que servía
al hambre de despensero.
Sol, estrellas, lunas, signos,
montes, valles, elementos,
peces, aves, brutos, plantas,
hambres, juros y reniegos,
todos diréis conmigo que a tal tiempo
quien la escopeta dio, o es loco, o necio.

 (Vase.) 



Escena XII

 

PRÓSPERO, EL DUQUE DE ROJANO, MATILDE, bizarramente vestida y con la pluma de PRÓSPERO en la cabeza. Acompañamiento.

 
DUQUE
Aquí habemos de esperar
mientras al rey dan aviso.
PRÓSPERO
Gracias al cielo, que quiso
a luz, princesa, sacar
vuestra justicia; y la suerte
que en veros restituida,
mi esperanza agradecida
en fe de mi amor advierte...
MATILDE
Creed que en el alma tengo
vuestras palabras impresas,
y que de vuestras promesas
agradecida, prevengo
paga igual a vuestro amor,
sin que os quede a deber nada.
PRÓSPERO
En la desgracia pasada
no fue bastante el rigor
del rey, ni el veros ausente
con deshonra tan notoria,
a que amor en mi memoria
no os adorase presente
esta banda que me distes
animando mi esperanza,
dirá si hubo en mí mudanza.
MATILDE
Amante firme anduvistes;
pero en esto no presuma
vuestro amor ser preferido;
que yo, como no he adquirido
de vos más que aquesta pluma
aunque mis joyas perdí,
mi hacienda, gusto y Estado,
en su valor he cifrado
la fe que en vos conocí.
PRÓSPERO
¿Según eso, el rey tendrá
el sí que espera de vos,
desposándonos los dos?
MATILDE
El rey es cuerdo, y verá
que siéndole yo obediente,
y haciéndoos tanto favor,
es justo que a vuestro amor
pague mi amor igualmente.
DUQUE
Admirable recreación
en otro tiempo sería
esta quinta, prima mía,
y cáusame compasión
el verla asolada ansí.
MATILDE
Mayor, duque, la tendréis,
si a su dueño conocéis,
pobre y retirado aquí
por mi causa.
DUQUE
¿Cómo es eso?
MATILDE
Lo que le debo os dijera
si en persona no viniera,
loco de mi buen suceso.


Escena XIII

 

DON ÍÑIGO, GALLARDO. Dichos.

 
DON ÍÑIGO
Bien creeréis, señora mía,
que en celebrar esta nueva
nadie ventaja me lleva;
y aunque, en fe de esto, podía
hacer exageraciones,
hable mi silencio aquí;
que ya vos sabéis de mí
que soy corto de razones.
MATILDE
Ya yo sé que en vos se cifra
más valor que encarecéis,
y que en las manos tenéis
la lengua, que habla por cifra.
Fernando, el rey mi señor,
don Íñigo, envía por mí;
que quiere, honrándome ansí,
trocar iras en amor.
Y en prueba de esto, pretende
darme esposo de su mano;
lo mucho que en esto gano,
colíjalo quien me entiende.
Pero sin vos, no me atrevo,
don Íñigo, a desposarme;
ni yo, si no vais a honrarme,
podré pagar lo que os debo.
Si vuestro amor me respeta,
en Nápoles os aguardo.
DON ÍÑIGO
¡Cómo!

 (Aparte a GALLARDO.) 

¿Qué es esto, Gallardo?
GALLARDO

 (Aparte a su amo.) 

Las balas de la escopeta.
DON ÍÑIGO
¡Que a casaros vais, señora!

 (Aparte.) 

(¡Ay, ingratos desengaños!)
¿Con quién?
MATILDE
Con quien muchos años
ha que me sirve y adora.
Su firmeza a premiar vengo.
DON ÍÑIGO
¿Podré yo quién es saber?
MATILDE
Mirad vos quién puede ser
de los que presentes tengo.
PRÓSPERO
Don Íñigo, el rey conoce
lo que a la princesa quiero,
y él mismo ha sido el tercero
para que su mano goce.
Si me honra vuestro valor,
fuerza es que cumplido sea;
fuera de que el rey desea
veros y haceros favor.
DON ÍÑIGO

 (Aparte.) 

¡Harto bien mi amor despacha!
¡Que esto escucho! ¡Que esto he visto,
cielos!
GALLARDO

 (Aparte a su amo.) 

¡Oh! ¡cuerpo de Cristo,
con la Princesa borracha!
Voto a Dios que es una puerca.
DON ÍÑIGO
Calla, y déjame.
GALLARDO
Ya callo.


Escena XIV

 

LAURINO. Los mismos.

 
LAURINO
Señores, alto a caballo,
que tenemos al rey cerca.
MATILDE
Vamos pues.
DON ÍÑIGO

 (Aparte.) 

¡Amor injusto!
Al fin tirano, al fin ciego,
al fin...
MATILDE
Haced lo que os ruego,
si os preciáis de darme gusto,
y quedaos, Íñigo, a Dios...
DON ÍÑIGO

 (Aparte.) 

