11
Al parecer, desde su 12.ª ed. (1884), el Diccionario reconocía voces con la marca peruana, colombiana, chilena, etc., y no sólo americana; en la 20.ª ed. (1984) se registran 536 americanismos peruanos (cf. Alcócer Martínez: 26, 30 y 37).
12
Cf. Díaz Plaja: 48-49; e
«Intervenciones de don Ricardo Palma en la Real Academia
Española, en el año de 1892»: 58. Si es verdad
que los académicos correspondientes, como un investigador
afirma, estaban orgullosos del título «pero parecían conformarse con su
carácter honorario sin tratar de imponer su
autoridad»
(cf.
Fogelquist:
39), Palma se reveló como la excepción de la
regla.
13
Cf. Ricardo Palma, corresponsal de El
Comercio: 89-91. El artículo salió en la revista
española El Centenario, de donde lo tomó
El Comercio (EC) de Lima, publicándolo el 6
abr. 1893. Fogelquist ratifica a Palma al afirmar que
«el hispanismo del Perú, con su
elevado porcentaje de población india, era más
acentuado que el de la Argentina, con su población
predominantemente blanca»
(p. 73); el asunto requiere más
examen.
14
En España
se agradeció el apoyo moral y las manifestaciones de
simpatía de los países hispanoamericanos; «todos, desde Méjico hasta la Argentina,
habían dado pruebas de su solidaridad con España en
la hora de la crisis»
(cf. Fogelquist: 24).
15
Cf. Diecisiete cartas inéditas con otras éditas cambiadas con doña Lola Rodríguez de Tió (1894-1907). D.ª Lola le envió libros de Enrique José Varona; otros corresponsales fueron Manuel Sanguily y Aurelia Castillo de González.
16
Cf. «XIII. Literatos cubanos» (de «Reminiscencias de España»), en EC, 8 jul. 1895; y Ricardo Palma, corresponsal de El Comercio: 179.
17
A poco (dic. 1897), confesó su fe en el triunfo de la revolución, no en los yankees ni en la política doble del Presidente McKinley (cf. ibid.: 47).
18
Cf. Diecisiete...: 53. Poco
después (ago. 1902), calmada la
tormenta, reflexionó con pragmatismo y dijo que ojalá
la Independencia se hubiera logrado sólo por el esfuerzo
cubano, pero ello era imposible; que el beneficio yanqui de haber
extirpado la fiebre amarilla de La Habana valía más
que la intervención bélica; «lo que hay que pedir ahora al cielo es que los
cubanos no se dejen arrebatar por la sangre española que en
las venas llevan, sangre que si no es temperada por el buen juicio
los arrastrará a la guerra civil y a la anarquía. Los
pueblos latino-americanos armamos camorra y derramamos sangre por
teorías, por camas mal puestas. Descendemos de Don Quijote
como los españoles. Felizmente para Cuba, muy a la puerta
está el loquero... El cáncer de la empleomanía
es herencia española...»
(cf. ibid.: 55-56); y en abr. 1907, en vista de la inestabilidad
política de la isla, pensaba en términos parecidos:
«Al paso que van las cosas en Cuba creo
que los yankees tendrán que constituirse en
loqueros, que no otra cosa significaría el
protectorado»
(cf.
ibid.: 62).
19
Desconozco exactamente el texto, que expresaba calurosa simpatía e hispanismo, al igual que los de otros escritores hispanoamericanos tales como Calixto Oyuela, Rubén Darío y E. Rivas Groot, a todos los cuales, en ene. 1899, agradeció Juan Pérez de Guzmán (seud. Iob) en La España Moderna (cf. Fogelquist: 24). En 1904? Palma publicó «Sobre el Himno del Perú» para aclarar, amigablemente, a Pérez de Guzmán, quien en la misma revista, al ocuparse de los himnos hispanoamericanos, había hecho correcciones a «La tradición del Himno Nacional» (cf. TPC: 1516-19).
20
Carta a F. C. Aratta, en Montevideo, de 21 ene. 1899, en R. Palma: Epistolario, I: 415.