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1

Interrogando a Lezama Lima, entrevista del Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas, Barcelona, Anagrama, 1971, pág. 30.

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2

La primera edición de la novela fue retirada de las librerías una semana después de salir: «Según la versión oficial -comenta José Triana, que trabajaba entonces en la Editora Nacional- describía inquietantes y escabrosas deformaciones de la conducta sexual y estaba llena de un sibiloso estigma metafísico. Según los funcionarios culturales, la lectura de la obra podría ser perjudicial para los jóvenes revolucionarios. Incluso se adujo en su contra muestras de «diversionismo ideológico». El escándalo fue tal que muchos de los amigos de Lezama temíamos por lo que le pudiera suceder». Cfr. su edición de Lezama, Cartas a Eloísa y otra correspondencia (1939-1976), Madrid, Verbum, 1998, pág. 111, nota 5.

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3

En Cartas a Eloísa y otra correspondencia, cit., pág. 117.

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4

Reynaldo González, «Entre la magia y la infinitud. Conversación inédita con el autor de Paradiso», en su José Lezama Lima: el ingenuo culpable, La Habana, Letras Cubanas, 1988, pág. 140.

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5

Cartas a Eloísa y otra correspondencia, cit., pág. 141.

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6

Véase María Zambrano, «Una forma de pensamiento: la Guía», en Obras reunidas. Primera entrega, Madrid, Aguilar, 1971, págs. 359-371.

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7

Oppiano Licario iba a titularse, en principio, Inferno, según declaraciones de Lezama (cfr. Interrogando a Lezama Lima cit., págs. 44-45), e incluso publicó anticipos de la novela con ese título, lo que reforzaría la filiación dantesca de la obra entendida como global novela iniciática.

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8

Lezama insistía en que José Cemí no es el «protagonista» de sus novelas, sino un «hilo conductor» que interpreta (y en el que se personifica) su visión del mundo.

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9

La síntesis de un mecanismo que, como éste, genera toda una poética, resulta poco menos que imposible, pero, muy esquemáticamente, el silogismo del sobresalto consiste en «la analogía de dos términos que desarrollan una tercera progresión o marcha hasta abarcar el tercer punto de desconocimiento» (Paradiso, Madrid, Cátedra, 1989, pág. 618), esto es, el choque de elementos dispares que produce la revelación poética o súbito lezamiano.

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10

Utilizo el término a partir de la definición de María Zambrano, «canónica» para Lezama y perfectamente aplicable a su pensamiento. Véase, por ejemplo, Antonio Colinas, «Sobre la iniciación. Conversación con María Zambrano», en Cuadernos del Norte, nº 4 (1986), págs. 109-114.

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