¡Que hasta esto quiera obligarme!
MATILDE
Porque no pienso casarme,
¿entendéis esto?, sin vos.
 

(Vanse con su Acompañamiento.)

 


Escena XV

 

DON ÍÑIGO, GALLARDO.

 
GALLARDO
¡Más que nunca Dios la dé
salud, ni trapo en que la ate!
DON ÍÑIGO
¡Que ansí Matilde me trate!
¡Que ansí se premie mi fe!
¡Cielos!, ¡tantos beneficios,
tantos días de firmeza,
gastada tanta riqueza,
perdidos tantos servicios!
¡Mi hacienda y casa encendida,
mal pagados mis empleos,
mal premiados mis deseos!...
GALLARDO
¡Y la escopeta perdida!
DON ÍÑIGO
¡A tantas obligaciones
ingrata! ¡Y con vida yo!
GALLARDO
¡Por Dios, que se le soltó
gentil gato de doblones!
¡Bien nos remedió a los dos!
DON ÍÑIGO
¡Que a su boda ha de llevarme!
GALLARDO

 (Remedando.) 

Sí, que no pienso casarme
¿entendéis esto?, sin vos.
DON ÍÑIGO
¡Con un hombre, todo viento,
todo plumas y palabras,
te casas, y estatuas labras
al desagradecimiento!
¡Con quien en la adversidad
tan corto y avaro fue,
que te vio salir a pie,
y en prueba de su crueldad,
a darte no se comide
el socorro limitado
del pobre más desdichado
que de puerta en puerta pide!
Un hombre, un mozo siquiera,
que asegurara tu honor.
GALLARDO
Un borrico de aguador,
en que fueses caballera.
DON ÍÑIGO
Ya quien con voluntad tanta
su pobre casa te dio...
GALLARDO
Y en una tabla durmió,
con medio tapiz por manta...
DON ÍÑIGO
A un amor tan verdadero,
que a hacer por ti se dispuso...
GALLARDO
Contra la costumbre y uso,
a un lacayo botonero...
DON ÍÑIGO
Cosas indignas, en fin,
de mi nobleza y valor...
GALLARDO
Yendo a pata mi señor,
delante de su rocín...
DON ÍÑIGO
¿Pagas con dejar burlada
mi fe, y os casáis los dos?
¿Tú eres noble?
GALLARDO
Vive Dios,
que es una desvergonzada,
y que no tiene conciencia;
y si es mujer, salga aquí.
DON ÍÑIGO
¡Y que me mandes ansí,
porque muera en tu presencia,
hallarme en tu boda!
GALLARDO
Vos
sois tan gentil Amadís,
que iredes allá; ¿advertís?
DON ÍÑIGO
Pues, ingrata, vive Dios,
que ha de ver la corte toda,
a costa de mi quietud,
mi amor y tu ingratitud.
Hallarme tengo a tu boda,
y muriendo de esta suerte,
seremos con nombre igual,
yo hasta la muerte leal,
y tú ingrata hasta la muerte.

 (Vase.) 



Escena XVI

 

GALLARDO.

 
GALLARDO
Pues no ha de quedar por mí.
Vaya en este trance fiero
la soga tras el caldero.
Soga soy: ya voy tras ti.
Muramos juntos los dos;
contigo quiero enterrarme,
porque yo no he de casarme
¿entendéis esto?, sin vos.

 (Vase.) 



Escena XVII

 

EL REY, EL DUQUE DE ROJANO, MATILDE, PRÓSPERO. Acompañamiento del REY y del DUQUE.

 
REY
Princesa, toda mi corte
de veros venir se alegra,
a pesar de desleales,
triunfando vuestra inocencia.
Si engañado os castigué,
con haceros hoy condesa
de Valdeflor satisfago
mi rigor y vuestras penas.
Princesa y condesa sois.
MATILDE
Esclava de Vuestra Alteza
es el blasón más ilustre
que mi dicha estima y precia.
REY
Duque, de vuestra lealtad
habéis dado nobles muestras,
y es razón, pues me servís,
que salga yo de esta deuda.
A mi hermana os prometía
quien, falseando mi letra,
en fe de que todo es falso,
por mí os pidió la cabeza
de vuestra inocente prima;
pero yo que la nobleza
de vuestra sangre conozco,
he de cumplir su promesa.
Esposo sois de la infanta.
DUQUE
Si así Vuestra Alteza premia
propósitos de servirle,
ejecutados, ¿qué hiciera?
Con sus pies honro mis labios.


Escena XVIII

 

DON ÍÑIGO, GALLARDO. Dichos.

 
GALLARDO

 (Hablando con su amo, retirados los dos.) 

Dios ponga tiento en tu lengua.
DON ÍÑIGO
A lo menos, en mi vida
(que ya mi muerte se acerca)
quedaré libre de engaños,
y Matilde satisfecha.
MATILDE

 (Aparte.) 

¡Cielos!, don Íñigo es éste.
Amor, bastan tantas pruebas;
prevenid a su lealtad
coronas que sean eternas.
REY
Princesa, el conde de Anjou
poderoso dicen que entra
contra mí, y es necesario
salir luego a la defensa.
El príncipe de Taranto
ha de ser en esta guerra
mi capitán general;
y no dudo que la venza,
si agora le dais la mano;
que amor que esperanzas premia,
cuando con Marte se junta,
la victoria tiene cierta.
Hacedme a mí este servicio.
MATILDE
Corriendo por vuestra cuenta,
gran señor, mi ser y vida,
obedeceros es fuerza...
DON ÍÑIGO

 (Aparte.) 

¡Ay cielos!
GALLARDO

 (Aparte.) 

Aquí fue Troya.
MATILDE
Pero, pues que Vuestra Alteza
servirle en esto me manda,
y compara la experiencia
a la muerte un casamiento
(pues en fe de esta evidencia,
los muertos y los casados
son solos los que se velan),
Vuestra Alteza aquí primero
ha de ajustar ciertas cuentas,
que están muy enmarañadas.
REY
¿Qué enigma es ése, Princesa?
MATILDE
Es un pleito de acreedores;
mas dígame Vuestra Alteza:
¿la satisfación no manda
pagar en la especie mesma?
REY
La que es rigurosa, sí.
MATILDE
¿Luego es fuerza que quien deba
palabras, pague en palabras,
y obras en obras?
REY
Es fuerza.
MATILDE
Pues, príncipe de Taranto,
yo que soy deudora vuestra
de palabras y de plumas,
razón es que os pague en ellas.
En mi fortuna dichosa
me obligastes con promesas;
sólo en palabras librastes
vuestra afición en la adversa.
Y ansí, en palabras os pago;
y porque no sé que tenga
si no es sola aquesta pluma,
de vuestro amor leve prenda,
restituyéndoosla agora,
quiero que Nápoles vea

 (Quítase la pluma del tocado y dásela.) 

que os pago con igualdad,
y salgo de aquesta deuda.
Agora falta que pague
obras que mi amor empeñan
y dé por deuda pedida
quien de mi olvido se queja.

 (Dirígese a DON ÍÑIGO, y le presenta al REY.) 

Don Íñigo es, señor, éste,
que viene ante Vuestra Alteza
a hacer en mí ejecución,
y pretende sacar prendas.
Tres años ha que es ejemplo
de valor y de firmeza,
siendo su amor todo manos,
si el príncipe todo lenguas.
Tres veces me dio la vida;
y es bien, pues es dueño de ella,
que tome su posesión;
y premiando su nobleza,
en su favor sentenciéis
a que yo su esposa sea.
REY
Quien tan bien, Matilde, paga,
bien es que crédito tenga
sobre mi reino y corona,
y que don Íñigo adquiera
lo que es suyo de derecho.
DON ÍÑIGO
Deme los pies Vuestra Alteza,
y eche la culpa a mi amor
de que de este modo venga.
 

(Aquí debe aparecer SIRENA en el fondo del teatro.)

 
REY
Dalde a Matilde la mano;
y pues hoy se pagan deudas,
y en los reyes las palabras
de obras firmes tienen fuerza,
la que le ha dado mi amor
a vuestra hermana Sirena
quiero yo también pagar.
Mi esposa es, y vuestra reina.
DON ÍÑIGO
Todo el bien me viene junto.
GALLARDO
¡Oh bien perdida escopeta!
¡Oh bien perdidos botones!
¡Oh bien abrasada hacienda!


Escena XIX

 

SIRENA. Dichos.

 
SIRENA
Gran señor, pues mi ventura
a vuestra real mano llega,
cuando no es merecedora
de los pies que humilde besa,
y hoy pagan sus deudas todos;
Laura está sin culpa presa,
a cuya causa atribuyo
lo que mi suerte interesa.
No he de ser yo sola ingrata.
REY
A mi gracia Laura vuelva,
y si Próspero es su esposo,
la haré del Ferro marquesa.
PRÓSPERO
Por su intercesor os puse,
gran señor, y si desprecia
mi dicha tanta merced,
han de decir en mi afrenta
que no soy más que palabras.
SIRENA
Humilde, a vuestra presencia
a besaros los pies sale.


Escena XX

 

LAURA. Los mismos.

 
MATILDE
Pues yo, gran señor, merezca
el perdón para su hermano.
REY
Como salga de mi tierra,
se le concedo por vos.
GALLARDO

 (A DON ÍÑIGO.) 

Y mis botones, ¿se quedan
sin pagar, cobrando todos?
DON ÍÑIGO
Gallardo, la quinta mesma
de mis grandezas teatro,
con fábrica insigne y nueva,
en labrándola, será
tuya.
GALLARDO
¿Y qué he de hacer en ella
sin dineros?
DON ÍÑIGO
Gozarásla
con mil ducados de renta.
GALLARDO
Harto habrá para palillos.
REY
Vamos, y ordénense fiestas;
que nuestras bodas serán,
en dando fin esta guerra.
DON ÍÑIGO
Deje palabras quien ama,
que sin obras todas vuelan;
porque palabras y plumas,
dicen que el viento las lleva.





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